Un blog de mitos, leyendas, costumbres y tradiciones de México

Archivo para la Categoría "Literatura oral / Literatura de tradición oral"

Leyendas de Nayarit: La cruz de zacate

POR UNA CRUZ DE ZACATE

(Leyenda de Tepic, Nayarit. Dos versiones)

No’mbre, esa supuesta leyenda que cuentan, que es casi la más popular de Tepic, es puro rollo, o al menos eso pienso yo. Dicen que cuando andaban los primeros españoles conquistando estas tierras que supuestamente traían a unos indios labrando la tierra y, ¡oh milagro de milagros!, que ellos descubrieron ahí en medio de la labor una cruz de zacate. Entonces, según esto, los indios fueron corriendo a decirle a los frailes y los frailes ya vinieron a ver la cruz y como había sido un milagro divino, entonces ahí mismo levantaron su convento – dice Sebastián Lizaola, estudiante de 22 años.

No’mbre, puros cuentos. Tú que andas en esto de seguro ya te has encontrado un chorretal de leyendas parecidas de que por gracia divina se apareció no sé qué cosa y con eso los nativos se convirtieron al cristianismo. No’mbre, manipulación pura al peor estilo de la época. Ahora ya nadie creería eso, y si se diera el caso hacen un chorro de estudios científicos hasta encontrar una respuesta lógica. Ya ves, tanto rollo con eso de que en las milpas de Inglaterra se forman círculos extraterrestres y cuanta cosa, pero al final de cuentas todo sale a relucir y el veredicto es que ni es cosa de extraterrestres ni hay misterio tampoco. Entonces, digo yo, los misioneros «sembraron» esa cruz de zacate y con eso pudieron sublegar [sic] a los nativos.

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Aquí hay una plática muy antigua que todavía cuentan de allá cuando los franciscanos llegaron a estas tierras y venían fundando sus misiones y uno de ellos era el padre Quino –muy querido por todos estos rumbos, el padre Quino–. Según la plática, dicen que ellos se habían detenido aquí en lo que era habitadero de indios que no eran muy malos. Entonces la plática dice que andaban unos indios con unos misioneros en el monte trayendo plantas para comer cuando de repente vieron que entre el zacatal había una cruz. Pero, espéreme, lo raro es que era una cruz natural que crecía del zacate, ¡era de puro zacate! –exclama la Sra. María Guadalupe Sánchez, vendedora ambulante. (Relato encontrado en un blog de Homero Adame.)

Que se van los misioneros a darle razón al padre Quino y que se viene el padre Quino con un montón de gente haciendo barullo porque el chisme de una aparición milagrosa corrió de voz en voz como reguero de pólvora. No, qué le cuento, desde ese día empezaron a levantar la misión de esos franciscanos y es la que todavía se conoce como la de la Santa Cruz. Y luego ya fue creciendo el pueblo, así unas casitas alrededor de la misión y luego otras casitas más, y fue creciendo y creciendo hasta que ya era Tepic y se hizo ciudad.

 

Notas:

  1. La imagen de la cruz de zacate fue tomada del sitio de Internet Nayarit en línea. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  2. La foto del convento de la Cruz de zacate fue tomada del sitio Zona turística. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
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Leyendas morelenses: El nagual y el chamuco

EL NAGUAL Y EL CHAMUCO

(Leyenda escuchada en Chalcatzingo, municipio de Jantetelco, Morelos)

 

No, que yo sepa por aquí no hay nada de aparecidos, ni de ruidos ni cosas malas. Yo he andado mucho por todos estos rumbos y nunca me ha tocado nada. Me gusta a mí mucho tirar y luego salgo ya en la tarde al conejo; ando yo por el monte, subo los cerros, pero lo único malo que me ha tocado ver son las víboras porque ni los tejones son malos, ¿eh? Ah, pero eso sí, el chamuco y el nagual sí son cosa de cuidado; son espíritus malos, muy malos –afirma el Sr. Ricardo Rey, quien anda pastoreando en las cercanías de la zona arqueológica de Chalcatzingo. (Blog de Homero Adame.)

Mire, aquí nos ha tocado que el nagual anda convertido en perro. Hace poquito, era un martes, como a eso de las doce de la noche que oigo un ladrido muy feo y que salgo a ver qué era. No’mbre, era un perrote pero feo de a tiro; no era un perro de acá porque uno los conoce a todos. No, ese era un nagual. Le digo, salí yo a ver qué era y se vinieron mis perros también –cuatro perros tengo–, la luna estaba brillante y se veía así como de día. No’mbre, que veo yo a ese perrote y que le tiro una pedrada y que los perros míos como que quisieron aventársele, pero, mire usted, no va a creer que nomás se le acercaron y que corren los cuatro bien asustados y se vinieron acá detrás de mí. Era un perrote blanco y alcancé a mirar que sus ojos eran como de tizón prendido, rojos rojos. Pero los vi yo de reojo porque el nagual nunca te da los ojos, nunca te mira de frente, pero como esa noche estaba la luna brillante y cuando mis perros se le aventaron entonces miré yo como que sus ojos de él eran como tizón y por eso supe que era el nagual.

La otra cosa es el chamuco. Aquí sabemos que sale allá por aquellos cerros y se ve como una lamparota. Es así como un bulto de luz y dice cosas, pero no se le entiende lo que dice. Quién sabe, pienso yo que ahí donde sale ha de tener la entrada al infierno, en una cueva que nadie conoce nomás que él y ni uno ni de loco se atreve a ir a buscarla, ¿eh?

Leyendas mexicanas: Curanderismo y brujería

BRUJERÍA Y CURANDEROS

(Versión escuchada en Tacámbaro, Michoacán)

 

Sí, sí es cierto de que acá por estos rumbos hay gente que sabe de otras cosas que los médicos no saben. Hay hartas brujas y también curanderos. Los curanderos conocen cosas raras que sí curan, como por ejemplo recetan que tomando caldo de ardilla prieta –que se da en los cerros donde hay piña– uno se cura del asma. También frotándose aguarrás se cura uno del asma –dice don Martín, pescador y vigilante de la laguna.

No, pero hay otras cosas que son malas. Mire, hay unas gentes que viven de aquel lado [de la laguna] que le hacen a la magia mala. A mí me han afectado por cuestiones de la envidia. Mire, una vez venía yo pasando por ahí ya casi de noche cuando vi que una de las muchachas de esa gente estaba ahí sentada mirándome; estaba mirándome muy feo y que de repente me echa una luz como de una lámpara que me dejó casi ciego. Venía yo lejos y esa luz me quemó los ojos, pero no era luz de una lámpara normal –quién sabe qué sería–. Me puse muy malo y no hubo doctor que me pudiera ayudar, y entonces mejor fui con un curandero que sí supo de dónde venía el problema y él me curó. Él me dijo que aquella muchacha me había hecho brujería.

Esa fue una vez. Aquí le cuento otra: esas mismas gentes me volvieron a echar una brujería. Andaba yo con un dolor de espalda que nada me lo quitaba y ya ni caminar podía, entonces fui con el curandero –Martín se llamaba él, así como yo– y ya me revisó y me dijo cuál era el problema y me dijo que con tres curadas me iba yo a curar. A la primera curada que me dio salí yo caminando, aunque con la ayuda de una sobrina y mi señora, pero no va creer que a la tercera curada quedé como nuevo. Luego supe que se murió el hombre, sí, don Martín se murió porque tenía otros trabajos muy pesados también.

Tiempo después me volvieron a echar otra brujería, pero ya no estaba don Martín para ir con él, así que fui con una mujer, doña Lupe, que también sabe de eso. Andaba yo que no podía ni acostarme porque sentía que traía puras estacas en la espalda, como aguates, que hasta tenía que dormir así como empinado. Entonces fui con ella y sin decirle nada ya me pasó y me dijo, “A ver, siéntate ahí y deja revisarte.” Ya me senté yo y nomás me tocó en la espalda y que me dice: “Ay, hijo, con razón estás malo. Mira nomás, estás todo tachueleado.” Y qué cree, no era que yo trajera las tachuelas en la espalda, sino que aquellas gentes malas tenían un monito de trapo todo tachueleado y era así que me estaban haciendo la brujería. Ya luego me explicó que el monito lo tenían enterrado entre una camerina (?) y que una sobrina mía lo iba encontrar. Y, sí, una sobrina lo encontró entre la camerina y tenía 14 clavos ese muñeco. Ya luego quemé el monito ese y guardé los clavos, como me pidió doña Lupe, y desde entonces me curé del problema que le digo, de la brujería, pues. (Leyenda de Homero Adame encontrada en su blog.)

Deje eso. Hay otras cosas muy feas que se cuentan acá en Tacámbaro. Mire, he oído yo que en el panteón hay personas que las han oído gritar a las 72 horas de que los sepultaron. Es que son cosas de la brujería, o sea que embrujan a alguien y así como que se muere. Lo velan, le dan su misa de cuerpo presente y luego lo entierran, pero a las 72 horas despierta y como se da cuenta que ya está enterrado, pues ahora sí que se muere de la asfixia y del terror de estar enterrado vivo. Entonces ya cuando los que oyeron a la persona gritar van y dan fe a la Presidencia, cuando ya vienen abrir la tumba encuentran al muerto todo revolcado, rasguñado de la desesperación y ya muerto porque se ahogó por falta de aire. Ya le digo, las cosas de la magia negra son muy horribles.

Nota: las imágenes que acompañan esta leyenda de Tácambaro fueron tomadas de Internet, del sitio Tips para tu viaje. Que el enlace sirva como agradecimiento y crédito a sus creadores.

Leyendas de la Ciudad de México: Misterios en la Plaza de Santo Domingo

MISTERIOS EN LA PLAZA DE SANTO DOMINGO

Leyenda de CdMx

 

Uy, sí, hartas cosas platican de por aquí, de esta plaza, cosas misteriosas que de ruidos, que de aparecidos fantasmas y cosas así. Es que parece que cuando la Inquisición aquí quemaban a las brujas; más bien entiendo que las quemaban en el palacio ese de la esquina (antiguo Palacio de la Escuela de Medicina). Ahí entiendo que los de la Inquisición –eran algo así como policías religiosos– dictaban las sentencias a la gente acusada de algo malo, de algo en contra de la religión, como la brujería, y a las que decían que eran brujas luego las quemaban vivas con leña verde y es por eso que luego dicen que se oyen gritos bien feos –dice Luis Ibarra, un bolero originario de Huajuapan de León, Oax.

