Un blog de mitos, leyendas, costumbres y tradiciones de México

Archivo para la Categoría "Libros y literatura de folclor regional"

El Señor de Matehuala

El mero día 6 de enero se celebra al santo Cristo de Matehuala. Es una fiesta muy animada a la cual viene mucha gente de otras partes del estado, de la república y de los Estados Unidos, principalmente lugareños que han emigrado en busca de una vida mejor. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame).

Según algunas versiones, le hacen la fiesta en esa fecha porque es cuando dicen que el Cristo se apareció; eso fue cuando la catedral no existía como tal sino que era una iglesia más humilde y pequeña. La gente de antes contaba que un día 6 de enero se apareció la imagen del santo Cristo en la puerta de la iglesia, pero no exactamente en la puerta sino más bien en una pared junto pegada a la puerta.

Pero no se apareció así grande como está ahora en la cruz del altar. Más bien se dice que se apareció como una figura tipo silueta y al mirarla la gente le hallaba forma y a partir de entonces le empezaron a traer veladoras y flores. Según se cuenta, a más veladoras que le prendían ahí donde estaba la figura, ésta se fue haciendo más grande y agarró el tamaño que ahora tiene. Hay quienes suponen que ese fenómeno fue, quizá, por efecto del tizne. También cuentan que cuando la figura ya estaba grande, cuando iban a tumbar la iglesia vieja para construir la catedral, entonces sacaron la imagen de la pared y la pusieron en la cruz del altar.

Nota: esta leyenda fue publicada originalmente en la plaquette “Leyendas del Festival de Desierto” de Homero Adame, por la Secretaría de Cultura del estado de San Luis Potosí, 2005.

El tigrillo

Leyenda de Jazminal, municipio de Saltillo, Coahuila

Había unas pláticas de más antes en las que se decía que había un león –más bien, yo pienso que era un puma– que era así como un protector, como un espíritu amigo del hombre porque cuando iba a haber un peligro para algún campesino salía ese león y lo protegía.

Según platicaban, en aquellos años –más de cien–, por estos rumbos había mucho tigrillo y ese siempre ha sido un animal muy peligroso porque ataca al campesino nada más por atacarlo, sin avisar. O sea, el tigrillo antes se escondía arriba de un árbol o atrás de un mogote y cuando pasaba un hombre se le aventaba para atacarlo. Entonces, los viejitos decían que cuando había un peligro como ese, aparecía el león y atacaba al tigrillo.

Contada por Artemio Cerda


Jazminal es una comunidad ubicada al sur del municipio coahuilteco de Saltillo. Se desarrolló en las cercanías del casco de una pequeña hacienda agrícola, ixtlera y guayulera que, hacia mediados del siglo XIX, pertenecía a la hacienda Presa de Guadalupe hasta que se fragmentó por compra-venta.

Nota: esta leyenda fue publicada originalmente en el libro Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano, de Homero Adame, por la Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado de San Luis Potosí en 2015. Dicho libro está agotado, pero la segunda edición pronto estará disponible en Amazon, tanto en formato papel como en formato digital.

Fantasmas de la matanza de chinos

Mis padres son los dos de Hermosillo y cuando mis abuelos todavía vivían, íbamos allá de vacaciones. Cuando estábamos chicos nos juntábamos con los primos y los amigos del barrio y me acuerdo de que contaban historias de miedo. Una de ellas en lo particular a mí me daba mucho miedo porque era en el centro que yo conocía. Contaban que cuando ya cerraban las tiendas, o sea que ya estaba oscuro, que se oían gemidos, gritos, balazos y llantos y que hasta se veían figuras como que flotaban, así como se dice que flotan los fantasmas. Eso contaban mis primos y muchas historias más. En dos o tres ocasiones que yo fui con mis papás al centro y que se nos hizo tarde me daba un chorro de miedo de que fuéramos a ver eso o escuchar eso que nos contaban -recuerda Armando Salvatierra.

El asunto tiene un trasfondo histórico, aunque de que se vean fantasmas o que se oigan ruidos fantasmales tal vez no sea cierto, pero lo que sí fue cierto es que allá por los años 20 o 30 del siglo pasado, por alguna razón que desconozco hubo una matazón de chinos y estuvieron involucradas las autoridades y mucha gente, o sea que se pusieron de acuerdo y masacraron a los de la comunidad de chinos, y había no solamente chinos en Hermosillo sino también en Sonora, y en Sinaloa y creo que también en Baja California pero no estoy muy seguro. Algo hubo de envidias contra los chinos porque llegaron muchísimos que se establecieron y pusieron sus negocios y les iba bien; eran negocios establecidos no como ahora los puesteros donde venden puras fregaderas traídas de China que no sirven para nada y son puestos callejeros. No, en aquel tiempo allá en Hermosillo los chinos estaban bien organizados y bien establecidos y por alguna razón, yo creo que, por envidia económica, los comerciantes locales se pusieron en contra de ellos y cuando los masacraron pues obviamente se quedaron con los buenos locales independientemente de la mercancía. Y como esos chinos no tenían patria realmente y muchos eran ilegales, pues ni cómo avisarles a los familiares que vivían quién sabe dónde en China. Entonces a todos esos muertos los enterraron en una fosa común y así fue más o menos esa historia, muy horrible la verdad, como son las masacres raciales como las que sucedieron en Europa contra los judíos o más reciente en Siria, pero poco se habla de las que sucedieron aquí en México principalmente contra los chinos, en este caso, y también contra los yaquis y contra otros grupos étnicos.

Y total, esa es una de las historias que recuerdo que contaban mis primos y que me daba miedo y más cuando fui las pocas veces al centro en la tarde-noche y cuando oscurecía me agarraba de la mano de mi mamá porque no quería escuchar esos ruidos, esos llantos, esos fantasmas de los pobres chinos asesinados.

Notas:

1. Los hechos iniciaron en Torreón, Coah. en mayo de 1911 y se extendieron a otras partes del norte de México, incluyendo el estado de Sonora. Aquí un artículo al respecto. Campaña antichina

2. Las imágenes fueron tomada de La «olvidada» matanza de chinos en México

EL «DIAMANTE» MÁS CARO DEL MUNDO

(Sucedido en Rayones, N.L.)

Sin precisar las fechas del suceso, esta es una anécdota muy singular que bien debió haber sido incluida en el libro Guiness de Récords. Lástima que no hayan quedado pruebas para registrarla.

Cuando andábamos en campaña (electoral), una vez que fuimos a Rayones nos platicaron una historia bien chistosa; algo que supuestamente sucedió hace como unos 15 o 20 años –me cuenta Jorge Adame Martínez.

            Resulta que un día corrió el rumor de que se había caído una avioneta allá por el rumbo de Las Cebollas, una comunidad en la sierra adonde sólo se llega en lomo de bestia. Entonces, como a todos les encanta el guato, luego lueguito se fueron los hombres en mulas y burros para ver la avioneta estrellada. En aquel tiempo no había carretera ni nada y hasta los policías andaban a pie, por lo que no sé si ellos fueron también. Cuando llegaron parece que encontraron al piloto de la avioneta todo calcinado, además de puros pedazos de metal regados por todas partes. Y también vieron muchos bultos como de talco regados por doquier.

            Como esa gente no sabía qué era, recogieron los bultos y se los llevaron a Rayones. Ya era bien de tarde y como no había ni teléfono en ese entonces, las autoridades tuvieron que esperar hasta al día siguiente para dar aviso a Monterrey. Con eso que alguien tuvo que ir a Montemorelos, la judicial o los soldados tardaron un par de días en venir.

            Eso ocurrió un miércoles o jueves, según me contaron, porque el sábado es cuando allá se juegan béisbol. Entonces ese sábado se juntó la raza a jugar, mientras esperaban que llegara la policía de Monterrey. Ya estaban listos para empezar el juego cuando se dieron cuenta que no tenían cal para rayar el cuadro o el diamante. Estuvieron alegando entre ellos que si jugaban o no, que necesitaban el cuadro pintado y cosas de esas, cuando alguien dijo: “Órale, pues ahí tenemos los bultos de talco de la avioneta estrellada.”

            Todos felices con la solución al problema, fueron por los bultos y entre todos rayaron el cuadro y marcaron el diamante. Dicen que les quedó mejor que nunca.

            Comenzaron a jugar como siempre, pero ni cuenta se dieron que se les empezó a hacer tarde. Juegue y juegue estaban sin siquiera cansarse tantito. Los chavillos se echaban una soda, los mayores su cerveza y seguían jugando con mucho ánimo. El que me platicó esto ni se acordaba cuántas entradas jugaron, pero dijo que se pasaron de las nueve de rigor, eso sí.

            A eso de las seis llegaron los de la judicial y del Ministerio Público a investigar lo de la avioneta. La gente seguía bien entretenida jugando, pero ahí le pararon. Entonces el comisario ejidal les explicó a los judiciales lo que había pasado y cómo fueron ellos hasta Las Cebollas. Hasta unas personas los llevaron para que dieran fe del asunto y se llevaran el cadáver del piloto.

            Cómo eran los tiempos antes y cómo había también ignorancia en ciertas zonas rurales o serranas. Los de la judicial les explicaron a los lugareños cómo estuvo todo. Resulta que la avioneta venía de quién sabe dónde toda cargada de cocaína. Eran los bultos de talco, o lo que la gente creyó que era talco.

            Fíjate lo que son las cosas: el cuadro de béisbol por un día estuvo rayado con cocaína. Con lo que ahora bien sabemos que cuesta esa droga, ¿cuánto dinero no estaba tirado ahí, en el solar donde jugaban béisbol? Entonces podemos concluir que ha sido el “diamante” más caro de la historia.

Este relato me lo contó Jorge Adame Martínez.

