Un blog de mitos, leyendas, costumbres y tradiciones de México

Mis padres son los dos de Hermosillo y cuando mis abuelos todavía vivían, íbamos allá de vacaciones. Cuando estábamos chicos nos juntábamos con los primos y los amigos del barrio y me acuerdo de que contaban historias de miedo. Una de ellas en lo particular a mí me daba mucho miedo porque era en el centro que yo conocía. Contaban que cuando ya cerraban las tiendas, o sea que ya estaba oscuro, que se oían gemidos, gritos, balazos y llantos y que hasta se veían figuras como que flotaban, así como se dice que flotan los fantasmas. Eso contaban mis primos y muchas historias más. En dos o tres ocasiones que yo fui con mis papás al centro y que se nos hizo tarde me daba un chorro de miedo de que fuéramos a ver eso o escuchar eso que nos contaban -recuerda Armando Salvatierra.

El asunto tiene un trasfondo histórico, aunque de que se vean fantasmas o que se oigan ruidos fantasmales tal vez no sea cierto, pero lo que sí fue cierto es que allá por los años 20 o 30 del siglo pasado, por alguna razón que desconozco hubo una matazón de chinos y estuvieron involucradas las autoridades y mucha gente, o sea que se pusieron de acuerdo y masacraron a los de la comunidad de chinos, y había no solamente chinos en Hermosillo sino también en Sonora, y en Sinaloa y creo que también en Baja California pero no estoy muy seguro. Algo hubo de envidias contra los chinos porque llegaron muchísimos que se establecieron y pusieron sus negocios y les iba bien; eran negocios establecidos no como ahora los puesteros donde venden puras fregaderas traídas de China que no sirven para nada y son puestos callejeros. No, en aquel tiempo allá en Hermosillo los chinos estaban bien organizados y bien establecidos y por alguna razón, yo creo que, por envidia económica, los comerciantes locales se pusieron en contra de ellos y cuando los masacraron pues obviamente se quedaron con los buenos locales independientemente de la mercancía. Y como esos chinos no tenían patria realmente y muchos eran ilegales, pues ni cómo avisarles a los familiares que vivían quién sabe dónde en China. Entonces a todos esos muertos los enterraron en una fosa común y así fue más o menos esa historia, muy horrible la verdad, como son las masacres raciales como las que sucedieron en Europa contra los judíos o más reciente en Siria, pero poco se habla de las que sucedieron aquí en México principalmente contra los chinos, en este caso, y también contra los yaquis y contra otros grupos étnicos.

Y total, esa es una de las historias que recuerdo que contaban mis primos y que me daba miedo y más cuando fui las pocas veces al centro en la tarde-noche y cuando oscurecía me agarraba de la mano de mi mamá porque no quería escuchar esos ruidos, esos llantos, esos fantasmas de los pobres chinos asesinados.

Notas:

1. Los hechos iniciaron en Torreón, Coah. en mayo de 1911 y se extendieron a otras partes del norte de México, incluyendo el estado de Sonora. Aquí un artículo al respecto. Campaña antichina

2. Las imágenes fueron tomada de La «olvidada» matanza de chinos en México

Hay muchas leyendas de sirenas que cuentan en los pueblos costeros, historias de pescadores que vienen de mucho tiempo atrás. Los científicos refutan las leyendas de sirenas y explican que pueden tener su origen en los navegantes del pasado que iban a nuevos lugares y veían fauna marina desconocida, como los manatíes de acá de la costa de Baja California y luego contaban que eran mitad pez, mitad mujer.

Yo me acuerdo que hace unos veinte años dijeron que en La Misión, un centro de investigaciones entre Ensenada y Tijuana, andaban unos estudiantes y descubrieron en el fondo del mar lo que pensaron que eran los restos de una sirena porque tiene mucho de pez y la cabeza es más humana. Creo que los llevaron al instituto de la Facultad de Ciencias Marinas, en Ensenada y allí todavía tienen los restos reconstruidos de ese pez que es una especie nueva que descubrieron esos estudiantes. Yo no lo he viso, pero una vez en el Museo de las Californias en Tijuana vi la réplica y, bueno, con algo de imaginación puede uno pensar que es como un esqueleto de sirena.

Historia contada por Rosalinda Álvarez

La imagen fue tomada del sitio de Internet seresmitologicos.net. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.

Mi mamá es de Tuxtla y me acuerdo de que nos contaba una historia que es leyenda, una historia de un trágico amor tipo telenovela de niño rico, niña pobre que se enamoran y su amor no es bien visto por los padres del niño rico. En Tuxtla hay varias cuevas en los cerros cercanos y una se llama la cueva de la Chepa, y se llama así en memoria de Josefina, la niña pobre que le decían Chepa.

