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El último encuentro de los desterrados – Cuento de Homero Adame

EL ÚLTIMO ENCUENTRO DE LOS DESTERRADOS

Por Homero Adame

 

Al crepúsculo de una tarde-noche más, de esas tantas que transcurren en Cerro de San Pedro sin que alguien les preste atención, de pronto se vieron centenares de filamentos opacos por aquí y por allá; eran como luces espectrales que sólo los que estuvieron allí las notaron, si acaso aún tenían la facultad de hacerlo. Tales lucecillas brotaron de la nada, pero en puntos específicos de los alrededores: cerros, tiros de minas y socavones, casas abandonadas, de alguna esquina, de la iglesia de San Pedro, del templo de San Nicolás, del arroyo siempre seco, detrás de alguna piedra o mogote y, por supuesto, de los rumbos del panteón. Avanzaron las lucecillas sin prisa hasta convergir en la Capilla de San Nicolás en Cerro de San Pedro, SLPexplanada frente al templo de San Nicolás. Se saludaron cordialmente, sin recelos ni alegría.

Entre el numeroso grupo estaban la mujer de negro que solía merodear la puerta del templo, los encomenderos españoles, el sacerdote decapitado, los accidentados de la carreta despeñada, el borracho que murió al caer en un tiro de mina, los colgados del mezquite, el apuñalado de la cantina, algunos indios huachichiles, la niña violada y descuartizada, el muchacho que se quitó la vida por despecho, los fusilados, el peluquero envidioso, la mujer de blanco, el barrenador, los mineros que jamás fueron rescatados, el anciano que murió en completa soledad, los gavilleros y también el ánima de aquel infeliz que fue asesinado y sepultado encima de un baúl repleto de joyas y monedas de plata. Y sobre la escalinata de la antigua escuela, se encontraba nada menos que el convocante de tan inédito concilio: el temido y legendario Grafes.

“Amigos, vecinos, viejos conocidos y ánimas todas del mismo peregrinar en este valle sin lágrimas –dijo el Grafes, en tono solemne cuando todos estaban ya reunidos–. Agradezco que hayan aceptado venir a esta convención, a pesar de que algunos de ustedes fueron enemigos en vida o creen tener cuentas pendientes. Creo que saben cuál es el propósito de congregarnos aquí esta noche, por única vez, y me gustaría que todos y cada uno de ustedes dieran su opinión y, de tal modo, llegar a un acuerdo mutuo”.

“Con todo respeto, mi estimado Grafes, yo pensé que iba haber baile y música y por eso he venido –dijo el ánima del borracho, con palabras entrecortadas– pero si me explican con todo respeto por qué estamos aquí sin músicos ni mezcal, pues yo también tengo derecho a dar mi opinión”.

“Claro que algunos músicos estamos aquí –dijo uno de ellos–, pero no nos invitaron a una fiesta y ni instrumentos tenemos ya”.

“Estamos aquí porque ya no tenemos nada que hacer en este lugar ni tampoco hay cristianos que se asusten –dijo la mujer de blanco, y se oyó un murmullo de muchos espectros como en avenencia–. Desde hace mucho tiempo ya nadie nos ve, ya nadie cree que nuestras ánimas existen”.

“Mi alma no ha podido descansar después de tantos siglos –dijo el encomendero español–. No pasa día del Señor sin que mis culpas me atormenten por haber tratado mal a tantos infelices. No encuentro perdón y dudo que este cónclave sea para perdonarme a mí o a cualquiera que en vida cometió algún delito”.

“Todos son perdonados por la misericordia del Señor, hijo mío –le respondió al encomendero el sacerdote decapitado–. Sólo arrepiéntete de tus pecados y tu alma quedará absuelta”.

“¿Y nosotros de qué tenemos que arrepentirnos si nuestra única falta fue no haber querido trabajar como esclavos en esas minas del demonio y por eso se nos acusó de revoltosos” –preguntó uno de los colgados del mezquite.

“Yo me he arrepentido una y otra vez por haber sido tan envidioso y adúltero. Sentía que ustedes me hacían menos y como venganza enamoré a sus mujeres. Y pese a mi arrepentimiento, no encuentro misericordia de nadie –reclamó el peluquero envidioso.

