Un blog de mitos, leyendas, costumbres y tradiciones de México

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Cañón del Chiflón, cascadas, prehistoria e historia en Saltillo

CAÑÓN DEL CHIFLÓN
Entre un paisaje de película
Texto y fotografías: Homero Adame
Es sabido por muchos que en las proximidades de Saltillo existen infinidad de vestigios de antiguas culturas que habitaron esta región del México septentrional. Tales vestigios son básicamente petroglifos, pinturas rupestres y puntas de flecha, que hablan de la vida nómada de los pobladores. Son muchas las teorías y conjeturas, como poca es la historia recabada sobre esas culturas; historia que en ocasiones se presta a la confusión ya que no existe una manera de fechar con exactitud el tiempo de que datan las remanencias. La historia de la región es más bien moderna, de la época de la conquista, y habla de los muchos grupos conocidos que poblaron las sierras,  los valles y, también, los desiertos del estado. Pero no hay seguridad que esas tribus hayan sido las que tuvieron la inquietud y se tomaron el tiempo y la dedicación de dejar pintadas o esculpidas en las rocas la expresión de su arte o idiosincrasia. Posiblemente esas pinturas y petroglifos ya estaban ahí cuando aquéllos llegaron. No lo sabemos con exactitud y quizás nunca lo sabremos.
Dentro de ese amplio marco de lugares que entre la escases de su vegetación y lo intrincado de sus sierras resguardan los petroglifos y pinturas, encontramos el Cañón del Chiflón, ubicado a 38 kilómetros de Saltillo rumbo a Torreón.
El Chiflón es muy conocido por los saltillenses por ser un lugar de paseo dominical, donde existe un río con una hermosa cascada, que da frescura a los calurosos días de verano. Lugar de agua limpia y fría que corre todo el año, aun en épocas de sequía. Pero son más las personas que llegan atraídas por la fama de la cascada que por las otras cosas que están ahí para ser vistas y admiradas, siendo por lo general el turista extranjero o el mexicano que viene de distantes puntos del país el que llega preguntando por las pinturas rupestres, para así enterarse que ahí existe una cascada de gran altura y monumental belleza.
A escasos 600 metros de la carretera está la ruinosa hacienda del Chiflón, otrora señorial de recios adobes y grandes piedras, donde vive una familia que cuida la casa grande y las 100 hectáreas de que la hacienda está compuesta. Ellos son gente humilde, acostumbrada al turismo y gustan de platicar, con mucho orgullo, lo que tienen a la vista, las historias que se cuentan y sobre los muchos visitantes importantes que han llegado por ahí en busca de aventura o lugares, digamos, desconocidos.
Sentado en una mecedora, don José Juan Valdez nos invita a tomar asiento y nos pregunta que qué nos trae por esos rumbos. Una vez que uno le explica el motivo de la visita, él dice que sí hay algunas pinturas, pero que es mejor ir a la cascada. Su esposa hace pocos comentarios y sus hijos pequeños, que todavía viven en el casco de la hacienda, miran al visitante con atención y curiosidad. Uno de ellos, Raymundo de 13 años, constantemente interrumpe la plática de su padre para afirmar o agregar los comentarios. El es el guía de turistas y está más que dispuesto a llevarnos a ver las pinturas y la cascada.
Don José poco sabe de la historia de la hacienda y menos de los más antiguos pobladores, pero con regocijo cuenta detalles de la película El alma grande del desierto, que se filmó en esos parajes, y cita otras películas cuyos títulos ha olvidado; todas ellas de indios y vaqueros. Asimismo cuenta descubrimientos y leyendas. Dice que a seis kilómetros, en el llamado Rincón Colorado, hace muchos años encontraron huesos de dinosaurios, pero que los lugareños no permitieron que se los llevaran a la Ciudad de México, pues querían que permanecieran ahí y se construyera un pequeño museo, para así poder contar con una atracción turística; los huesos no fueron removidos del lugar y el museo todavía sigue en proyecto.
Como buena hacienda con leyendas, don José se divierte narrando episodios de gente que ha llegado en busca de tesoros, pero que nada han encontrado, y niega que se escuchen ruidos o se vean apariciones; sin embargo, afirma que por ahí se han visto platillos voladores. Dice que en las noches algunas personas han observado luces volar rumbo a la cascada y que él mismo las vio en una ocasión. “Hace mucho se perdieron tres gentes que subieron a la cascada, los buscamos todo el día y en la noche, pero no los pudimos hallar. Luego vino un señor que vive allá arriba y nos dijo que él vio cuando los marcianos los habían subido en una nave y se los llevaron. Verdad o mentira, la cosa es que esos muchachos nunca aparecieron”.
Emprendemos camino con la buena guía de Raymundo, quien conoce todos los parajes ya que él lleva a las cabras y borregas a campear. A pocos metros de la casa encontramos los primeros petroglifos y así sucesivamente los iremos viendo a todo lo largo y lo ancho del cerro. Es increíble la cantidad que hay de ellos. Las figuras varían en forma y tamaño, siempre destacando las circulares, las onduladas y los puntos, alusivas a los astros, el agua del río y, posiblemente, a un sistema numérico. Pero no todos esos petroglifos son antiguos, muchos de ellos son modernos pues son demasiados los paseantes que gustan de dejar un recuerdo de su visita grabado en la roca. Encontramos nombres y dibujos de cruces, flechas, corazones e iglesias; digna representación de que los petroglifos se siguen creando de acuerdo a la época en que se vive.
No nos cansamos de ver los petroglifos, pero el día pasa rápido y queremos conocer y contemplar otras maravillas.
Subimos por todo el lecho del río hasta llegar a la cascada, que tiene dos caídas y varias pozas o albercas naturales. En verdad que la descripción dada por don José se queda corta ante la belleza del lugar. La pared del cañón es alta, estrecha e impresionante, y con finura se desliza la blanca estela del agua, para caer con estrépito en la primer y más profunda poza y así seguir su camino cuesta abajo hasta la segunda poza, donde nos encontramos. El agua es muy fresca, con tonalidades turquesa, e invita a darse un chapuzón. Raymundo nos espera pacientemente sentado en la roca, mientras continúa platicando sus aventuras, descubrimientos y fantasías.
La mayoría de la gente se queda en ese paradisíaco lugar, pero nuestro plan es seguir hacia arriba para ver las pinturas rupestres, que es en sí el motivo original de nuestra visita.
El ascenso es difícil y resbaladizo. Así llegamos hasta la primer poza y más arriba a una cueva. A escasos metros de ésta hay un venero en el cual se construyó una pila para captar el agua que se entuba hasta abajo -a la casa y al ejido Plan de Ayutla, junto a la carretera-. La cueva no es profunda, pero a lo alto tiene una pequeña oquedad de profundidad desconocida, de la cual asegura el jovencito Raymundo que en una ocasión unos exploradores extranjeros se metieron con tanques de oxígeno por largas horas.
Así como esa, al parecer hay muchas cuevas más en todo el cañón, pero permanecen inexploradas por lo inaccesible y la falta de difusión o interés.
Rodeamos la cueva y seguimos subiendo hasta llegar a la cima, donde inicia la cascada. La vista de la cañada gris, de las pozas turquesa, del azul del cielo con blancas nubes y del amarillento-obscuro valle en la distancia es en verdad impresionante; vista que hace valer el día en sí y la fatiga de la caminata.
Raymundo platica que desde ahí caían a la poza los indios que “mataban” durante el rodaje de las películas filmadas en Chiflón, pero -advierte- caían cuando el río llevaba más agua, ahorita es muy poca.
En esa parte, en lo alto del cañón, se encuentran las famosas pinturas rupestres en un recodo natural de la roca. Pero las pinturas no son tan abundantes como habíamos creído y hubiéramos querido. Solamente se pueden distinguir restos de cuatro pinturas, el faltante y las demás, si es que había, han ido desapareciendo, tanto por el intemperismo y el tiempo como por la gracia de los vándalos, quienes han dejado ahí las huellas de su paso. Dos de ellas son las más distinguibles, una pintada en rojo y la otra en rojo y azul. Semicírculos y ondulaciones que seguramente representan las cascadas y el río.
Preguntamos si acaso no hay más pinturas, y Raymundo nos dice que sí, que son las que ya habíamos visto abajo, pero que éstas son las únicas de color. Por alguna razón incomprensible, ningún visitante guiado por este jovencito se tomó la molestia de explicarle que unas son pinturas y otros petroglifos; error que ya ha quedado aclarado.
Por sugerencia del chamaco, el retorno lo hacemos por otra parte, alejándonos del río, para bajar por la escarpada ladera. Desde la cima del cerro la vista al valle es aun más impresionante, admirando así el interminable horizonte del poniente. La bajada es un tanto peligrosa por lo resbaladizo del terreno y las piedras sueltas, que caen ruidosamente, pero vale la pena intentarlo, porque en toda la ladera de ese cerro hay más y más petroglifos.
Bajamos por la ermita, antigua iglesia de la hacienda y ahora en vías de desaparecer. El día ha sido extenuante y la familia amablemente nos ofrece de comer un plato de arroz y tortillas de nixtamal recién hechas.
Antes de despedirnos, don José nos dice que el nuevo dueño de la hacienda proyecta hacer en el futuro próximo un campo turístico, remozar la hacienda, hacer más accesible el camino a la cascada y reconstruir los pocos objetos antiguos que quedan. Qué bueno que hay alguien que se preocupe por mejorar una joya histórica y natural en esta árida parte de Coahuila, y dar así un nuevo realce a este atractivo del estado.
Notas: este artículo con más fotografías fue publicado originalmente por la revista México desconocido, en 1999.
2. Puedes leer una leyenda relacionada con la hacienda del Chiflón siguiendo este enlace: El tesoro de Pancho Villa.
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Leyenda de gigantes en Oaxaca

LAS PIRÁMIDES DE LOS GIGANTES

(Leyenda de Dainzú, municipio de San Jerónimo Tlacochahuaya, Oaxaca)

Hartas, hay hartas pirámides por todas partes. Casi todo el turista va pa’ Mitla –muy bonitas, muy arregladas–, o pa’ las de Monte Albán. ¿Ya conocen p’állá? […] Tan rechulas esas pirámides. Yo una vez jui a conocelas, me llevó uno de mis muchachos y me gustaron pero bastante. Luego están estas de acá, las de Yagul, ¿vedá?, pero no va tanto turista. Ellos ganan pa’ Mitla mejor. Y aquí en Dainzú vienen menos; son muy pocas las gentes como ustedes que vienen hasta acá y quieren saber –dice don Alfredo, un campesino como de 80 años.

   Hay cosas que sabemos por pláticas de la gente de ayer. Miren bien ese cerro qu’está allá. ¿Qué ven? ¡Es una pirámide! ¿Si le hallan la forma? […] Bueno, esa decían los viejitos de ayer qu’era una pirámide qu’hicieron los gigantes. Mírenla, mírenla bien, sí es de los gigantes porqu’es más grande que las de Mitla o las de Monte Albán, ¿vedá? (Blog de Homero Adame.)