El asunto fue que estos estaban chicos y se enamoraron sin que sus papás supieran, y se huyeron porque el niño sabía que no le iban a permitir que anduviera con una niña pobre. Juntaron sus cosas y se fueron a una cueva que Chepa conocía. Allí consumaron su amor y planearon armar su hogar. Pero el día siguiente, el niño rico dijo que iba al pueblo a traer cosas. Para esto, los papás de los niños fugados ya los buscaban por todas partes sin saber que andaban juntos. Hasta los papás se conocieron y entonces sospecharon que había un amorío entre ellos. El niño fue a su casa y al día siguiente se volvió a desaparecer, pero sus papás lo siguieron y supieron que se escondía en una cueva, pero regresaba a dormir a casa. Así fueron varios días hasta que sus papás ya no quisieron que siguiera con ese juego y lo mandaron a Mérida con unos tíos para que estudiara allá. El niño no dijo nada y tampoco contó que Chepa estaba en la cueva.

Pasó el tiempo y de Chepa nunca se volvió a saber nada. Hasta dijeron los vecinos que se la había robado el Sombrerón o la Tisigua, que son espíritus malos en Tuxtla. Como un año después, unos muchachos de los boys scouts andaban por ese rumbo y se metieron a la cueva y allí encontraron el esqueleto de una niña. Las autoridades fueron y lo sacaron y fue cuando se resolvió el misterio de la niña perdida que no había sido secuestrada ni robada por los espíritus. Luego el niño, que había ido de vacaciones a Tuxtla, contó su historia y así se supo cómo estuvo todo. Desde entonces a esa cueva la conocen como La cueva de la Chepa.

Historia contada por Marisol Balderas, de la ciudad de México

La imagen fue tomada del sitio de Internet: cityexpress.com. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.

Éranse cuatro amigas que todas las tardes se juntaban con otras damas de su mismo círculo social a jugar canasta en el Casino o en casa de alguna de ellas. Esto no es nada fuera de lo común; muchas personas lo hacen. Sin embargo, lo singular de este grupo es que cuatro de ellas llevaban por nombre Concepción, y de cariño les decían «Conchita» en sus diferentes variantes. Además, eran comadres; no todas con todas, sino que una con otra como veremos más adelante.

            Un año en particular, el 8 de diciembre cayó en sábado, por lo que no hubo jugada. Las Conchitas fueron invitadas, por separado, por su parentela para celebrar el día de santo. Hasta ahí todo en orden.

            Ah, pero a las amigas, y más a las comadres, se les debe obsequiar algo. Cualquier detallito, por insignificante que sea, es bueno. Unos aretitos de alpaca, un regalo de “roperazo”, un prendedor, unos mantelitos deshilados de Aguascalientes, una crema de almendras para el cutis, o cosas por el estilo, son excelentes para salir del paso, y de pasada cumplir con la festejada.

            Muy bien. Ya era sábado 8 de diciembre y una de estas cuatro amigas, la señora Conchis, andaba tan ocupada recibiendo felicitaciones telefónicas de sus hijos y amistades y ordenando la comida que casi se le olvidó hablarle a sus amigas y a su comadre Conchita. Como a eso de las doce se acordó y fue el momento en el cual el mundo casi se le vino abajo por unos instantes.

            «¿Qué le regalaré a mi comadre Conchita?», pensó con insistencia. Le dio vueltas a cuanta idea se le vino en mente, pero ninguna le satisfacía. «Ah, ya sé. ¡Un pastel! No me sale caro y además quedo bien con ella», concluyó.

            Con esa resolución, la señora Conchis le ordenó a su cocinera que hornease un pastel de chocolate. «Y de relleno le pones unas tres cerezas o duraznos de lata o lo que se te ocurra», le dijo a la muchacha. Cuando el pastel estuvo listo, con otra sirvienta lo envió a la casa de su comadre Conchita, quien no se hallaba en casa para recibir el presente de manera personal.

            Mientras tanto, esta señora Conchita también andaba medio preocupada pues no sabía qué obsequiarle a su comadre Conchón. Cuando llegó a su casa después de la comida, se encontró con el pastel de su comadre Conchis, y pensó: «¡Ay, mira, qué buen regalo! Este pastel me va a sacar de apuros. Nada más le pongo mi tarjetita y se lo mando a mi comadre Conchón». Y así fue. El pastel fue entregado en casa de la señora Conchón un rato más tarde.