Y así transcurrieron las primeras horas del concilio, en esa noche como cualquier otra, pero especial y diferente por las circunstancias. Los pocos habitantes del pueblo ya dormían y los que no, estaban en sus casas viendo televisión o escuchando música a todo volumen sin que esto alterara la tranquilidad de los demás y menos la de las ánimas reunidas en la explanada, como tampoco ni vivos ni muertos se sentían perturbados por el ocasional estruendo de la dinamita a lo lejos. Las lechuzas que habían estado sobrevolando, finalmente se posaron en un pirul para estar atentas a la conversación.

Todas las ánimas presentes hablaron de sí mismas, de sus “vidas”, del tormento de no poder encontrar descanso, de saber que aun habiendo sido sepultados sus cuerpos en camposanto seguían penando entre el mundo de los vivos y el de los muertos. En un momento determinado, el encomendero dijo a los huachichiles, en tono que denotaba odio ancestral.

“¿Y vosotros, indios desterrados, tenéis algo que aportar a este cónclave? ¿Acaso no habéis aprendido el castellano en todos estos años de vivir como ánimas chocarreras?”.

“Siempre rejegos, hasta en el purgatorio” –murmuró el sacerdote decapitado.

“Idioma castellano o cualquier otro es innecesario para comunicarse entre espíritus –respondió uno de los huachichiles, como portavoz de sus compañeros–. Rejegos sí hemos sido porque jamás hemos creído en símbolo de cruz ni en figura de hombre lacerado, porque cruz no salva a nadie como no ha salvado a sacerdote intrigoso y murmurador. Desterrados no somos como ustedes porque ésta ha sido nuestra tierra y será hasta fin de tiempos. Ánimas chocarreras no somos porque aquí seguimos viviendo y deben todos saber que aceptamos venir a asamblea convocada por Grafes por curiosidad de saber si ya se van ustedes para siempre”.

“Que Dios los oiga y ya nos permita irnos para siempre –dijo la mujer de negro–. Aunque rezo y rezo por ese momento, mi alma no se va lejos de la bendita capilla de San Nicolás.

“Los rezos no sirven para nada –dijo uno de los gavilleros, quien fue secundado por el peluquero envidioso, por el apuñalado de la cantina y por varias ánimas más–. En vida muchos de nosotros nos arrepentimos, rezamos y hasta nos santolearon en el lecho de muerte, y qué sucedió. ¡Nada! Seguimos pagando nuestras culpas.

“A mí, sin haber pecado, también me pusieron los santos óleos, me dieron cristiana sepultura en el panteón, me hicieron todas las misas y debí haber encontrado descanso. Han pasado más de 150 años y sigo aquí, merodeando la nada, acaso esperando encontrar a mi asesino para vengarme” –chilló el ánima de la niña que fue violada y luego descuartizada.

“El sacerdote se negó darme cristiana sepultura, no ofició una misa de cuerpo presente para mí, no me puso los santos óleos ni me pasó los sahumerios –dijo el muchacho despechado–. Explicó a mis padres que yo era un ser maldito, una vergüenza para la santa iglesia, y sus palabras provocaron que ellos se vieran obligados a enterrarme afuera del panteón. Si mi final fue un tormento, más mi eterna búsqueda del perdón.

“Ojalá que al menos hubiera alguien que se tomara el tiempo de venir a dejar flores y ofrendas en nuestros sepulcros durante los Días de Muertos –se lamentó el anciano que falleció en completa soledad–, pero ni eso queda en este pueblo que fue olvidado por la gracia divina”.

“Ya dejen de estar quejándose –dijo el infeliz que fue asesinado y sepultado encima del baúl lleno de monedas de plata–. Mi ánima está atrapada en una tumba deshonrosa y clandestina porque mi patrón me dejó allí para que cuidara su tesoro. Él se largó de aquí y sólo Dios sabe si su ánima ande penando en San Luis o en otra parte, pero acá jamás regresó y me dejó atrapado, aunque la tumba luego haya sido profanada y mis huesos regados, pateados y vueltos a enterrar. Y así como yo, todos estamos aquí atrapados porque este pueblo está más muerto que nosotros y no nos deja salir para encontrar descanso.