Entiendo que hay unos túneles que van del palacio al estacionamiento aquél (sobre la calle de República de Brasil o Belisario Domínguez), y abajo encontraron un chorretal de muertos, o sea los esqueletos. Ahí metían a toda la gente que quemaban. No sé si los hayan sacado para sepultarlos en algún panteón o todavía siguen los esqueletos allá abajo. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Y luego también dicen que en el mismo palacio, que ahora es el Museo de Medicina, se aparece un decapitado. Eso me han contado, pero no me sé muy bien esa historia.

Lo que sí sé es que aquí en el atrio (del templo de Santo Domingo), en la noche se oyen los quejidos de los borrachos. Es que usted habrá de saber que esta capillita (anexa) un tiempo fue pulquería, entonces entiendo que el sacerdote salía de la iglesia grande y regañaba a los borrachos, los agarraba a latigazos y por eso se oyen los quejidos de aquella gente.

Mire, también cuentan de un monje que se aparece. Dicen que sale de la iglesia (de Santo Domingo), que pasa por el callejón que se ve allá (Leandro Valle) y entiendo que se mete en aquella imprenta de paredes amarillas. Es que los que trabajan ahí dicen que de vez en cuando, cuando se quedan trabajando ya tarde, que han visto a un monje caminar y que cruza la pared, la cruza como si no hubiera pared, así como uno puede andar caminando aquí por la plaza.

 

La plaza de Santo Domingo es una de las más emblemáticas y con mayor historia en el Centro Histórico de la Ciudad de México. Se cree que allí estuvo la casa de Cuauhtémoc, hasta que los conquistadores la demolieron para dejar un espacio que sirviera como plaza pública. La mayoría de los edificios que la rodean fueron construidos en el siglo XVIII, entre los cuales destacan el templo de Santo Domingo, el Palacio de la Santa Inquisición y el Edificio de Aduanas.

El antiguo Palacio de la Inquisición fue construido entre 1732 y 1736. Después tuvo diferentes usos hasta que albergó el Colegio de Medicina y ahora es museo. En tanto, desde el siglo XIX, en los portales de la plaza ha habido escribanos o evangelistas, tradición que sigue vigente y está relacionada con las imprentas.

Notas:

 

 

1. Una versión similar pero editada en otro estilo narrativo fue publicada en el libro Leyendas de todo México, Aparecidos y fantasmas, por Editorial Trillas. El libro se puede conseguir en las sucursales de Trillas, en librerías de prestigio o en la tienda en línea siguiendo este enlace: Leyendas de todo México, Aparecidos y fantasmas, de Homero Adame

2. Las imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan como crédito para sus autores:

Palacio de la Inquisición

Santo Domingo antiguo

 

Leyenda del Curro, en Coahuila

EL CURRO

Leyenda de Venustiano Carranza, Viesca, Coahuila

Así de historias o leyendas de Hornos, dicen que se aparece un señor muy elegante al que le dicen “el curro”, según dicen que se aparece o sale tipo como espanto –dice la Sra. Myriam Cervantes, radicada en Torreón.

Mucha gente cuenta que lo han visto que aquí, que allá, que más allá, o sea que sale en muchos lados, como en ese lugar que conocemos como “El mirador” o en la calle frente al templo, caminando por la plaza, y creen que sea el fantasma de uno de los hacendados. Algunos han dicho que también lo han visto que sale a pasear en un caballo, pero lo que más se cuenta es que lo ven parado por ahí. (Leyenda en un blog de Homero Adame.)

También le dicen “el catrín” porque anda vestido de negro muy elegante, con sombrero negro y siempre fumando un puro. Y quienes lo han visto dicen que huele a puro como si alguien estuviera fumando y, la verdad, sí ha de ser el fantasma de un hacendado porque esas gentes eran muy ricas, vestían elegantes y tenían para comprar puros.

La ex hacienda algodonera de Hornos, ahora en ruinas, se ubica en Venustiano Carranza, municipio de Viesca, Coahuila.

Puedes leer otra versión de esta misma leyenda siguiendo este enlace: Mitos y leyendas de Coahuila: El curro.

Leyendas del estado de Hidalgo: Los Frailes

Leyenda de Los Frailes

(Municipio de El Arenal, Hidalgo)

Bueno, de esos peñascos que pregunta, sí, tienen su historia, bueno, más bien su leyenda porque de historia, historia la verdad no sé, pero de las leyendas sí –anticipa el señor Ramón Uribe, en San José Tepenené–. Mire, usted bien ha de saber que las leyendas tienen muchos cambios porque yo las cuento de una manera, usted de otra, y otra gente la cuenta como ellos quieren o como se la saben, ¿verdad? Y esta leyenda de los picachos o peñascos que les dicen que los frailes, o sea que es la leyenda de unos frailes.

Una de las leyendas dice que hace muchos, pero ya muchos años estaban los frailes agustinos construyendo sus conventos y que ya habían terminado el de Atotonilco el Grande y entonces mandaron a la gente a otras partes a poner más conventos, ¿verdad? Un grupo de frailes y monjas se vinieron para acá, bueno, iban a Actopan a construir el convento, y ahí iban ellos en peregrinación y dormían donde les cayera la noche. Entonces una noche un fraile y una monja se hicieron ojitos, se fueron a lo más oscurito y como todo hombre y mujer que se gustan y tienen sus deseos, estos dos tuvieron allí su amorío aunque fueran religiosos. Pero el fraile principal –ese que parece que le dicen que el prior– se dio cuenta y les puso una santa regañiza por pecadores y dijo un conjuro tan fuerte que la tierra tronó y el fraile y la monja se quedaron convertidos en piedra. Eso dice una leyenda. (Recopilada por Homero Adame.)

Aquí le va otra, parecida, pero un poquito diferente: cuando estaban los frailes construyendo el convento de Actopan siempre tenían que ir a donde fuera a traer agua o materiales para la construcción. Resulta que uno de ellos se fue más lejos y subió a los cerros y arriba se encontró a una muchacha muy chula y con ella rompió sus votos de la castidad. Dicen que del cielo cayeron dos rayos que convirtieron al monje y a la muchacha en piedra.

Ahora, la verdad es que eso de los picachos con esa forma viene de mucho más antes, o sea que son muy pero mucho muy antiguos y sabemos por acá que hay historias que cuentan los inditos otomíes en su lengua, su lengua que nomás ellos entienden y uno se entera porque luego hay gente que cuenta las historias de ellos pero ya en español, ¿verdad? Aquí le va una de esas leyendas de los otomíes:

Según cuentan ellos, los otomíes de más antes llegaron a lo que es el Valle de Mezquital donde pusieron sus ranchitos y empezaron a cultivar las tierras. Pero había muchos de ellos que todavía no se acostumbraban a estar en un solo lugar y se iban de cacería a los montes, a las serranías. Muchas veces se iban los hombres solos o también se llevaban a sus mujeres y familias porque se iban mucho tiempo a la cacería y regresaban al pueblo con las pieles para cubrirse en los inviernos. Algo así dice la historia. Pero la leyenda de los picachos que cuentan los otomíes tiene que ver con dos de ellos que eran digamos que marido y mujer y andaban en la punta del cerro con sus chilpayates; eso fue una tarde que empezó a tronar muy feo, con rayos y lluvia. No había donde guarecerse de la tormenta y tuvieron la mala fortuna de que un rayo los mató. Estaban ellos abrazados y el rayo los partió, o sea que los separó. Cuando terminó la tormenta llegaron otros compañeros y los encontraron bien tiesos, así como carbón; no los enterraron porque antes los otomíes no tenían esas costumbres. Los dejaron allí. Y bueno, ya con el tiempo, el sol y la lluvia los cadáveres carbonizados fueron creciendo tanto que se volvieron de piedra y los demás otomíes empezaron a venir a estos rumbos a venerar a sus antepasados, o sea a esa pareja, y también a los chamacos que desde acá no se ven pero allá están, también vueltos piedra. Y es así como empezaron a quedarse los otomíes en estas tierras que ahora son los pueblos de San José Tepenené, El Arenal, Actopan y muchos más antes de que llegaran los frailes españoles con sus ideas, su religión, su cultura.

 

Nota: la segunda fotografía que acompaña este texto fue tomada del blog De ruta por México. Que el enlace sirva de agradecimiento a su creador.

Agustín de Iturbide y Padilla, Tamaulipas

Padilla, a la sombra de la muerte de un caudillo

Texto y fotografías: Homero Adame

“Padilla, pueblo que como estrella fugaz en el límpido suelo tamaulipeco, tiene su orto y ocaso después de cumplir su misión histórica, convierte su tumba en puerta gigantesca que se abre al signo del progreso.”

No son palabras proféticas las que acabamos de leer; más bien se trata de una cita a guisa de verso que no parece tener significado alguno para quienes desconocen la historia de Padilla, o para los que jamás han pisado la yerma tierra de un pueblo otrora glorioso.

            Corre el año de 1824, día 19 de julio. Los vecinos de Padilla, ciudad capital del ahora estado de Tamaulipas, se preparan para dar el último recibimiento a Agustín de Iturbide, ex-presidente y emperador de México, en su retorno del exilio. La comitiva ha llegado proveniente de Soto la Marina. El célebre personaje, quien consumó la Independencia de México y a la postre fue tomado como traidor de la Patria, es llevado al cuartel de la Compañía Volante del Nuevo Santander, donde ofrece su último discurso. “A ver, muchachos… daré al mundo la última vista”, dice con firmeza. Y mientras besa un Cristo, cae exánime entre un olor a pólvora. Son las 6 de la tarde. Sin suntuoso funeral, el General es sepultado en la vieja iglesia sin tejado. Así concluye un capítulo más de la escabrosa historia imperial de México. Un nuevo capítulo de la historia de Padilla se abre.