            La señora Conchón, por su parte, también tenía rato pensando qué enviarle a su comadre Concha. Desde la mañana había recibido una caja de sabrosos chocolates de San Luis por cuenta de su comadre, y sentía la obligación de corresponderle del mismo modo. Por eso, cuando recibió el pastel de su otra comadre, éste le cayó como del cielo. Sólo tuvo que cambiar la tarjeta, poner la suya y mandárselo a la señora Concha.

            Eran como las seis de la tarde cuando la señora Concha recibió su regalo. Más tardó en recibirlo que en remitirlo a la casa de su comadre Conchis, pues se trataba del obsequio ideal para un día de santo. La sirvienta de doña Concha llevó el pastel a la casa de la otra señora.

            Doña Conchis, quien había sido invitada a pasar la tarde en la casa de una de sus hijas, finalmente regresó a su hogar a eso de las diez de la noche, después de haber incluso cenado. Cuál fue su sorpresa descubrir su propio pastel en su casa, pero enviado por su comadre Concha, como si ésta lo hubiese horneado o comprado. En eso exclamó: «¡de haber sabido, le hubiera puesto más huevos!»

La foto fue tomada del sitio de Internet recetasgratis.net. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus autores.

Las escuelas y colegios son lugares que conservan muchas anécdotas que se pasan de generación en generación, y en muchos casos son modificadas, cambiando los personajes originales por personajes actuales. Cada institución seguramente tiene una lista interminable de anécdotas, pero voy a narrar una que escuché en mi niñez y sigue contándose en el Colegio Linares.

Por razones obvias, se ha evitado dar los nombres de los personajes que tomaron parte en esa historia, y el único nombre que se menciona sí es el real.

Ilustración de Jennifer Hennen 1997

Un día estaban los niños de sexto año del Colegio Linares en clase de aritmética con su profesor, cuando de repente se escuchó un sonoro pedo. Fue tan ruidoso que todos los niños empezaron a reír y a mirar al lugar donde provino el ruido.

Como la única persona al frente era el maestro, entonces era obvio que él había sido, y ante la mirada de risa y cierto miedo de los niños, el profe no tuvo otro remedio que buscar una excusa convincente para que todo quedara aclarado. Así que les dijo: “Fue el tacón, fue el tacón”, mientras hacía un movimiento de tallar el tacón de su zapato sobre el piso. “Fue el tacón, fue el tacón” seguía diciendo y queriendo imitar el sonido con el tacón de su zapato.

Y ante aquella situación entre penosa y chusca, se oyó el grito de Cañamar, uno de los alumnos que exclamó: “¡Sí, fue el tacón de frijoles que te echaste case Jaime Adame!”, y todos siguieron riendo.

Libro de Homero Adame
Esta anécdota fue publicada originalmente en el libro
Mitos, cuentos y leyendas regionales, tradición oral de Nuevo León
por Ediciones Castillo, 1998.

SIN CASO QUE RESOLVER

«Sin caso que resolver» forma parte del libro Un velorio colectivo y otros encuentros con la Muerte, de Homero Adame.
S-I 03-1998-091413114000-01

(Sucedido en Rayones, N.L.)

Sin precisar las fechas del suceso, esta es una anécdota muy singular que bien debió haber sido incluida en el libro Guiness de Récords. Lástima que no hayan quedado pruebas para registrarla.

Cuando andábamos en campaña (electoral), una vez que fuimos a Rayones nos platicaron una historia bien chistosa; algo que supuestamente sucedió hace como unos 15 o 20 años –me cuenta Jorge Adame Martínez.

            Resulta que un día corrió el rumor de que se había caído una avioneta allá por el rumbo de Las Cebollas, una comunidad en la sierra adonde sólo se llega en lomo de bestia. Entonces, como a todos les encanta el guato, luego lueguito se fueron los hombres en mulas y burros para ver la avioneta estrellada. En aquel tiempo no había carretera ni nada y hasta los policías andaban a pie, por lo que no sé si ellos fueron también. Cuando llegaron parece que encontraron al piloto de la avioneta todo calcinado, además de puros pedazos de metal regados por todas partes. Y también vieron muchos bultos como de talco regados por doquier.

            Como esa gente no sabía qué era, recogieron los bultos y se los llevaron a Rayones. Ya era bien de tarde y como no había ni teléfono en ese entonces, las autoridades tuvieron que esperar hasta al día siguiente para dar aviso a Monterrey. Con eso que alguien tuvo que ir a Montemorelos, la judicial o los soldados tardaron un par de días en venir.