Este comentario dio un giro importante a la conversación del concilio. Recordaron las épocas de bonanza, cuando había vida, alegría, dinero y trabajo a raudales. Recordaron también el abandono y la ruina, cuando hasta los gambusinos se fueron para jamás volver. No pasaron por alto evocar las animadas fiestas patronales del 29 de junio y los convites del pasado, además de señalar que las del presente solían estar muy desangeladas. Hablaron de los visitantes ocasionales, esos que llegan a pasear un rato, curiosear e irse; de los festivales culturales que algunas personas enamoradas del pueblo y de su pasado histórico organizan para reavivar su grandeza o para impedir que sea destruido por la minera canadiense.

Al mencionarse la Impacto de la minera canadiense en Cerro de San Pedro, SLPminera, todos voltearon a mirar al Grafes, esperando un comentario suyo, pues cayeron en cuenta de que había estado observando silenciosamente durante toda la velada. Nada dijo entonces, pero se dio otro giro a la conversación y no hubo un solo presente que estuviera de acuerdo con las nuevas formas de minería o de vida. Sin embargo, el tema se prestó a discusión, ya que algunos afirmaron que la presencia de esa compañía minera y de los trabajadores había traído una nueva dinámica a Cerro de San Pedro, dinámica de actividad, de renacimiento y, acaso, de una nueva bonanza, mientras que otros se quejaron porque, según su opinión, los trabajadores venidos de lejos en nada beneficiaban al pueblo, como tampoco lo hacía la minera, que si algo había hecho era simplemente perturbar el descanso de las ánimas.

“¿Cuál descanso?” –interpelaron los accidentados de la carreta despeñada y los que habían muerto fusilados–. “Nunca han descansado nuestras ánimas y esa gente nueva en nada beneficia ni tampoco altera nuestro aburrimiento, o mejor dicho, nuestra zozobra”.

“Ningún descanso –apoyó uno de los mineros cuyo cuerpo jamás fue rescatado después de una explosión en la mina–. Lo peor para nuestra desgracia es que hace poco una de esas enormes máquinas que andan haciendo un boquetón a cielo abierto descubrió nuestros huesos, los removió, los aplastó y siguen y seguirán perdidos entre cúmulos de tierra y jale. Nuestra última esperanza de cristiana sepultura y descanso eterno se esfumó para siempre”.

El barrenador exhaló un suspiro lastimero y pidió perdón a sus compañeros por haber sido el causante de sus muertes. Éstos dijeron que nada había que perdonar porque fueron gajes de su oficio y que ni siquiera el Grafes hubiera podido ayudarlos. En eso, a lo lejos se escucharon varios aullidos de coyotes. Pronto amanecería y ese singular encuentro llegaría a su fin. Fueron el barrenador, un gambusino y los huachichiles quienes pidieron al Grafes que expresara su opinión o diera sus conclusiones, si acaso las tenía.

“A estas alturas de casi la madrugada todos ustedes ya saben exactamente por qué estamos aquí –dijo el Grafes, por fin–. A todos y a cada uno de ustedes los conozco desde que llegaron a Cerro de San Pedro; he estado en esta tierra desde antes que nacieran. Me conocen como Grafes, como Jergas, como el Gris, como el Espíritu de la mina. Unos creen que soy benefactor y otros me temen. Soy anterior a la fe cristiana, anterior a los huachichiles, anterior a cualquier memoria que de aquí se tenga. No soy ánima en pena porque nunca he nacido ni he tenido cuerpo que haya muerto, aunque algunos crean que soy el fantasma de un minero que perdió su vida en un accidente. Lo más aproximado es decir que soy el espíritu de esta tierra, más que de las minas ya explotadas, ahora vueltas a explotar o aún por descubrir.

“Por ser el espíritu de esta tierra los llamé a esta asamblea para decirles que ya también he perdido el ánimo de seguir aquí, porque todo tiene un inicio y todo llega a su fin. No recuerdo cuándo llegué ni quién me ordenó que me quedara a velar por el bienestar del territorio y sus moradores, pero sé que mi tiempo está a punto de concluir y que otro espíritu para esta tierra habrá de ocupar mi lugar.

“Han de saber que también he perdido el ánimo de seguir aquí porque estas nuevas formas de minería son inauditas y más destructivas, son mezquinas y depredadoras; no respetan a nada ni a nadie, extraen todo lo que pueden y cuando las compañías se van, lo único que dejan es un páramo y los mantos envenenados. La bonanza es efímera y más temprano que tarde se irán esas compañías con sus maquinarias a alterar la paz o el devenir de otras ánimas en otro lugar. Para entonces, Cerro de San Pedro, que de cerro ya sólo el nombre le queda, no será ni pintoresco ni atractivo para nadie.