            Estamos ahora en 1971. Han transcurrido 147 años desde aquel fusilamiento y Padilla ha desaparecido en aras del progreso. Los recuerdos y los sucesos históricos comienzan a flotar en las aguas de la presa, o se han hundido para siempre. Las casas se han derrumbado, la gente se ha ido y sólo queda la triste memoria de otras épocas en la decrépita parroquia y la escuela que en el ayer lucía majestuosa. El resquebrajado piso de lo que fue la plaza principal, donde derramó su sangre un emperador, es otra señal de que Padilla se ha marchitado. Todo el carácter de un pueblo, las anécdotas de sus calles, sus casas y sus habitantes se han ido para jamás volver. Sin embargo, a varios kilómetros de ahí nace Nuevo Padilla, aunque bajo el estigma de un oscuro recuerdo. (Texto de Homero Adame.)

            “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. El destino estaba escrito como una maldición que se cumplió”, nos dice don Eulalio, un hombre viejo que recuerda a su ciudad natal con suma nostalgia. “La gente vivía feliz, pero el fantasma de un asesinato nunca la dejó descansar. Y luego nos cambiaron a Nuevo Padilla. Sí, casas nuevas, escuelas, calles bonitas y hasta una iglesia ansina de chaparrita, pero mucha gente no se acostumbró y mejor prefirió irse a otra parte; nomás los más viejos nos quedamos en el nuevo pueblo, pos ya no tenía caso irnos a otra parte. Pero la vida ya no es la mesma. Nuestro pueblo se acabó…”, concluye con un tono de resignación.

            Donde estuvo Padilla es ahora la presa Vicente Guerrero, lugar vacacional y de pesca recreativa. Por un lado se ven las contadas ruinas de lo que fuera el centro de Padilla: la iglesia, la escuela, la plaza, unas pocas paredes y el quebrado puente que iba a la hacienda de Dolores, de la cual sólo subsiste la antigua troje según nos dicen. Por el otro lado se encuentra la Villa Náutica -un club privado- y las modernas instalaciones del Centro Recreativo Tolchic, construido por el gobierno en 1985 como mísero pago a una deuda sin precio. Sin embargo, en fechas recientes algo ha sucedido: la Villa Náutica se ve abandonada, salvo por la presencia de algún socio que sigue viniendo para no perder su propiedad, y el centro Tolchic está cerrado; sus mejores días ya sólo permanecen en el recuerdo de algunos. La reja y los candados lucen oxidados y no puede uno imaginarse el polvo del olvido que cubre su interior. Desde afuera aún se aprecian los juegos infantiles también con signos de oxidación.

            Es de suponerse que la considerable baja del nivel de la presa, las recurrentes crisis económicas y otras tantas razones obligaron que ambos sitios cerraran sus puertas, aunque siempre con la esperanza de mejores épocas que igual jamás habrán de volver porque, de todos modos, este paraje sigue extinguiéndose día con día. Esto es un síntoma que denota tácitamente cómo la vida en el antiguo Padilla va decayendo cada vez más. Acaso el último hito de revivir un pueblo que murió fueron estos centros sociales, pero el futuro luce sombrío, ya que restablecer la actividad, el movimiento, puede convertirse en una tarea casi imposible. (Blog de Homero Adame.)

            Más impresionante que esos modernos edificios en vías de convertirse en ruinas también, es caminar por lo que imaginamos fueron las calles, ahora tapizadas de maleza. Entrar a la iglesia -la cual estuvo dedicada a San Antonio de Padua– y a la escuela o pararse en el centro de la plaza nos imprime un sentimiento indescriptible; como si algo pugnara por salir, mas no encuentra el modo de hacerlo. Es como si el espíritu del pueblo buscara un punto de referencia que ya no existe. Adentro del templo no se observa ningún recuerdo o epitafio de la tumba de Agustín I; es de pensarse que fue trasladada a otra parte. Afuera de la escuela hay una placa conmemorativa reciente  (7 de julio de 1999) cuando se festejó el 175 aniversario de la creación del estado de Tamaulipas. A la sazón, y previo a la presencia del gobernador, se limpió toda la zona y los ladrillos y sillares de las ruinosas paredes y techos fueron llevados a sitios alejados de los ojos de cualquier visitante. Sin embargo, pese a esa superficial limpieza, los muros derruidos son factor indicativo de que los buscatesoros han tratado de obtener míticas riquezas en no pocos intentos. Y nos preguntamos: ¿A quién se le ocurriría enterrar un cofre o un cantarito de monedas de oro en los predios de una escuela? Para no desentonar, adentro de la capilla también se observan pozos de los saqueadores, acaso como ejemplo palpable de la profanación de tumbas, si es que las hubo.

            Una vez entrados en las interrogaciones, quisiéramos saber ¿dónde quedó el kiosco sobre el cual la banda solía alegrar con su música a la concurrencia en su devenir alrededor de la plaza? ¿Dónde quedaron las campanas, que resonando en cada rincón de la ciudad puntuales llamaban a misa? Y ¿a dónde se fueron los días aquéllos, cuando los niños corriendo y gritando salían felices de la escuela luego de un largo día de clases? Ya no se ve el mercado ni el ajetreo diario de los marchantes. El merolico ha dejado de gritar las bondades de tal o cual medicina. Los puestos de comida desaparecieron para llevarse consigo el característico aroma del aceite, las carnitas y las fritangas. Los trazos de las calles se han borrado y no podemos imaginar por dónde transitaban los carruajes y caballos primero, y los pocos automóviles después. Y las casas, ¿dónde estaban todas ellas? Y desde la plaza, al ver hacia el sur los montones de escombro, nos surge la duda de dónde se ubicaba el palacio y cómo habría sido; seguramente el mismo palacio donde se dictó la última orden para fusilar al emperador. Además, también nos preguntamos en dónde habrá quedado el monumento erigido en el preciso lugar donde Iturbide cayó muerto, el cual, de acuerdo a las crónicas, aún permanecía enhiesto antes de la inundación de los años setenta. Y sus políticos… ¿en dónde tomaban el café para arreglar el mundo y comentar las últimas noticias y chismes?

            Nada quedó, ni el camposanto siquiera. Ahora la hierba es tan alta que se ha vuelto imposible caminar en algunas partes. Todo es silencio, salvo el correr del viento que al mover las ramas las hace rechinar. Sobre unos árboles altos se ve a un grupo de zopilotes que no sabemos qué acechan. Cuando el cielo está nublado, el escenario se torna todavía más sombrío. Ese cúmulo de raros sentimientos no nos lleva a entender lo efímero que la vida puede resultar. (Texto escrito por Homero Adame.)

            La escuela, al igual que la iglesia, muestra en sus paredes los trazos del nivel alcanzado por el agua cuando la presa tuvo sus mejores días. Pero las escasas lluvias en estos años sólo han dejado un páramo. A lo lejos se encuentra lo que fue el puente, ahora destrozado, y el espejo lacustre a su alrededor. Al cabo de un buen rato de silencio pasa alguien en su lancha y nuestras cavilaciones se ven interrumpidas. Junto al puente también nos topamos con un grupo de amigos disfrutando de unos buenos pescados a las brasas; nos dicen que ocasionalmente vienen los fines de semana. Luego miramos de nuevo el paisaje, el panorama, y todo parece seguir igual, estático, pero se nos antoja distinto. Es como si de un momento a otro cambiáramos de realidades, primero lo lúgubre, lo palpable, después el recrear episodios que, aunque no vivimos, sentimos que sucedieron y finalmente estar en el presente, junto a las aguas de una presa, entre el matorral, como pescadores o aventureros que se hallan ajenos a la historia de esos lares.

            Así es Padilla, la ciudad que dejó de ser, la ciudad que fue sacrificada por el progreso. Mientras caminamos de regreso al coche, nos acompañan las palabras del viejo que conocimos: “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. Se cumplió la maldición…” Sin duda tiene razón.

 

Notas:

  1. Este texto fue publicado originalmente en el número 311 de la revista México desconocido, correspondiente a diciembre de 2002.
  2. Las fotografías de Padilla son autoría de Homero Adame.
  3. La imagen del fusilamiento de Iturbide fue tomada de WikiMexico. Que el enlace sirva de agradecimiento a sus autores.
  4. La imagen de la placa alusiva al fusilamiento del ex emperador de Iturbide fue tomada de la página de EfeméridesRio. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Leyendas de Cuernavaca, Morelos: El fantasma de Maximiliano

LOS FANTASMAS DEL JARDÍN BORDA

(Leyenda de Cuernavaca, Morelos)

Una de las leyendas más conocidas en Cuernavaca cuenta que en las noches de luna clara aparecen dos fantasmas, dos fantasmas a los cuales se les ve caminar por ciertas áreas de la Casa Borda, mejor conocido como Jardín Borda y, antiguamente, El Olindo. Algunas personas creen que son los fantasmas del emperador Maximiliano y su esposa Carlota, quienes pasaban temporadas de descanso en dicha mansión. Sin embargo, nadie puede precisar si ambas apariciones sean las de aquellos monarcas puesto que, a decir de muchos, el inmueble es una propiedad muy antigua y, a lo largo de su historia, estuvo habitada por diversas familias de abolengo.

Se dice que uno de tales espectros se asemeja a una mujer que camina con garbo por los jardines. Supuestamente es el fantasma de Carlota porque, a pesar de que no han podido verle el rostro, el vestido blanco de crinolina es muy hermoso, como los que la emperatriz usaba, según se puede apreciar en algunos óleos. De acuerdo con ciertos testimonios, dicha aparición camina sola por los jardines, cruza por los arcos, sigue su trayecto y en una de las fuentes se detiene para atisbar el horizonte. Después de un rato, reanuda el paso hasta desvanecerse detrás de otros arcos.