            Eso ocurrió un miércoles o jueves, según me contaron, porque el sábado es cuando allá se juegan béisbol. Entonces ese sábado se juntó la raza a jugar, mientras esperaban que llegara la policía de Monterrey. Ya estaban listos para empezar el juego cuando se dieron cuenta que no tenían cal para rayar el cuadro o el diamante. Estuvieron alegando entre ellos que si jugaban o no, que necesitaban el cuadro pintado y cosas de esas, cuando alguien dijo: “Órale, pues ahí tenemos los bultos de talco de la avioneta estrellada.”

            Todos felices con la solución al problema, fueron por los bultos y entre todos rayaron el cuadro y marcaron el diamante. Dicen que les quedó mejor que nunca.

            Comenzaron a jugar como siempre, pero ni cuenta se dieron que se les empezó a hacer tarde. Juegue y juegue estaban sin siquiera cansarse tantito. Los chavillos se echaban una soda, los mayores su cerveza y seguían jugando con mucho ánimo. El que me platicó esto ni se acordaba cuántas entradas jugaron, pero dijo que se pasaron de las nueve de rigor, eso sí.

            A eso de las seis llegaron los de la judicial y del Ministerio Público a investigar lo de la avioneta. La gente seguía bien entretenida jugando, pero ahí le pararon. Entonces el comisario ejidal les explicó a los judiciales lo que había pasado y cómo fueron ellos hasta Las Cebollas. Hasta unas personas los llevaron para que dieran fe del asunto y se llevaran el cadáver del piloto.

            Cómo eran los tiempos antes y cómo había también ignorancia en ciertas zonas rurales o serranas. Los de la judicial les explicaron a los lugareños cómo estuvo todo. Resulta que la avioneta venía de quién sabe dónde toda cargada de cocaína. Eran los bultos de talco, o lo que la gente creyó que era talco.

            Fíjate lo que son las cosas: el cuadro de béisbol por un día estuvo rayado con cocaína. Con lo que ahora bien sabemos que cuesta esa droga, ¿cuánto dinero no estaba tirado ahí, en el solar donde jugaban béisbol? Entonces podemos concluir que ha sido el “diamante” más caro de la historia.

Este relato me lo contó Jorge Adame Martínez.

La imagen de Rayones fue tomada del sitio de Internet sierramadreoriental.wordpress.com. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores

EL EMISARIO

«El emisario» forma parte del libro Un velorio colectivo y otros encuentros con la Muerte, de Homero Adame.
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LOS INDIOS MINEROS

Leyenda de Guadalcázar, SLP

La siguiente narración habla sobre unos indios, sin especificar a cuál tribu pertenecieron, y los tiempos son un tanto confusos, por lo que evidentemente cae en el campo de la leyenda. Sin embargo, también se menciona que la región de Guadalcázar ya era un centro minero desde antes de la llegada de los españoles, y esto lo hace entrar en el campo de la historia.

Allá en esa sierrita hay unas cuevas donde la gente saca cositas muy curiosas; cositas que luego van y venden por ahí. Ha de saber usted que los indios moraban en esas cuevas. Esos indios estaban antes de que los españoles llegaran aquí porque ya trabajaban las minas y los indios hacían cositas con el metal que sacaban de las minas. Cuando llegaron los españoles les gustó el asunto de las minas y por eso corrieron a los indios. Los españoles no destaparon ninguna mina; las minas ya las habían destapado los indios y los españoles son los que las aprovecharon.

Cuentan que unos amigos de aquí fueron al Cañon del Meco, allá por el rumbo de Cuidad del Maíz, y se encontraron a otros hombres. Esos hombres no parecían como uno sino que tenían como cara de indios. Entonces les preguntaron que de dónde eran y cuando estos amigos dijeron que venían de Guadalcázar aquellos hombres les dijeron: “Mmm, nosotros éramos de allá… a nuestros padres los corrieron los españoles cuando nosotros estábamos ansina de chiquitíos.” Entonces dijeron que los españoles los corrieron para quitarles las minas. (Blog de Homero Adame)

Y esos indios sí sabían de estos rumbos porque les dijeron a los amigos de la mina que le mentamos «La Cocinera». Los indios dijeron: “Sí, en La Cocinera trabajábamos nosotros. Hay unas cuevas (socavones) y una es de pura plata, otra es de puro oro y una más es de mercurio para afinar la plata.”

Por eso le digo que fueron los indios los que descubrieron las minas y no los españoles. Aunque los españoles cuando llegaron le sacaron mucho provecho, primero corriendo o matando a los indios, robándose las tierras, posesionándose de cuanta cosa podían, y matando a las mujeres para que ya no tuvieran más hijos indios. Esos españoles fueron muy méndigos y luego fundaron sus haciendas a costa de la sangre que hicieron derramar de los indios.