   […] Bueno, decían qu’esos gigantes andaban en esta tierra antes de las lluvias. Dicen que las lluvias los ahogó a todos todos, y nomás quedaron las cosas qu’ellos hicieron, las pirámides como esa que las gentes d’estudio afirman qu’es un cerro nomás. Pero sí sabemos nosotros que aquí hubo gigantes porque nos hemos hallado huesos d’ellos enterrados. Miren, huesos d’este vuelo (como un metro) que son d’esta parte (el antebrazo). Y muelas grandototas, y costillas así de grandotas (como un metro). ¿De qué eran? ¡Pos de los gigantes! ¿De quién más, eh?

   Pero hay otras cosas que la gente no sabe porque no platican con la gente de ayer. Esa pirámide dicen qu’era donde venían antes los brujos zapotecos pa’ sacar conocimientos pa’ su magia. Entonces ellos sí sabían qu’ésta era una pirámide de más antes, y sabían que los gigantes tenían conociecia [sic] de la magia, de otra magia. Pero todo eso ya se acabó. Los brujos zapotecos ya no vienen p’acá; a lo mejor ganan p’otros rumbos pa’ lo mismo. O a lo mejor se dieron cuenta qu’esta magia d’esta pirámide ya no les servía o que ya no podían sacarle provecho porque, han de saber ustedes, todo se acaba, y a lo mejor la magia de aquí se acabó también o será que la gente di’ora ya no le sabe a esa magia.

Notas:

  1. Dainzu en zapoteco quiere decir «Cerro del Órgano», esto debido a la abundancia de esa especie de cactáceas. La fecha aproximada considerada para el inicio de este asentamiento es el año 600 a.C. Los vestigios están integrados en una gran unidad arquitectónica que va hasta la población de Macuilxochitl. A lo largo de este trayecto se encuentran varios mogotes y el cerro llamado «la Fortaleza» en donde se ubica la base de un centro ceremonial.
  2. La foto panorámica de Dainzú, con un cerro alto al fondo, fue tomada del sitio de Internet Oaxaca es. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  3. La imagen firmada por Lorena Cassacy fue tomada del sitio de Internet Hive mind. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Leyendas de Nayarit: La cruz de zacate

POR UNA CRUZ DE ZACATE

(Leyenda de Tepic, Nayarit. Dos versiones)

No’mbre, esa supuesta leyenda que cuentan, que es casi la más popular de Tepic, es puro rollo, o al menos eso pienso yo. Dicen que cuando andaban los primeros españoles conquistando estas tierras que supuestamente traían a unos indios labrando la tierra y, ¡oh milagro de milagros!, que ellos descubrieron ahí en medio de la labor una cruz de zacate. Entonces, según esto, los indios fueron corriendo a decirle a los frailes y los frailes ya vinieron a ver la cruz y como había sido un milagro divino, entonces ahí mismo levantaron su convento – dice Sebastián Lizaola, estudiante de 22 años.

No’mbre, puros cuentos. Tú que andas en esto de seguro ya te has encontrado un chorretal de leyendas parecidas de que por gracia divina se apareció no sé qué cosa y con eso los nativos se convirtieron al cristianismo. No’mbre, manipulación pura al peor estilo de la época. Ahora ya nadie creería eso, y si se diera el caso hacen un chorro de estudios científicos hasta encontrar una respuesta lógica. Ya ves, tanto rollo con eso de que en las milpas de Inglaterra se forman círculos extraterrestres y cuanta cosa, pero al final de cuentas todo sale a relucir y el veredicto es que ni es cosa de extraterrestres ni hay misterio tampoco. Entonces, digo yo, los misioneros «sembraron» esa cruz de zacate y con eso pudieron sublegar [sic] a los nativos.

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Aquí hay una plática muy antigua que todavía cuentan de allá cuando los franciscanos llegaron a estas tierras y venían fundando sus misiones y uno de ellos era el padre Quino –muy querido por todos estos rumbos, el padre Quino–. Según la plática, dicen que ellos se habían detenido aquí en lo que era habitadero de indios que no eran muy malos. Entonces la plática dice que andaban unos indios con unos misioneros en el monte trayendo plantas para comer cuando de repente vieron que entre el zacatal había una cruz. Pero, espéreme, lo raro es que era una cruz natural que crecía del zacate, ¡era de puro zacate! –exclama la Sra. María Guadalupe Sánchez, vendedora ambulante. (Relato encontrado en un blog de Homero Adame.)

Que se van los misioneros a darle razón al padre Quino y que se viene el padre Quino con un montón de gente haciendo barullo porque el chisme de una aparición milagrosa corrió de voz en voz como reguero de pólvora. No, qué le cuento, desde ese día empezaron a levantar la misión de esos franciscanos y es la que todavía se conoce como la de la Santa Cruz. Y luego ya fue creciendo el pueblo, así unas casitas alrededor de la misión y luego otras casitas más, y fue creciendo y creciendo hasta que ya era Tepic y se hizo ciudad.

 

Notas:

  1. La imagen de la cruz de zacate fue tomada del sitio de Internet Nayarit en línea. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  2. La foto del convento de la Cruz de zacate fue tomada del sitio Zona turística. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Leyendas morelenses: El nagual y el chamuco

EL NAGUAL Y EL CHAMUCO

(Leyenda escuchada en Chalcatzingo, municipio de Jantetelco, Morelos)

 

No, que yo sepa por aquí no hay nada de aparecidos, ni de ruidos ni cosas malas. Yo he andado mucho por todos estos rumbos y nunca me ha tocado nada. Me gusta a mí mucho tirar y luego salgo ya en la tarde al conejo; ando yo por el monte, subo los cerros, pero lo único malo que me ha tocado ver son las víboras porque ni los tejones son malos, ¿eh? Ah, pero eso sí, el chamuco y el nagual sí son cosa de cuidado; son espíritus malos, muy malos –afirma el Sr. Ricardo Rey, quien anda pastoreando en las cercanías de la zona arqueológica de Chalcatzingo. (Blog de Homero Adame.)

Mire, aquí nos ha tocado que el nagual anda convertido en perro. Hace poquito, era un martes, como a eso de las doce de la noche que oigo un ladrido muy feo y que salgo a ver qué era. No’mbre, era un perrote pero feo de a tiro; no era un perro de acá porque uno los conoce a todos. No, ese era un nagual. Le digo, salí yo a ver qué era y se vinieron mis perros también –cuatro perros tengo–, la luna estaba brillante y se veía así como de día. No’mbre, que veo yo a ese perrote y que le tiro una pedrada y que los perros míos como que quisieron aventársele, pero, mire usted, no va a creer que nomás se le acercaron y que corren los cuatro bien asustados y se vinieron acá detrás de mí. Era un perrote blanco y alcancé a mirar que sus ojos eran como de tizón prendido, rojos rojos. Pero los vi yo de reojo porque el nagual nunca te da los ojos, nunca te mira de frente, pero como esa noche estaba la luna brillante y cuando mis perros se le aventaron entonces miré yo como que sus ojos de él eran como tizón y por eso supe que era el nagual.

La otra cosa es el chamuco. Aquí sabemos que sale allá por aquellos cerros y se ve como una lamparota. Es así como un bulto de luz y dice cosas, pero no se le entiende lo que dice. Quién sabe, pienso yo que ahí donde sale ha de tener la entrada al infierno, en una cueva que nadie conoce nomás que él y ni uno ni de loco se atreve a ir a buscarla, ¿eh?

Leyendas de Guerrero: Dos sirenas

DOS SIRENAS

(Leyendas de Huamuxtitlán y Azoyú, Guerrero)

 

Y ahí le digo, de mi tierra sí se cuentan muchas leyendas, pero uno ya no se las sabe bien porque pos uno no va para allá tan seguido y uno se hace acá de la vida de la capital y deja de contar cosas –dice el Sr. Efrén Santana, taxista radicado en CdMx.

Yo bien me recuerdo que mi papacito nos contaba que en otros pueblos cerca de Tlapa había sirenas. Hay un pueblo al norte [de Tlapa] que se llama Huamuxtitlán, donde hay una laguna y que en esa laguna vive una sirena. Según contaban por allá que era una chamaca muy bonita que se fue con su novio una noche a la laguna y ahí hicieron cosas que una chamaca no debe hacer y que luego se metió a bañarse a la laguna y Dios la castigó y la convirtió en sirena. Luego parece que ya como sirena ella canta y los pescadores que andan por ahí la ven y se acercan y ella los ahoga. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Y luego hay otro pueblo más metido en la sierra que se llama Azoyú –yo no conozco para allá tampoco– que decía mi papacito que allá también salía una sirena. La leyenda va más o menos igual, pero más bien parece que a la sirena de Azoyú Dios la castigó porque creen en ese pueblo que nadie se debe bañar en un río en la Semana Santa. O sea que esta chamaca –parece que muy bonita también– no hizo caso y se metió a bañar y de repente le salió la mitad del cuerpo de pescado. De pura vergüenza ya no salió para estar con su familia y mejor se escondió en las profundidades del río. Luego contaba mi papacito que la gente de allá decía que la oyen cantar en Semana Santa y que si se acerca un muchacho lo ahoga y se lo lleva con ella. Lo desaparece.

 

Notas:

El pueblo guerrerense de Huamuxtitlán se ubica muy cerca del estado de Puebla, mientras que el de Azoyú muy cerca del estado de Oaxaca.

  1. La imagen de la laguna fue tomada del blog Misterios y leyendas de Huamuxtitlán. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  2. La fotografía panorámica de Azoyú fue tomada de Panoramio. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.
  3. La imagen de la sirena fue tomada del sitio Mujerpandora.com. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

Leyendas del estado de Hidalgo: Los Frailes

Leyenda de Los Frailes

(Municipio de El Arenal, Hidalgo)

Bueno, de esos peñascos que pregunta, sí, tienen su historia, bueno, más bien su leyenda porque de historia, historia la verdad no sé, pero de las leyendas sí –anticipa el señor Ramón Uribe, en San José Tepenené–. Mire, usted bien ha de saber que las leyendas tienen muchos cambios porque yo las cuento de una manera, usted de otra, y otra gente la cuenta como ellos quieren o como se la saben, ¿verdad? Y esta leyenda de los picachos o peñascos que les dicen que los frailes, o sea que es la leyenda de unos frailes.

Una de las leyendas dice que hace muchos, pero ya muchos años estaban los frailes agustinos construyendo sus conventos y que ya habían terminado el de Atotonilco el Grande y entonces mandaron a la gente a otras partes a poner más conventos, ¿verdad? Un grupo de frailes y monjas se vinieron para acá, bueno, iban a Actopan a construir el convento, y ahí iban ellos en peregrinación y dormían donde les cayera la noche. Entonces una noche un fraile y una monja se hicieron ojitos, se fueron a lo más oscurito y como todo hombre y mujer que se gustan y tienen sus deseos, estos dos tuvieron allí su amorío aunque fueran religiosos. Pero el fraile principal –ese que parece que le dicen que el prior– se dio cuenta y les puso una santa regañiza por pecadores y dijo un conjuro tan fuerte que la tierra tronó y el fraile y la monja se quedaron convertidos en piedra. Eso dice una leyenda. (Recopilada por Homero Adame.)