La imagen de Rayones fue tomada del sitio de Internet sierramadreoriental.wordpress.com. Que el enlace sirva de crédito a sus creadores

LOS INDIOS MINEROS

Leyenda de Guadalcázar, SLP

La siguiente narración habla sobre unos indios, sin especificar a cuál tribu pertenecieron, y los tiempos son un tanto confusos, por lo que evidentemente cae en el campo de la leyenda. Sin embargo, también se menciona que la región de Guadalcázar ya era un centro minero desde antes de la llegada de los españoles, y esto lo hace entrar en el campo de la historia.

Allá en esa sierrita hay unas cuevas donde la gente saca cositas muy curiosas; cositas que luego van y venden por ahí. Ha de saber usted que los indios moraban en esas cuevas. Esos indios estaban antes de que los españoles llegaran aquí porque ya trabajaban las minas y los indios hacían cositas con el metal que sacaban de las minas. Cuando llegaron los españoles les gustó el asunto de las minas y por eso corrieron a los indios. Los españoles no destaparon ninguna mina; las minas ya las habían destapado los indios y los españoles son los que las aprovecharon.

Cuentan que unos amigos de aquí fueron al Cañon del Meco, allá por el rumbo de Cuidad del Maíz, y se encontraron a otros hombres. Esos hombres no parecían como uno sino que tenían como cara de indios. Entonces les preguntaron que de dónde eran y cuando estos amigos dijeron que venían de Guadalcázar aquellos hombres les dijeron: “Mmm, nosotros éramos de allá… a nuestros padres los corrieron los españoles cuando nosotros estábamos ansina de chiquitíos.” Entonces dijeron que los españoles los corrieron para quitarles las minas. (Blog de Homero Adame)

Y esos indios sí sabían de estos rumbos porque les dijeron a los amigos de la mina que le mentamos «La Cocinera». Los indios dijeron: “Sí, en La Cocinera trabajábamos nosotros. Hay unas cuevas (socavones) y una es de pura plata, otra es de puro oro y una más es de mercurio para afinar la plata.”

Por eso le digo que fueron los indios los que descubrieron las minas y no los españoles. Aunque los españoles cuando llegaron le sacaron mucho provecho, primero corriendo o matando a los indios, robándose las tierras, posesionándose de cuanta cosa podían, y matando a las mujeres para que ya no tuvieran más hijos indios. Esos españoles fueron muy méndigos y luego fundaron sus haciendas a costa de la sangre que hicieron derramar de los indios.

La rata vieja / La mariposa negra

Nota: Sandia es una comunidad del municipio neoleonés de Galeana. Creció alrededor de una estancia en el pasado perteneciente a la hacienda de Nuestra Señora de la Soledad, cuyo casco se ubica a pocos kilómetros de distancia, hacia el sureste, en el municipio de Aramberri.

Mitos y realidades de la mariposa negra o «rata vieja». Imagen cortesía de Semarnat y Leila Bendeck
Esta leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de huachichiles, por la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca, en 2008. Fue el trabajo ganador del Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda “Andrés Henestrosa” 2007.

Puedes leer esta misma leyenda en su versión original, hasta ahora inédita, siguiendo este enlace: La rata vieja en Blogger.

Leyendas de Nuevo León en Milenio – Cultura

Da click en cualquiera de los enlaces para leer el artículo sobre las leyendas neoleonesas y algunos ejemplos como «La casa del ahorcado», «El león con melena» y «La sirena».

Leyendas de Homero Adame en Milenio-Cultura

Leyendas norestenses de Homero Adame citadas en un artículo del periódico Milenio

El ahorcado – leyenda de San Juan de Vanegas, SLP

Allá del lado de San Juan platican de un ahorcado que se aparece. Ha de haber sido un ahorcado que colgaron en un mezquite en los años de la Revolución. Yo no sé si se trata de un ahorcado de los revolucionarios, o de los trabajadores de la hacienda o de los hacendados. La cosa es que esa ánima está todavía en pena porque no alcanzó descanso y nunca la llevaron a sepultar a un panteón –cuenta el Sr. Filiberto Rodríguez, de Vanegas de Abajo.

Hace poco platicaron que a una señora se le apareció esa ánima. Y le habló y le dijo lo que le ha dicho a todos: “Bájame, bájame de aquí.” Ella se asustó y fue y le dijo al sacerdote que ahí se le apareció el ánima que cuentan. Le pidió que viniera a echarle agua bendita y echar unos rezos. Pero el sacerdote no le hizo caso, dijo que eran creencias de la gente. La señora, de todos modos, para sentir descanso ella le mandó decir unas misas y dejó unas monedas ahí en la iglesia, en el altar de las ánimas del purgatorio.

Quién sabe si con esto ya no vuelva a aparecerse esa ánima del ahorcado. Pero lo que busca es encontrar descanso. Es claro que nadie lo puede bajar de ahí porque se trata sólo de una aparición, pero su ánima sigue ahí penando. Yo pienso que también sería bueno prenderle unas veladoras al pie de tronco ese y con eso a ver si encuentra el descanso que tanto anda buscando.

Historias del desierto de HA parte 4

Historias del desierto de HA parte 3

Historias del desierto de HA parte 2

 

Historias del desierto de HA parte 1

Leyenda de Mérida, Yucatán: El cura sin cabeza

EL CURA SIN CABEZA

Leyenda de Mérida, Yucatán

Una de las muchas leyendas que cuentan aquí en Mérida es la del fantasma del cura sin cabeza –anticipa la artesana Elisa Bojórquez–. Cuenta esa leyenda que uno de los primeros curas que tuvo nuestra catedral fue muy malo con los mayas; los trataba muy mal porque no querían entrar a misa y luego, a chicotazos, los obligaba a meterse al catecismo. Los mayas no entendían bien el español y por eso el cura les pegaba porque, según él, se hacían que no entendían. Aparte de malo, ese cura era muy envidioso y abusivo. Le pedía mucho diezmo a la gente rica y si no se lo daban, a la hora del sermón se burlaba de ellos, los acusaba de malos cristianos y los corría de la iglesia. Pero todo se paga, en vida o después de la muerte, y a ese cura Dios nuestro señor primero lo castigó en vida y luego también después de la muerte.

El cuento está en que una tarde, a la hora del catecismo, varios niños mayas andaban correteando en el atrio. Cuando el cura se dio cuenta se enojó mucho y agarró el chicote para darles azotes. En eso se formó un remolino muy fuerte y al cura le entró tierra en los ojos, tanta tierra que le salió sangre y se quedó ciego. Pero eso de quedarse ciego no le quitó lo malo, tampoco dejó de decir misa y seguía tratando mal a los mayas.

Pasó el tiempo con ese sufrimiento muy feo de estar ciego y una tarde se volvió loco de coraje porque alguien tocó las campanas de la iglesia cuando no era hora. Se disponía a subir las escaleras del campanario cuando oyó que unos niños mayas estaban riéndose en la parte de arriba. A tientas fue a la sacristía por el chicote para castigarlos. Luego subió las escaleras con mucha prisa; iba furioso. Casi al llegar arriba pisó mal un escalón y se vino rodando por la escalera y ahí murió decapitado. Lo más feo fue que primero encontraron su cabeza, que había rodado hasta abajo, y más arriba estaba su cadáver en un charco de sangre. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

Desde entonces comenzó la leyenda del cura sin cabeza, leyenda que todavía cuenta mucha gente porque ha visto su fantasma, decapitado, caminar adentro de la iglesia, por la calle o en la puerta que sube al campanario. Dicen que anda buscando su cabeza. Todos los que han visto esa aparición se asustan muchísimo y caen enfermos por causa de la impresión. Y así sabemos que el cura sigue pagando sus pecados.

También cuenta la leyenda que cuando el cura encuentre su cabeza, entonces ya podrá descansar, pero no va a ser fácil que la encuentre porque parece que la sepultaron en un panteón que ya no existe.

– – – – – –

Mérida fue fundada el 6 de enero de 1542 sobre las ruinas de una ciudad maya llamada T’Hó. El 30 de abril de 1605 recibió el título de Muy noble y muy leal ciudad de Mérida de Yucatán.

La catedral emeridense, también conocida como Catedral de Yucatán, fue levantada entre 1562 y 1599, siendo la primera construida en la América continental y, por añadidura, la más antigua de México.

Notas:

1. Una versión editada de esta misma leyenda fue publicada por Editorial Trillas, 2016. El libro se puede conseguir en la tienda en línea de la editorial, siguiendo este enlace: Leyendas de todo México, aparecidos y fantasmas.

2. El dibujo del sacerdote sin cabeza fue tomado del sitio de Internet diariodigitalelindependiente. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

3. El grabado de la catedral de Mérida fue tomado del sitio de Internet Mérida Yucatán. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

Leyendas de pescadores: La serpiente en el agua

LA SERPIENTE ERGUIDA EN EL AGUA

(Leyenda de Tamaulipas)

Una fresca noche estábamos sentados en el jardín del rancho de don Evaristo platicando sobre Quetzalcóatl, la Serpiente Emplumada, también llamada Kukulkán, entre los mayas, o Viracocha, su equivalente entre los incas. Luego de un largo silencio, don Evaristo dijo que una vez que fue a la presa Vicente Guerrero, en el antiguo pueblo de Padilla, Tamaulipas, un pescador le contó que en una ocasión andaba con unos compañeros en su lancha y para capturar pescados grandes se dirigieron al centro de la presa. En eso uno de sus compañeros exclamó: “¡Miren allá! ¡Hay una víbora de cascabel en el agua!”.

Obviamente se trataba de un evento muy extraño porque todo mundo sabe que las víboras de cascabel son terrestres. Sin embargo, luego de que los pescadores apagaron el motor para observar ese fenómeno, sin más ni más la víbora se irguió en el agua ¡hasta que quedó completamente vertical sobre su cola! Después de un rato, la víbora se dobló y se zambutió en el agua para desaparecer de la vista de esos pescadores. (Leyenda de Homero Adame.)