La otra visión corresponde a un hombre de luenga barba, vestido de negro o gris, muy elegante, y dicen que aparece en el mirador conocido como «El chocolatero», donde la pareja real solía tomar el chocolate por las tardes en compañía de amigos o de visitantes oficiales. La creencia popular asume que es el fantasma de Maximiliano pues, hace muchos años, en Cuernavaca se rumoraba que el emperador salía en las noches por una pequeña puerta secreta que conectaba con ese mirador, para encontrarse con una joven lugareña, con quien mantenía un idilio extramarital. Su nombre era Concepción Sedano (o Margarita Leguizamo Sedano, según otras versiones), hija del jardinero de la residencia. Se dice que ella y Maximiliano tuvieron un hijo, quien llevó por nombre Julián Sedano.

Quienes no están muy convencidos de que tales apariciones sean de los emperadores creen que más bien son de personas que murieron allí. Esto lo dicen porque se supone que las ánimas en pena, o sea los fantasmas, aparecen en el lugar donde fallecieron, y, como es sabido por la historia oficial, a Maximiliano I de México fue fusilado en Querétaro, en 1867, mientras que Carlota falleció de vejez en Bélgica muchos años después, en 1927. Además, seguramente en un lugar tan antiguo como lo es la Casa Borda, las muertes que en diversas épocas ahí ocurrieron bien pudieron ser por causa natural, accidente, crimen o suicidio, y como algunas de esas ánimas no han encontrado descanso aún, aparecen en los pasillos, en los jardines y en los miradores de la propiedad. (Leyenda recreada por Homero Adame.)

Desde que el inmueble fue transformado en museo, es imposible deambular por los jardines en la noche. Es por ello que no se conocen testimonios recientes de alguien que afirme haber visto a ambos fantasmas.

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El Jardín Borda,  desde su creación en el siglo XVIII, ha tenido varias funciones: Originalmente sirvió como casa de retiro para su constructor, un minero de Taxco; luego fue jardín botánico (donde, por cierto, se plantaron los primeros árboles de mango en México); posteriormente, se utilizó como posta de diligencias, hasta alcanzar su máximo glamur cuando el emperador Maximiliano y su esposa, Carlota, lo tomaron como residencia de descanso. Después, sufrió una decadencia al convertirse en oficina pública y, más tarde, en centro nocturno. Hoy en día es centro cultural y museo perteneciente al Instituto de Cultura de Morelos.

Notas:

  1. Esta leyenda recreada por Homero Adame en su libro Mitos y leyendas de todo México, publicado por la Editorial Trillas en 2010. El libro, que contiene 64 leyendas mexicanas (dos por cada estado de la república) se puede conseguir a través de la Tienda en línea siguiendo este enlace: Trillas: “Mitos y leyendas de todo México” .
  2. La imagen del Jardín Borda fue tomada del sitio de Internet MXCity Guía Insider. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Leyendas de Baja California Sur: Un brujo y el viento

UN BRUJO QUE INVOCA A LOS ESPÍRITUS DEL VIENTO

Leyenda de Mulegé, Baja California Sur

 

Tengo un chaval que le gusta harto el rollo ese de la aventura, del turismo de aventura. Ahora en Semana Santa se fue con sus camaradas allá a Baja California y se llevaron sus bicicletas de montaña. Allá se estuvieron todas las vacaciones y me cuenta que se quedan a dormir allí donde les da la noche y por eso siempre cargan con sus mochilas y llevan tienda de campaña. Cuando regresó nos estuvo platicando de las aventuras de ellos y pues ya esas pláticas que nos platica son comunes porque han andado ellos en muchas partes y más o menos nos platica luego de dónde anduvieron y los lugares que recorrieron y cosas de esas. Pero nos platicó algo que se me hizo como muy interesante de allá de Baja California porque dice que andaban en la sierra de San Francisco y ya se les estaba haciendo de noche y a un señor le preguntaron cómo llegar a alguna parte porque parece que allá hay poca agua y siempre ellos procuran acampar cerca de donde haya agua, un río, un arroyo, y el señor les dijo que estaban cerca de unos charcos o algo así. Y también les dijo que si querían ir a conocer una cueva con pinturas de la prehistoria que los podía llevar pero hasta la mañana siguiente. Los muchachos dijeron que sí y así quedaron –cuenta el Sr. Ángel Mario Macías, un comerciante de la Ciudad de México.

En la mañana temprano llegó el señor éste en una mula y todos se fueron rumbo esa cueva; los muchachos en bicicleta y el señor en su mula. Me dijo mi chaval que está retirado, pero que les gustó mucho porque en las paredes de las cuevas hay hartas pinturas que dejaron los indios.

[…] No, no sé cuáles indios hayan sido; eso no me lo dijo él. El asunto estuvo en que luego el guía que llevaban ahí les estuvo explicando eso de las pinturas y también les contó que por ahí cerca vive un indio que sabe muchas cosas, algo así como un brujo o un curandero y a los muchachos les dio curiosidad pero ya no fueron. Según nos platicó que según esto ese chamán o lo que sea cura con el viento, con el aire, y cura así porque es la manera cómo curan los curanderos de esa tribu –pienso yo–. Según esto, cuando llega gente a buscar a ese indio para que les ayude, él lleva a uno a una peña y lo sienta ahí en la tarde, en pelotas completito, y espera hasta que el viento empiece a soplar y es cuando el brujo comienza hacer sus cosas. El guía les explicó a mi chaval y a sus camaradas que ese brujo canta, que echa humazos y que ahí tiene a la persona así sin ropa aunque haga frío y habla con los espíritus del viento y los espíritus del viento le quitan el mal a la persona.

Se me hizo harto interesante esto que le estoy contando y quién sabe si sea cierto porque, usted sabe, uno por acá ha oído hablar de curanderas, así de brujas y de naguales, y también las ha procurado para alguna barrida, un mal de ojo, un mal de aire y cosas de esas que la ciencia no puede explicar, pero yo nunca había oído de nadie que hable con los espíritus del viento y se me hizo interesante de a tiro.

Aunque el narrador no precisa el grupo étnico al cual pertenece el curandero, es posible que se trate del cochimí, una etnia en vías de extinción por su escaso número de parlantes. Debido a ciertas tradiciones y creencias se estima que los cochimí tienen relación sanguínea o cultural con los pomo, un grupo étnico que habita en el centronorte de California, en los Estados Unidos.

 

Nota: las imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan de agradecimiento y crédito a sus autores: Camping en BCS y Baja Paradise ciclismo.

Celebraciones del 2 de febrero en el mundo y en México

FESTIVIDADES AGRÍCOLAS ALREDEDOR DEL 2 DE FEBRERO

 

Existen en el mundo diversas celebraciones relacionadas con el inicio de los ciclos agrícolas. Una de las más antiguas que se tenga referencia es el Tu Bishvat Tu Bi’shevat, una fiesta menor dentro del calendario hebreo que se celebra el día 15 del mes de Shevat y puede caer a finales de enero o principios de febrero. Tal celebración se le conoce como de los árboles o de las semillas. En los Estados Unidos y Canadá hay un festival de origen holandés que se celebra el 2 de febrero y se le llama Groundhog Day. De acuerdo con la tradición, el groundhog (una especie de topo o marmota) sale de su madriguera en esta fecha, luego de haber invernado por varios meses. Se dice que si el animalito ve su sombra, entonces habrá seis semanas más de mucho frío, así que regresa a su madriguera para seguir invernando. Por el contrario, si no ve su sombra –porque el día está nublado– entonces interpreta que ya viene la primavera y ya no vuelve a la madriguera. Esta costumbre, observada por mucha gente en este día, viene de otras similares y más antiguas en Inglaterra, en la cuales los osos hacían el mismo ritual y, por curioso que parezca, eran días también asociados con los inicios del ciclo agrícola y, consecuentemente, en las tradiciones de la Candelaria.

 

DÍA DE LA CANDELARIA

El día de la Candelaria es una celebración católica que se lleva a cabo el 2 de febrero. Este festival conmemora la ocasión cuando la Virgen María, observando estrictamente las leyes religiosas judías, fue al templo en Jerusalén para ser purificada; esto, cuarenta días después del nacimiento de su hijo, a quien llevó para su presentación en el mismo templo.

La referencia documentada más antigua de este festival se remonta al siglo IV en Jerusalén, y se le conoce como Peregrinatio Etheria. Hacia finales de ese mismo siglo, la Epifanía aún era considerada como la fecha del nacimiento de Jesucristo; por lo tanto, era lógico que este festival se celebrara 40 días más tarde. (Texto de Homero Adame.)

El festival de la Candelaria pronto se extendió a otras poblaciones de Medio Oriente. Años más tarde, en 542, el emperador romano Justiniano I decidió cambiarlo al 2 de febrero (40 días después de Navidad).

Prender velas se convirtió en parte de las ceremonias en el siglo V y de ahí se deriva esta costumbre de encender velas en esta fecha. (En inglés se llama Candlemas, y viene de dos palabras “Candle”, vela y “mass”, misa.)

Fue el Papa Sergius I (687-701) quien instituyó el festival en Roma. Mientras que en Europa Oriental sigue siendo una celebración dedicada a Jesucristo, en Europa Occidental está ahora dedicada a la Virgen María. Sin embargo, para la iglesia anglicana este día es simplemente conocido como “La presentación de Jesús en el templo”.

 

EL DÍA DE LA CANDELARIA EN MÉXICO

Esta fecha es muy popular en nuestro país, aunque acá es un festival dedicado a la Virgen de la Candelaria (otra manifestación o representación de la Virgen María). Entre otras actividades de índole religioso, es el día cuando muchos mexicanos todavía observan la antigua tradición de “levantar al niño dios”. También es el día para llevar velas a bendecir a la iglesia; las velas benditas tienen diferentes usos a lo largo del año, por ejemplo, para encenderlas cuando hay una tempestad, o bien, para ayudar a bien morir a quien se está marchando de este mundo.

Otra tradición muy común para este día en las comunidades rurales mexicanas es la de ir a las iglesias para bendecir las semillas, pues con esto se asegura una buena cosecha. Podría pensarse que dicha costumbre tiene un origen cristiano debido al contexto que se le da en la actualidad, pero no es así del todo; más bien se trata de un sincretismo ya que desde la antigüedad había en las culturas agrícolas fechas especiales para ofrecer semillas a las deidades y, de tal modo, asegurar un buen año de cosechas. Como variante a esta tradición agrícola encontramos que mucha gente en vez de llevar semillas a bendecir dejan ofrendas en las iglesias consistentes en frutas y vegetales con el propósito de tener comida todo el año. (Artículo de Homero Adame.)