“Estamos aquí reunidos porque esto quería decirles, como también para decirles que el pueblo no tiene atrapado a nadie; son las culpas personales, los remordimientos, las muertes violentas y sus desenlaces lo que los tiene a ustedes atrapados. Y en breve, cuando tres coyotes canten su plegaria al primer rayo de sol que aparezca en el horizonte, será el momento que muchos de ustedes han esperado por décadas o siglos. Se abrirá la puerta de los tiempos y podrán irse para encontrar el ansiado descanso. La decisión es propia y les deseo mucha suerte a todos” –concluyó el Grafes y volvió a su silencio.

Hubo animación e incredulidad en el ambiente. Ninguna de las ánimas sabía qué hacer o decir. ¿Cómo prepararse para partir? ¿Podrían llevarse algo? ¿Pero qué? ¿Podían irse juntos o debían hacerlo por separado? Esas luces espectrales se movían de un lugar a otro en la explanada, como dando vueltas o círculos frenéticos. Hasta las lechuzas alzaron el vuelo y revolotearon en círculos también. Es posible que ellas quedaran liberadas del influjo, si acaso estaban atrapadas por igual.

Los colores de la aurora se hicieron cada vez más intensos en el oriente. El silbato de la minera se escuchó a lo lejos. El pueblo comenzaba a despertar para tener un día más en su monótono devenir. Justo cuando asomó el primer rayo de sol, tres coyotes aullaron en el horizonte. Una fuerte racha de viento se dejó sentir, cobrando fuerza para tornarse en remolino sobre la explanada. Las pocas personas que ya andaban en las calles se santiguaron.

La luz del sol irradió sobre el pueblo de San Pedro. La gente y los mineros por igual intuyeron que hoy sería un día diferente o tal vez todo sería diferente a partir de hoy.

En pocos segundos nada quedó en aquella explanada, ni siquiera el recuerdo de un encuentro inusual de ánimas desterradas. Sólo los espíritus de los antiguos huachichiles regresaron al monte para seguir viviendo en armonía con su entorno intangible.

Este cuento, de Homero Adame, fue el ganador en el 2do Concurso de Cuento Corto convocado para el Onceavo Festival Cultural de Cerro de San Pedro, 2012.

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Mitos y leyendas huicholes: El nacimiento del Sol

EL NACIMIENTO DEL SOL

Leyenda huichol recopilada por Carl Lumholtz

“Dicen los huicholes que en los principios del tiempo, no había en el mundo más luz que la de la Luna, lo que traía muchos inconvenientes a los hombres. Reuniéronse entonces los principales de ellos para ver la manera de dotar al mundo de mejor luz, y le rogaron a la Luna que les enviase a su único hijo, muchacho cojo y tuerto. Comenzó ella por oponerse, pero consintió al fin. Diéronle al muchacho un vestido de ceremonia, con sandalias, plumas y bolsas para tabaco; lo armaron de arco y flechas, y le pintaron la cara, arrojándolo luego a un horno donde quedó consumido. Pero el muchacho resucitó, corrió por debajo de la tierra, y cinco días después apareció el Sol.

Cuando éste irradió su luz sobre la tierra, todos los animales nocturnos (los jaguares y leones monteses, los lobos, los coyotes, las zorras y las serpientes) se irritaron muchísimo y dispararon flechas contra el astro del día. Su calor era grande y sus deslumbrantes rayos cegaban a los animales nocturnos, obligándolos a retirarse con los ojos cerrados a las cavernas, a los charcos y a los árboles; pero si no hubiera sido por la ardilla y el pitorreal no hubiere podido el Sol completar su primer viaje por el cielo. Éstos fueron los dos únicos animales que lo defendieron; hubieran preferido morir antes que dejar que se diera muerte al Sol, y le pusieron tesgüino en el ocaso para que pudiera pasar. Los jaguares y los lobos los mataron, pero los huicholes ofrecen sacrificios hasta el presente a aquellos héroes y dan a la ardilla el nombre de Padre”.