Cuando volvieron a sus casas le platicaron a medio mundo lo que habían visto, pero todos pensaron que era otra simple historia de pescadores, historia llena de fantasía. Sin embargo, un anciano pescador confesó que a él también le había tocado ver esa misma víbora poco después de que se inundó la presa en los años 70; y que la descripción era exactamente igual: una víbora de cascabel que se para sobre su cola en el medio de la presa…

Notas:

  1. Esta leyenda tomada del libro: Don Evaristo, el contador de historias, de Homero Adame. En impresión.
  2. La fotografía de la culebra viperina en el agua fue tomada del sitio de Internet Centro de Educación Ambiental “El Águila”. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  3. La pintura de las serpientes fue tomada del muro en Fb de Grazia Ardillo. El enlace es una manera de agradecimiento.
  4. Puedes leer esta misma leyenda en inglés siguiendo este enlace: The snake, legend from Tamaulipas.
  5. Si te interesa algo de la historia de Padilla, Tamaulipas, y la muerte del emperador Agustín de Iturbide, sigue este enlace: Agustín de Iturbide y la desaparición de Padilla.
  6. La fotografía de las ruinas del templo de San Antonio de Padua en Padilla, Tamps. es de Homero Adame.

Leyendas tlaxcaltecas: Un histórico encuentro fantasmal

LOS MONJES Y EL SACERDOTE TLAXCALTECA

(Leyenda de Tizatlán, Tlaxcala)

Por los estudios que han hecho, aquí nos han dicho que estas pirámides fueron más importantes que el convento dedicado a San Esteban, pero casi nadie viene a visitarlas porque mejor se van allá a Cacaxtla. De todas maneras las pinturas murales de aquí tienen su valor histórico, y dicen que hay más, pero no han explorado los arqueólogos porque dicen que el gobierno no tiene dinero para lugares que no tienen importancia turística –dice el Sr. Ruperto Andrade.

[…] Sí, hay pláticas que la gente cuenta, pero quién sabe si serán ciertas o nomás son cosas para asustar a los niños y hacerlos que se porten bien. Entre las leyendas dicen que se han visto apariciones de monjes, que los han visto allá sentados; allá en lo que es el atrio del convento, cerca de las ruinas arqueológicas. Pero hay una cosa muy curiosa: dicen que esos monjes se miran como sentados alrededor de una fogata, es en la noche, y que están hablando con un sacerdote tlaxcalteca que está de pie. Es así como si el sacerdote tlaxcalteca, con su penacho, les estuviera dando explicaciones o doctrina a los monjes españoles. Es muy curiosa esa plática, pero, como le digo, quién sabe si sea cierta.

Notas:

  1. La foto del convento de San Esteban, en Tizatlán, fue tomada del sitio Mapio.net. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.
  2. La recreación en blanco y negro de Cortés hablando con nativos fue tomada del blog Tizatlán. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su creador.

Leyenda tamaulipeca: La luz errante

LA LUZ ERRANTE

(Leyenda de Jaumave, Tamaulipas)

Parroquia de Jaumave, Tamps.

No, mi amigo, por estos rumbos no hay cuevas ni cosas grandes de los indios de antes –afirma el Sr. Félix, un campesino que vive en Pentezuela–. Quién sabe si esos indios se bañaban en las aguas éstas. Lo que sí hemos visto son pedernales así d’este tamaño. Cuando uno anda en la labor luego se los encuentra por ai tiraos. Son las mentadas puntas de flecha de los indios. Allá p’aquel lao, en aquellos cerros altos, sí hay cuevas y pos cuentan cosas que se han hallao ai dentro. Pa’ que le voy a echar mentiras, yo no he entrao en ellas. Ni siquiera sé con esatitud ónde quedan.

Lo que sí hemos mirao aquí es la luz errante. Todos los rancheros de aquí hasta Burgos y San Carlos l’han visto alguna vez. Mire, ai onde andan aqueos caballos (una planicie desmontada que rodea el baño) yo he visto la luz errante en la noche. Se ve clarita. Uno pos sí se asusta las primeras veces, pero como que luego le agarra uno confianza porque esa luz es buena para uno; lo acompaña por las veredas, siempre adelantito de uno. Quién sabe qué será, pero es una luz buena que ayuda al que anda en el monte por la noche, o al que anda perdido. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

La luz errante. Dibujo de Jennifer Hennen

El ignis fatuus es una manifestación sobrenatural nocturna que en muchas ocasiones se le ve acompañando un funeral –a guisa de mensajero de la Muerte– o también como un espíritu de la naturaleza –como en el folclor del Noreste de México–. En esta región del país se le llama “la luz errante”, aunque se le da distintos nombres y aparece con características similares en todas las mitologías del mundo.

Contada con el sabor propio y regional de quien la haya presenciado, todos concuerdan que se le ve en el monte, en áreas despobladas; incluso se dice que algunos pilotos en pleno vuelo la han mirado sin saber exactamente qué es, ni cómo surge ni de dónde sale.

En la actualidad, con tantas historias de ovnis que escuchamos por doquier, ya casi nadie habla de la luz errante, pero para muchos ésta seguirá siendo uno de los misterios más extraños que tenemos a nuestro alcance.

Leyendas tabasqueñas: Los mayas viven en otra dimensión

LOS MAYAS SE FUERON A OTRA DIMENSIÓN

(Leyenda de Villahermosa, Tabasco)

Por las cosas que yo he leído y que cuenta la gente de estudios, entiendo que hay muchos misterios que envuelven a los mayas; es que dicen que los historiadores no se pueden explicar exactamente cómo ni por qué desaparecieron los mayas. Hay cosas que sí saben, pero no se explican cómo es posible que un pueblo tan numeroso se haya acabado así tan de repente. Entiendo que cuando llegaron los españoles, todavía había muchos mayas, pero la mayoría de las ciudades estaban abandonadas. (Leyenda publicada por Homero Adame.)

Cuando todavía vivía yo en Villahermosa –de allá soy–, una vez fue a la universidad un especialista a dar una conferencia y me acuerdo que dijo que los mayas no se acabaron con la conquista, sino que se fueron a vivir a otra dimensión y que lo hicieron a través de “puertas” que ellos mismos crearon en algunas de las pirámides. Dijo que algunas pirámides son como “puertas” o “ventanas” a otras dimensiones. Ese especialista estuvo explicando su teoría y quién sabe si sea cierto, pero lo que dijo a mí se me hizo interesante porque hay otras cosas que no tienen que ver con la gente de estudios, sino con las creencias de los mayas de ahora. Déjame explicarme:

La gente mayor platica muchas cosas y por eso sabemos que los mayas saben muchas cosas que cuentan a través de sus historias, por ejemplo, de los aluxes, los espíritus, los duendes, los dioses y cosas de sus creencias, y no es que sean nada más leyendas de estas que andas buscando, sino que son creencias que siguen vivas, ¿no? Y en esas pláticas dicen que los mayas de mucho antes de la conquista eran gente muy avanzada espiritualmente que de algún modo encontraron la manera de irse a vivir a otro mundo, a otra dimensión. (Libros de leyendas de Homero Adame.)

Esto algo de cierto ha de tener con el hecho de ciertas pláticas de personas de Tabasco, de Chiapas, de Yucatán, de toda la península, pues, que cuentan que sin proponérselo ni saber siquiera, de repente entraron a otra dimensión y cuando estuvieron allá vieron pueblos enteros llenos de vida, con gente como los mayas que podemos ver en los códices, o sea, mayas antiguos. Para explicarme mejor, es algo así como que entran a pueblos, digamos, encantados, que existen en otra dimensión; existen de verdad pero nosotros no los podemos ver ni sentir porque estamos en una dimensión diferente.

Y bueno, no es que yo crea en esas cosas así con fe ciega ni que esté convencida de que sea realidad, pero no puedo dudar que haya cosas que nuestros ojos no pueden captar, y lo de las dimensiones son cosas misteriosas, pero los científicos saben que existen. Entonces, es posible que los mayas más antiguos hayan encontrado la manera de entrar a otra dimensión para seguir viviendo allá, como cuentan en las creencias de los mayas de ahora, ¿no?

La “súbita desaparición” de los mayas prehispánicos ha dado pie a toda suerte de hipótesis y creencias, las cuales son rebatidas por los arqueólogos, quienes, a través de los vestigios y evidencias, saben que las ciudades solían ser abandonadas cíclicamente o por causa de guerras intestinas. En otras palabras, la arqueología aporta datos importantes para desentrañar un misterio que, al parecer, nada tiene de ello, aunque gran cantidad de gente sí lo afirme y esto genere leyendas que tanto nos gustan a muchos.

En este relato, la Lic. Yolanda Méndez, quien radica en el Distrito Federal, nos da a entender que al asistir a una conferencia tipo New Age, de fenomenología o de ufología, el especialista expuso su hipótesis de cómo los mayas desaparecieron a través de puertas dimensionales que ellos mismos crearon en las ahora llamadas zonas arqueológicas. Creíble o no, lo relevante y legendario es su propia aportación, pues ella añade que los ancianos en Tabasco platican muchas historias de gente que, de algún modo, ha entrado a otras dimensiones y ha visto pueblos vivientes con gente similar a los mayas de la antigüedad. Aquí se vincula con la serie de leyendas que hablan de lugares encantados.

Una versión similar fue publicada en “Mitos y leyendas de todo México”, por Editorial Trillas, 2010. Dicho libro de Homero Adame contiene 64 leyendas mexicanas (dos por cada estado de la república) y se puede conseguir a través de la Tienda en línea siguiendo este enlace: Trillas: “Mitos y leyendas de todo México” .

Notas:

  1. La foto de la pirámide de Kukulkán fue tomada del sitio de Internet elperiodico.com. Que el enlace sirva de agradecimiento a sus creadores.
  2. La ilustración de dos mayas viendo las estrellas fue tomado del sitio de Cultura colectiva. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  3. La imagen aérea de Tikal fue tomada del sitio de La Prensa. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Relato de viajes: Una comida en el tren

UNA COMIDA EN EL TREN

Escrito por Homero Adame

Antes se viajaba en tren. Ahora, en coche, en avión o, a falta de recursos, en autobús (quién sabe si alguien se aventure a pedir aventón a un desconocido). Los cruceros en barco resultan todo un lujo y el tren… bueno, el tren queda para la historia, y la añoranza.