Aquí le va otra, parecida, pero un poquito diferente: cuando estaban los frailes construyendo el convento de Actopan siempre tenían que ir a donde fuera a traer agua o materiales para la construcción. Resulta que uno de ellos se fue más lejos y subió a los cerros y arriba se encontró a una muchacha muy chula y con ella rompió sus votos de la castidad. Dicen que del cielo cayeron dos rayos que convirtieron al monje y a la muchacha en piedra.

Ahora, la verdad es que eso de los picachos con esa forma viene de mucho más antes, o sea que son muy pero mucho muy antiguos y sabemos por acá que hay historias que cuentan los inditos otomíes en su lengua, su lengua que nomás ellos entienden y uno se entera porque luego hay gente que cuenta las historias de ellos pero ya en español, ¿verdad? Aquí le va una de esas leyendas de los otomíes:

Según cuentan ellos, los otomíes de más antes llegaron a lo que es el Valle de Mezquital donde pusieron sus ranchitos y empezaron a cultivar las tierras. Pero había muchos de ellos que todavía no se acostumbraban a estar en un solo lugar y se iban de cacería a los montes, a las serranías. Muchas veces se iban los hombres solos o también se llevaban a sus mujeres y familias porque se iban mucho tiempo a la cacería y regresaban al pueblo con las pieles para cubrirse en los inviernos. Algo así dice la historia. Pero la leyenda de los picachos que cuentan los otomíes tiene que ver con dos de ellos que eran digamos que marido y mujer y andaban en la punta del cerro con sus chilpayates; eso fue una tarde que empezó a tronar muy feo, con rayos y lluvia. No había donde guarecerse de la tormenta y tuvieron la mala fortuna de que un rayo los mató. Estaban ellos abrazados y el rayo los partió, o sea que los separó. Cuando terminó la tormenta llegaron otros compañeros y los encontraron bien tiesos, así como carbón; no los enterraron porque antes los otomíes no tenían esas costumbres. Los dejaron allí. Y bueno, ya con el tiempo, el sol y la lluvia los cadáveres carbonizados fueron creciendo tanto que se volvieron de piedra y los demás otomíes empezaron a venir a estos rumbos a venerar a sus antepasados, o sea a esa pareja, y también a los chamacos que desde acá no se ven pero allá están, también vueltos piedra. Y es así como empezaron a quedarse los otomíes en estas tierras que ahora son los pueblos de San José Tepenené, El Arenal, Actopan y muchos más antes de que llegaran los frailes españoles con sus ideas, su religión, su cultura.

 

Nota: la segunda fotografía que acompaña este texto fue tomada del blog De ruta por México. Que el enlace sirva de agradecimiento a su creador.

Agustín de Iturbide y Padilla, Tamaulipas

Padilla, a la sombra de la muerte de un caudillo

Texto y fotografías: Homero Adame

“Padilla, pueblo que como estrella fugaz en el límpido suelo tamaulipeco, tiene su orto y ocaso después de cumplir su misión histórica, convierte su tumba en puerta gigantesca que se abre al signo del progreso.”

No son palabras proféticas las que acabamos de leer; más bien se trata de una cita a guisa de verso que no parece tener significado alguno para quienes desconocen la historia de Padilla, o para los que jamás han pisado la yerma tierra de un pueblo otrora glorioso.

            Corre el año de 1824, día 19 de julio. Los vecinos de Padilla, ciudad capital del ahora estado de Tamaulipas, se preparan para dar el último recibimiento a Agustín de Iturbide, ex-presidente y emperador de México, en su retorno del exilio. La comitiva ha llegado proveniente de Soto la Marina. El célebre personaje, quien consumó la Independencia de México y a la postre fue tomado como traidor de la Patria, es llevado al cuartel de la Compañía Volante del Nuevo Santander, donde ofrece su último discurso. “A ver, muchachos… daré al mundo la última vista”, dice con firmeza. Y mientras besa un Cristo, cae exánime entre un olor a pólvora. Son las 6 de la tarde. Sin suntuoso funeral, el General es sepultado en la vieja iglesia sin tejado. Así concluye un capítulo más de la escabrosa historia imperial de México. Un nuevo capítulo de la historia de Padilla se abre.

            Estamos ahora en 1971. Han transcurrido 147 años desde aquel fusilamiento y Padilla ha desaparecido en aras del progreso. Los recuerdos y los sucesos históricos comienzan a flotar en las aguas de la presa, o se han hundido para siempre. Las casas se han derrumbado, la gente se ha ido y sólo queda la triste memoria de otras épocas en la decrépita parroquia y la escuela que en el ayer lucía majestuosa. El resquebrajado piso de lo que fue la plaza principal, donde derramó su sangre un emperador, es otra señal de que Padilla se ha marchitado. Todo el carácter de un pueblo, las anécdotas de sus calles, sus casas y sus habitantes se han ido para jamás volver. Sin embargo, a varios kilómetros de ahí nace Nuevo Padilla, aunque bajo el estigma de un oscuro recuerdo. (Texto de Homero Adame.)

            “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. El destino estaba escrito como una maldición que se cumplió”, nos dice don Eulalio, un hombre viejo que recuerda a su ciudad natal con suma nostalgia. “La gente vivía feliz, pero el fantasma de un asesinato nunca la dejó descansar. Y luego nos cambiaron a Nuevo Padilla. Sí, casas nuevas, escuelas, calles bonitas y hasta una iglesia ansina de chaparrita, pero mucha gente no se acostumbró y mejor prefirió irse a otra parte; nomás los más viejos nos quedamos en el nuevo pueblo, pos ya no tenía caso irnos a otra parte. Pero la vida ya no es la mesma. Nuestro pueblo se acabó…”, concluye con un tono de resignación.

            Donde estuvo Padilla es ahora la presa Vicente Guerrero, lugar vacacional y de pesca recreativa. Por un lado se ven las contadas ruinas de lo que fuera el centro de Padilla: la iglesia, la escuela, la plaza, unas pocas paredes y el quebrado puente que iba a la hacienda de Dolores, de la cual sólo subsiste la antigua troje según nos dicen. Por el otro lado se encuentra la Villa Náutica -un club privado- y las modernas instalaciones del Centro Recreativo Tolchic, construido por el gobierno en 1985 como mísero pago a una deuda sin precio. Sin embargo, en fechas recientes algo ha sucedido: la Villa Náutica se ve abandonada, salvo por la presencia de algún socio que sigue viniendo para no perder su propiedad, y el centro Tolchic está cerrado; sus mejores días ya sólo permanecen en el recuerdo de algunos. La reja y los candados lucen oxidados y no puede uno imaginarse el polvo del olvido que cubre su interior. Desde afuera aún se aprecian los juegos infantiles también con signos de oxidación.

            Es de suponerse que la considerable baja del nivel de la presa, las recurrentes crisis económicas y otras tantas razones obligaron que ambos sitios cerraran sus puertas, aunque siempre con la esperanza de mejores épocas que igual jamás habrán de volver porque, de todos modos, este paraje sigue extinguiéndose día con día. Esto es un síntoma que denota tácitamente cómo la vida en el antiguo Padilla va decayendo cada vez más. Acaso el último hito de revivir un pueblo que murió fueron estos centros sociales, pero el futuro luce sombrío, ya que restablecer la actividad, el movimiento, puede convertirse en una tarea casi imposible. (Blog de Homero Adame.)

            Más impresionante que esos modernos edificios en vías de convertirse en ruinas también, es caminar por lo que imaginamos fueron las calles, ahora tapizadas de maleza. Entrar a la iglesia -la cual estuvo dedicada a San Antonio de Padua– y a la escuela o pararse en el centro de la plaza nos imprime un sentimiento indescriptible; como si algo pugnara por salir, mas no encuentra el modo de hacerlo. Es como si el espíritu del pueblo buscara un punto de referencia que ya no existe. Adentro del templo no se observa ningún recuerdo o epitafio de la tumba de Agustín I; es de pensarse que fue trasladada a otra parte. Afuera de la escuela hay una placa conmemorativa reciente  (7 de julio de 1999) cuando se festejó el 175 aniversario de la creación del estado de Tamaulipas. A la sazón, y previo a la presencia del gobernador, se limpió toda la zona y los ladrillos y sillares de las ruinosas paredes y techos fueron llevados a sitios alejados de los ojos de cualquier visitante. Sin embargo, pese a esa superficial limpieza, los muros derruidos son factor indicativo de que los buscatesoros han tratado de obtener míticas riquezas en no pocos intentos. Y nos preguntamos: ¿A quién se le ocurriría enterrar un cofre o un cantarito de monedas de oro en los predios de una escuela? Para no desentonar, adentro de la capilla también se observan pozos de los saqueadores, acaso como ejemplo palpable de la profanación de tumbas, si es que las hubo.

            Una vez entrados en las interrogaciones, quisiéramos saber ¿dónde quedó el kiosco sobre el cual la banda solía alegrar con su música a la concurrencia en su devenir alrededor de la plaza? ¿Dónde quedaron las campanas, que resonando en cada rincón de la ciudad puntuales llamaban a misa? Y ¿a dónde se fueron los días aquéllos, cuando los niños corriendo y gritando salían felices de la escuela luego de un largo día de clases? Ya no se ve el mercado ni el ajetreo diario de los marchantes. El merolico ha dejado de gritar las bondades de tal o cual medicina. Los puestos de comida desaparecieron para llevarse consigo el característico aroma del aceite, las carnitas y las fritangas. Los trazos de las calles se han borrado y no podemos imaginar por dónde transitaban los carruajes y caballos primero, y los pocos automóviles después. Y las casas, ¿dónde estaban todas ellas? Y desde la plaza, al ver hacia el sur los montones de escombro, nos surge la duda de dónde se ubicaba el palacio y cómo habría sido; seguramente el mismo palacio donde se dictó la última orden para fusilar al emperador. Además, también nos preguntamos en dónde habrá quedado el monumento erigido en el preciso lugar donde Iturbide cayó muerto, el cual, de acuerdo a las crónicas, aún permanecía enhiesto antes de la inundación de los años setenta. Y sus políticos… ¿en dónde tomaban el café para arreglar el mundo y comentar las últimas noticias y chismes?

            Nada quedó, ni el camposanto siquiera. Ahora la hierba es tan alta que se ha vuelto imposible caminar en algunas partes. Todo es silencio, salvo el correr del viento que al mover las ramas las hace rechinar. Sobre unos árboles altos se ve a un grupo de zopilotes que no sabemos qué acechan. Cuando el cielo está nublado, el escenario se torna todavía más sombrío. Ese cúmulo de raros sentimientos no nos lleva a entender lo efímero que la vida puede resultar. (Texto escrito por Homero Adame.)