Esta leyenda fue publicada por Carl Lumholtz, 1904 [1902], (2: 106-107) y tomada del FaceBook de Real de Catorce Mágico

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Leyendas indígenas mexicanas

Norteñismos norestenses (letras V, Y y Z)

NORTEÑISMOS NORESTENSES

Diccionario sobre el habla y otros referentes del Noreste de México

 

Obra de Homero Adame y de Jorge Adame M.

 

Diccionario del Noreste de MéxicoConjuntar un diccionario del habla de cualquier país o región es tarea ardua que requiere de mucho tiempo de charlas, escuchar a los demás y compilar. Aún más: también requiere de clasificación y eliminación metódica, es decir, excluir las palabras o frases que son comunes en otras partes y no sólo de la región de estudio. Ése fue el reto que los autores tuvieron para poder publicar finalmente el lexicón de Norteñismos norestenses… una obra sobre el habla y la cultura de la región Noreste de México que comprende los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, así como el Altiplano potosino. El libro tiene dos secciones:

1. El lexicón, con las palabras o vocablos que son propias de la región (en ocasiones incluyendo ejemplos para demostrar sus usos), al igual que datos geográficos, históricos y del folclor y cultura noresente, lo cual enriquece el trabajo y lo convierte en una especie de diccionario enciclopédico regional.

2. La sección de Expresiones, frases, dichos y locuciones ofrece otra faceta del habla norestense, con oraciones pintorescas que se utilizan como metáfora o en sentido figurado.

Veamos a continuación algunos ejemplos de las letras V, Y y Z que aparecen en el libro.

V

Valín, ina. adj. Chafa, de mala calidad. Ya deja de comprar cosas valinas. // 2. Cosa ilegítima, falsa, pirata. Nombre, tus películas son valinas. // 3. Persona chambona, que hace las cosas mal. El herrero es muy valín. sin.: balín (i.t.a.).

Valona. f. Bicicleta pesada, fuerte y de llanta gruesa que frena con los mismos pedales al moverlos en sentido contrario; está casi en desuso. sin.: balona.

Varejonear. v.tr. Varear; dar de golpes con una vara o varejón. Güerco latoso, si no te sosiegas te voy a varejonear.

Varitero, a. m. y f. Folc. Zahorí; persona que utiliza una vara u horqueta de algunas especies de arbustos que crecen a la orilla de los ríos o arroyos, como el membrillo, para encontrar agua o tesoros enterrados. sin.: varillero, barítono, segurín.

Verdión, ona. adj. Verde, inmaduro; «verdón». Lalita como que está medio verdiona. / Esos aguacates todavía están verdiones. // 2. Verdoso. No me gusta el color verdión de tu coche. sin.: verdioso.

Viborera. f. Accesorio de consistencia dura que cubre las piernas, hasta las rodillas, y sirve para protegerse de las mordidas de las víboras. sin.: polainas.

Virusa. adj. Atento, vigilante, en guardia. Estate virusa, no vaya ser que lleguen los sorchos.

Volquetazo. m. Maroma al aire con veloz caída. Los cirqueros estuvieron dándose volquetazos. // 2. Golpe fuerte, porrazo, zapotazo. Anoche me di un volquetazo bien feo.

Volanta. f. Punto de revisión aduanal móvil y temporal que se instala cerca de la frontera, en fechas determinadas y en lugares poco convencionales.

¡Vóitelas! interj. ¡Sopas!, ¡Mocos!, ¡En la torre! ¡Vóitelas! Qué carambazo te diste. Véase también: ¡Vóitelas con carambola!, en la sección de Expresiones y frases.

Y

Yaks. m. pl. poch. del inglés jacks: matatena. A las niñas les encanta jugar a los yaks. sin.: yaques, pinaco.

Yipa. f. rur. Jeep; vehículo automotor para todo terreno. Al rato vengo, voy a la majada en la yipa. sin.: yipe.

Yonke. m. poch. del inglés junkyard: chatarrería, depósito de chatarra. Lugar donde desarman y venden chatarra y partes automotrices. sin.: deshuesadero de automóviles.

Yuqui. m. Gast. Raspado; golosina hecha de hielo triturado o raspado que se sirve en un vasito de papel cónico y se endulza con sabores artificiales. sin.: raspa.

Z

Zambutir. v.tr. y prnl. Zambullir, sumergir. Tole zambutió al niño en la acequia. // 2. v.tr. vulg. Robar, timar. Renato metió a la cárcel a sus socios porque se lo querían zambutir. // 3. v.intr. vulg. Hacerle el amor, cogerse a alguien. A esa morra ya se la zambutieron.