  En cierta ocasión andaba por tierras michoacanas y, como a no pocos les ha sucedido, me quedé sin dinero. Dos semanas por doquier, conociendo montañas y playas, siempre en autobús, dieron como resultado mi bolsillo casi vacío. Pedir aventón ya era más arriesgado que aventurado porque se contaban toda clase de historias escalofriantes. No obstante, uno como joven estudiante toma cualquier riesgo y yo ahí estaba, parado en la carretera afuera Morelia, esperando que alguien me llevara hacia el Distrito Federal. Se detuvo un camión medio destartalado que iba a Queréndaro. No fueron demasiados kilómetros, pero algo es algo. Después de otros treinta minutos en las afueras de ese pueblo conseguí aventón en una camioneta cargada de rastrojo que iba a Maravatío. Claro que ésa no es la ruta más veloz a la capital, pero a empujones también se llega.

  —Así que va a México –me dijo el conductor, en cierto momento de la plática.

  —Sí, a México –respondí.

  —¿Por qué anda de raite?

  —Es que ya casi no traigo dinero y no completo para un pasaje de autobús.

  —Ah qué la fregá. Váyase en tren. No cuesta casi nada y llega seguro.

Foto de Homero Adame en Vanegas, SLP

  No se me había ocurrido lo del tren y seguí el consejo. Jamás había viajado en ese medio de transporte y me gustó la idea. El hombre me dejó en un pueblo llamado Tungareo y me indicó cómo llegar a la estación, a unos quince minutos caminando entre sembradíos de zanahorias y de fresas. Corté muchas de éstas y las metí en la mochila.

  Aún no divisaba la estación ni los rieles cuando escuché el inconfundible sonido del tren. Y ¡patas pa’ qué las quiero! La mochila en mi espalda brincaba y brincaba. Más tarde vi que las fresas cosechadas se volvieron mermelada sin azúcar.

  La estación se hallaba prácticamente desierta, salvo por los infaltables vendedores ambulantes. El tren paró. Yo todavía respiraba fuerte. Subí y pagué el boleto al cobrador de a bordo y busqué un lugar para sentarme. Era un tren de segunda, repleto de gente con todo tipo de equipaje: cajas, maletas, baúles y bolsas. Las gallinas no podían faltar para agregarle un toque pintoresco al aroma de por sí enrarecido. Como nadie me dijo que se trataba de un tren de segunda caminé de vagón en vagón hasta que encontré uno casi vacío. Muy bien, aquí me acomodo. Aún no me quitaba la mochila de la espalda cuando dos soldados, de rostro inescrutable, se aproximaron para decir que era el vagón exclusivo del correo. “Ah, disculpen…”.

  Recorrí cada vagón, todos atestados, y llegué al último. Era diferente al resto: no había asientos propiamente dichos, sino mesas comunes y corrientes, aunque sin servicio de cafetería. Todos los pasajeros allí eran hombres; iban medio borrachos o ya hasta las chanclas. Levantaron la vista cuando entré y luego siguieron jugando baraja o dominó y escuchando música de mariachi que alguien había tenido a mal sintonizar en una estación de radio. El olor era insoportable, a cantina de mala muerte. Y ahí voy para atrás, a buscar dónde sentarme.

  Encontré un espacio decente, en un vagón lleno de familias y niños. Éstos correteaban de arriba para abajo, haciendo mucho alboroto. Qué más da, es parte del folclor y su ruido es menos estridente que el del mariachi mal sintonizado en la radio. Al poco rato, el tren paró en una estación llamada Pomoca, que supongo era mayor porque ahí subieron varias mujeres a vender comida. Atrás de ellas iban sus chamacos con las tortillas.

  —¡Mole! ¡Mole! ¿Quién quiere mole? –gritaban ellas.

  —¡Yo! –un viajero levantó la mano.

  —Nosotros también –gritó un padre de familia.

  Olía rico el mole y yo no había comido nada caliente desde la noche anterior. «Yo también», grité. Una mujer se acercó y bajó el enorme cazo que llevaba sobre la cabeza. En un plato de plástico sirvió mi ración, acompañada con arroz.

  —Oiga, seño, ¿no tiene servilletas?

  —Pídaselas a mi chamaco, el que trae las tortillas.

  El niño, chaparrito y descalzo, me dio una hoja de papel estraza y le compré una orden de tortillas. No me dieron cucharita ni tenedor de plástico. ¿Cómo se come el mole así? Observa a los demás, esa es la mejor enseñanza.

  La gente comía su mole con singular gusto. El plato sobre las piernas, una tortilla a la mitad hace las veces de cuchara; la chupan para ¿comer?, ¿beber?, ¿ingerir? el líquido. Luego, con los dedos, se agarra la pieza que le tocó del famélico pollo. Yo hice lo mismo.

  Al terminar de comer limpié mis dedos y palmas de las manos con el pedazo de papel estraza, pero no quedaron muy pulcras que digamos. Mi pantalón y playera estaban un poco salpicados, sin haberme enterado cuándo sucedió. Obvio que con el traqueteo algo de mole se tira y se esparce por doquier. Paramos en la próxima estación y las vendedoras descendieron, con los cazos en sus cabezas, seguidas por la ristra de escuincles. Posiblemente iban a esperar el tren de regreso para volver a su pueblo, salvo que vivieran ahí, claro.

  Todavía con el sabor dulce y picosón en mi boca, me levanté para ir a tirar el plato de plástico a ver en dónde. Mi sorpresa fue mayúscula: ¡todo el vagón estaba manchado de mole! Los vidrios, el piso, los asientos, todo, todo era un verdadero “moledar”, por no decir muladar. Y los pasajeros… como si nada. Las moscas volando por doquier serán siempre una visión inolvidable.

  Aunque el mole sea muy sabroso, cómase donde se coma, ahora me pregunto: ¿no sería que por esa razón el gobierno decidió eliminar el servicio de tren de pasajeros en México?

 

Esta versión recortada del relato fue galardonada con el 2° lugar en el “Concurso Viajeros al Tren”, convocado por Tren a Quequén, Argentina, en 2014.

Alberto Tren Quequen en CUENTOS CONCURSO VIAJEROS AL TREN VOTACION

Cerrados los cómputos para los cuentos más populares en Facebook, el veredicto es el siguiente:
Ganadores: 
1° Premio: dotado de $ 100 y Diploma
Cuento N° 317 Votos 263
Boleto de tren envuelto en una servilleta,
SEUDÓNIMO: Elízabeth Lencina
Autora: María Guerra Alves
La Plata, Pcia de Bs AS

2° Premio: dotado de Diploma
Cuento N° 245 Votos 254
Una comida en el tren, 
Seudónimo: Kárviah
Autor: Homero Adame
San Luis Potosí, México

3° Premio: dotado de Diploma
Cuento: 90 Votos 252
Del lado de la ventanilla
Seudónimo: Nadie
Autor: Pablo Casado 
Necochea, Pcia Bs As.

La entrega de Premios de acuerdo a las bases establecidas se realizarán el domingo 3 de agosto en el CEF de Quequén, Av. 554 y 513.

Leyendas de Mazatlán: La cueva del diablo

LA CUEVA DEL DIABLO

(Leyenda de Mazatlán, Sinaloa)

Allá en el malecón de Mazatlán hay un lugar muy famoso que es una cueva y le llaman “La cueva del diablo” –dice Georgina Gpe. Gómez Gámez, radicada en León, Gto–. Según la leyenda, se supone que esa cueva llegaba hasta el centro de la tierra, al mero punto donde vive el Diablo. Entonces cuando nosotras estábamos chiquitas y para que no nos portáramos mal siempre nos decían: “Te voy a llevar a la cueva del diablo.”

De hecho ahora esa parte de Mazatlán abarca el área donde hacen el carnaval. Es una vía bastante larga donde se hace como cantina, o sea hay carpas vendiendo cerveza y tienen música a cada 100 metros –siempre hay un grupo de música diferente–. Ahora a la entrada de la cueva ya le pusieron una puerta de herrería blanca con sus barrotes que, de hecho, tienen el trinche del diablito como decoración y durante el carnaval ahí es utilizado por la policía para meter a la gente y a los borrachos que andan echando pleito. O sea que ahí los dejan, digamos como encarcelados, por un rato hasta que se les baje la borrachera y luego ya puedan salir y se vayan a sus casas sin seguir portándose mal. Es como un castigo pero también parte del carnaval para que los revoltosos se aplaquen. (Leyenda en un blog de Homero Adame.)

Quién sabe si en verdad sea una cueva muy profunda, pero siempre se ha dicho que ahí se apareció el Diablo hace muchísimo tiempo y que por eso la cueva está encantada. Siempre se nos ha hecho creer que adentro de la cueva existen bifurcaciones o túneles que llegan hasta el centro la tierra. Yo no he sabido de algún explorador que se haya metido a esas profundidades, en caso de que su existencia sea cierta, para descubrir qué hay allá abajo.

Esa cueva está sobre el malecón, por el rumbo de Olas Altas que es la parte más vieja de Mazatlán, en la punta antes de llegar al cerro. Hay muchas lomas por ahí y hoy en día ya se han construido bastantes casas, pero antes estaba despoblado. Justo arriba de la entrada de la cueva del diablo hay como unas vías del tren que pasaban por ahí y llegaban hasta el muelle, con todas las provisiones, la materia prima y los cargamentos que venían de ese lado de Sinaloa para luego cargar los barcos que se iban a otras partes del mundo. (Leyendas recopiladas por Homero Adame.)