Ahora bien, en México existen otras tradiciones que se llevan a cabo el mismo día. Como ejemplos podemos mencionar que el hecho de merendar tamales* no es un simple capricho gastronómico, dado que la costumbre se remonta al mundo prehispánico, donde el tamal se también se utilizaba en las ofrendas a los dioses del panteón azteca y el 2 de febrero correspondía al inicio del primer día del primer mes del calendario mexica, Llamado Atlahualo.

En Coatetelco, Morelos, se pone una ofrenda de diferentes alimentos como pipián y tamales de ceniza, llamados tlaconextamalli. Una vez bendecidos, se reparten entre los asistentes, mientras que una parte de esta ofrenda es llevada a un cerro cercano, donde la depositan en una cueva para pedir las lluvias.

El mismo día llevan la imagen de la Virgen de la Candelaria, en procesión, al poblado de Tetecala, donde es esperada con música, cohetes y danzas. 

En Foto de Homero AdameAhualulco, San Luis Potosí el 2 de febrero se celebra la fiesta patronal con danzas, procesiones y entradas de cera, además de la feria regional. En esa cabecera municipal tienen la tradición de hacer “carros” de cera, o trabajos artesanales de cera labrada para llevarlo como ofrenda a la virgen en su día.

* Como dato adicional tenemos que en muchas fiestas mexicanas se comen tamales en diversas presentaciones. Por ejemplo, los de semilla de huazontle son especiales para Semana Santa y los de anís se ofrendan el Día de Muertos. (Texto encontrado en un blog de Homero Adame.)

Nota: Algunas imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan de crédito a sus creadores:

Tu Bisvhat

Groundhog Day

Peregrinación de la Candelaria

Bendición maya del maíz

Tamales en Candelaria

 

Si deseas leer más leyendas de santos y vírgenes sigue este enlace: leyendas cristianas

Mitos y leyendas del Noreste de México: Pedro José

EL INDIO PEDRO JOSÉ

Leyenda escuchada en Arteaga, Coahuila

 

(Versión escuchada en Los Lirios, municipio de Arteaga, Coahuila)

Sí, cómo no, aquí en tod’esta sierra hay munchas cuevas y en los asegunes de las pláticas de la gente de más denantes qu’en esas cuevas tenía sus guaridas Pedro José Méndez. Fue muy bandido Pedro José y en munchas de las cuevas dicen que ai parece qu’escondió tesoros que se robaba porqu’él le pegaba muy duro a todo aquel lao de Nuevo León, desde Monterrey hasta más al sur por toda la sierra –m’imagino yo que hasta más allá de Tamaulipas– y también le pegaba duro acá’l lao de Saltío –explica el Sr. Rómulo Valdés.

¿Sí sabe que Pedro José era un indio de los últimos que hubo, vedá? […] Ándele, y dicen que le gustaba andar solo porqu’era muy desconfiao y no traiba compañeros cuando robaba. Yo croque (creo que) por eso nunca lo pescaron porque como andaba solo y conocía pero muy bien tod’esta sierra, muy sigiloso se les pelaba a los federales; en aquel tiempo contaba mi abuelo que a los federales les decían los pelones o si no también la cordada. Yo he andao muncho en la sierra de aquí hasta Rayones y sí conozco munchas cuevas; algunas tienen hasta figuritas pintadas de coloradito en las paderes y pos m’imagino yo que a la mejor Pedro José o alguien d’esas gentes de más denantes las haigan pintao. Pero ansina de tesoros, tesoros que Pedro José haiga enterrao la verdad no, a mí no me ha tocao.

Antes de chamaco nos íbanos a campear con los animales y nos quedábanos dos o tres días en la sierra y cuando nos daba la noche nos metíanos en alguna cuevita si acaso encontrábanos una. Pero la verdad es que ya conocíanos nuestras andadas y más o menos sabíanos en dónde mero quedarnos la noche. Y nunca nos asustaron, nunca nos tocó ver llamaradas ni oír ruidos de cadenas que según los asegunes se oyen cuando hay relaciones; tampoco vimos ánimas en pena ni nada d’eso porque yo siempr’he dicho que los muertos, muertos están y los que asustan son los vivos, ¿eh?

Mi abuelo platicaba que una vez Pedro José robó el tren que venía de México y croque lo descarriló un poco antes de llegar Saltío y cargó con lo que pudo y se vino aquí a la sierra luego lueguito. Y que los de la cordada se le vienen detrás, pero Pedro José ya les traiba ventaja y también conocía mejor la sierra, sí, la conocía mejor. Y parece que pasó aquí por Los Lirios y se metió más pa’ dentro, y los federales detrás, ai venían detrás. Luego parece que los federales se dividieron en dos grupos y unos se adelantaron por este lao y otros detrás de la huella qu’iba dejando Pedro José con su penco retinto –dicen qu’era retinto el penco–, pero el muy méndigo parece que aventó los costales que se había robao; ansina los aventó en una cañadita y luego le siguió más adelante y se apeó del penco que lo mandó que siguiera solo más adentro, en la sierra –es qu’el penco sabía andar solo bien todos los rumbos– y Pedro José reculó haci’acá pa’ los rumbos de Arteaga. Se vino a pie y parece que lo vieron pasar unas gentes porque más o menos lo conocían, pero no sabían que los de la cordana [sic] andaban detrás d’él, y ansina mero se les perdió el méndigo de Pedro José y no lo alcanzaron porque al día siguiente –habrá sido al día siguiente– que pasaron por ai los federales y le preguntaron a la gente si no lo habían visto pasar en su penco y le dijeron qu’en el penco no, pero que lo habían visto pasar a pie y fue cuando los federales se dieron cuenta que ya se les había pelao. (Leyenda en un blog de Homero Adame.)

Ansina hay munchas historias que todavía cuentan de Pedro José que fue muy ladino, muy bandido y muy méndigo como pocos. Y ai le digo, hay munchas cuevas que ai luego dicen qu’eran su casa y sí he sabido de gente que viene buscando las relaciones y ai andan en la sierra y se meten a las cuevas con aparatos que traen del Otro Lao –dicen que pillan esos aparatos cuando hallan metal–, pero no croque haigan encontrao dinero y si alguien encontró pos ya cargó con él, ¿no?

 

¿Quién fue Pedro José?

Pedro José es un mítico personaje de quien se habla en muchas leyendas en la Sierra Madre de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. Se dice que fue un caudillo y ladrón de fines del siglo XIX, que guardó infinidad de tesoros en cuevas de la sierra. De acuerdo con algunas crónicas, él quizá fue el último indígena nativo de Nuevo León.

Cabe señalar, sin embargo, que hay quienes, erróneamente, creen que su apellido era Méndez. Es probable que esta confusión se genere por una yuxtaposición de elementos reales y ficticios con el nombre de Pedro José Méndez Ortiz (1836-1866), un destacado militar tamaulipeco, oriundo de San Agustín, municipio de Hidalgo, quien llegó a ser General en las fuerzas juaristas.

 

Nota: la imagen fue tomada del sitio de Internet de Pueblos de América y Panoramio. Que el enlace sirva de crédito a su autor.

Mitos y leyendas de Tamaulipas: Misterios en la Loma del Muerto

MISTERIOS EN LA LOMA DEL MUERTO

Leyenda de Ciudad Victoria, Tamaulipas

En ocasiones una leyenda surge de un suceso, de un hallazgo o de algo sin explicación y conforme se va contando sufre modificaciones que en sí la enriquecen. Un buen ejemplo es la Loma del Muerto, en Ciudad Victoria, donde en la cima se levanta el Santuario de Guadalupe que tiene su propia historia por haber sido motivo de envidias, desagravios y ex comunión del primer obispo que tuvo la ciudad, Eduardo Sánchez Camacho. En ese mismo sector de la capital tamaulipeca se ubica una colonia que hasta hace algunas décadas fue de las mejores de la ciudad.

Cuentan que en esa loma encontraron a un muerto cuando todavía estaba despoblada y ni siquiera existía el santuario. Nunca se supo si murió por causa natural, por accidente o por crimen, pero el hecho fue noticia en la localidad y desde entonces a esa loma se le conoce como la del Muerto.

Desde aquel hallazgo hasta la fecha, hay gente que afirma que por ahí asustan, que se aparece un muerto, que se oyen ruidos extraños, que en ciertas noches el ambiente apesta a cadáver, por lo que para muchos en esa loma hay misterios inexplicables. Tales misterios también han servido para justificar el hecho de que aquella colonia, antes rica y opulenta, se haya venido a menos. Muchos de los vecinos que ahí habitaban decían que en sus casas se oían voces, que se movían las cosas solas y por eso un buen número de ellos terminó por mudarse a otra parte, aunque también hay quienes consideran que todos aquellos que se fueron a vivir a otro sector de la ciudad fue porque prefirieron una colonia más moderna y segura. Sea lo que sea, lo cierto es que quedan por ahí casonas medio abandonadas, rincones donde se juntan los malvivientes y los viciosos, áreas bien cuidadas para acceder al santuario, mientras la leyenda del muerto sigue contándose de generación en generación.

Notas:

  1. Una versión editada de esta leyenda fue publicada por Editorial Trillas en el libro de Homero Adame Mitos y leyendas de todo México (2012). Dicho libro se puede adquirir en librerías o pedir directamente a la tienda en línea de la Editorial siguiendo este enlace: Misterios en la loma del Muerto.
  2. La imagen que acompaña esta leyenda fue tomada de Internet. Que el enlace sirva de agradecimiento y crédito a su autor: Postal del Santuario de Guadalupe en Ciudad Victoria, Tamps.