            La escuela, al igual que la iglesia, muestra en sus paredes los trazos del nivel alcanzado por el agua cuando la presa tuvo sus mejores días. Pero las escasas lluvias en estos años sólo han dejado un páramo. A lo lejos se encuentra lo que fue el puente, ahora destrozado, y el espejo lacustre a su alrededor. Al cabo de un buen rato de silencio pasa alguien en su lancha y nuestras cavilaciones se ven interrumpidas. Junto al puente también nos topamos con un grupo de amigos disfrutando de unos buenos pescados a las brasas; nos dicen que ocasionalmente vienen los fines de semana. Luego miramos de nuevo el paisaje, el panorama, y todo parece seguir igual, estático, pero se nos antoja distinto. Es como si de un momento a otro cambiáramos de realidades, primero lo lúgubre, lo palpable, después el recrear episodios que, aunque no vivimos, sentimos que sucedieron y finalmente estar en el presente, junto a las aguas de una presa, entre el matorral, como pescadores o aventureros que se hallan ajenos a la historia de esos lares.

            Así es Padilla, la ciudad que dejó de ser, la ciudad que fue sacrificada por el progreso. Mientras caminamos de regreso al coche, nos acompañan las palabras del viejo que conocimos: “Cuando Iturbide fue fusilado, Padilla murió con él. Se cumplió la maldición…” Sin duda tiene razón.

 

Notas:

  1. Este texto fue publicado originalmente en el número 311 de la revista México desconocido, correspondiente a diciembre de 2002.
  2. Las fotografías de Padilla son autoría de Homero Adame.
  3. La imagen del fusilamiento de Iturbide fue tomada de WikiMexico. Que el enlace sirva de agradecimiento a sus autores.
  4. La imagen de la placa alusiva al fusilamiento del ex emperador de Iturbide fue tomada de la página de EfeméridesRio. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

Leyendas de Cuernavaca, Morelos: El fantasma de Maximiliano

LOS FANTASMAS DEL JARDÍN BORDA

(Leyenda de Cuernavaca, Morelos)

Una de las leyendas más conocidas en Cuernavaca cuenta que en las noches de luna clara aparecen dos fantasmas, dos fantasmas a los cuales se les ve caminar por ciertas áreas de la Casa Borda, mejor conocido como Jardín Borda y, antiguamente, El Olindo. Algunas personas creen que son los fantasmas del emperador Maximiliano y su esposa Carlota, quienes pasaban temporadas de descanso en dicha mansión. Sin embargo, nadie puede precisar si ambas apariciones sean las de aquellos monarcas puesto que, a decir de muchos, el inmueble es una propiedad muy antigua y, a lo largo de su historia, estuvo habitada por diversas familias de abolengo.

Se dice que uno de tales espectros se asemeja a una mujer que camina con garbo por los jardines. Supuestamente es el fantasma de Carlota porque, a pesar de que no han podido verle el rostro, el vestido blanco de crinolina es muy hermoso, como los que la emperatriz usaba, según se puede apreciar en algunos óleos. De acuerdo con ciertos testimonios, dicha aparición camina sola por los jardines, cruza por los arcos, sigue su trayecto y en una de las fuentes se detiene para atisbar el horizonte. Después de un rato, reanuda el paso hasta desvanecerse detrás de otros arcos.

La otra visión corresponde a un hombre de luenga barba, vestido de negro o gris, muy elegante, y dicen que aparece en el mirador conocido como «El chocolatero», donde la pareja real solía tomar el chocolate por las tardes en compañía de amigos o de visitantes oficiales. La creencia popular asume que es el fantasma de Maximiliano pues, hace muchos años, en Cuernavaca se rumoraba que el emperador salía en las noches por una pequeña puerta secreta que conectaba con ese mirador, para encontrarse con una joven lugareña, con quien mantenía un idilio extramarital. Su nombre era Concepción Sedano (o Margarita Leguizamo Sedano, según otras versiones), hija del jardinero de la residencia. Se dice que ella y Maximiliano tuvieron un hijo, quien llevó por nombre Julián Sedano.

Quienes no están muy convencidos de que tales apariciones sean de los emperadores creen que más bien son de personas que murieron allí. Esto lo dicen porque se supone que las ánimas en pena, o sea los fantasmas, aparecen en el lugar donde fallecieron, y, como es sabido por la historia oficial, a Maximiliano I de México fue fusilado en Querétaro, en 1867, mientras que Carlota falleció de vejez en Bélgica muchos años después, en 1927. Además, seguramente en un lugar tan antiguo como lo es la Casa Borda, las muertes que en diversas épocas ahí ocurrieron bien pudieron ser por causa natural, accidente, crimen o suicidio, y como algunas de esas ánimas no han encontrado descanso aún, aparecen en los pasillos, en los jardines y en los miradores de la propiedad. (Leyenda recreada por Homero Adame.)

Desde que el inmueble fue transformado en museo, es imposible deambular por los jardines en la noche. Es por ello que no se conocen testimonios recientes de alguien que afirme haber visto a ambos fantasmas.

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El Jardín Borda,  desde su creación en el siglo XVIII, ha tenido varias funciones: Originalmente sirvió como casa de retiro para su constructor, un minero de Taxco; luego fue jardín botánico (donde, por cierto, se plantaron los primeros árboles de mango en México); posteriormente, se utilizó como posta de diligencias, hasta alcanzar su máximo glamur cuando el emperador Maximiliano y su esposa, Carlota, lo tomaron como residencia de descanso. Después, sufrió una decadencia al convertirse en oficina pública y, más tarde, en centro nocturno. Hoy en día es centro cultural y museo perteneciente al Instituto de Cultura de Morelos.

Notas:

  1. Esta leyenda recreada por Homero Adame en su libro Mitos y leyendas de todo México, publicado por la Editorial Trillas en 2010. El libro, que contiene 64 leyendas mexicanas (dos por cada estado de la república) se puede conseguir a través de la Tienda en línea siguiendo este enlace: Trillas: “Mitos y leyendas de todo México” .
  2. La imagen del Jardín Borda fue tomada del sitio de Internet MXCity Guía Insider. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su autor.

El milagroso San Antonio de Padua

San Antonio de Padua, quien en realidad debería ser conocido como San Antonio de Lisboa por haber nacido en la capital portuguesa en 1191, falleció en Padua, Italia, el 13 de junio de 1231. Fue predicador de la orden franciscana, doctor de la Iglesia y canonizado como santo el 30 de mayo de 1232, siendo Papa Gregorio IX.

 

 

San Antonio es uno de los santos más populares del catolicismo gracias a los muchos milagros que se le atribuyen. Ayuda a encontrar objetos perdidos, es santo protector o patrón de los viajeros, panaderos, papeleros, de mujeres estériles y, sobre todo, es el santo favorito para quienes buscan pareja, es decir se le invoca e intercede para hallar una buena esposa o un buen esposo.

 

 

Muchas de las costumbres relacionadas con San Antonio de Padua para pedirle favores es llevarle ofrendas florales y hacerle una promesa a cambio. Si concede el favor, entonces hay que cumplirle con lo que uno le prometió. Muchas personas incluso elaboran personalmente o mandar hacer un ex-voto o retablo como recuerdo y testimonio del milagro concedido.

 

 

 

Le dicen el santo “casamentero” porque muchas personas, principalmente mujeres, le piden a San Antonio les ayude a conseguir novio, pareja o marido. Pero, si se dan cuenta que el santo no pone atención o se tarda en conceder lo solicitado, lo voltean de cabeza o lo ponen de espaldas como castigo hasta que les cumpla. Y dicen, dicen, que tarde o temprano sí cumple.

 

 

También cuentan que a San Antonio en realidad no le gusta que lo “castiguen”, sino que prefiere que le enciendan una vela mientras se hace la petición y así se siente más apreciado y cumple sin “respingos”.

La chaneca: una leyenda del estado de Guerrero

LA CHANECA

Leyenda de San Luis Acatlán, Guerrero

 

Cuenta una leyenda que hace muchos años, un chaneque se enamoró de una muchacha y ésta de él, aunque sabían que su amor era imposible porque los chaneques y los humanos son incompatibles. De todas maneras, la muchacha aceptó huir con el chaneque, yéndose a vivir al bosque, donde ella pasó muy feliz el resto de su vida. A pesar de sus naturalezas tan diferentes procrearon una hija, mitad chaneque y mitad humana, de belleza incomparable, sobrenatural. La niña creció más como chaneque, pues sus padres nunca la llevaron al mundo de los humanos. Sin embargo, ella escuchaba los cuentos de su mamá y se propuso un día ir a conocer el pueblo de sus ancestros. Esto sucedió tras la muerte de su madre, no sin antes pedirle permiso a su padre. Él mismo la trajo a este mundo, pues bien conocía los accesos. Cuando aparecieron en un bosque cercano a un pueblo, algo sucedió porque ella sufrió una transformación que la hizo más sólida, más humana, y le resultó imposible regresar al mundo de los chaneques. Con tristeza, su padre la dejó viviendo allí, pero le advirtió que si tenía un hijo con un ser humano, se volvería mortal.

       Pasó el tiempo y aquella extraña mujer, siempre joven y bella, era ocasionalmente vista cerca de los pueblos, en busca de alimento. Los hombres la admiraban por su belleza y trataban de entablar conversación para conquistarla, pero ella desaparecía. En realidad no desaparecía como un fantasma, sino que su cuerpo era más bien inmaterial y dejaba de ser visto por la gente. Eso trajo como consecuencia los rumores que en las afueras de los pueblos rondaba un ser sobrenatural, una chaneca que robaba alimento. Cuando alguna mujer de cualquier edad la veía, gritaba: “Allá anda la chaneca, allá anda la chaneca” y le arrojaba piedras para ahuyentarla.

       Debido a su soledad, el sentirse despreciada por los humanos y saber que le era imposible regresar al mundo de los chaneques, la chaneca se convirtió en un ser huraño. En cierta ocasión recordó las palabras de advertencia que le dijo su padre y decidió volverse mortal; para ello era necesario procrear un hijo. Desde entonces empezó a frecuentar los ríos o aguajes, siempre de noche. Quienes lograban verla huían despavoridos, pues sabían que no era humana. Y todavía es fecha que continúa deambulando en ese tipo de lugares, en busca de posibles ilusos a quien pueda hechizar con su belleza y sus encantos para lograr su propósito.

       En muchos pueblos del estado de Guerrero cuentan leyendas de la chaneca, con algunas variantes, y siempre se le personifica como una mujer muy hermosa, de cabello largo, negro. En San Luis Acatlán, por ejemplo, se dice que tiene la capacidad de tomar el parecido de la novia de un muchacho o de la esposa de un señor, y que lo hace así para engañarlos y poder relacionarse con alguno de ellos. Pero todos los hombres se asustan y huyen cuando la miran de cerca porque sus ojos no son humanos. Ella, como venganza, los golpea, los araña, los arrastra y los deja medio muertos; nunca los mata. Pese a sobrevivir el encuentro con la chaneca, esos hombres se vuelven locos. (Leyenda publicada por Homero Adame.)

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San Luis Acatlán (del náhuatl: “En el cañaveral” o “Junto a los carrizos”) fue descubierto por los españoles el 25 de agosto de 1522, fecha dedicada a San Luis Rey de Francia. Está ubicada en la región de la Costa Chica guerrerense y forma parte de la Región Mixteca-Nahua-Tlapaneca. Por muchos años, su población fue mayoritariamente indígena. Recibió el título de cabecera municipal en 1850, y años más tarde, en 1883, al municipio se le dio el nombre de San Luis de Allende.