Notas:

  1. La foto de la cueva fue tomada del sitio de Internet Way marking. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  2. La fotografía del sector Olas Altas fue tomada del sitio de Internet Zona turística. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

El Padre Juanito, sacerdote y leyenda

EL PADRE JUANITO

 

Yo me acuerdo bien del padre Juanito, me tocó verlo muchas veces, saludarlo y platicar brevemente con él. Nunca me tocó estar en una de sus misas cuando oficiaba porque su parroquia era en Morales. Siempre lo recuerdo como un anciano, encorvado, chaparrito. Era muy bondadoso, sabía escuchar a los demás, darles consejo cuando se lo pedían y su voz daba tranquilidad –dice Antonio Ortega.

       Hay muchas cosas que cuentan de él, muchas leyendas y también hay muchos testimonios de cosas digamos que sobrenaturales. Por ejemplo, dicen que levitaba; mucha gente lo vio levitar dando misa al momento de la consagración y hay testimonios de gente que lo vio levitar cuando él hacía sus paseos de meditación en los atrios de las iglesias o en el parque de Morales. A mí no me consta, pero tengo familiares que sí porque afirman haberlo visto levitando. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

       No sé si haya tenido el don de la curación, pero una característica muy de él era que iba a los hospitales a visitar pacientes, hacer oración con ellos y si decía que se iban a aliviar, se aliviaban. O sea que más que tener el poder de sanación, él auguraba el final feliz de una enfermedad.

       Otra característica muy de él era la de siempre llegar a tiempo para dar los santos óleos a un moribundo, ya fuera en el hospital o en la casa de él o ella. ¿Quién le avisaba? No se sabe, simplemente llegaba.

       También cuentan que tenía el don de estar en dos o más lugares al mismo tiempo, y eso sí me consta porque una vez me tocó verlo en dos lugares distantes con diferencia de pocos minutos y me quedé bien sorprendido y desde entonces tengo mi propio testimonio. Fue una vez que mi esposa estuvo hospitalizada en el Centro Médico del Potosí antes de que se convirtiera en el hospital Ángeles. Eran como las tres de la tarde cuando iba en el coche al hospital. En la esquina de Carranza para dar vuelta por el callejón que está entre el parque Morales y el deportivo, lo vi que estaba platicando con unas personas. Llegué al hospital tres o cuatro minutos más tarde, me estacioné y fui directamente al cuarto para ver a mi esposa. Me quedé bien sorprendido que el padre Juanito estuviera allí, haciendo una oración mientras tenía a mi esposa tomada de las manos. Nos saludamos y cuando se fue me dijo que no me preocupara porque mi esposa se iba a aliviar muy pronto. O sea, en menos de cinco minutos, o algo así, lo vi en dos lugares distantes y no fue posible que él llegara primero que yo al hospital, y lo más curioso es que mi esposa me dijo que el padre había estado allí, rezando con ella, por casi media hora antes de que yo llegara. ¿Raro, no? Y eso no es todo, a los pocos minutos llegaron mis cuñadas y nos contaron que habían estado platicando con el padre Juanito en el restaurante y que les había dicho que su hermana, o sea mi esposa, ya se iba a aliviar. O sea que, sacando cuentas, estuvo en tres lugares al mismo tiempo.

       Sé que murió el padre Juanito en 2012 y sus últimos meses estuvo convaleciente, o sea que ya no podía salir a hacer sus paseos de meditación. Pero cuentan que en esas fechas lo veían en los hospitales visitando gente. Y aunque ya murió y lo sepultaron en la iglesia de Morales, mucha gente afirma que lo ha visto en los hospitales, haciendo oración con algunos pacientes.

El presbítero Juan Almazán Nieto, mejor conocido como el padre Juanito, nació en Rioverde el 27 de diciembre de 1915. Se ordenó como sacerdote el 8 de junio de 1941 y desde entonces tuvo diferentes cargos en seminarios y capillas. Fue párroco de Tequis y en sus últimos años estuvo al cargo de la parroquia de Morales. Murió el 16 de marzo de 2012.

 

 

 

Está leyenda fue publicada en el libro Misterios. Leyendas de San Luis Potosí. Edición de Graphstyle Publishers, 2014.

Leyendas indígenas: Una maldición huichol

LA MALDICIÓN DE UN MARAAKÁME

(Leyenda de Poblazón, municipio de Catorce, SLP)

Hacienda La Poblazón. Foto de Homero Adame

Bueno, aquí no es exactamente pasadero de los huicholes; ellos más bien tienen su ruta más abajo y suben a su cerro quemado por aquel lado de la sierrita. Pero como desde siempre los hemos visto –digamos que allá por la estación [Catorce], o en Coronado o en Wadley, que también es estación–, pues nosotros nos enteramos de cosas de ellos. Pero acá nosotros tenemos una plática, que ya platicaban los viejitos de más antes, de un brujo de los huicholes que puso una maldición –anticipa el Sr. Asunción Mata Colunga, de Poblazón, municipio de Catorce.

Resulta que cuando las minas de plata de buena ley estaban en pujanza, andaban los encomenderos muy bravos atrapando indios para hacerlos esclavos y que trabajaran en las minas de Catorce, de La Luz y hasta de [Villa de] la Paz; muy méndigos esos encomenderos. Entonces resulta que venían los huicholes en grupo, todos ajilados, porque andaban cortando esa biznaguita que le mentan “peyote”, y un encomendero español los atrapó para llevarlos a las minas –creo que era el capataz de “La Purísima” o “San Agustín”, unas minas de mucha bonanza–. Pero primero se armó el pleito, pero como los huicholes son muy pacíficos, entonces los atraparon bien facilito.

 

El pueblo fantasma. Foto de Homero Adame

Bueno, la cosa estuvo en que entre los esclavos andaba el brujo de ese grupo de huicholes, y sabrá Dios nuestro Señor qué habrá dicho el brujo aquél en su idioma, que al poco tiempo se acabó toda la pujanza de las minas. No’mbre, nos platicaban los viejitos que el Real se quedó bien solo, todo abandonado, porque la plata se desapareció –o se habrá escondido– y todo por la maldición que echó ese brujo huichol que le digo.

 

No, esas son cosas que uno no entiende, pero muy fuertes las cosas que saben los brujos, y más las de los huicholes porque ellos se comunican con muchos espíritus y los espíritus de la tierra, del agua, del viento, del peyote los escuchan.

 

Objeto ritual huichol. Foto de Homero Adame

La palabra maraakáme en lengua huichol o wirrárika significa chamán o guía, y se le atribuye al sabio de una comunidad, que por sabio no necesariamente es un “brujo”, según el contexto e interpretación que en lugares cristianos se les da. En las sierras donde habitan los huicholes seguramente existen infinidad de historias sobre sus chamanes, pero no parecen ser comunes en los pueblos del Altiplano potosino. Por tal motivo, el relato que acabamos de leer resulta muy interesante, ya que nos habla de un brujo (sin duda un maraakáme) y una maldición tan fuerte que acabó con la riqueza de Real de Catorce.

Leyendas de Quintana Roo: «Un atropellado»

EL ATROPELLADO

(Sucedido en la región centro de Quintana Roo)

La historia del atropellado dice que lo mataron en un diciembre, y en ese mes de diciembre cuando la luna está afuera entonces dicen que ahí en la carretera se aparece el atropellado, pero que únicamente se le aparece a los tráilers, a los traileros, ¿verdad? Es que según la historia, fue un trailero el que lo aplastó, o sea que iba el trailero ese manejando ya de tarde y así como que de repente se atravesó un hombre y lo atropelló, y parece que otros traileros también le pasaron encima y lo dejaron todo hecho pedazos. No sé exactamente dónde fue eso, pero parece que fue entre [Felipe] Carrillo Puerto y Tulum –cuenta el Sr. Miguel Xool, agente de ventas radicado en Playa del Carmen al autor de este blog.

Entonces la historia dice que se presume, se presume que el hombre les hace la parada a los traileros y si ellos no se paran, luego se dan cuenta que el hombre va corriendo con el camión a la par hasta cruzar lo que dicen “La fenicia” y los traileros se asustan tanto porque lo ven que el hombre se les quiere trepar y terminan saliéndose de la carretera y se matan. Mire, se ve ese tramo de la carretera completamente limpio, no hay curvas ni nada que represente peligro, pero si viera cuántos tráileres se han volcado ahí, y todo por causa de ese atropellado porque su ánima no ha encontrado descanso y sigue penando. (Leyenda en un blog de Homero Adame.)

Notas:

  1. El dibujo del tráiler fue tomado del blog Jomagú ilustración. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  2. La fotografía de la autopista fue tomada del sitio de Internet Obras web. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Leyendas queretanas: Cuevas y tesoros

CUEVAS Y UN TESORO

(Leyenda de El Zamorano, municipio de Colón, Querétaro)

Aquí también se le conoce como «Pinal de Zamorano» –dice don Macedonio Pérez Hndz., gambusino de oficio. Existen varias cuevas; en una de ellas sacaban ópalo. Yo sé porque yo llevaba a unas personas de México y sacábamos puras rojuelitas de ópalo ya liquidado; ellos se llevaban hasta tres cargas de costales de ixtle. Eran tres amigos Ignacio, Raúl y Javier.

De aquel lado hay otra cueva que le llaman «Rincón de la Peña Blanca» y de este lado hay otra cuevota grande donde hay una mata de órgano y por eso le dicen la «Cueva del Órgano». Hay también un lugar muy misterioso que le decimos la «Peña de la Colmena». Había siete colmenas ahí –todavía están–. Había un señor de Colón que se llamaba Apolinar y cada año las venía a capar esas colmenas. Se llevaba harta miel y la cera la regalaba en la parroquia de la Virgen de Soriano, a la Santísima Virgen de los Dolores para que no le pasara nada, porque la Santísima Virgen le ayudaba y lo protegía y le daba más miel de aquellas colmenas. Se descolgaba el señor de arriba de la ceja de la peña con unos cables y su señora se quedaba abajo con un bote recibiendo la miel. Ahí en esa peña también hay una cueva muy grandota, pero no tiene dibujos de los que usted anda preguntando. (Relato en un blog de Homero Adame.)