EL CANDIDATO

(Sucedido en algún municipio conurbado de Monterrey, N.L.)

Una vez que fuimos de vacaciones a Nuevo León, en pleno verano, había campañas electorales. No recuerdo dónde fue, pero un domingo manejamos a Cerralvo, la población más antigua del estado y nos gustó, aunque hay ciudades neoleonesas más ricas en arquitectura colonial. Íbamos de regreso al hotel en Monterrey y pasamos de largo Cadereyta, famosa por sus escobas y sus lloviznados, y más adelante paramos en un pueblo para comprar agua y refrescos que el calor estaba fuerte. La plaza estaba hasta el tope de gente; no del paseante dominguero común y corriente, sino de los partidarios de un candidato del PRI que andaba en su cierre de campaña.

Los vitoreos y aplausos eran continuos. Los animadores no dejaban de hablar y gritar arriba en la tarima. Cuando por fin apareció el candidato, las hurras y los chiquiti–bums colmaron el ambiente. El hombre cogió el micrófono e inició su arenga previamente preparada. Con la emoción del momento se puso a improvisar sus últimas palabras. Los vivas y las ovaciones lo animaban cada vez más. Como todo buen cierre de discurso requiere de un punch line eficaz, fuerte y persuasivo, el candidato terminó diciendo:

«… y ahí tenemos a los de la oposición, que no saben ni tienen experiencia para gobernar. Por eso a ustedes yo les digo: ¡más vale ratero por conocido, que ratero por conocer! Muchas gracias».

            Cosa curiosa, luego me enteré que perdió las elecciones.

Yo me sé una leyenda de San José Iturbide, en Guanajuato. Una viejita tenía su nieta y no la quería. La viejita tenía dos hijos y esa niña, su nieta. Los hijos de la viejita se casaron y se fueron a vivir a otro lado y la nieta se quedó a vivir sola en la casa de su abuelita. Un día a la abuelita la internaron en el hospital y la nieta, que estaba sola en la casa, escuchó que le decían por su nombre y que fuera al hospital, pero no fue y entonces a la mañana siguiente le avisaron que la abuelita había muerto. O sea que dicen que la voz de la abuelita era la que le decía que fuera a verla al hospital antes de morirse.

Luego, ya cuando la niña estaba viviendo sola en esa casa, un día ella sacó las cosas de su abuelita para usarlas, que era la lavadora, la licuadora y el refrigerador y adentro el refrigerador encontró los dientes postizos de su abuelita; la lavadora no sabía cómo usarla bien y por eso no la usaba, o sea que lavaba la ropa a mano. Cuando iba a usar la licuadora oyó que una voz le dijo que con la licuadora se iba cortar un dedo y ella no hizo caso y se puso a licuar no sé qué (algo así como una salsa de chile con tomate, creo) y sí se cortó el dedo.

Luego una tarde estaba la niña lavando ropa a mano y en eso se le apareció algo así como un duende que tenía cara de travieso. Ese duende le explicó a la niña cómo lavar en la lavadora, la conectó, le echó jabón, metió la ropa y la puso a funcionar. La niña se puso muy contenta y el duende se fue.

Lo más gacho es que un día estaba lavando y ya no la volvieron a ver a la muchacha; dicen que se la tragó la lavadora. Dicen que ya sabía cómo usar la lavadora y que estaba lavando en la lavadora y ya no la volvieron a ver nunca más. Se desapareció porque parece que de adentro de la lavadora salió un monstruo y se tragó a la niña. Eso fue allá en mi pueblo de en San José de Iturbide.

Leyenda contada por Juan Manuel Chávez Juárez, estudiante de Jerez, Zacatecas.

La imagen fue tomada del sitio de Internet es.123rf.com. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.

In 2018, Homero Adame was invited to the San Miguel Writer’s Conference as a guest speaker and participated in the oral storytellers’ section.
He told a legend about the Huachichiles, a major ethnic group of the Mexican desert that became extinct at the end of the 19th century, based on a creation myth that he himself compiled some years ago at some undetermined point in the Potosinian desert.