Notas:

1. Una versión similar de esta leyenda fue publicada por Editorial Trillas en el libro de Homero Adame, Leyendas de todo México – Aparecidos y fantasmasEl libro se puede adquirir en librerías o directamente en la tienda en línea de la editorial siguiendo este enlace: Leyenda de la chaneca.

2. La imagen fue tomada de 123.inspiration.com. Que el enlace sirva de agradecimiento y crédito a su creadora.

Celebraciones del 2 de febrero en el mundo y en México

FESTIVIDADES AGRÍCOLAS ALREDEDOR DEL 2 DE FEBRERO

 

Existen en el mundo diversas celebraciones relacionadas con el inicio de los ciclos agrícolas. Una de las más antiguas que se tenga referencia es el Tu Bishvat Tu Bi’shevat, una fiesta menor dentro del calendario hebreo que se celebra el día 15 del mes de Shevat y puede caer a finales de enero o principios de febrero. Tal celebración se le conoce como de los árboles o de las semillas. En los Estados Unidos y Canadá hay un festival de origen holandés que se celebra el 2 de febrero y se le llama Groundhog Day. De acuerdo con la tradición, el groundhog (una especie de topo o marmota) sale de su madriguera en esta fecha, luego de haber invernado por varios meses. Se dice que si el animalito ve su sombra, entonces habrá seis semanas más de mucho frío, así que regresa a su madriguera para seguir invernando. Por el contrario, si no ve su sombra –porque el día está nublado– entonces interpreta que ya viene la primavera y ya no vuelve a la madriguera. Esta costumbre, observada por mucha gente en este día, viene de otras similares y más antiguas en Inglaterra, en la cuales los osos hacían el mismo ritual y, por curioso que parezca, eran días también asociados con los inicios del ciclo agrícola y, consecuentemente, en las tradiciones de la Candelaria.

 

DÍA DE LA CANDELARIA

El día de la Candelaria es una celebración católica que se lleva a cabo el 2 de febrero. Este festival conmemora la ocasión cuando la Virgen María, observando estrictamente las leyes religiosas judías, fue al templo en Jerusalén para ser purificada; esto, cuarenta días después del nacimiento de su hijo, a quien llevó para su presentación en el mismo templo.

La referencia documentada más antigua de este festival se remonta al siglo IV en Jerusalén, y se le conoce como Peregrinatio Etheria. Hacia finales de ese mismo siglo, la Epifanía aún era considerada como la fecha del nacimiento de Jesucristo; por lo tanto, era lógico que este festival se celebrara 40 días más tarde. (Texto de Homero Adame.)

El festival de la Candelaria pronto se extendió a otras poblaciones de Medio Oriente. Años más tarde, en 542, el emperador romano Justiniano I decidió cambiarlo al 2 de febrero (40 días después de Navidad).

Prender velas se convirtió en parte de las ceremonias en el siglo V y de ahí se deriva esta costumbre de encender velas en esta fecha. (En inglés se llama Candlemas, y viene de dos palabras “Candle”, vela y “mass”, misa.)

Fue el Papa Sergius I (687-701) quien instituyó el festival en Roma. Mientras que en Europa Oriental sigue siendo una celebración dedicada a Jesucristo, en Europa Occidental está ahora dedicada a la Virgen María. Sin embargo, para la iglesia anglicana este día es simplemente conocido como “La presentación de Jesús en el templo”.

 

EL DÍA DE LA CANDELARIA EN MÉXICO

Esta fecha es muy popular en nuestro país, aunque acá es un festival dedicado a la Virgen de la Candelaria (otra manifestación o representación de la Virgen María). Entre otras actividades de índole religioso, es el día cuando muchos mexicanos todavía observan la antigua tradición de “levantar al niño dios”. También es el día para llevar velas a bendecir a la iglesia; las velas benditas tienen diferentes usos a lo largo del año, por ejemplo, para encenderlas cuando hay una tempestad, o bien, para ayudar a bien morir a quien se está marchando de este mundo.

Otra tradición muy común para este día en las comunidades rurales mexicanas es la de ir a las iglesias para bendecir las semillas, pues con esto se asegura una buena cosecha. Podría pensarse que dicha costumbre tiene un origen cristiano debido al contexto que se le da en la actualidad, pero no es así del todo; más bien se trata de un sincretismo ya que desde la antigüedad había en las culturas agrícolas fechas especiales para ofrecer semillas a las deidades y, de tal modo, asegurar un buen año de cosechas. Como variante a esta tradición agrícola encontramos que mucha gente en vez de llevar semillas a bendecir dejan ofrendas en las iglesias consistentes en frutas y vegetales con el propósito de tener comida todo el año. (Artículo de Homero Adame.)

Ahora bien, en México existen otras tradiciones que se llevan a cabo el mismo día. Como ejemplos podemos mencionar que el hecho de merendar tamales* no es un simple capricho gastronómico, dado que la costumbre se remonta al mundo prehispánico, donde el tamal se también se utilizaba en las ofrendas a los dioses del panteón azteca y el 2 de febrero correspondía al inicio del primer día del primer mes del calendario mexica, Llamado Atlahualo.

En Coatetelco, Morelos, se pone una ofrenda de diferentes alimentos como pipián y tamales de ceniza, llamados tlaconextamalli. Una vez bendecidos, se reparten entre los asistentes, mientras que una parte de esta ofrenda es llevada a un cerro cercano, donde la depositan en una cueva para pedir las lluvias.

El mismo día llevan la imagen de la Virgen de la Candelaria, en procesión, al poblado de Tetecala, donde es esperada con música, cohetes y danzas. 

En Foto de Homero AdameAhualulco, San Luis Potosí el 2 de febrero se celebra la fiesta patronal con danzas, procesiones y entradas de cera, además de la feria regional. En esa cabecera municipal tienen la tradición de hacer “carros” de cera, o trabajos artesanales de cera labrada para llevarlo como ofrenda a la virgen en su día.

* Como dato adicional tenemos que en muchas fiestas mexicanas se comen tamales en diversas presentaciones. Por ejemplo, los de semilla de huazontle son especiales para Semana Santa y los de anís se ofrendan el Día de Muertos. (Texto encontrado en un blog de Homero Adame.)

Nota: Algunas imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan de crédito a sus creadores:

Tu Bisvhat

Groundhog Day

Peregrinación de la Candelaria

Bendición maya del maíz

Tamales en Candelaria

 

Si deseas leer más leyendas de santos y vírgenes sigue este enlace: leyendas cristianas

Mitos y leyendas del Noreste de México: Pedro José

EL INDIO PEDRO JOSÉ

Leyenda escuchada en Arteaga, Coahuila

 

(Versión escuchada en Los Lirios, municipio de Arteaga, Coahuila)

Sí, cómo no, aquí en tod’esta sierra hay munchas cuevas y en los asegunes de las pláticas de la gente de más denantes qu’en esas cuevas tenía sus guaridas Pedro José Méndez. Fue muy bandido Pedro José y en munchas de las cuevas dicen que ai parece qu’escondió tesoros que se robaba porqu’él le pegaba muy duro a todo aquel lao de Nuevo León, desde Monterrey hasta más al sur por toda la sierra –m’imagino yo que hasta más allá de Tamaulipas– y también le pegaba duro acá’l lao de Saltío –explica el Sr. Rómulo Valdés.

¿Sí sabe que Pedro José era un indio de los últimos que hubo, vedá? […] Ándele, y dicen que le gustaba andar solo porqu’era muy desconfiao y no traiba compañeros cuando robaba. Yo croque (creo que) por eso nunca lo pescaron porque como andaba solo y conocía pero muy bien tod’esta sierra, muy sigiloso se les pelaba a los federales; en aquel tiempo contaba mi abuelo que a los federales les decían los pelones o si no también la cordada. Yo he andao muncho en la sierra de aquí hasta Rayones y sí conozco munchas cuevas; algunas tienen hasta figuritas pintadas de coloradito en las paderes y pos m’imagino yo que a la mejor Pedro José o alguien d’esas gentes de más denantes las haigan pintao. Pero ansina de tesoros, tesoros que Pedro José haiga enterrao la verdad no, a mí no me ha tocao.

Antes de chamaco nos íbanos a campear con los animales y nos quedábanos dos o tres días en la sierra y cuando nos daba la noche nos metíanos en alguna cuevita si acaso encontrábanos una. Pero la verdad es que ya conocíanos nuestras andadas y más o menos sabíanos en dónde mero quedarnos la noche. Y nunca nos asustaron, nunca nos tocó ver llamaradas ni oír ruidos de cadenas que según los asegunes se oyen cuando hay relaciones; tampoco vimos ánimas en pena ni nada d’eso porque yo siempr’he dicho que los muertos, muertos están y los que asustan son los vivos, ¿eh?

Mi abuelo platicaba que una vez Pedro José robó el tren que venía de México y croque lo descarriló un poco antes de llegar Saltío y cargó con lo que pudo y se vino aquí a la sierra luego lueguito. Y que los de la cordada se le vienen detrás, pero Pedro José ya les traiba ventaja y también conocía mejor la sierra, sí, la conocía mejor. Y parece que pasó aquí por Los Lirios y se metió más pa’ dentro, y los federales detrás, ai venían detrás. Luego parece que los federales se dividieron en dos grupos y unos se adelantaron por este lao y otros detrás de la huella qu’iba dejando Pedro José con su penco retinto –dicen qu’era retinto el penco–, pero el muy méndigo parece que aventó los costales que se había robao; ansina los aventó en una cañadita y luego le siguió más adelante y se apeó del penco que lo mandó que siguiera solo más adentro, en la sierra –es qu’el penco sabía andar solo bien todos los rumbos– y Pedro José reculó haci’acá pa’ los rumbos de Arteaga. Se vino a pie y parece que lo vieron pasar unas gentes porque más o menos lo conocían, pero no sabían que los de la cordana [sic] andaban detrás d’él, y ansina mero se les perdió el méndigo de Pedro José y no lo alcanzaron porque al día siguiente –habrá sido al día siguiente– que pasaron por ai los federales y le preguntaron a la gente si no lo habían visto pasar en su penco y le dijeron qu’en el penco no, pero que lo habían visto pasar a pie y fue cuando los federales se dieron cuenta que ya se les había pelao. (Leyenda en un blog de Homero Adame.)

Ansina hay munchas historias que todavía cuentan de Pedro José que fue muy ladino, muy bandido y muy méndigo como pocos. Y ai le digo, hay munchas cuevas que ai luego dicen qu’eran su casa y sí he sabido de gente que viene buscando las relaciones y ai andan en la sierra y se meten a las cuevas con aparatos que traen del Otro Lao –dicen que pillan esos aparatos cuando hallan metal–, pero no croque haigan encontrao dinero y si alguien encontró pos ya cargó con él, ¿no?

 

¿Quién fue Pedro José?

Pedro José es un mítico personaje de quien se habla en muchas leyendas en la Sierra Madre de Nuevo León, Tamaulipas y Coahuila. Se dice que fue un caudillo y ladrón de fines del siglo XIX, que guardó infinidad de tesoros en cuevas de la sierra. De acuerdo con algunas crónicas, él quizá fue el último indígena nativo de Nuevo León.