Pero allá en el cerro El Mexicano hay una cueva que le dicen «El Meco» porque hay unos nopales grandes de esos mecos. Ahí una vez espantaron a estos tres amigos de México. Yo los había acompañado para traer ópalo, pero cuando nos dio la noche yo me tuve que ir a buscar unos animales y ellos se quedaron en esa cueva. Luego me contaron en la mañana que estaban por dormirse cuando de repente oyeron unos ruidos así como cuando pega el bastón en el piso y oyeron una voz que les decía que sacaran el tesoro. Entonces se asustaron mucho y como les dio miedo, mejor se fueron. Yo me los encontré en la mañana en un reliz, estaban enteleridos con harto frío, tenían frío porque la noche había sido fría y también por el miedo que todavía traían. Nos sacaron nada porque la voz les dijo: “Todo o nada”, y como era una voz muy fea así como del más allá, mejor se fueron y no sacaron nada de esa cueva del Meco. (Leyenda publicada por Homero Adame.)

Notas:

1. La foto de cuevas fue tomada del sitio Guía turística México. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

2. La foto del cerro El Mexicano fue tomada de la página de Internet Tripmondo. Que el enlace sirva como crédito y agradecimiento a sus creadores.

Cañón del Chiflón, cascadas, prehistoria e historia en Saltillo

CAÑÓN DEL CHIFLÓN
Entre un paisaje de película
Texto y fotografías: Homero Adame
Es sabido por muchos que en las proximidades de Saltillo existen infinidad de vestigios de antiguas culturas que habitaron esta región del México septentrional. Tales vestigios son básicamente petroglifos, pinturas rupestres y puntas de flecha, que hablan de la vida nómada de los pobladores. Son muchas las teorías y conjeturas, como poca es la historia recabada sobre esas culturas; historia que en ocasiones se presta a la confusión ya que no existe una manera de fechar con exactitud el tiempo de que datan las remanencias. La historia de la región es más bien moderna, de la época de la conquista, y habla de los muchos grupos conocidos que poblaron las sierras,  los valles y, también, los desiertos del estado. Pero no hay seguridad que esas tribus hayan sido las que tuvieron la inquietud y se tomaron el tiempo y la dedicación de dejar pintadas o esculpidas en las rocas la expresión de su arte o idiosincrasia. Posiblemente esas pinturas y petroglifos ya estaban ahí cuando aquéllos llegaron. No lo sabemos con exactitud y quizás nunca lo sabremos.
Dentro de ese amplio marco de lugares que entre la escases de su vegetación y lo intrincado de sus sierras resguardan los petroglifos y pinturas, encontramos el Cañón del Chiflón, ubicado a 38 kilómetros de Saltillo rumbo a Torreón.
El Chiflón es muy conocido por los saltillenses por ser un lugar de paseo dominical, donde existe un río con una hermosa cascada, que da frescura a los calurosos días de verano. Lugar de agua limpia y fría que corre todo el año, aun en épocas de sequía. Pero son más las personas que llegan atraídas por la fama de la cascada que por las otras cosas que están ahí para ser vistas y admiradas, siendo por lo general el turista extranjero o el mexicano que viene de distantes puntos del país el que llega preguntando por las pinturas rupestres, para así enterarse que ahí existe una cascada de gran altura y monumental belleza.
A escasos 600 metros de la carretera está la ruinosa hacienda del Chiflón, otrora señorial de recios adobes y grandes piedras, donde vive una familia que cuida la casa grande y las 100 hectáreas de que la hacienda está compuesta. Ellos son gente humilde, acostumbrada al turismo y gustan de platicar, con mucho orgullo, lo que tienen a la vista, las historias que se cuentan y sobre los muchos visitantes importantes que han llegado por ahí en busca de aventura o lugares, digamos, desconocidos.
Sentado en una mecedora, don José Juan Valdez nos invita a tomar asiento y nos pregunta que qué nos trae por esos rumbos. Una vez que uno le explica el motivo de la visita, él dice que sí hay algunas pinturas, pero que es mejor ir a la cascada. Su esposa hace pocos comentarios y sus hijos pequeños, que todavía viven en el casco de la hacienda, miran al visitante con atención y curiosidad. Uno de ellos, Raymundo de 13 años, constantemente interrumpe la plática de su padre para afirmar o agregar los comentarios. El es el guía de turistas y está más que dispuesto a llevarnos a ver las pinturas y la cascada.
Don José poco sabe de la historia de la hacienda y menos de los más antiguos pobladores, pero con regocijo cuenta detalles de la película El alma grande del desierto, que se filmó en esos parajes, y cita otras películas cuyos títulos ha olvidado; todas ellas de indios y vaqueros. Asimismo cuenta descubrimientos y leyendas. Dice que a seis kilómetros, en el llamado Rincón Colorado, hace muchos años encontraron huesos de dinosaurios, pero que los lugareños no permitieron que se los llevaran a la Ciudad de México, pues querían que permanecieran ahí y se construyera un pequeño museo, para así poder contar con una atracción turística; los huesos no fueron removidos del lugar y el museo todavía sigue en proyecto.
Como buena hacienda con leyendas, don José se divierte narrando episodios de gente que ha llegado en busca de tesoros, pero que nada han encontrado, y niega que se escuchen ruidos o se vean apariciones; sin embargo, afirma que por ahí se han visto platillos voladores. Dice que en las noches algunas personas han observado luces volar rumbo a la cascada y que él mismo las vio en una ocasión. “Hace mucho se perdieron tres gentes que subieron a la cascada, los buscamos todo el día y en la noche, pero no los pudimos hallar. Luego vino un señor que vive allá arriba y nos dijo que él vio cuando los marcianos los habían subido en una nave y se los llevaron. Verdad o mentira, la cosa es que esos muchachos nunca aparecieron”.
Emprendemos camino con la buena guía de Raymundo, quien conoce todos los parajes ya que él lleva a las cabras y borregas a campear. A pocos metros de la casa encontramos los primeros petroglifos y así sucesivamente los iremos viendo a todo lo largo y lo ancho del cerro. Es increíble la cantidad que hay de ellos. Las figuras varían en forma y tamaño, siempre destacando las circulares, las onduladas y los puntos, alusivas a los astros, el agua del río y, posiblemente, a un sistema numérico. Pero no todos esos petroglifos son antiguos, muchos de ellos son modernos pues son demasiados los paseantes que gustan de dejar un recuerdo de su visita grabado en la roca. Encontramos nombres y dibujos de cruces, flechas, corazones e iglesias; digna representación de que los petroglifos se siguen creando de acuerdo a la época en que se vive.
No nos cansamos de ver los petroglifos, pero el día pasa rápido y queremos conocer y contemplar otras maravillas.
Subimos por todo el lecho del río hasta llegar a la cascada, que tiene dos caídas y varias pozas o albercas naturales. En verdad que la descripción dada por don José se queda corta ante la belleza del lugar. La pared del cañón es alta, estrecha e impresionante, y con finura se desliza la blanca estela del agua, para caer con estrépito en la primer y más profunda poza y así seguir su camino cuesta abajo hasta la segunda poza, donde nos encontramos. El agua es muy fresca, con tonalidades turquesa, e invita a darse un chapuzón. Raymundo nos espera pacientemente sentado en la roca, mientras continúa platicando sus aventuras, descubrimientos y fantasías.
La mayoría de la gente se queda en ese paradisíaco lugar, pero nuestro plan es seguir hacia arriba para ver las pinturas rupestres, que es en sí el motivo original de nuestra visita.
El ascenso es difícil y resbaladizo. Así llegamos hasta la primer poza y más arriba a una cueva. A escasos metros de ésta hay un venero en el cual se construyó una pila para captar el agua que se entuba hasta abajo -a la casa y al ejido Plan de Ayutla, junto a la carretera-. La cueva no es profunda, pero a lo alto tiene una pequeña oquedad de profundidad desconocida, de la cual asegura el jovencito Raymundo que en una ocasión unos exploradores extranjeros se metieron con tanques de oxígeno por largas horas.
Así como esa, al parecer hay muchas cuevas más en todo el cañón, pero permanecen inexploradas por lo inaccesible y la falta de difusión o interés.
Rodeamos la cueva y seguimos subiendo hasta llegar a la cima, donde inicia la cascada. La vista de la cañada gris, de las pozas turquesa, del azul del cielo con blancas nubes y del amarillento-obscuro valle en la distancia es en verdad impresionante; vista que hace valer el día en sí y la fatiga de la caminata.
Raymundo platica que desde ahí caían a la poza los indios que «mataban» durante el rodaje de las películas filmadas en Chiflón, pero -advierte- caían cuando el río llevaba más agua, ahorita es muy poca.
En esa parte, en lo alto del cañón, se encuentran las famosas pinturas rupestres en un recodo natural de la roca. Pero las pinturas no son tan abundantes como habíamos creído y hubiéramos querido. Solamente se pueden distinguir restos de cuatro pinturas, el faltante y las demás, si es que había, han ido desapareciendo, tanto por el intemperismo y el tiempo como por la gracia de los vándalos, quienes han dejado ahí las huellas de su paso. Dos de ellas son las más distinguibles, una pintada en rojo y la otra en rojo y azul. Semicírculos y ondulaciones que seguramente representan las cascadas y el río.
Preguntamos si acaso no hay más pinturas, y Raymundo nos dice que sí, que son las que ya habíamos visto abajo, pero que éstas son las únicas de color. Por alguna razón incomprensible, ningún visitante guiado por este jovencito se tomó la molestia de explicarle que unas son pinturas y otros petroglifos; error que ya ha quedado aclarado.
Por sugerencia del chamaco, el retorno lo hacemos por otra parte, alejándonos del río, para bajar por la escarpada ladera. Desde la cima del cerro la vista al valle es aun más impresionante, admirando así el interminable horizonte del poniente. La bajada es un tanto peligrosa por lo resbaladizo del terreno y las piedras sueltas, que caen ruidosamente, pero vale la pena intentarlo, porque en toda la ladera de ese cerro hay más y más petroglifos.
Bajamos por la ermita, antigua iglesia de la hacienda y ahora en vías de desaparecer. El día ha sido extenuante y la familia amablemente nos ofrece de comer un plato de arroz y tortillas de nixtamal recién hechas.
Antes de despedirnos, don José nos dice que el nuevo dueño de la hacienda proyecta hacer en el futuro próximo un campo turístico, remozar la hacienda, hacer más accesible el camino a la cascada y reconstruir los pocos objetos antiguos que quedan. Qué bueno que hay alguien que se preocupe por mejorar una joya histórica y natural en esta árida parte de Coahuila, y dar así un nuevo realce a este atractivo del estado.
Notas: este artículo con más fotografías fue publicado originalmente por la revista México desconocido, en 1999.
2. Puedes leer una leyenda relacionada con la hacienda del Chiflón siguiendo este enlace: El tesoro de Pancho Villa.