El festivo cementerio en Hoctún, Yucatán

UN CEMENTERIO FESTIVO

Hoctún, Yucatán

 

Como es bien sabido por todos, estas fechas de noviembre antiguamente eran días de guardar, y en la actualidad son fechas de festividad. Todos los panteones del país se inundan de color, algarabía y vida para celebrar a la muerte. Son pocos los días que este abigarramiento perdura en dichos camposantos, una semana a lo mucho; el resto del año permanecen como sitios lúgubres y silenciosos que sólo ven interrumpida su tranquilidad cuando un cortejo fúnebre trae, a paso lastimero, a un nuevo morador.

De este clásico esquema para los panteones de México, quizás existan aisladas excepciones, donde el movimiento y ajetreo es más constante, no por la frecuente llegada de nuevos inquilinos, sino por otro tipo de causas. Como mejor ejemplo tenemos el cementerio de Hoctún, el cual luce una eterna festividad. (Artículo de Homero Adame.)

Hoctún es un pequeño poblado que se encuentra entre Mérida y Chichén Itzá, justo en donde la carretera se desvía hacia la pintoresca Izamal. Es casi un pueblo de carretera, es decir, que se mantiene vivo gracias al tráfico pertinaz, el cual, en cierta medida, aporta algo a la economía local.

No obstante, Hoctún posee un atractivo sin comparación en todo el territorio nacional e, incluso, en el mundo entero. Una tradición única, que bien vale la pena conocer.

Cuando en cualquier fecha del año vamos manejando esa carretera –rumbo a las pirámides o a Izamal– al lado derecho del camino percibimos el pequeño cementerio de Hoctún.

Si nos detenemos por curiosidad, la primera sorpresa será encontrar a unos músicos, con tambora y trombón, esperando al cliente ocasional para deleitarlo y entretenerlo con sus desafinadas melodías. La segunda sorpresa será la presencia de cuatro o cinco ancianos que, sentados en sillas o hasta mecedoras bajo alguna sombra de las criptas, esperan recibir una limosna.

En este momento inevitablemente surge la pregunta: ¿por qué esta gente se encuentra ahí? La evidente respuesta es porque se trata de un lugar turístico. ¿Cuál es su atractivo? Su atractivo es la tercera sorpresa, que le da ese toque original y extraordinario.

Aunque este cementerio es relativamente pequeño (la población de Hoctún no rebasa los mil habitantes), la mayoría de sus tumbas –ahí llamadas mausoleos– están decoradas de una manera por demás singular. Así podemos apreciar construcciones en miniatura tan disímbolas y extraordinarias como pirámides tipo el Castillo de Chichén Itzá, jacales estilo caribeño, torres de iglesias, imágenes de la virgen de Guadalupe, una mal hecha torre Latinoamericana y hasta un Partenón griego, entre otros.

Ahora bien, ¿por qué esos motivos? Bueno, según la costumbre muy local (acaso sin par en el mundo entero), la tumba o mausoleo llevará representado el último lugar que el difunto visitó en vida. Es por ello que en ese panteón se observan pirámides, iglesias, jacales, edificios de la Ciudad de México, etc. Ah, y el Partenón griego es de un lugareño que falleció en Grecia.

Esta incomparable tradición hace, por consiguiente, que el cementerio de Hoctún sea muy concurrido por infinidad de turistas extranjeros y no pocos mexicanos. Cualquier día del año es festivo para dicho lugar. En lo personal no sé cómo se pone el ambiente durante un Día de Muertos, pero puedo imaginarme que la romería se incrementa por mucho.

Así que ya sabes, si un día andas de visita por tierras yucatecas, no olvides detenerte en ese poblado para conocer una de las costumbres funerarias más curiosas de nuestro México folclórico.

 

Notas:

  1. Este texto de Homero Adame fue publicado originalmente en la revista México desconocido en 2003.
  2. Las imágenes que acompañan el texto fueron tomadas de Internet. Que el enlace sirva de crédito a sus autores: Mary J. Andrade Photography y Torre con Partenón al fondo 

Mensajeros de la Muerte: el aullido de los perros

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Portada de animales - de Homero Adame (2)

Esta leyenda sobre los perros que aúllan para anunciar una muerte, esuchada en Rioverde, SLP es sólo un ejemplo de las muchas que se cuentan por doquier. Si te interesan más leyendas de este tipo, de animales que son mensajeros de la Muerte, puedes leer el libro Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano, de Homero Adame, publicado por la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí en 2015, bajo el cuidado y edición de David Ortiz Celestino, diseño de Beatriz Gaytán.

Miguel Hidalgo en Salinas, SLP

ruta-hidalgo-salinas-1La Ruta de Hidalgo - libro de Homero Adame 2010

Esta información y mucha más de oralidad sobre el paso de Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros héroes de la Independencia a principios de 1811 por tierras de San Luis Potosí (del Altiplano potosino) fue publicada en el libro La ruta menos conocida de Miguel Hidalgo, de Homero Adame, SLP 2010.

En esta muestra del libro se aborda una breve reseña histórica de la ciudad de Salinas de Hidalgo y también se da un ejemplo de la tradición oral en esa población del Altiplano sur.

Leyendas del estado de Guerrero: El Cerrito Rico

EL CERRITO RICO

Leyenda de Chilpancingo, Guerrero

 

Hace varios años anduve trabajando para INEGI en el estado de Guerrero porque allá nos asignaron –dice el Ing. Jerónimo Huerta–. Estuve más o menos un año y medio y más que nada anduvimos en la región de Chilpancingo. Los compañeros de allá platicaban cosas cuando nos juntábamos a echarnos unas cervezas. Una vez hasta fuimos a buscar un tesoro en el Cerrito Rico, pero no encontramos nada. Leyenda en blog de Homero Adame.

A ese Cerrito Rico así le llaman porque supuestamente hay algo escondido, pero no se ha sabido de nadie que haya encontrado algo valioso. De lejos parece una pirámide y entiendo que los arqueólogos han sacado objetos de valor para la historia, monitos y vasijas de barro que luego mandan a los museos, pero de oro y joyas, nada.

También nos platicaron que en ese cerro de repente veían bolas de fuego que cruzaban el cielo y caían al cerro. Parece que una vez mucha gente fue a ver la bola de fuego, pero que resultó que era una bruja de color azul. Tú sabes, en las leyendas todo se vale y la gente le pega lo que quiera.

Cuando fuimos a buscar el tesoro nos quedamos ahí en el cerrito acampando. Escarbamos hasta que nos aburrimos y mejor le entramos a las cervezas. Andaban con nosotros dos trabajadores que nos platicaron de un misterio que supuestamente ha sucedido muchas veces en el cerrito. Dijeron que el mero 24 de junio, a la media noche, se abre una cueva, pero como es el día de San Juan, si uno quiere entrar tiene que echarse agua en la cabeza y en los pies. Entonces que uno entra y ve que adentro hay un pueblo encantado, que hay mucha gente bailando, cantando, comiendo, divirtiéndose como enanos; hasta hay coheteros y juegos mecánicos y que todo es ¡gratis! Luego si uno camina más adentro y entra a los palacios encuentra joyas y barras de oro. Pero el problema está en que si uno come cualquier cosa, o toma una bebida, o cae en la calentura con una mujer, uno entonces se queda atrapado para siempre y nunca más volverá a salir de ahí. Pero si uno no cae en las tentaciones puede tomar joyas o dinero, echarlas en un morral y salirse. Pero no debe tocar el dinero ni las joyas así a mano pelona, sino que tiene que lavarse las manos con agua antes. Leyenda recopilada y publicada por Homero Adame.

Supuestamente se sabe esto porque les pasó a tres amigos que cuando se les abrió la cueva se metieron muy emocionados. Como ya sabían la historia llevaban agua para lavarse las manos y llenaron sus morrales de esmeraldas, y collares y dinero. Ya iban saliendo cuando se les acercaron tres mujeres de lo más hermosas que uno se pueda imaginar y no resistieron la tentación los tres amigos. Pero uno de ellos se dio cuenta que sus amigos se estaban convirtiendo en gente de ahí y soltó su morral y salió corriendo. Según esto, el tipo salió y vivió para contarlo, pero que quedó medio loco y por eso la gente no le creía muy bien que haya sido cierto.

No, esa noche que nos platicaron eso nos dio entre curiosidad y un poco de miedo. Me acuerdo que era un sábado de junio y en unas dos semanas más iba a ser el día de San Juan; entonces todos dijimos que sí íbamos para ver si se nos abría la cueva y sacar tesoros. Nadie fue, todos pusimos excusas para no juntarnos ese día para ir al Cerrito Rico. Yo sí le saqué y no lo niego.

Libro de leyendas de Homero Adame

Notas:

1. Una versión editada de esta leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por Editorial Trillas, en 2010. El libro, con 64 leyendas mexicanas, se puede conseguir directamente de la tienda en línea de Editorial siguiendo este enlace: Mitos y leyendas de todo México, de Homero Adame.

 

2. La fotografía del Cerrito Rico fue tomada de http://disfrutandoletras.blogspot.mx/2011/12/6-leyendas-del-estado-de-guerrero.html, que el enlace sirva de agradecimiento a su autor.

Leyendas de Nuevo León – Un toro negro en el panteón

el-toro-negro-del-panteon-leyenda-de-homero-adame-1Esta leyenda del municipio de Montemorelos, NL fue publicada originalmente en el libro de Homero Adame, Mitos, cuentos y leyendas regionales, tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998.

La Matlazigua – leyenda oaxaqueña

Matlazihua 1

Esta Leyendas de todo México - Aparecidos y fantasmasleyenda fue publicada en el libro Leyendas de todo México – Aparecidos y fantasmas, de Homero Adame, por Editorial Trillas, 2016.

Este libro se puede adquirir en cualquier librería o directamente en las sucursales de Editorial Trillas, o bien, pedirse a través de la tienda en línea siguiendo este enlace:

Para más información sobre el libro y su contenido, sigue este enlace:

Los barcos de cristal – leyenda potosina

los-barcos-de-cristal-de-homero-adameEsta versión de la leyenda sobre el origen de las carabelas de cristal que existen en la capital potosina y fueron donados como ex-votos o retablos fue publicada en el libro Misterios, leyendas de San Luis Potosí, por graphSTYLE editores, 2014. La edición estuvo a cargo de Alejandro Castillo-Vela. En dicho libro, Homero Adame ofrece 35 leyendas potosinas en versiones hasta entonces inéditas.

