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Mitos y leyendas de Yucatán: El maquesh

EL MAQUESH

Leyenda escuchada en Mérida, Yucatán

1231430976750_fEl maquesh (también escrito makech o maquech) es así como un bicho que se parece al escarabajo. Lo que yo sé es que los nativos mayas los encuentran en los troncos podridos porque ahí viven esos maquesh y luego le pintan el lomo, les amarran una cadenita en lo que es el cuello y así lo venden en los mercados. También otras gentes que no son mayas compran los maquesh y les pegan pedacitos de vidrios de colores con resistol para que parezcan que tienen como joyas y los venden porque dicen que son de buena suerte para cosas del amor. Lo malo es que los turistas los compran y esos bichos se mueren en tres o cuatro días por causa del resistol –dice el Sr. Rómulo Estrada.

Dicen que el maquesh se alimenta de aire y que puede vivir cien años. Yo no sé si esto sea verdad, pero el caso es que, vivo o muerto, siempre está inmóvil y con las patas tiesas. (Recopilación de Homero Adame.)

Lo que sí sabemos es que desde hace muchos siglos las mujeres mayas lo usan como amuleto. Es que, según las leyendas mayas, hace muchos siglos hubo una princesa maya que ya estaba comprometida en matrimonio con un príncipe, pero ella se enamoró de un muchacho muy pobre que no tenía tierras ni tampoco pertenecía a las clases sociales. joyeria_makechCuando el Rey se enteró de que su hija se reunía a escondidas con el muchacho, lo mandó sacrificar. Cuando ella se enteró de que lo habían atrapado y de que lo iban a sacrificar, le rogó a su padre que no lo mataran con la condición y la promesa de no volverlo a ver. El papá le dijo que estaba bien.

La princesa, todavía soltera, se quedaba llorando todas las noches porque ya no sabía dónde andaba su amado. Entonces resulta que un brujo se dio cuenta de la tristeza de ella y para ayudarla hizo un hechizo para que el muchacho se convirtiera en maquesh. Entonces le llevó ese escarabajo a la princesa y le dijo que era su amado y que lo cuidara, que lo decorara con joyas y que siempre lo llevara cerca de su corazón.

Así dice una leyenda y desde aquel entonces las mujeres mayas usan el maquesh como amuleto de amor y se lo cuelgan así como prendedor en la blusa cerca del corazón porque así es la tradición. Luego, como le digo, se hizo popular esta tradición y empezaron a vender esos bichos a los turistas.

Nota: las imágenes fueron tomadas de Internet, Joyería Makech y detodoymuchomas. Que los enlaces sirvan de agradecimiento a sus creadores.

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Mitos y leyendas de Yucatán: Tzukán, el monstruo del cenote

TZUKÁN, EL MONSTRUO DEL CENOTE

Leyenda escuchada en Chunkanán, municipio de Cuzamá, Yucatán

 

Ya había oído hablar de un monstruo que habita en los cenotes de Yucatán, pero no sabía exactamente qué o cómo era. Andando en una ocasión de viaje por la península yucateca, caímos de casualidad a una hacienda todavía henequenera, la de Chumkanán, donde en un tendajo platiqué con los hermanos Echeverría. Uno de ellos, escritor empírico tanto en español como en maya, me platicó algunas leyendas locales y me habló del cenote que se encuentra a menos de cuatro kilómetros de ahí. Obviamente fuimos a conocerlo. El recorrido se hace en «Camino al cenote de Chumkanán en truc - foto de Homero Adametruc», una especie de vagón abierto de ferrocarril, muy pequeño, y tirado por mula o caballo, que se usa para acarrear el henequén.

Como ya llevaba conmigo la referencia del monstruo del cenote, que le llaman «tzukán» (puede estar mal escrito), cuando llegamos al cenote y bajamos por una escalera de concreto hasta el tranquilo espejo de agua, le pregunté a Silverio, nuestro guía y «chofer» del truc, si sabía algo del mentado monstruo. El rostro de Silverio se tornó serio, casi sombrío, y mirando hacia todos los rincones del cenote me dijo: “Si quiere, primero dese un chapuzón y ya cuando salgamos le cuento lo que a mí me han platicado.” Su respuesta se me hizo enigmática, pero intuí por qué no quería hablar en ese momento: los yucatecos tienen un ancestral respeto por estas pozas naturales. Alrededor de una hora más tarde, ya en el exterior y bajo la sombra de un árbol, Silverio me contó lo siguiente:

“Aquí todos sabemos del tzukán. Yo nunca lo he visto ni quiero tener la mala fortuna de encontrármelo, pero dicen que vive en los cenotes, que puede salir en éste o en cualquier otro, porque todos los Cenote de Chumkanán, Yucatán - foto de Homero Adamecenotes están comunicados por abajo. Me platicaba mi papá que hace muchos años dos muchachos vieron al animal ése, y sólo uno pudo vivir para contar su experiencia.

Habrá sido hace como un medio siglo más o menos. La hacienda estaba en buena pujanza, el henequén daba riqueza y en temporada los hacendados contrataban a gente extra para darle más duro al jale de la fibra. Entonces parece que una vez que contrataron a muchos trabajadores extras andaban dos entre la bola que vinieron de un lugar que le dicen «Sotuta».

Un día se vino por este rumbo una cuadrilla en los trucs a cortar henequén y ya en la tarde se fueron de regreso. Pero esos dos muchachos, que traían un truc, se quedaron mero atrás porque dijeron que se iban a meter a darse un chapuzón aquí en este cenote –en aquel tiempo no había escalera; creo que bajaban agarrados de una riata–. Los compañeros que sí sabían la historia les dijeron que no se metieran cuando oscurece porque luego sale el tzukán, pero ellos no quisieron creer.

Contaba mi papá que habrán sido como las diez de la noche cuando llegó uno de esos muchachos bien asustado. Llegó solo, sin su compañero y sin el truc. Tzukán 2Del susto se fue corriendo hasta el pueblo y dejó el truc con bestia y carga aquí mismo. Entonces platicó ese muchacho que ya se habían bañado en el cenote y que ya se iban a salir cuando de repente como que el agua comenzó a burbujear. Los dos se asustaron y corrieron a la salida, o sea rumbo a la riata para treparse. Como él llegó primero, fue el primero en subir, pero en eso estaba cuando su compañero echó un gritote bien feo. Dice mi papá que dijo ese muchacho que vio para abajo –todavía había buena luz, aunque ya era de tarde– y que alcanzó a ver a un animal de color verde, como una serpiente de cabeza como de perro que se les venía encima. Entonces que el tzukán agarró a su compañero de un pie y lo arrastró, y que su compañero iba gritando bien feo. No, con el miedo pues no se iba a quedar a ver si le ayudaba a su amigo, ¿no?

Luego al día siguiente fueron varios hombres y encontraron bastante sangre aquí abajo junto al agua, y vieron unas huellas muy raras. Entonces sí fue cierto eso que el tzukán se comió a ese trabajador. Ah, y luego parece que el muchacho que lo vio estuvo muy malo de espanto y que mejor se regresó a su tierra. Creo que nunca volvió a Chumkanán”.

Notas:

1. El dibujo prehispánico de las serpientes fue tomado del sitio de Internet Los viajes del agua en el Mayab. Que el enlace sirva de crédito a su creador.

2. Las fotografías del truc y del cenote son de Homero Adame.

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