El Emperador Maximiliano en San Miguel de Allende

CASA EUROPA MÉXICO

Historia de la Casa Europa desde la memoria de los sanmiguelenses es un libro de historia oral que incluye un capítulo sobre la visita de Maximiliano I de México. Puedes ver más sobre el contenido del libro siguiendo este enlace: Casa Europa en México de Homero Adame.

The history of the house as recalled by residentes of San Miguel de Allende is an oral history book that includes a chapter on the visit of Maximilian I from Mexico to San Miguel de Allende.

Die Geschichte des Hauses aus der Erinnerung der San Miguel Einwohner ist ein mündliches Geschichtsbuch, das ein Kapitel über den Besuch von Maximilian I. aus Mexiko in San Miguel de Allende enthält.

Histoire de la maison d’arpes la memoire des sanmiguelenses est un livre d’histoire orale comprenant un chapitre sur la visite de Maximilian I du Mexique à San Miguel de Allende.

Emperor Maximilian I of Mexico visits the house

This chapter has been added as an almost separate and independent section, because it deals with a single isolated event and, at the same time, indicates the historical importance which this house has enjoyed, in its time. The comments people have made alluding to the visit of Maximilian of Habsburg, Emperor of Mexico, on the 13th and 14th of September, 1864, seem to be versions of what is known largely thanks to local history, as documented by Francisco de la Maza, in one of his books about San Miguel. At the end, part of the text in which the house is mentioned is reproduced verbatim.

₰₰₰₰₰₰₰

We don’t know exactly when this house was built, but we do know that it was very much before 1864, because in that year Emperor Maximilian spent the night here. It was on the 13th of September. He stayed here for the nights of the 13th and of the 14th, and on the 15th he left to raise the first official rallying cry for independence in Dolores de Hidalgo. Ever since then, it has become customary for the president of the republic to go there to raise the cry for independence at least once in his six years of office.

Luis Felipe Rodriguez

Der Besuch von Kaiser Maximilian I. von Mexiko

Dieses Kapitel ist als separates und unabhängiges Thema angefügt, da es doch eine besondere Begebenheit beleuchtet und von historischer Bedeutung ist, die auch dieses Haus betrifft.

Die wörtlichen Überlieferungen, die den Besuch von Maximilian von Habsburg als Kaiser von Mexiko am 13. Und 14. September 1864 erwähnen sind Wiedererzählungen, über das, was man dankenswerterweise davon weiß, aufgeschrieben von Francisco de la Maza in einem seiner Bücher über San Miguel. Ab Ende dieses Buches werden Teile seines Textes wiederholt, die das Haus erwähnen.

§§§§§§§§§§

Mein Großvater hat es nicht mehr erlebt, da es schon vorher war, aber er erzählte, dass die Leute von damals darüber sprachen, dass Maximilian in einer sehr eleganten Kutsche angekommen war mit vielen Leuten und sehr guten und schönen Pferden. Der Kaiser betrat das Haus auf einem großem rotem Teppich. Der Kutschmeister musste umdrehen, um die Pferde und die Kutsche nach hinten zu bringen, zur Straße, die hinter dem Haus liegt, die Calle Correo.

Danach durften die Arbeiter auf die Straße gehen, um zu grüßen und „Lang lebe der Kaiser“ zu rufen, als dieser später das Haus verließ, um seinen offiziellen Pflichten im Regierungsgebäude nachzukommen.

Jose Guadalupe Sanchez

La visite de Maximiliano I du Mexique

Ce chapitre s’ajoute comme un thème indépendant parce que c’est un fait isolé et à la fois liée historiquement à cette demeure. Les témoignages verbaux évoquant la visite de Maximilien de Habsbourg Empereur du Mexique du 13 et 14 septembre 1864 sont des récits de ce qu’on sait grâce à l’histoire écrite par Francisco de la Maza dans un de ses livres sur San Miguel. À la fin de ce chapitre, se trouve un extrait du texte où il est fait mention de la demeure.

₰₰₰₰₰₰₰

Le vrai nom de mon arrière-arrière-grand-père et propriétaire de cette maison était Jesús María Vázquez Palacio. Il fut avocat de la défense de Maximilien à Querétaro, et fut le premier jurisconsulte et directeur de l’École de jurisprudence. Il se trouva à Querétaro avec Riva Palacio et un autre avocat. Ils étaient trois en tout ; deux sont partis à San Luis pour demander la grâce de l’empereur à Juarez et le dernier, est resté à Querétaro. Je crois que ce fut Jesús María Vázquez parce qu’il entretenait une bonne relation avec Maximilien. Lorsque l’empereur est venu à San Miguel, il fut reçu dans la demeure de Jesús María Vázquez et on lui orgnisa un dîner de gala dansant, dans la demeure des Lámbarri. Maximiliano dansa avec mon arrière-grand-mère Dolores Lámbarri Malo. On raconte qu’alors qu’ils dansaient une valse ensemble, de la cire d’une lampe à huile est tombée sur la robe de mon arrière-grand-mère, au niveau de l’épaule, et que Maximilien la lui retira très noblement.

Luis Miguel Villarreal

El libro se puede comprar en librerías mexicanas que dan servicio internacional como Gandhi, Educal o Librería Española.

The book can be purchased in Mexican bookstores that give international service such as Gandhi, Educal or Librería Española.

Das Buch kann in mexikanischen Buchhandlungen wie Gandhi, Educal oder Librería Española erworben werden, die internationalen Service anbieten.

Le livre peut être acheté dans les librairies mexicaines offrant des services internationaux tels que Gandhi, Educal ou Librería Española.

Leyendas poblanas: Los túneles de Atlixco

EL TÚNEL DEL CONVENTO DE SAN AGUSTÍN

(Leyenda de Atlixco, Puebla)

Sí, aquí en Altixco también hay un túnel. Yo lo recuerdo muy bien porque cuando estábamos chicas, las amiguitas o los primos nos metíamos, pero nada más caminábamos tantito porque nos daba miedo. Lo que siempre se ha platicado es que ese túnel corre entre el convento de San Francisco, la parroquia (de Santa María de la Natividad), el Carmen, Santa Clara, y que todas las ramificaciones se unen abajo del templo de San Agustín –explica la Sra. Marta Calderón. (Blog de Homero Adame.)

También platican que cuando la Revolución llegaron aquí los zapatistas con mucho barullo y ganas de robar. Entonces la gente adinerada, como sabía que esos zapatistas andaban fusilando a los ricos, ganaron todos para el convento de San Agustín y se metieron. El sacerdote cerró las puertas. De rato, uno de los bandidos revoltosos fue y dio aviso que mucha gente se había escondido en el convento con sus pertenencias. El comandante que traía a esos bandoleros ordenó que tumbaran la puerta y mataran a todos los escondidos. Fíjese que no encontraron a nadie adentro del convento, nadie supo por dónde se habían escapado. Ahora sí sabemos que se habían metido por el túnel y luego vinieron a salir a lo que es la parroquia; iban guiados por el párroco que no me acuerdo cuál fue su nombre, pero conocía los túneles.

Notas:

  1. La foto de la fachada de la iglesia de San Agustín fue tomada del blog Peterktravels. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor. Thank you, Peter.
  2. La foto panorámica de Atlixco fue tomada de la página de Multitour excursiones. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Haciendas del Altiplano, conferencia organizada por Café con Historia

Leyendas mexicanas: Curanderismo y brujería

BRUJERÍA Y CURANDEROS

(Versión escuchada en Tacámbaro, Michoacán)

 

Sí, sí es cierto de que acá por estos rumbos hay gente que sabe de otras cosas que los médicos no saben. Hay hartas brujas y también curanderos. Los curanderos conocen cosas raras que sí curan, como por ejemplo recetan que tomando caldo de ardilla prieta –que se da en los cerros donde hay piña– uno se cura del asma. También frotándose aguarrás se cura uno del asma –dice don Martín, pescador y vigilante de la laguna.

No, pero hay otras cosas que son malas. Mire, hay unas gentes que viven de aquel lado [de la laguna] que le hacen a la magia mala. A mí me han afectado por cuestiones de la envidia. Mire, una vez venía yo pasando por ahí ya casi de noche cuando vi que una de las muchachas de esa gente estaba ahí sentada mirándome; estaba mirándome muy feo y que de repente me echa una luz como de una lámpara que me dejó casi ciego. Venía yo lejos y esa luz me quemó los ojos, pero no era luz de una lámpara normal –quién sabe qué sería–. Me puse muy malo y no hubo doctor que me pudiera ayudar, y entonces mejor fui con un curandero que sí supo de dónde venía el problema y él me curó. Él me dijo que aquella muchacha me había hecho brujería.

Esa fue una vez. Aquí le cuento otra: esas mismas gentes me volvieron a echar una brujería. Andaba yo con un dolor de espalda que nada me lo quitaba y ya ni caminar podía, entonces fui con el curandero –Martín se llamaba él, así como yo– y ya me revisó y me dijo cuál era el problema y me dijo que con tres curadas me iba yo a curar. A la primera curada que me dio salí yo caminando, aunque con la ayuda de una sobrina y mi señora, pero no va creer que a la tercera curada quedé como nuevo. Luego supe que se murió el hombre, sí, don Martín se murió porque tenía otros trabajos muy pesados también.