El burro

Había un amigo de La Naranja, un pueblo chiquito en Guadalcázar (San Luis Potosí), que venía mucho por este rumbo y nos visitaba mucho. Cuentan que una noche venía de Mier y Noriega (Nuevo León) y que vio unos tecolotes por un arroyo que está ahí en el camino, donde hace bajada. Venía él en un burro al pasito y oía que los tecolotes estaban tecuruqeando y tecuruqueando y más cuando estaba en la parte más baja de esa bajada. Eran como las tres de la mañana y al amigo éste le entró mucho miedo y más cuando el condenado burro no quería subir. Entonces le picaba en la panza con los tacones de las botas y nada que quería subir el burro, pero se remolineaba bien feo, como si anduviera asustado. Eso asustó más al amigo. Imagínese, si un burro se asusta en la noche, pues un hombre más. En eso, entonces que se le sale un pedo al burro y que brinca y hasta tumbó a este amigo del brinco que dio y luego el burro se fue corre y corre y ahí lo dejó tirado al amigo.

Cuando nos platicó eso a todos nos dio risa y más a él porque dijo que no era que el burro tuviera miedo y por eso no quería subir, sino que traía un pedo atorado y por eso se remolineaba bien feo.

Anécdota contada por el señor Santos Torres, de San Francisco, municipio de Bustamante, Tamaulipas.

La imagen fue tomada del sitio misanimales.com. Que el enlace sirva de crédito a su creador.

«La princesa primavera y el conde anacoreta»

Cuento de Homero Adame

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

“La princesa primavera y el conde anacoreta” es un relato que forma parte del libro Cuentos de amor y otras trivialidades, de Homero Adame (SLP 2008).

El hombre-coyote-luna

La etnia kiliwa, que habita en la parte norte de Baja California, está en extinción, pues hay pocos descendientes. En 2018 sólo quedaban dos personas que hablaban el kiliwa con fluidez.

Como lo dijo León Portilla: “Cuando muere una lengua/ ya muchas han muerto/ y muchas pueden morir./ Espejos para siempre quebrados, sombra de voces/ para siempre acalladas:/ la humanidad se empobrece”…

Viaje al Exterior

«Viaje al Exterior» es un relato de viaje incluido en el libro Viajes por México con dosis de surrealismo, de Homero Adame

La Llorona aquí la han visto no sólo en el río sino por cualquier calle. Donde la encuentre le chilla a uno porque ese es el dicho de las personas antiguas: dicen que cuando se oye cerca es porque va lejos y cuando la oye lejos es porque está cerca. Y nosotros la hemos escuchado. Yo la he escuchado cerquita ahí cerca de mi casa que está junto la capilla –la primera iglesia de América– (la ermita del Rosario) y mi suegra es la que me dice que supuestamente cuando la oye cerquita es porque está lejos, pero dice que se pierde adentro de la iglesia.

Hay muchas leyendas de ella, pero aquí lo que más se dice es que perdió a sus hijos en una inundación. Y aquí se oye todas las noches, unos lo oyen por las calles, otros lo oyen por el río, y muchos dicen que sí se pierde su chillido adentro de la iglesia y es que la pobre nunca ha podido encontrar a sus hijos.

Versión contada por la Sra. Reina Zapata Quiroga

La imagen fue tomada del muro en Facebook Turismo La Antigua Veracruz. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores.

Nota: Sandia es una comunidad del municipio neoleonés de Galeana. Creció alrededor de una estancia en el pasado perteneciente a la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad, cuyo casco se ubica a pocos kilómetros de distancia, hacia el sureste, en el municipio de Aramberri.

Mitos y realidades de la mariposa negra o «rata vieja». Imagen cortesía de Semarnat y Leila Bendeck
Esta leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de huachichiles, por la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca, en 2008. Fue el trabajo ganador del Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda “Andrés Henestrosa” 2007.

Puedes leer esta misma leyenda en su versión original, hasta ahora inédita, siguiendo este enlace: La rata vieja en Blogger.

Leyenda de el Chan

 

En el Charco del Ingenio, que es el jardín botánico,  dicen que se aparece el Chan, un animal que vive adentro del agua, y cuando alguien se asoma o cuando anda nadando por ahí, sale el Chan y le ofrece cosas de mucho valor y así es como lo atrae. Cuando la persona va a tomar esa cosa de valor el Chan lo agarra de las manos, así de los antebrazos, y lo jala hacia el centro del agua, hacia las profundidades y la persona nunca más vuelve a salir –cuenta Gloria Tovar, quien radica en San Miguel de Allende.

 

Eso es lo que nos platicaban cuando yo estaba chica y nos daba mucho miedo. Posiblemente son sólo leyendas para dar miedo y que los niños se porten bien, pero sí, antes se sabía mucho de gente que desapareció en la presa y vaya que no es muy profunda, pero desapareció y siempre se ha dicho que era el Chan el que se los había llevado.