Zangolengo. m. rur. desus. Acto de moverse y hablar incesantemente, yendo con habladurías de un lugar a otro. Pos qué tanto zangolengo agarras. sin.: zangoleo.

Zarcillo. m. Arete, pendiente.

Zarrapastriento, a. adj. barb. Zarrapastrón; que anda muy zarrapastroso, andrajoso, sucio.

Zopilote. adj. / m. Dícese de la persona que anda en busca de algo gratis. // 2. m. Sujeto de piel morena con apariencia sospechosa que provoca desconfianza. Tenga cuidado, mi niña, que luego en la esquina se para un zopilote muy feo.

Zoyate. Véase: soyate, en sus dos acepciones.

Zurumbas. adj. Que está atolondrado, atontado, «zurumbato», o por andar borracho, o por haber recibido un golpe, o por andar adormilado. sin.: zurumba, surumba.

Foto de Homero Adame

Notas:

1. Si te interesa adquirir este diccionario, búscalo en librerías de Ciudad Victoria, Monterrey, Saltillo, San Luis Potosí o Torreón, así como en Real de Catorce. También es posible comprarlo a través de este blog; sólo escribe un mensaje para preguntar por él.

2. Nota: puedes ver más entradas de este diccionario enciclopédico en este enlace:

Mitos, leyendas y tradiciones de México

Norteñismos norestenses (letras O, P, Q)

NORTEÑISMOS NORESTENSES

Diccionario sobre el habla y otros referentes del Noreste de México

 Libro de Jorge Adame M. y de Homero Adame

Conjuntar un Libro de Jorge Adame M. y Homero Adamediccionario del habla de cualquier país o región es tarea ardua que requiere de mucho tiempo de charlas, escuchar a los demás y compilar. Aún más: también requiere de clasificación y eliminación metódica, es decir, excluir las palabras o frases que son comunes en otras partes y no sólo de la región de estudio. Ése fue el reto que los autores tuvieron para poder publicar finalmente el lexicón de Norteñismos norestenses… una obra sobre el habla y la cultura de la región Noreste de México que comprende los estados de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas, así como el Altiplano potosino. El libro tiene dos secciones:

1. El lexicón, con las palabras o vocablos que son propias de la región (en ocasiones incluyendo ejemplos para demostrar sus usos), al igual que datos geográficos, históricos y del folclor y cultura noresente, lo cual enriquece el trabajo y lo convierte en una especie de diccionario enciclopédico regional.

2. La sección de Expresiones, frases, dichos y locuciones ofrece otra faceta del habla norestense, con oraciones pintorescas que se utilizan como metáfora o en sentido figurado.

Veamos a continuación algunos ejemplos de las letras O, P y Q que aparecen en el libro.

O

Oaxaca. f. Costal utilizado por los talladores de lechuguilla para juntar el ixtle cuando tallan a campo abierto. Se teje con la misma fibra de lechuguilla y, además, lleva aros hechos con ramas de huizache. sin.: guacal.

Ocasionado, a. adj. / m. y f. Persona que hace cosas sin premeditación e improvisadamente, aprovechando la oportunidad del momento. // 2. Pedigüeño que sólo pide limosna cuando se cruza en su camino alguna persona o turista que aparenta tener recursos y disposición.

Óincale. Sonido onomatopéyico (del cerdo) que se usa en tono de burla cuando alguien está comiendo mucho. Óincale, tú no comes, ¡tragas!

Orejones. m. pl. Gast. Calabaza deshidratada cortada en tiras. // 2. Platillo de Cuaresma consistente en orejones lampreados y condimentados. // Folc. De acuerdo con una popular leyenda de General Zuazua, N.L., los orejones fueron invento de un anciano de grandes orejas que se apareció para enseñarles a las mujeres cómo preparar los tajos de calabaza para que tuvieran alimento en épocas de escasez o carestía. Dado que su enseñanza fue bien acogida por la comunidad, muchos años después se apareció de nuevo y les enseñó a preparar orejones (rebanadas secas) con otras frutas, como chabacanos, duraznos y manzanas.

Orilludo, a. adj. Persona mal humorada, «que no tiene lado». La vieja de la yerbería es muy orilluda.