Del paso de Miguel Hidalgo por Cedral, SLP

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Si tienes interés en la historia oral relacionada con la Independencia y el paso de Miguel Hidalgo por tierras potosinas, o si tienes interés en saber sobre la historia de Cedral, SLP puedes consultar el libroLa Ruta de Hidalgo - libro de Homero Adame 2010 La ruta menos conocida de Miguel Hidalgo, historia oral en el Altiplano potosino, de Homero Adame, publicado en 2010 como parte de los festejos del Bicentenario en San Luis Potosí y en México.

Para hacer un libro de oralidad de estas características, el investigador e incansable viajero hizo un exhaustivo trabajo de campo por toda la ruta que siguieron Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros supuestos héroes de la Independencia a lo largo de tierras ahora potosinas, del desértico Altiplano, en aquel entonces incluidas en la Intendencia de San Luis Potosí (supuestos héroes porque ellos no lucharon por la independencia, como sugiere la historia oficial, sino por otros ideales). En este ejemplo se habla sobre la historia relacionada con Cedral, donde Miguel Hidalgo y algunos de sus acompañantes pernoctaron una noche de febrero de 1811 antes de seguir su camino hacia Coahuila, vía la hacienda El Salado, el punto más septentrional que tocaron en San Luis Potosí.

Nota: la foto de la imagen de Miguel Hidalgo en un monumento fue tomada en la plaza de Portezuelos, municipio de Cerro de San Pedro, SLP, y forma parte del archivo fotográfico de Homero Adame.

La hacienda de Solís, SLP

LA HACIENDA DE SOLÍS

Dado que el fenómeno mediático de redes sociales hacia finales del año 2016 ha ligado mi nombre con el de Ruby (también escrito como Rubi o Rubí), la quinceañera más famosa de México y del mundo, originaria de La Joya, una comunidad aledaña a la hacienda de Solís en el municipio de Villa de Guadalupe, qué mejor oportunidad para dar a conocer algo más sobre dicha hacienda.

Ya conocen mi nombre porque éste es mi blog. Soy Homero Adame, pero no soy historiador de formación, como mencionan algunos periódicos y sitios de Internet, sino un aficionado de la historia, o mejor dicho, algo así como historiador de campo porque me gusta ir a donde pocos investigadores van, explorar, platicar con la gente y escuchar sus historias que luego, con su venia, publico en mis libros de oralidad.

Sobre la hacienda de Solís, donde va a llevarse a cabo la misa de 15 años de Ruby Ibarra, he publicado algo en dos de mis libros, el de La ruta menos conocida de Miguel Hidalgo – historia oral en el Altiplano Potosino (2010) y en el de Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyendas, Grandes latifundios virreinales. Tomo I. (2012).

Para los interesados en este tipo de historia o microhistoria, he aquí fragmentos de lo publicado sobre la hacienda de Solís en los libros citados:

hacienda-de-solis-blogs-1-parte-1hacienda-de-solis-blogs-1-parte-2

Si laguna-seca-charcas-slp-homero-adame-foto-de-pat-groundstienen interés en cualquiera de estos dos libros con historia e historias de la hacienda de Solís, pueden conseguirlos a través de la tienda en línea de la Librería Española, siguiendo estos enlaces: Haciendas del Altiplano y Ruta desconocida de Miguel Hidalgo. (Y dicho sea de paso, en ambos libros también se aborda información de la contigua hacienda de Laguna Seca, donde al parecer se celebrará la fiesta de XV años de Rubí.)

Las brujas de Albarcones y la Virgen de la Purísima Concepción

Las brujas de Albarcones

Portada de Haciendas del Altiplano, Tomo I - libro de Homero AdameEsta leyenda de las brujas de Albarcones, en el municipio de Doctor Arroyo, N.L. fue publicada en el libro Haciendas del Altiplano, historias y leyendas. Tomo I: Grandes latifundios virreinales, de Homero Adame, por Conaculta a través de la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. 2012.
Para saber más sobre el contenid0 del libro sigue este enlace:

Haciendas del Altiplano. Tomo I

 

El primer pino navideño en México

¿Sabes cuándo se colocó el primer árbol de Navidad en México?

¿Sabías que el pino navideñopresidente-mexicano-maximiliano-de-habsburgo, igual conocido como “árbol de Navidad”, no es una tradición de origen mexicano, como tampoco lo es el Nacimiento? ¿Cómo llegó a México? ¿Desde cuándo se arraigó en nuestra cultura? Por extraño que parezca –porque hay mucha gente que incluso siglo y medio después oblitera un pasaje de nuestra historia–, el pino navideño a tierras mexicanas gracias a un austriaco, a un archiduque de los Habsburgo que fue Emperador de México durante el breve Segundo Imperio.

El origen de los Nacimientos se puede rastrear fácilmente con Giovanni Bernardone (1182-1226), mejor conocido como San Francisco de Asís (puedes leer al respecto en este enlace: Los Nacimientos en México)Nacimiento de Demetrio Velázquez en Linares, NL - Foto de Homero Adame. Mientras que el origen de la tradición relacionada con el árbol de Navidad es más difícil de precisar, pero es también europeo, germánico. Se dice que los antiguos germanos –tal vez visigodos u ostrogodos–, durante el solsticio de invierno (21 de diciembre) hacían rituales relacionados con la renovación de la vida con el propósito de pedir a las deidades el retoño de las plantas y la victoria de la luz sobre las tinieblas, para ello adornaban árboles de pino o abeto con objetos brillantes y velas encendidas, y danzaban alrededor de tales árboles. Otra interpretación afirma que los antiguos germanos solían colocar velas y pan en los árboles durante las noches de invierno para que los viajeros o peregrinos pudieran seguir su camino y alimentarse.

Aún más, royal-christmastreeuna leyenda alemana cuenta que San Bonifacio (obispo y mártir inglés 680–754) llegó como misionero evangelizador a territorios que hoy pertenecen a Alemania. Para demostrar la superioridad de su fe, en el pueblo de Geismar cortó de raíz un encino que era sagrado para los lugareños, pues a sus pies los habitantes solían depositar ofrendas y hacer sacrificios paganos cada año. Los nativos, indignados por tal atrevimiento, quisieron linchar al misionero, pero San Bonifacio no sólo logró calmarlos con su elocuencia, sino que los convenció de la llegada del hijo de Dios para salvar a los fieles y de que cuán necesario era desterrar a otras deidades no cristianas. La horda de paganos, creyendo un poco en sus palabras, lo ayudó a plantar un pino en el mismo lugar donde había estado el encino sagrado. San Bonifacio quedó muy complacido con la afabilidad de los lugareños, y jamás se dio cuenta de que, muy en el fondo, esa gente dedicó el pino recién plantado al divino Yggdrasi, el gran árbol que era en sí una de sus principales deidades paganas.

Tradición navideña

El árbol de Navidad doctor-martin-luther-and-family-in-wittenberg-at-christmas-1536como parte de las tradiciones navideñas se arraigó en Alemania y en otros países aledaños, como Austria y la parte alemana de Suiza. En el siglo XVIII llegó a los Estados Unidos, años antes de llegar a otros países europeos, como Francia, Dinamarca o Suecia. En Inglaterra se colocó el primer pino navideño en 1840, en el castillo de Windsor, gracias al príncipe Alberto, consorte de la reina Victoria. El príncipe Alberto era originario de Alemania. El ejemplo fue adoptado rápidamente por la aristocracia británica y luego por el pueblo, y en pocos años se extendió a todas las colonias del Reino Unido.

Primer árbol de Navidad en México

Para las fiestas navideñas de 1864, el Palacio Imperial de Chapultepec, remodelado al gusto de Maximiliano I de México y su esposa Carlota, presentó algo extraordinario, algo que los mexicanos no habían visto jamás: un gran pino colocado al centro de uno de los salones del palacio, y el pino decorado con listones, velas, frutas y regalos a sus pies.

Los aristócratas mexicanos que tuvieron oportunidad de ver ese árbol navideño de inmediato adoptaron la idea y colocaron en sus casas y mansiones uno similar. Así empezó esta costumbre europea, desconocida en el país, traída a México por veracruz-1864-llegada-maximiliano-memoriapoliticamexico-org-2-aguapasadaMaximiliano de Habsburgo y Carlota de Bélgica.

Bien sabemos que el Segundo Imperio Mexicano fue corto. A partir del fusilamiento en el cerro de las Campanas en Querétaro, en 1867, de inmediato el gobierno de México trató de erradicar algunas costumbres europeas traídas por el Emperador y su corte, y es así como el uso del árbol de Navidad empezó a caer en desuso y se recuperó la tradición del nacimiento, más arraigada desde la época virreinal.

Sin embargo, en 1878 reapareció públicamente un árbol de Navidad ornamentado para las fiestas. Éste fue obra de Miguel Negrete –rival político de Porfirio Díaz–, quien lo adornó de manera tan espectacular que fue mencionado en varios periódicos y visitado por muchísima gente.

Así, más de 150 años después de que el Castillo de Chapultepec se viera engalanado con el primer árbol de Navidad, hoy en día los hogares mexicanos se decoran con pinos o con nacimientos, según la preferencia familiar, aunque también es común que en muchas casas o comercios coloquen pinos y nacimientos para celebrar el natalicio de Jesús.

Nota: las imágenes fueron tomadas de diversos sitios de Internet. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a cada una de ellas.

Foto de Maximiliano I de México: Presidentes.mx.
Foto de Nacimiento: Blog de Homero Adame.
Foto de familia alrededor de un pino de Navidad: The History of Christmas Trees.
Foto de pino navideño en mesa: “The Minnigerode” and the Christmas Tree.
Foto de  Maximiliano I y Carlota llegando a México: Fotogalería de El Excelsior.

Costumbres funerarias en México

costumbres-funerarias-de-homero-adame-1Esta información sobre algunas tradiciones funerarias en México fue publicada en Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León, Editorial Font, 2005.

