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Los ahorcados de la casa maldita – Leyenda de Juitepec, Morelos

Casa maldita en Morelos 1 - leyenda de Homero Adame

Para saber algo sobre Juitipec, Morelos

Jiutepec (del náhuatl Xiuhtepec o Xiuhtepetl: “En el cerro de las piedras preciosas”) estaba habitada por familias nahuas cuando llegaron los españoles. Terminada la conquista, estas tierras fueron dadas como merced a Hernán Cortés, quien las anexó a su marquesado del Valle de Oaxaca. Siglos más tarde se fundaron varias haciendas en esta región. En 1852, el pueblo de Jiutepec perdió parte de su territorio que fue integrado a la hacienda de Atlacomulco. Debido al descontento, los habitantes lucharon ferozmente contra los hacendados durante la Revolución Mexicana. Con la Reforma Agraria se reconfiguraron muchos municipios del estado, y el 10 de mayo de 1930 se fundó el municipio de Jiutepec, teniendo a esta población como su cabecera.

Si te interesa este libro y quieres saber más de su contenido, sigue este enlace: Leyendas de todo México, aparecidos y fantasmas, de Homero Adame.

Mitos y leyendas de la Virgen de Guadalupe: Leyenda poblana

EL NICHO DE LA VIRGEN DE GUADALUPE QUE NO SUFRIÓ DAÑOS

Leyenda o sucedido en Tepexi de Rodríguez, Puebla

Allá en Tepeji de Rodríguez se dio un caso milagroso el día del temblor [de 1999], pues en el penal que se cayó cuentan que en una pared quedó una Virgen de Guadalupe intacta en su nicho, no le sucedió nada. Así dicen que fue, que se cayeron todas las paredes de ese penal, los techos, las celdas se derrumbaron, todo, pero nada le sucedió al nicho de la virgen. Leyenda de Homero Adame.

Entonces parece que la gente dio aviso –al sacerdote de allá, sería– y luego anduvieron con el brete de que se la querían llevar a la virgen a la parroquia. Pero, fíjese, nadie pudo moverla porque se hacía muy pesada y era imposible siquiera levantarla. Qué le digo, según contaron que eran varios hombres muy fuertes los que querían levantarla y ni así podían mover a la virgen. Hasta dijeron que iban a mandar por una grúa para moverla. En eso andaban cuando llegó el arzobispo, la bendijo y decidieron dejarla ahí –no sé si le harían capilla o qué–. Entonces se supo que ella se aquerenció en ese mismito lugar y ya no se quiso ir.

Nota: esta leyenda me la contó doña Graciela García, quien vende artículos religiosos en la parroquia de Tepeaca, Puebla.

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