Da click al enlace para leer el artículo sobre las leyendas neoleonesas y algunos ejemplos como «La casa del ahorado», «El león con melena» y «La sirena».

https://www.milenio.com/cultura/leyendas-en-nuevo-leon-las-conoces?fbclid=IwAR3RgNSKTs4-ZtDq9g_XPOGKeUfTHfu71FT0qjy4z8DkAhQuopmzrImzcxQ

EL ÁNGEL DE LA MUERTE

«El ángel de la Muerte» forma parte del libro Un velorio colectivo y otros encuentros con la Muerte, de Homero Adame.
S-I 03-1998-091413114000-01

ES TIEMPO DE PARTIR

«Es tiempo de partir» forma parte del libro Un velorio colectivo y otros encuentros con la Muerte, de Homero Adame.
S-I 03-1998-091413114000-01

Allá del lado de San Juan platican de un ahorcado que se aparece. Ha de haber sido un ahorcado que colgaron en un mezquite en los años de la Revolución. Yo no sé si se trata de un ahorcado de los revolucionarios, o de los trabajadores de la hacienda o de los hacendados. La cosa es que esa ánima está todavía en pena porque no alcanzó descanso y nunca la llevaron a sepultar a un panteón –cuenta el Sr. Filiberto Rodríguez, de Vanegas de Abajo.

Hace poco platicaron que a una señora se le apareció esa ánima. Y le habló y le dijo lo que le ha dicho a todos: “Bájame, bájame de aquí.” Ella se asustó y fue y le dijo al sacerdote que ahí se le apareció el ánima que cuentan. Le pidió que viniera a echarle agua bendita y echar unos rezos. Pero el sacerdote no le hizo caso, dijo que eran creencias de la gente. La señora, de todos modos, para sentir descanso ella le mandó decir unas misas y dejó unas monedas ahí en la iglesia, en el altar de las ánimas del purgatorio.

Quién sabe si con esto ya no vuelva a aparecerse esa ánima del ahorcado. Pero lo que busca es encontrar descanso. Es claro que nadie lo puede bajar de ahí porque se trata sólo de una aparición, pero su ánima sigue ahí penando. Yo pienso que también sería bueno prenderle unas veladoras al pie de tronco ese y con eso a ver si encuentra el descanso que tanto anda buscando.

Los cometas

LOS COMETAS

Leyenda de Durango

Bueno, tocante a eso de los augurios, uno que es de mal agüero es el cometa. Yo ya voy para los 80 años y he visto –qué serán– unos tres o cuatro cometas en mi vida, cometas grandes, sí señor –dice el Sr. Mario Molina. Yo me acuerdo que mi papá y sus gentes contaban del cometa que el Halley, que el más grande de todos y que trajo muchas calamidades, tantas que hasta empezó la guerra de Revolución por causa del cometa. Eso decían las gentes de antes. Luego me acuerdo que hace como unos 15 años –algo así– dijeron que “ahí viene el Halley; ahí viene el Halley” y el corredero de gente. Se metían a sus casas, cerraban ventanas, ponían listones rojos en las puertas afuera, qué sé yo. Y má, que apenas se vio una rayita en el cielo. Nada como aquel cometa Halley que contaban las gentes de antes.

Cometa Neowise

Le digo, yo he visto unos cuantos en toda mi vida y ninguno ha traído guerras ni la peste, pero lo que sí le puedo decir es que cuando han pasado los cometas o que las chivas o las vacas no dan buena leche o que se empedernen las frutas en el árbol y cosas así. Eso sí se lo puedo asegurar. Y también le puedo asegurar que viene un frío a destiempo o una sequía larga. Eso es lo que anuncian los cometas a mi parecer.

 

EL HACEDOR DE LLUVIA

(Leyenda de Villa de Cos, Zacatecas)

 

Aquí es una tierra muy seca, pero hay aguajes de la antigua hacienda de Illescas, de la de Sierra Hermosa y hasta de la de Guanamé; aquí pues es el desierto y no es muy llovedor, ¿verdad? Pero cuentan que mucho más antes había gente que sabía traer la lluvia. Como por ejemplo hubo un hombre, que yo creo que era indio de no sé qué tribu –porque antes había aquí varias tribus, unos de Zacatecas [zacatecos o caxcanes] y otros de por el rumbo aquí del estado de San Luis [huachichiles]–. Entonces dicen que los hacendados de Illescas mandaban traer a uno de esos hombres que vivía en un ranchito serrano de Villa de Cos –está del lado zacatecano– para que hiciera llover y se llenaran los aguajes porque había temporadas muy largas de sequías muy duras –explica la Sra. Inés Sosa Domínguez, radicada en Santo Domingo, SLP.