Cabe señalar, sin embargo, que hay quienes, erróneamente, creen que su apellido era Méndez. Es probable que esta confusión se genere por una yuxtaposición de elementos reales y ficticios con el nombre de Pedro José Méndez Ortiz (1836-1866), un destacado militar tamaulipeco, oriundo de San Agustín, municipio de Hidalgo, quien llegó a ser General en las fuerzas juaristas.

 

Nota: la imagen fue tomada del sitio de Internet de Pueblos de América y Panoramio. Que el enlace sirva de crédito a su autor.

El templo de San Felipe Neri, la catedral queretana

¿SABES DÓNDE QUEDA LA CATEDRAL DE QUERÉTARO?

Texto de Homero Adame

Las catedrales son, por antonomasia, el centro religioso más importante de toda ciudad que cuenta con un obispado. Ellas son un punto de referencia fundamental para los habitantes, sin importar cuál religión profesen. Son así porque, salvo raras excepciones, se localizan en el corazón de cada ciudad, frente a la plaza de armas, cerca del palacio municipal o de gobierno Y todo en conjunto conforman la armonía original de un pueblo. A falta de uno de estos tres elementos, dicha armonía está fuera de balance.

Hablar de catedrales es evocar, inmediatamente, la Catedral Metropolitana, la de Puebla, la de Morelia, la de Mérida, de Guadalajara, de San Luis Potosí o la de la ciudad donde uno vive. Pero ¿alguna vez hemos preguntado dónde queda la catedral cuando andamos de visita por Querétaro? De ser así, ¿cuál ha sido la respuesta de los lugareños? Sin duda tres de cada cinco lo piensan dos veces porque no saben con exactitud dónde se encuentra ni cuál es.

Aunque suene a redundancia, vale decir que Querétaro es una hermosa ciudad que lo tiene todo. Es por ello que nos sorprende no encontrar su catedral en el primer cuadro. Al preguntar por ahí, mucha gente indicará que es la iglesia de San Francisco, pero no es así. La catedral se encuentra a cinco cuadras al poniente de la plaza principal, en la esquina de las calles Madero y Ocampo. Verla por primera vez es pensar: “esta no puede ser la catedral”, porque carece de la magnificencia que caracteriza a este tipo de construcciones religiosas.

El templo de San Felipe Neri, hoy en día la Catedral de Querétaro, en sus orígenes fue el oratorio del convento de los felipenses. Se empezó a construir en 1786 y se concluyó en 1805, pero no fue sino hasta 1921 cuando recibió la categoría de catedral. Previo a esto, en el mismo año de 1805, el cura Miguel Hidalgo y Costilla la bendijo como templo al oficiar la primera misa.

Su corta historia como catedral se vio interrumpida durante la guerra Cristera, cuando fue saqueada y utilizada como cuartel y hasta salón de baile. Hoy en día no es más que una de las muchas iglesias de la ciudad de Querétaro, aunque con rango de catedral, pero rebasada en arquitectura, belleza y centro del culto por muchas otras.

Su interior es frío y demasiado austero, sin gran ornamento ni obras pictóricas de arte sacro. En cambio, su exterior es interesante. Desde el punto de vista arquitectónico es considerada como un excelente ejemplo de la transición del barroco al neoclásico, por conjugar elementos de ambos estilos en su fachada. En ella sobresalen sus seis columnas corintias voladas en la parte inferior, y otras tantas menos ornamentadas, y de estilo acoplado, en la superior.

Aunque la catedral queretana tiene una torre inconclusa –y del reloj no hay mucho que mencionar–, se le considera como una joya única por haber sido construida con piedra de tezontle. Conocerla vale la pena, pues así entendemos que la catedral no es necesariamente el templo más bello e importante de una ciudad.

Notas:

  1. Este texto se publicó originalmente en la revista México desconocido, en 2001.
  2. Las imágenes fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan de agradecimiento y crédito a sus autores: Catedral de Querétaro e Interior de la catedral de San Felipe Neri

Mensajeros de la Muerte: el aullido de los perros

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Portada de animales - de Homero Adame (2)

Esta leyenda sobre los perros que aúllan para anunciar una muerte, esuchada en Rioverde, SLP es sólo un ejemplo de las muchas que se cuentan por doquier. Si te interesan más leyendas de este tipo, de animales que son mensajeros de la Muerte, puedes leer el libro Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano, de Homero Adame, publicado por la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí en 2015, bajo el cuidado y edición de David Ortiz Celestino, diseño de Beatriz Gaytán.

Tradiciones mexicanas: Ni yendo a bailar a Chalma…

“NI YENDO A BAILAR A CHALMA”

Tradición y leyenda del Estado de México

 

Para todo extranjero que llega a radicar en México e intenta poco a poco integrarse a la vida y ser partícipe de las costumbres de este maravilloso país, sin duda hay muchas cosas que le parecen singulares, raras o extravagantes por ser tan distintas a las de su país de origen. Algunas de esas costumbres son meramente verbales, pues consisten en los refranes populares. Uno de ellos es el que dice “Ni yendo a bailar a Chalma”, cuya interpretación es que algo no tiene solución o que por muchas maneras que uno intente lograr su propósito, ya sea mediante rituales, promesas o mandas, no podrá lograrlo.

Chalma es un pueblo del Estado de México famoso por su Cristo milagroso y por el citado refrán. Hay que ir para verificar si es cierto, aunque yo más bien adaptaría el refrán para decir: “Ni quien vaya a bailar a Chalma” o “Ni yendo a bailar a Chalma se puede bailar ahí”. ¿Por qué? Porque de hecho casi nadie baila y la tradición es otra muy distinta a la verbal.

Al llegar a Chalma no falta alguien que te ponga una corona de flores en la cabeza. Es que la tradición exige que los que vienen por primera vez a visitar al Cristo de Chalma adquieran una corona de flores y entren al templo con ella debidamente puesta en la cabeza. Después de estar en el interior un rato, ya sea por curiosidad o por devoción, si desean llevársela a su casa, pues se la llevan, pero si la quieren dejar, entonces hay que hacerse una especie de limpia o barrida con ella antes de dejarla. Para esto uno se quita la corona y se la pasa por todo el cuerpo, o nada más por el pecho o en su caso por alguna parte que uno tenga enferma, como por ejemplo una pierna rota, o un brazo afectado o un riñón malo (también sirve para quitarse la mala suerte). Entonces uno se hace la limpia solo y luego deposita la corona en un lugar especial ubicado junto a la puerta lateral derecha, en un palo donde todos dejan sus coronas. (Leyenda en un blog de Homero Adame.)

Al platicar con algunos comerciantes y preguntarles sobre el famoso refrán “Ni yendo a bailar a Chalma”, éstos nos dicen que se trata simplemente de un dicho popular, pues casi nunca se ve a la gente bailar a su libre albedrío ya sea por manda o por devoción. Nos explican que de hecho las únicas danzas se ejecutan durante las fiestas del 1° de julio, y por cuenta de grupos organizados. Y añaden: “Lo importante es venir a Chalma, venir con fe y participar de las fiestas a nuestro Cristo milagroso”.

Así aprendimos que ni quién vaya a bailar a Chalma, pero los que vienen sí se ponen su corona de flores para darse una barrida y dejarla como ofrenda para estar a tono con la tradición.

 

Nota: las imágenes fueron tomadas de Internet. La del santuario del Bable, de Benjamín Arredondo, y la de Cristo con su corona de polos viajeros en wordpress. Que los enlaces sirvan como crédito a sus autores.

 

Leyendas tlaxcaltecas: La Hoyanca y el Diablo

LA HOYANCA

Misterioso lugar en Tlaxcala

 

En todo el territorio nacional es común encontrarse con lugares que sobresalen por sus leyendas o su extraña forma, y el estado de Tlaxcala, aparte de muchos otros, tiene en La Hoyanca su sitio misterioso.

A la primera impresión uno no puede dejar de preguntarse: ¿Qué es este lugar? ¿qué ocasionó su extraña orografía? A simple vista parece una depresión de unos cien o doscientos metros de profundidad, aunque lo cierto es que es difícil saberlo a ciencia cierta, ya que en ese abismo la percepción de distancias y profundidades se pierde.

La Hoyanca (también conocida como Ollanga) se encuentra ubicada en la parte noroeste del estado, cerca de Sanctorum, por la carretera No. 119 entre Tlaxcala y Calpulalpan. Pese a ser muy visitado por los jóvenes de la localidad, en fines de semana principalmente, la mayoría de los adultos sienten un temor y respeto por ese lugar. Así se han creado infinidad de mitos, que realzan su misterio. La recomendación general es: “¡Nunca vaya solo!”

Para llegar se tiene que tomar una terracería al lado norte de la carretera. Después se sube el cerro hasta que se acaba el camino. De ahí, son pocos metros de caminata hasta encontrar lo inesperado: una especie de acantilado en forma circular, cuyas paredes de unos veinte o treinta metros tienen noventa o menos grados de inclinación.

Desde la cima el vacío es peligrosamente atrayente. La bajada es difícil y debe tenerse sumo cuidado. Hay puntos donde la inclinación se aproxima a los 120°, haciendo el terreno muy resbaloso.

El fondo es interesante y en un punto es plano. Pocos árboles de tres especies diferentes han crecido, dando cierta perspectiva y sombra.

Abajo no hay agua, salvo unos charquitos que se forman en las rocas durante las épocas de lluvias. Sin embargo, existe un microclima muy particular, con hierba y maleza, así como infinidad de pequeños insectos. Las especies mayores, al parecer sólo bajan en las noches o para protegerse de las lluvias, cuando es temporada.

En el fondo resaltan las rocas que han rodado desde las paredes. Algunas de ellas formaron una pequeña cueva, donde se observan las huellas de tejón y mapache.

En un somero recorrido, no se pueden encontrar vestigios de culturas antiguas como petroglifos o pinturas rupestres, aunque esto no significa que no existan. Debido a su extraña forma, es muy probable que este lugar fuera visitado por los antiguos pobladores de la región, o que lo usaran como sitio ritual. Todo es cuestión de hacer investigaciones formales.

Tiene razón la gente. El lugar es muy misterioso y hasta opresivo. Abajo hay una vibra muy especial, muy rara, difícil de descifrar. Es como si a todo momento alguien estuviera al acecho, observando. Cuando uno cree haber identificado casi todos los sonidos, repentinamente surge alguno desconocido que te exalta. Cuando el sol se cubre, se forma una penumbra espectral, dando un brillo sumamente extraño en el follaje, que cambia la vibra del ambiente.

La subida, por cualquiera de las dos veredas es más ardua, mucho más penosa que la bajada. Las manos deben estar libres para asirse de cualquier roca o raíz y así ayudar a las piernas que a cada paso se cansan cada vez más.

Después de haberlo visto desde abajo, de nuevo surge la pregunta: ¿Qué es este lugar? Y las respuestas quedan en el aire. Tiene la configuración de un cenote, aunque sea demasiado grande y carezca de agua. La circunferencia, el acantilado, las rocas, la profundidad indican que tal vez se trate del cráter de un volcán extinto; algo que no sería raro en esta región.