Tiempo después me volvieron a echar otra brujería, pero ya no estaba don Martín para ir con él, así que fui con una mujer, doña Lupe, que también sabe de eso. Andaba yo que no podía ni acostarme porque sentía que traía puras estacas en la espalda, como aguates, que hasta tenía que dormir así como empinado. Entonces fui con ella y sin decirle nada ya me pasó y me dijo, “A ver, siéntate ahí y deja revisarte.” Ya me senté yo y nomás me tocó en la espalda y que me dice: “Ay, hijo, con razón estás malo. Mira nomás, estás todo tachueleado.” Y qué cree, no era que yo trajera las tachuelas en la espalda, sino que aquellas gentes malas tenían un monito de trapo todo tachueleado y era así que me estaban haciendo la brujería. Ya luego me explicó que el monito lo tenían enterrado entre una camerina (?) y que una sobrina mía lo iba encontrar. Y, sí, una sobrina lo encontró entre la camerina y tenía 14 clavos ese muñeco. Ya luego quemé el monito ese y guardé los clavos, como me pidió doña Lupe, y desde entonces me curé del problema que le digo, de la brujería, pues. (Leyenda de Homero Adame encontrada en su blog.)

Deje eso. Hay otras cosas muy feas que se cuentan acá en Tacámbaro. Mire, he oído yo que en el panteón hay personas que las han oído gritar a las 72 horas de que los sepultaron. Es que son cosas de la brujería, o sea que embrujan a alguien y así como que se muere. Lo velan, le dan su misa de cuerpo presente y luego lo entierran, pero a las 72 horas despierta y como se da cuenta que ya está enterrado, pues ahora sí que se muere de la asfixia y del terror de estar enterrado vivo. Entonces ya cuando los que oyeron a la persona gritar van y dan fe a la Presidencia, cuando ya vienen abrir la tumba encuentran al muerto todo revolcado, rasguñado de la desesperación y ya muerto porque se ahogó por falta de aire. Ya le digo, las cosas de la magia negra son muy horribles.

Nota: las imágenes que acompañan esta leyenda de Tácambaro fueron tomadas de Internet, del sitio Tips para tu viaje. Que el enlace sirva como agradecimiento y crédito a sus creadores.

Leyendas de la Ciudad de México: Misterios en la plaza de Santo Domingo

MISTERIOS EN LA PLAZA DE SANTO DOMINGO

Leyenda de CdMx

Uy, sí, hartas cosas platican de por aquí, de esta plaza, cosas misteriosas que de ruidos, que de aparecidos fantasmas y cosas así. Es que parece que cuando la Inquisición aquí quemaban a las brujas; más bien entiendo que las quemaban en el palacio ese de la esquina (antiguo Palacio de la Escuela de Medicina). Ahí entiendo que los de la Inquisición –eran algo así como policías religiosos– dictaban las sentencias a la gente acusada de algo malo, de algo en contra de la religión, como la brujería, y a las que decían que eran brujas luego las quemaban vivas con leña verde y es por eso que luego dicen que se oyen gritos bien feos –dice Luis Ibarra, un bolero originario de Huajuapan de León, Oax.

Entiendo que hay unos túneles que van del palacio al estacionamiento aquél (sobre la calle de República de Brasil o Belisario Domínguez), y abajo encontraron un chorretal de muertos, o sea los esqueletos. Ahí metían a toda la gente que quemaban. No sé si los hayan sacado para sepultarlos en algún panteón o todavía siguen los esqueletos allá abajo. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Y luego también dicen que en el mismo palacio, que ahora es el Museo de Medicina, se aparece un decapitado. Eso me han contado, pero no me sé muy bien esa historia.

Lo que sí sé es que aquí en el atrio (del templo de Santo Domingo), en la noche se oyen los quejidos de los borrachos. Es que usted habrá de saber que esta capillita (anexa) un tiempo fue pulquería, entonces entiendo que el sacerdote salía de la iglesia grande y regañaba a los borrachos, los agarraba a latigazos y por eso se oyen los quejidos de aquella gente.

Mire, también cuentan de un monje que se aparece. Dicen que sale de la iglesia (de Santo Domingo), que pasa por el callejón que se ve allá (Leandro Valle) y entiendo que se mete en aquella imprenta de paredes amarillas. Es que los que trabajan ahí dicen que de vez en cuando, cuando se quedan trabajando ya tarde, que han visto a un monje caminar y que cruza la pared, la cruza como si no hubiera pared, así como uno puede andar caminando aquí por la plaza.

La plaza de Santo Domingo es una de las más emblemáticas y con mayor historia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Se cree que allí estuvo la casa de Cuauhtémoc, hasta que los conquistadores la demolieron para dejar un espacio que sirviera como plaza pública. La mayoría de los edificios que la rodean fueron construidos en el siglo XVIII, entre los cuales destacan el templo de Santo Domingo, el Palacio de la Santa Inquisición y el Edificio de Aduanas.

El antiguo Palacio de la Inquisición fue construido entre 1732 y 1736. Después tuvo diferentes usos hasta que albergó el Colegio de Medicina y ahora es museo. En tanto, desde el siglo XIX, en los portales de la plaza ha habido escribanos o evangelistas, tradición que sigue vigente y está relacionada con las imprentas.

Notas:

1. Una versión similar pero editada en otro estilo narrativo fue publicada en el libro Leyendas de todo México, Aparecidos y fantasmas, por Editorial Trillas. El libro se puede conseguir en las sucursales de Trillas, en librerías de prestigio o en la tienda en línea siguiendo este enlace: Leyendas de todo México, Aparecidos y fantasmas, de Homero Adame

2. Las imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan como crédito para sus autores:

Palacio de la Inquisición

Santo Domingo antiguo

Leyendas jaliscienses: Santo Toribio Romo

SANTO TORIBIO ROMO

(Leyenda de Altos de Jalisco)

Tengo un sobrino que se fue de mojado p’al otro lado con otros amigos d’él. Dice que cuando estaban en el desierto, allá por Sonora, que los llevaba un pollero que les había cobrado mil dólares por cruzarlos la frontera, pero qu’el pollero ese se largó una mañana y se fue con todo el dinero. Y es que ya estaban del otro lado y vieron una camioneta de la Migra que ahí venía. Entonces todos los muchachos se asustaron, pero no supieron pa’ dónde correr, ni tampoco había dónde esconderse. No’mbre, según mi sobrino qu’en ese lugar ni siquiera hay un méndigo árbol que dé sombrita –cuenta el Sr. Lorenzo Ornelas Ledezma, canterero de oficio radicado en San Miguel el Alto.

Total, ya estaba la Migra cerquitas cuando mi sobrino se hincó y se puso a rezar. Dijo que s’encomendó a santo Toribio porque mi hermana –su mamá de él, ¿verdad?– le dijo que s’encomendara a este santito que ahora veneran en un pueblo de por aquí que se llama Santa Ana –está entre aquí y Jalostotitlán. Y mire que se le concedió un milagro, el primer milagro ese día, porque los de la Migra llegaron en la camioneta y detuvieron a todos pero a mi sobrino no porque ni siquiera lo vieron, y eso qu’estaba ahí entre la bola, pero hincado rece y rece.

Los de la Migra se llevaron a todos y Neto, mi sobrino, se quedó solo en el desierto; se quedó sin agua ni comida, solo, solito y perdido. Dice que se sentó a llorar cuando de pronto que llegó un señor joven y que le dijo que qué le pasaba. Neto mi sobrino le contó su desventura al extraño aquél y el hombre le dijo: “No te apures. Vente, yo te llevo hasta una ciudad y te voy a conseguir trabajo.” Mi sobrino le dijo que no traía ni un centavo pa’ pagarle, pero el señor le dijo: “No te apures que yo no cobro.” Ese fue el otro milagro. (Blog de Homero Adame.)

Y así fue como Neto salió del enredo aquel. El hombre desconocido lo llevó hast’un lugar que se llama Ajo, en Arizona, y allí l’encontró empleo. Mi sobrino ni tiempo tuvo pa’ darle las gracias porqu’el señor se desapareció y nunca lo volvió a ver. Luego pasaron los meses y Neto se fue a California donde está trabajando muy bien. Con el tiempo arregló sus papeles y hace poco que vino a visitarnos y nos contó lo que le pasó. Ah, pero no se imagina la sorpresota que se llevó cuando vio la imagen de Santo Toribio porque, dice, es la del hombre que le ayudó cuando estaba solo en el desierto. ¿Y sabe por qué Santo Toribio es ahora muy venerado? Porqu’es el que ayuda a los migrantes y los ayuda así como ayudó a Neto mi sobrino.

Entonces ya fue él a Santa Ana a dejarle una ofrenda a santo Toribio Romo como pago de una manda por la ayuda que le dio aquella vez que estuvo solo en el desierto.

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Toribio Romo nació el 16 de abril de 1900, en Santa Ana de Guadalupe, una comunidad en el municipio de Jalostotitlán, perteneciente a la zona de Los Altos de Jalisco. Ya siendo sacerdote, murió como mártir durante la guerra cristera, el 25 de febrero de 1928. Fue beatificado en 1992 y canonizado el 21 de mayo de 2000, junto con 24 compañeros.

Notas: Una versión editada de esta leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por Editorial Trillas, en 2010. El libro, con 64 leyendas mexicanas, se puede conseguir directamente de la tienda en línea de Editorial siguiendo este enlace: Mitos y leyendas de todo México, de Homero Adame.

2. La foto del templo en Santa Ana de Guadalupe, Jalisco, fue tomada del sitio de Internet pueblosofmexico.smuygsmug. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

3. La imagen de Santo Toribio Romo con la oración del migrante fue tomada de la página My Catholic Gifts. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

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