P

P.U.P. m. Folc. Pro Unificación de los Pendejos; mejor conocido como Partido Único de Pendejos. Organización creada por Hermenegildo Torres, en Monterrey, N.L., a finales de la década de 1950, la cual fue muy famosa y exitosa. Para ser aceptados en dicha organización, sus miembros tenían que aceptar abiertamente que eran pendejos.

PFoto de Homero Adameachorrudo, a. adj. Pachorra, lento, tardado para hacer las cosas. Búllele, no seas pachorruda.

Paistero. m. Cabello despeinado, desordenado. Péinate ese paistero tan horrible. ~ Nota: Etimol. Esta acepción hace alusión al paistle o heno. Véase también: paistle.

Pájaro masero. m. Zool. Especie de pájaro pequeño de color grisáceo, es muy común en estas tierras. Se les llama así porque su dieta consiste principalmente de masa. ~ Nota: no fue posible encontrar su nombre científico.

Paletoso, a. adj. Fornido, musculoso; «cuadrado». Desde que va al gimnasio, Roberto se ha puesto muy paletoso. // 2. Presumido, arrogante, altanero. Me desagrada Felipe por paletoso.

Pan de Bustamante. m. Gast. Pan dulce que se elabora en la ciudad de Bustamante, N.L., con harina de trigo, piloncillo, anís, canela, nuez y cacao. Es muy popular en todo el Noreste del país. ~ Nota: su origen es tlaxcalteca.

Pandurata. f. Bot. (Ficus lyrata Warb) Árbol frondoso de la familia de las Moráceas, que llega a medir hasta seis metros de altura; sus hojas son grandes y gruesas, de color verde oscuro. Es muy común en los jardines y patios norestenses.

Papa de Galeana. f. Bot. (Solanum tuberosum) Papita, papa chiquita. Variedad de papa que se distingue por ser de menor tamaño y con un sabor más intenso que la papa común. ~ Notas: en el Noreste casi toda la papita viene de Galeana, municipio en el sur del estado de Nuevo León, enclavado en la Sierra Madre Oriental; de ahí su nombre. // 2. Los lugares donde se cultiva esta variedad son en los valles serranos, mientras que la siembra de otras variedades se localizan también en Coahuila y en la región del Altiplano potosino. // 3. En otros lugares la llaman «papa cambray». sin.: papita de la sierra.

Pardear. v.intr. rur. Atardecer; cuando cae la tarde, cuando el sol se pone. Nomás pardea y empiezan las chicharras a cantar. // 2. Verse, divisarse, hacerse notar. Ya pardearon la loma y el papalote del rancho. sin.: pardiar (i.t.a.).

Pocholacas. f. pl. Enfermedades, malestares, molestias menores que aquejan principalmente a gente adulta. Los ancianos están llenos de pocholacas.

Q

Quebradero. m. Sitio donde quiebran o pelan nueces de manera semi manual.

Quedrá. v.tr. barb. Querrá. ¿Quedrá Rufino acompañarnos? ~ Nota: es la conjugación del verbo «querer» en el futuro para la tercera persona del singular.

Quesadilla. f. Gast. Por antonomasia, taco hecho exclusivamente de queso. ~ Nota: en el centro y sur del país así se le llaman también a los tacos de papa, de flor calabaza, de huitlacoche, de hongos, etc.

Quichu. m. Nickel, moneda americana de cinco centavos; «nicle». sin.: quichú.

Quiniguas. Hist. Grupo amerindio extinto que habitó en las márgenes de los ríos Purificación y Soto la Marina, en Tamaulipas. // 2. adj. Relativo a este grupo indígena.

Quitaburros. m. coloq. Diccionario, enciclopedia, tumbaburros. Sabes que me acabo de comprar un quitaburros de norteñismos norestenses. Trae un chorretal de palabras, incluyendo este ejemplo. sin.: amansaburros.

Notas:

1. Si te interesa adquirir este diccionario, búscalo en librerías de Ciudad Victoria, Monterrey, Saltillo, San Luis Potosí o Torreón, así como en Real de Catorce. También es posible comprarlo a través de este medio –envía un mensaje para preguntar por él.

2. Puedes ver más entradas de este diccionario enciclopédico en este enlace:

Mitos, leyendas y tradiciones de México

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Norteñismos norestenses (letras J, K y L)

NORTEÑISMOS NORESTENSES

Diccionario sobre el habla y otros referentes del Noreste de México

Libro de Homero Adame y de Jorge Adame M.