Caminar alrededor del gran círculo es una experiencia aparte, caleidoscópica. Cada ángulo muestra una vista diferente. Cada piedra, cada rincón da otra perspectiva. Y en el horizonte los volcanes, siempre majestuosos, rematan esa panorámica.

Por esta singular mezcla de emociones, arriba descrita, más lo que usted pueda encontrar en un lugar tan insólito, visitar La Hoyanca vale la pena. Todo es cuestión de querer tener una aventura, yendo más allá de los caminos conocidos, para encontrar uno de los muchos lugares misteriosos del país.

Notas:

  1. Este texto de Homero Adame fue originalmente publicado en la revista México desconocido.
  2. Una leyenda titulada “La hoyanca y los dominios del diablo” fue recopilada por Homero Adame en este lugar y publicada en su libro Leyendas de todo México – Aparecidos y fantasmas, de Editorial Trillas. Dicho libro se puede adquirir en muchas librerías o directamente en la tienda en línea siguiendo este enlace: Leyendas de aparecidos y fantasmas.
  3. Las fotografías que acompañan el texto fueron tomadas de Internet. Que los enlaces sirvan de agradecimiento y crédito a sus autores Carlos Vargas Zambrano y UTT.

La Matlazigua – leyenda oaxaqueña

Matlazihua 1

Esta Leyendas de todo México - Aparecidos y fantasmasleyenda fue publicada en el libro Leyendas de todo México – Aparecidos y fantasmas, de Homero Adame, por Editorial Trillas, 2016.

Este libro se puede adquirir en cualquier librería o directamente en las sucursales de Editorial Trillas, o bien, pedirse a través de la tienda en línea siguiendo este enlace:

Para más información sobre el libro y su contenido, sigue este enlace:

Los barcos de cristal – leyenda potosina

los-barcos-de-cristal-de-homero-adameEsta versión de la leyenda sobre el origen de las carabelas de cristal que existen en la capital potosina y fueron donados como ex-votos o retablos fue publicada en el libro Misterios, leyendas de San Luis Potosí, por graphSTYLE editores, 2014. La edición estuvo a cargo de Alejandro Castillo-Vela. En dicho libro, Homero Adame ofrece 35 leyendas potosinas en versiones hasta entonces inéditas.

Del paso de Miguel Hidalgo por Cedral, SLP

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Si tienes interés en la historia oral relacionada con la Independencia y el paso de Miguel Hidalgo por tierras potosinas, o si tienes interés en saber sobre la historia de Cedral, SLP puedes consultar el libroLa Ruta de Hidalgo - libro de Homero Adame 2010 La ruta menos conocida de Miguel Hidalgo, historia oral en el Altiplano potosino, de Homero Adame, publicado en 2010 como parte de los festejos del Bicentenario en San Luis Potosí y en México.

Para hacer un libro de oralidad de estas características, el investigador e incansable viajero hizo un exhaustivo trabajo de campo por toda la ruta que siguieron Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros supuestos héroes de la Independencia a lo largo de tierras ahora potosinas, del desértico Altiplano, en aquel entonces incluidas en la Intendencia de San Luis Potosí (supuestos héroes porque ellos no lucharon por la independencia, como sugiere la historia oficial, sino por otros ideales). En este ejemplo se habla sobre la historia relacionada con Cedral, donde Miguel Hidalgo y algunos de sus acompañantes pernoctaron una noche de febrero de 1811 antes de seguir su camino hacia Coahuila, vía la hacienda El Salado, el punto más septentrional que tocaron en San Luis Potosí.

Nota: la foto de la imagen de Miguel Hidalgo en un monumento fue tomada en la plaza de Portezuelos, municipio de Cerro de San Pedro, SLP, y forma parte del archivo fotográfico de Homero Adame.

Las brujas de Albarcones y la Virgen de la Purísima Concepción

Las brujas de Albarcones

Portada de Haciendas del Altiplano, Tomo I - libro de Homero AdameEsta leyenda de las brujas de Albarcones, en el municipio de Doctor Arroyo, N.L. fue publicada en el libro Haciendas del Altiplano, historias y leyendas. Tomo I: Grandes latifundios virreinales, de Homero Adame, por Conaculta a través de la Dirección de Publicaciones de la Secretaría de Cultura de San Luis Potosí. 2012.
Para saber más sobre el contenid0 del libro sigue este enlace:

Haciendas del Altiplano. Tomo I

 

De cómo se enteraron en provincia que México había logrado su independencia

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Este relato ficticio sobre la consumación de la Independencia de México fue ideado como tarea escolar y desarrollado por Milán Arvayo Adame, Homero Adame y Jorge Adame M. en septiembre de 2013.

(Tenemos la sospecha de que la tarea fue reprobada…)

Juan Soldado – mito y leyenda de Tijuana, BC

JUAN SOLDADO

Leyenda de Tijuana, Baja California

 

Hubo un tiempo en que anduve yo trabajando en esto de las ventas pero allá del lado de Baja [California]. Tenía yo una ruta desde Tijuana hasta San Luis Río Colorado, ya del lado de Sonora, ¿eh?, pero mi casa estaba en Tijuana. Juan SoldadoEn aquellos años Tijuana era una ciudad muy fea, llena de vicios, de mal vivientes, de polleros y gente que quiere cruzar al otro lado, pues. No’mbre, con decirle que las calles estaban llenas de basura y había burdeles en cada esquina. Yo ya no he vuelto por aquel rumbo desde hace unos –¿qué serán…?–, desde hace unos 15 o 20 años; no estoy seguro. Pero me han contado que ahora es una ciudad muy moderna, que está muy arreglada, que muy limpia, pero la verdad no sabría decirle yo si es cierto –cuenta el agente de ventas Fernando Sánchez, radicado en el Distrito Federal.

Bueno, hay una leyenda que a mí me contaron varias veces, una leyenda de un soldado muy famoso que porque dizque que es ahora santo. Le dicen «Juan Soldado» y ahí en el mero panteón está su tumba. No’mbre, hasta yo fui a verla de pura curiosidad y, fíjese que sí, está tapiadita de regalos que le lleva la gente a la que Juan Soldado le ha concedido un deseo. Son como pagos de mandas, pues. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

Pero, déjeme contarle: ese San Juan Soldado no cumple cualquier petición, sino que lo que él hace es que supuestamente ayuda nomás a la gente que quiere cruzar la frontera sin que los pesque la migra. O sea que es así como el santo de los migrantes, pues.

 

Quién fue Juan Soldado

En el panteón municipal800px-Fotos_favoritas_252 se encuentra la tumba de un soldado que en vida se llamó Juan Castillo Mireles. De acuerdo con las crónicas, este hombre fue fusilado en los años 30 (del siglo XX) porque se le acusó de haber violado a una niña. Aún se rumora que el proceso judicial fue manipulado para con ello tener a un culpable y dar carpetazo al asunto; la sentencia recayó en este soldado que, muchos piensan, era inocente. Debido a esto último, la creencia afirma que su ánima ayuda a la gente, en particular a los migrantes que desean cruzar la frontera. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

 

Notas:

La primera imagen fue tomada del blog juancastillomorales. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

La segunda foto fue tomada del blog Club de Pensadores Universales. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su creador.

Mitos y leyendas de todo México - Portada en blogs

Esta misma leyenda, pero editada en un tono diferente, fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por la Editorial Trillas.

 

Puedes conseguir el libro en cualquiera de las sucursales de Editorial Trillas en el país o bien, a través de la Tienda en línea.

Para más fácil acceso, éste es el enlace directo al libro: Mitos y leyendas de todo México.

Mitos y leyendas tabasqueñas: Los yumká

LOS YUMKÁ

Leyenda de Frontera, Tabasco

Yo digo que hay dos tipos de historias, las que contamos nosotros y las que cuentan los mayas –anticipa el Sr. Maximino Álvarez–. 686534-1344x840-[DesktopNexus.com]Nosotros sabemos historias de piratas, y de tesoros y de aparecidos, pero los mayas saben de espíritus, de la Xtabay, de los duendes. Le digo esto porque cuando estábamos chicos trabajó en mi casa una mujer maya que era de una comunidad chiquita allá por Naranjos, creo. Ella nos contaba historias para que según esto nos portáramos bien, y sí nos asustábamos, pero ahora ya de grande me he dado cuenta de que ella no las inventaba, sino que más bien eran historias de su gente.

Me acuerdo muy bien de una historia de unos duendes que en la lengua de los mayas les dicen «los yumká». Decía doña Chelo –así se llamaba la mujer– que en todas las selvas de Tabasco vivían esos duendes, esos yumká, pero que casi nadie podía verlos, y que también vivían en los pantanos. Que yo me acuerde nunca nos dijo cómo eran esos duendes, pero en mi imaginación yo me los figuraba vestidos de verde, con zapatos rojos y sombrerito picudo, porque así se miraban en los cuentos de hadas, pero ahora sé que los dibujos de esos cuentos son de allá de Europa, entonces los yumká no pueden ser iguales, pero la verdad no sé cómo serán, si es que existen, ¿verdad?

Entonces doña Chelo spirit-of-the-rainforest-3decía que los yumká vivían en la selva y en los pantanos porque Dios los creó para que protegieran esos lugares, para que los protegieran de que la gente no fuera a destruirlos, ni a construir pueblos, ni hacer carreteras ni talar los árboles. Entonces que cuando alguien llegaba con las intenciones de hacer un daño a la selva –a la ecología decimos ahora–, los yumká se las ingeniaban para que la gente mejor se fuera a otros lados. (Leyenda de Homero Adame.)

No sé, ésas son historias y creencias de los mayas, pero algo de cierto puede haber porque, ya ve, hay muchos lugares despoblados completamente, donde es pura selva, puro pantano, y casi nadie se atreve a meterse. Y ahora ya hay hasta reservas protegidas por el gobierno, como ésta de los pantanos aquí al sur, y de seguro los mayas que todavía quedan habrán de decir que esa protección es obra de los yumká.

En la mitología de los mayas chontales, el yumká (también escrito como yumka’) es un personaje sobrenatural, tipo chaneque, cuya labor es cuidar la selva. El origen de su nombre se deriva de dos vocablos: yum, dueño, señor o protector, y ka, selva, tierra o lugar. Otras versiones afirman encuentran sus raíces en Yum Kaax, una antigua deidad maya del maíz. Las pocas referencias de él provienen de la tradición oral tabasqueña, pero dadas sus particularidades, nos remite al Cuahutepochtle[1] de la mitología nahua e incluso a los aluxes[2], también mayas. (Explicación de Homero Adame.)

        En este relato, escuchado en Frontera, se abordan las características más comunes asociadas con los yumká: protegen la selva, los pantanos y todo el hábitat natural. Algo interesante es que sólo se le puede ver de soslayo, lo que concuerda con historias de otras partes del mundo que hablan de duendes o seres sobrenaturales a los que, por lo general, es casi imposible verlos directamente o tener contacto con ellos.

[1] Véase: Cuahutepochtle, un duende singular, en el relato correspondiente a Tlamacas, municipio de Amecameca, Estado de México.