Este hombre sabía las danzas de la lluvia. Pero eran danzas no como de los matachines o las pastorelas que van a Catorce a las festividades de San Panchito, o los matachines que bailan aquí el 4 de agosto en la fiesta patronal. No, ese hombre que le digo era pues hacedor de lluvia porque él sabía bailar, y dicen que lo llevaban primero a la hacienda y luego a los aguajes de la hacienda. Aquí mero en Santo Domingo estaba uno de los aguajes –todavía quedan partes de las ruinas del aguaje que le digo, vaya a verlo al ratito, está de aquel lado–. Entonces ese indio zacatecano –habrá sido huichol a lo mejor–iba a los pueblos y las haciendas y ponía sus no sé, serían monitos o las plumas de algunas aves, y luego prendía candelas y que hacía un círculo con braceros y que echaba una plantita seca que creo le llaman «istafiate». Y el hombre se ponía a bailar con sus cascabeles aquí en las pantorrillas y tocaba un tamborcito. Bailaba, bailaba y bailaba toda la tarde cuando había tarde de nubes, y ya para cuando empezaba a pardear la tarde, cuando se metía el sol, empezaban los rayos y los truenos y es cuando él echaba más hojitas del istafiate ese que le digo en los braceros y de rato empezaba la lluvia. ¡Y eran aguaceros, grandes aguaceros de los que ya no se ven!, pero tampoco eran culebras, de esas culebras de agua; eran lluvias fuertes que se lograban gracias al conocimiento –o sería la magia– de ese indio del rumbo de Zacatecas que le digo. Pero se acabó o se habrá muerto o quién sabe qué habrá sido de él porque de esto que le digo fue hace muchos años, muchos muchos años. Entonces a lo mejor ya no quedó alguien que siguiera la costumbre de él o alguien a quien él le haya pasado el conocimiento ese de hacer llover. Y pues se acabó él y luego se acabaron las haciendas, y los aguajes pues ya quedaron abandonados y con eso se acabó la lluvia que este señor sabía traer.

Y ahora las lluvias vienen nomás de vez en cuando, pero ya no tanto como en aquel tiempo cuando ese hombre que le digo sabía cómo organizar las nubes para que cayera el agua e inundara todo este rumbo y llenara los aguajes.

 

Los llamados «graniceros» o «teciutleros» (cuyo origen viene de los teciuhtlazque nahuas) son personas que, entre otras funciones, tienen el conocimiento para hacer llover y todavía en la actualidad existen por doquier. La narración que tenemos enseguida nos habla de un granicero, y sus rituales, que era contratado para traer los chubascos a la región de Villa de Cos, Zacatecas y Santo Domingo, SLP, una de las más áridas del Altiplano. No sabemos a cuál etnia haya pertenecido, pero entre corchetes pusimos las posibilidades.

Después de dos años de intenso trabajo de campo, de hacer más y más nuevos contactos, de visitas a México y San Luis Potosí, de mensajes escritos, llamadas nacionales, a Estados Unidos, Canadá e Israel, reuniones de entrevistas, conferencias con los colegas Emilio Borjas y Jesús Garza Herrera y largas horas de escritorio para transcribir más de cien entrevistas, por fin logramos publicar el primer libro de los judíos potosinos con origen ashkenazí.

Este libro es para mí el trabajo más complejo y, a la vez, más satisfactorio que he hecho en mi trayectoria como escritor e investigador de oralidad, y no hubiera sido posible sin el entusiasmo de todos los que apoyaron desde que empezó como proyecto.

La noche del 28 de septiembre de 2019 en el Centro Cultural Bella Época de CdMx fue una noche extraordinaria, maravillosa, como maravillosa la gente que abarrotó el espacio que nos facilitaron para presentar nuestro trabajo en el marco de la FILJU (Feria Internacional del Libro Judío), con el honor que implica estar allí y acompañados por Sandra Karchmer de Mitrani.

Judíos ashkenazitas de San Luis Potosí: Las familias, además, tiene desde ya un sello invaluable: su poder de convocatoria. Este libro logró reunir a más de cien personas de tres generaciones con vínculos potosinos, dígase ashkenazitas, sefaradim y goyim. Fue una noche de reencuentros entre familiares, noche de gran animación y, para mí, noche cuando finalmente conocí a personas estupendas que sólo conocía por voz o por escrito.

Y por ser hoy el día que es, no me resta más que reiterar mi agradecimiento y decir a todos los que estuvieron y a los que no pudieron estar… Shaná Tova Umetuká!

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