Homero Adame, en este libro, usa un tono más académico y aporta conocimientos de antropología y etnología del folclore no sólo del estado de Nuevo León o de la región Noreste de México, sino del país y de otras culturas que ha tenido la oportunidad y el gusto de observar a detalle. Por ejemplo, como continuación a las costumbres prehispánicas, el también investigador y fotógrafo menciona muchas otras costumbres fúnebres de origen ibérico, mediterráneo, judeo-sefardí y de Oriente Medio que, de cierto modo, se arraigaron en la  cotidianeidad de los mexicanos, de los norestenses.

De cómo se enteraron en provincia que México había logrado su independencia

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Este relato ficticio sobre la consumación de la Independencia de México fue ideado como tarea escolar y desarrollado por Milán Arvayo Adame, Homero Adame y Jorge Adame M. en septiembre de 2013.

(Tenemos la sospecha de que la tarea fue reprobada…)

Paso de Miguel Hidalgo por El Salado, SLP

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Esta La Ruta de Hidalgo - libro de Homero Adame 2010información sobre El Salado, SLP y mucha más de oralidad que incluye la ex hacienda El Salado, la Estación El Salado y Miguel Hidalgo, además de los apaches o comanches,  fue publicada en el libro La ruta menos conocida de Miguel Hidalgo, de Homero Adame, SLP 2010. Para hacer un libro de oralidad de estas características, el autor hizo un exhaustivo trabajo de campo por toda la ruta que siguieron Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros próceres de la Independencia a lo largo de tierras ahora potosinas, del desértico Altiplano, en aquel entonces conocidas como Intendencia de San Luis Potosí. En este ejemplo se habla sobre la historia relacionada con El Salado, una gran hacienda que existió en el norte de San Luis Potosí y de territorio tan extenso que abarcaba tierras ahora de Coahuila, Nuevo León y Zacatecas.

Portada de Haciendas del Altiplano, Tomo I - libro de Homero Adame

Si te interesa conocer más sobre la ex hacienda de El Salado, te recomendamos el libro Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyenda(s). Tomo I. Grandes latifundios virreinales. (Sigue el enlace rojo subrayado para ver más sobre ese libro.)

Los ahorcados de la casa maldita – Leyenda de Juitepec, Morelos

Casa maldita en Morelos 1 - leyenda de Homero Adame

Para saber algo sobre Juitipec, Morelos

Jiutepec (del náhuatl Xiuhtepec o Xiuhtepetl: “En el cerro de las piedras preciosas”) estaba habitada por familias nahuas cuando llegaron los españoles. Terminada la conquista, estas tierras fueron dadas como merced a Hernán Cortés, quien las anexó a su marquesado del Valle de Oaxaca. Siglos más tarde se fundaron varias haciendas en esta región. En 1852, el pueblo de Jiutepec perdió parte de su territorio que fue integrado a la hacienda de Atlacomulco. Debido al descontento, los habitantes lucharon ferozmente contra los hacendados durante la Revolución Mexicana. Con la Reforma Agraria se reconfiguraron muchos municipios del estado, y el 10 de mayo de 1930 se fundó el municipio de Jiutepec, teniendo a esta población como su cabecera.

Si te interesa este libro y quieres saber más de su contenido, sigue este enlace: Leyendas de todo México, aparecidos y fantasmas, de Homero Adame.

Creencias mexicanas: la culebra de lluvia

LA CULEBRA EN EL CIELO

Creencias mexicanas

 

Estaba l’otro día ai entr’el maizal, viendo las mazorquitas, cuando se vino un aigre feo. Hasta el sombrero me lo aventó lejos. No, pos esos vientos frescos son señal de agua. Desde temprano me fijé en el cielo y la nube venía de allá [del poniente]. Pero yo no hice caso y quería ver los maicitos. Es que aquí nosotros decemos: “si se nubla p’ond’el sol sale, unce tu yunta y dale. Pero si se nubla p’ond’el sol se mete, desunce tu yunta y vete”. Cosas de uno, ¿vedá?

Corrí por el sombrero y voltié p’al cielo. Y mire que ai estaba el Insolita tromba culebra azota San Cristobalculebrón. Una serpiente gris, grandota. Serpiente de lluvia. Será de puras nubes. Pero uno la ve clarito. Yo la vide clarito esa tarde.

Esa culebra en el cielo no se mira muy seguido. No vaya a creer que sale cada vez que llueve. No. Sale de vez en cuando, y por algo ha de ser, aunque yo no l’intelijo mucho a los fenómenos. (Relato encontrado en un blog de Homero Adame.)

Pero yo sé de gente que dice que cuando se deja ver esa culebra en el cielo, se va venir una temporada buena de lluvias. Que va ser un año llovedor. Y ha de ser cierto porque, como usté ve, ha estado lloviendo casi todas las tardes.

 

El motivo de la serpiente que vuela tiene sus fundamentos en el mitológico Quetzalcóatl o Kukulcán que sigue presente en el pensamiento del mexicano. Dicho motivo, el de la serpiente emplumada, se repite en el folclore de casi todos los pueblos de América con diversos nombres y variantes y siempre es una deidad del viento.

        En los pueblos del noreste al parecer no persiste ningún relato que hable directamente de esta deidad, sin embargo es común encontrar historias que hablan de una gran serpiente o culebra que surge en el cielo anunciando lluvias y causando destrozos cuando cae en tierra. De cierto modo podemos pensar que dicha culebra es una reminiscencia de la mitológica serpiente emplumada, aunque aquí se le vea como una deidad de agua y no de viento.

Nota: la foto fue tomada del sitio de internet del periódico tabasqueño El Heroico. Que el enlace sirva de agradecimiento.

Mitos y leyendas tabasqueñas: Los yumká

LOS YUMKÁ

Leyenda de Frontera, Tabasco

Yo digo que hay dos tipos de historias, las que contamos nosotros y las que cuentan los mayas –anticipa el Sr. Maximino Álvarez–. 686534-1344x840-[DesktopNexus.com]Nosotros sabemos historias de piratas, y de tesoros y de aparecidos, pero los mayas saben de espíritus, de la Xtabay, de los duendes. Le digo esto porque cuando estábamos chicos trabajó en mi casa una mujer maya que era de una comunidad chiquita allá por Naranjos, creo. Ella nos contaba historias para que según esto nos portáramos bien, y sí nos asustábamos, pero ahora ya de grande me he dado cuenta de que ella no las inventaba, sino que más bien eran historias de su gente.

Me acuerdo muy bien de una historia de unos duendes que en la lengua de los mayas les dicen «los yumká». Decía doña Chelo –así se llamaba la mujer– que en todas las selvas de Tabasco vivían esos duendes, esos yumká, pero que casi nadie podía verlos, y que también vivían en los pantanos. Que yo me acuerde nunca nos dijo cómo eran esos duendes, pero en mi imaginación yo me los figuraba vestidos de verde, con zapatos rojos y sombrerito picudo, porque así se miraban en los cuentos de hadas, pero ahora sé que los dibujos de esos cuentos son de allá de Europa, entonces los yumká no pueden ser iguales, pero la verdad no sé cómo serán, si es que existen, ¿verdad?

Entonces doña Chelo spirit-of-the-rainforest-3decía que los yumká vivían en la selva y en los pantanos porque Dios los creó para que protegieran esos lugares, para que los protegieran de que la gente no fuera a destruirlos, ni a construir pueblos, ni hacer carreteras ni talar los árboles. Entonces que cuando alguien llegaba con las intenciones de hacer un daño a la selva –a la ecología decimos ahora–, los yumká se las ingeniaban para que la gente mejor se fuera a otros lados. (Leyenda de Homero Adame.)

No sé, ésas son historias y creencias de los mayas, pero algo de cierto puede haber porque, ya ve, hay muchos lugares despoblados completamente, donde es pura selva, puro pantano, y casi nadie se atreve a meterse. Y ahora ya hay hasta reservas protegidas por el gobierno, como ésta de los pantanos aquí al sur, y de seguro los mayas que todavía quedan habrán de decir que esa protección es obra de los yumká.

En la mitología de los mayas chontales, el yumká (también escrito como yumka’) es un personaje sobrenatural, tipo chaneque, cuya labor es cuidar la selva. El origen de su nombre se deriva de dos vocablos: yum, dueño, señor o protector, y ka, selva, tierra o lugar. Otras versiones afirman encuentran sus raíces en Yum Kaax, una antigua deidad maya del maíz. Las pocas referencias de él provienen de la tradición oral tabasqueña, pero dadas sus particularidades, nos remite al Cuahutepochtle[1] de la mitología nahua e incluso a los aluxes[2], también mayas. (Explicación de Homero Adame.)

        En este relato, escuchado en Frontera, se abordan las características más comunes asociadas con los yumká: protegen la selva, los pantanos y todo el hábitat natural. Algo interesante es que sólo se le puede ver de soslayo, lo que concuerda con historias de otras partes del mundo que hablan de duendes o seres sobrenaturales a los que, por lo general, es casi imposible verlos directamente o tener contacto con ellos.

[1] Véase: Cuahutepochtle, un duende singular, en el relato correspondiente a Tlamacas, municipio de Amecameca, Estado de México.

[2] Véase: Los aluxes, en el relato correspondiente a Valladolid, Yucatán.

Notas:

1. La primera imagen fue tomada de desktopnexus.com. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

2. La segunda imagen fue tomada del sitio de internet Eden project. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

Libro de Homero Adame3. Una versión similar de esta leyenda, aunque editada con un tono más literario, fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México. Editorial Trillas. México, D.F. 2010.

El libro se puede conseguir en muchas librerías del país, así como en todas las librerías de Trillas. Otro modo de adquirlo es a través de su tienda en línea siguiendo este enlace:

Mitos y leyendas de todo México en Editorial Trillas

 

Hacienda de Illescas, historia y leyenda

Illescas 1 - haciendas de Homero AdamePortada del libro de Homero Adame - Haciendas virreinales en el norte de México

Una versión más completa de esta reseña histórica sobre Illescas fue publicada en el libro Haciendas del Altiplano, historia(s) y leyenda(s). Tomo I. Grandes latifundios virreinales, de Homero Adame, por la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí y Conculta, 2012, con diseño de Susana Cerda.

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