[2] Véase: Los aluxes, en el relato correspondiente a Valladolid, Yucatán.

Notas:

1. La primera imagen fue tomada de desktopnexus.com. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

2. La segunda imagen fue tomada del sitio de internet Eden project. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a sus creadores.

Libro de Homero Adame3. Una versión similar de esta leyenda, aunque editada con un tono más literario, fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México. Editorial Trillas. México, D.F. 2010.

El libro se puede conseguir en muchas librerías del país, así como en todas las librerías de Trillas. Otro modo de adquirlo es a través de su tienda en línea siguiendo este enlace:

Mitos y leyendas de todo México en Editorial Trillas

 

Mitos y leyendas de San Luis Potosí – El cerro de La Pez

EL CERRO DE LA PEZ

Leyenda de Ébano, SLP

 

Para tratar de entender el porqué del nombre del cerro de La Pez, así como el origen del petróleo en esa zona de la Huasteca potosina, tal vez algunas leyendas regionales nos ofrezcan una explicación.

Una versión nos dice que en la época prehispánica los habitantes de la región, los téenek o huastecos, venían a venerar al cerro porque, según sus creencias, decían que el pez más grande que jamás haya existido en la laguna se convirtió en cerro, pero que era una Ébano, SLP - foto de Homero Adame (2)pescada. Aquellos huastecos, que eran pescadores, subían al cerro a dejarle ofrendas a esa diosa para con ello asegurar una buena pesca. Entre las ofrendas siempre llevaban un pescado fresco de cada captura y lo dejaban como alimento para el gran espíritu del cerro.

Otra leyenda explica que el nombre de la laguna, “Marla”, se debe a que el cerro no era un pez, sino más bien una sirena, una mujer pez que así se llamaba y se convirtió en cerro y desde entonces es la cuidandera de la laguna.

Siglos después, cuando descubrieron el petróleo, la gente creyó que el color oscuro en el suelo, el chapopote, era por la sangre que brotaba de la sirena. Muchos aseguraron que cuando perforaron el pozo número 1 le habían cortado una vena a Marla y por causa de su dolor y mucho enojo su sangre salía de color negro.

Book by Homero Adame

Notas:

1. Otra versión de esta leyenda fue publicada en Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí. Secretaría de Educación del Gobierno del Estado y Secretaría de Cultura. San Luis Potosí. 2007.

2. Cuenta la historia que el primer pozo petrolero que se abrió en México fue precisamente al pie del cerro de La Pez. Puedes leer al respecto siguiendo este enlace: El cerro de La Pez y el primer pozo petrolero mexicano.

Etno-zoología y folklore, con Homero Adame

Entrevista con Homero Adame, quien habla de su trabajo, sus investigaciones, sus libros publicados, en particular sobre las creencias en torno a los animales que conviven con los humanos.

Portada de animales - de Homero Adame

Miguel Hidalgo NO estuvo en Villa de Guadalupe, SLP

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Si tienes interés en la historia oral relacionada con la Independencia y el paso de Miguel Hidalgo por el estado de San Luis Potosí, o si tienes interés en saber sobre la historia de Villa de Guadalupe, SLP, puedes consultar el libro La ruta menos conocida de Miguel Hidalgo, historia oral en el Altiplano potosino, de Homero Adame, publicado en 2010, el cual también incluye leyendas relacionadas con el “Padre de la patria” e introducción histórica del Mtro. Carlos Tapia Alvarado.

Para hacer un libroLa Ruta de Hidalgo - libro de Homero Adame 2010 de oralidad de estas características con el motivo del Bicentenario (aunque hay que aclarar que el bicentenario de la Independecia será en 2021), el investigador hizo un exhaustivo trabajo de campo por toda la ruta que siguieron Miguel Hidalgo, Ignacio Allende y otros dizque héroes de la Independencia a lo largo de tierras ahora potosinas, del desértico Altiplano, en aquel entonces conocidas como Intendencia de San Luis Potosí. En este ejemplo se habla sobre la historia relacionada con Villa de Guadalupe, un pueblo que ni siquiera existía en 1811 y, por lo tanto, decir que Miguel Hidalgo estuvo en Villa de Guadalupe es más que una leyenda urbana, más que un error de historiadores que copian los errores de otros (o de Internet) sin investigar a fondo.

Nota: las fotos son del archivo fotográfico de Homero Adame. La imagen de portada fue obra de Beatriz Gaytán. La foto de Miguel Hidalgo fue tomada en la plaza de Portezuelo, SLP, municipio de Cerro de San Pedro.

Mitos y leyendas mexicanas: El pitacoche

EL PITACOCHE

Leyenda escuchada en La Luz, municipio de Catorce, SLP

El Pitacoche - Zoológico de Homero Adame (1)

No parecen existir referencias mitológicas, legendarias o folclóricas sobre el pitacoche o cuitlacoche (Toxostoma curvirostre), un ave que habita en el sur de los Estados Unidos, así como en los desiertos de Sonora, de Chihuahua y en la Altiplanicie Mexicana, por lo que tal vez este relato sea un caso aislado, o bien, esa ave sea un inédito motivo de folclor y mitología universal.

Sin embargo, en este relato encontramos un elemento convencional de mitología y folclor: el castigo, en este caso por desobediencia.

Supersticiones sobre animales en el desierto (2)

Este relato fue publicado en el libro Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano, de Homero Adame. En esta obra el autor nos ofrece un tratado de antropología al enfocarse en un aspecto muy específico del folclor: las muchas creencias y supersticiones que existen sobre animales, pero vistas y narradas como leyenda, en muchos casos. Al final de cada uno de los 57 relatos que contiene el libro, Homero Adame añade dos apartados: un comentario sobre el animal o insecto como motivo de leyenda o del folclor universal y la ubicación geográfica y el contexto histórico del lugar donde recopiló esos relatos.

Mitos y leyendas de Colima: El tesoro de ocho sacos en el volcán

EL TESORO DE OCHO SACOS EN EL VOLCÁN

Leyenda colimense escuchada en Comala, Colima

 

Acá del lado del volcán Volcan por docente de la Universidad de Colimahay muchos lugares misteriosos, pero nosotros sabemos de un tesoro muy grande que está compuesto de ocho sacos –anticipa el Sr. Nicasio, que vende fruta en la plaza de Comalá–. El tesoro está dividido en dos partes: una está en un lugar que le dicen «Salsipuedes» y la otra, en El Zapotal. Cuatro sacos están adentro de una cueva y otros cuatro están adentro de un árbol hueco. Dicen que ese árbol hueco habla y los que dicen que lo han oído hablar dicen que la voz misteriosa les dice que ahí está el tesoro. En la cueva también hay una voz que dice lo mismo, que ahí está el tesoro. Es la misma voz para los dos tesoros porque, como le digo, esos dos tesoros es uno solo pero dividido en dos partes.

[…] Ah, bueno, lo del árbol hueco también es un misterio porque dicen que no es así un Árbol hueco en Costa Ricaárbol que se le vea el agujero, sino que está hueco por dentro y completo por fuera. O sea que por eso no es fácil dar con él; no es fácil saber cuál árbol es.

Entonces lo que cuentan es que la voz de ese espíritu pide que vayan cuatro personas para que entre los cuatro puedan sacar el tesoro. A una señora de por aquí, la voz –el espíritu ése– la aceptó y le pidió que llevara a tres personas más. La señora ha llevado a muchísima gente y por quién sabe cuántos motivos el espíritu no los acepta, los rechaza. Con decirle que hasta muchos se desmayan con la pura impresión de escuchar una voz fantasmal, de ultratumba. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Pero eso no es todo: según esto, hay que pasar varias pruebas antes de poder sacar el tesoro. Una de ellas es un toro fantasma que se aparece y entre las cuatro personas tienen que dominarlo. Esa prueba está fácil porque luego viene una serpiente que es horrible y aunque sea fantasma comoquiera mata de susto porque, yo me imagino, no puede picar ni tiene veneno.

La señora consiguió a otra persona que llevó allá y después de pasar otras pruebas Ahualulco, SLP - cerro huachichil - foto de Jorge Adameel espíritu la aceptó, o sea que ya van dos y faltan otras dos personas para que entre las cuatro puedan sacar ese dinero, esos ocho sacos en el volcán.

La verdad no sabemos desde cuándo está ese tesoro ahí, quién sabe si sea de la época de la guerra cristera o de más antes, porque por este rumbo se sabe que hubo muchos ladrones y asaltaban y escondían el dinero en cuevas o lo enterraban en lugares donde sólo ellos supieron y nadie los ha podido encontrar. De seguro a esos ladrones los mataron tarde o temprano y ellos se llevaron a la tumba el secreto del lugar en donde habían escondido el dinero. Pero lo que sí sabemos es que en este caso son ocho sacos repletos de monedas de puro oro. (Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.)

 

Notas:

1. La foto del volcán fue tomada de una página de internet de la Universidad de Colima. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su creador.

2. La foto del árbol hueco fue tomada del sitio de internet Luna de miel en Costa Rica. Que el enlace sirva de crédito y agradecimiento a su creador.

Mitos y leyendas potosinos: Un ánima que buscaba confesión

UN ÁNIMA QUE FUE A BUSCAR CONFESIÓN

Leyenda de Moctezuma, SLP

 

Moctezuma, SLP - foto de Homero Adame en julio 2009 (13)Dícese que allá por 1923 se dio un caso muy extraño en Moctezuma, según platicaba el sacristán de aquella época. Acababa de pasar la fiesta patronal y la vida ya volvía a la normalidad. Sucedió una noche que el pueblo ya dormía cuando el padre Mesas escuchó que tocaron la puerta del curato y como Leandro, el mozo y sacristán, no se levantó, entonces el sacerdote mismo fue a ver quién era a esas horas de la noche, y pensó que sin duda se trataba de un moribundo o de alguien que se estaba muriendo en alguna ranchería y habían venido a buscarlo para que fuera a darle la bendición y ponerle los santos óleos. Se asomó el padre por el postigo y se dio cuenta que era un ánima que fue en busca de confesión. Leyenda recopilada por Homero Adame.

De acuerdo con lo que Leandro contaba a sus amigos, que según el padre Mesas le había dicho, éste confesó al ánima que le dijo: “Yo soy Fulano de Tal y vengo de tal parte y quiero confesarme con usted y con San Jerónimo”…

Al terminar la confesión, y luego de haber sido absuelta, el ánima dio vuelta y se fue como con el viento; se fue desapareciendo y lo último que el padre vio de ella fue que se dirigió rumbo al panteón.

 Moctezuma, SLP - fiesta de San Jerónimo - foto de Homero Adame (1)

Puedes leer más sobre Moctezuma siguiendo este enlace: Fiestas patronales de San Jerónimo

Leyendas de Tamaulipas: La Virgen del Chorrito

LA VIRGEN DE EL CHORRITO

Leyenda de Hidalgo, Tamaulipas

El Chorrito, Tamaulipas - foto de Homero Adame - blog 2 parte 1

El Chorrito, Tamaulipas - foto de Homero Adame - blog 2 parte 2

Las fiestas dedicadas a esta virgen, con sus peregrinaciones, son el 19 de marzo y el 12 de diciembre.

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