Después de muchos años de trabajo, los autores publicaron el diccionario de Norteñismos norestenses… para así dar a conocer el habla y la cultura de esta región de México comprendida por los estados de Fotos en venta de Homero AdameCoahuila, Nuevo León, Tamaulipas y el Altiplano potosino. Esta obra tiene dos secciones:

1. El lexicón, con las vocablos o palabras que son propios de la región (en ocasiones incluyendo ejemplos para demostrar sus usos), al igual que datos geográficos, históricos y del folclor y cultura noresente que enriquecen el trabajo y convirtiéndolo en una especie de diccionario enciclopédico regional.

2. La sección de Expresiones, frases, dichos y locuciones ofrece otra faceta del habla norestense, con oraciones pintorescas, que se utilizan como metáfora o en sentido figurado.

Veamos a continuación algunos ejemplos de las letras J, K y L que aparecen en el libro.

J

Jabalín, ina. adj. desp. / m. y f. desp. Persona insignificante, intrascendente.

Jaboncillo. m. Bot. (Sapindus saponaria) Frutillo del árbol del mismo nombre, de consistencia aceitosa de color café, cuyo mucílago se utilizaba para lavar ropa. ~ Nota: hoy en día, los niños siguen usando la semilla a manera de juego, porque al tallarla y ponerla sobre la piel produce un fuerte ardor como si quemara.

Jaibas a la frank. f. pl. Gast. Platillo muy tradicional de Tampico, Tamps., el cual lleva pulpa de jaiba preparada con una salsa blanca llamada «Frank».

Jaina. f. poch. del inglés honey: miel, cariño. Novia. Voy a llevar a mi jaina a la carne asada.

Jalupas. adj. vulg. Tonto; «jalado», «puñetas». sin.: jalupo, chalupas.

Jaulero, a. adj. / m. y f. Dícese del ladrón que se esconde en un comercio o negocio hasta que lo cierran quedándose «enjaulado», para así poder robar.

Jejenerío. m. coloq. Gran cantidad de mosquitos. Anoche el jejenerío no nos dejó en paz. // 2. Multitud de personas. Ah qué jejenerío había en el centro; no podías ni caminar.

Jincado, a. adj. rur. Dícese de algo que ha sido puesto o provocado de mala forma. Lucas trae unos enredos muy jincados.

Jirimilla. f. Albur, truco. ~ Nota: no se confunda con «jiribilla», que significa «movimiento curvo u oscilante que toma un objeto al ser lanzado». sin.: jirimía.

Joya. f. Gast. Popular marca de refrescos de sabores embotellados que se produce y comercializa en una buena parte de esta región del país. Su nombre es casi genérico para refresco de sabor.

K

Kikapúes. Antrop. Grupo indígena, también llamado kiwigapawa o kikaapoa, que pertenece a una de las cuatro etnias que aún habitan en el Noreste, siendo las otras los mascogos, sus vecinos, y la tének (huasteca) y la xi’oi (pame), en el sur de Tamaulipas. Sin embargo, no son naturales de esta región, pues provienen de la zona de los Grandes Lagos de los Estados Unidos. // Geogr. Hist. A mediados del siglo XIX el gobierno mexicano les permitió, a solicitud de ellos mismos, ocupar las tierras donde hoy viven debido a que sus territorios fueron ocupados por los anglosajones. No obstante, a cambio se les pidió defender a los mexicanos de los ataques de los indios apaches y comanches. Como raza trashumante con doble nacionalidad (mexicano-estadounidense), pasan casi todo el año en sus lugares de trabajo en Texas, Oklahoma, Kansas y el norte de los Estados Unidos, para luego en el invierno volver a Nacimiento, Coah., que se encuentra en la sierra de los municipios de Monclova y Múzquiz, y a Tamichopa, en el estado de Sonora. // Ling. La lengua de los kikapúes pertenece a la familia algonquiniana. ~ Nota: como dato adicional, el famoso cineasta de origen coahuilense, Emilio «El Indio» Fernández, fue descendiente directo, por vía materna, de este grupo étnico. Su madre fue la kikapú Sara Romo. // 2. adj. Relativo a este grupo indígena. sin.: kikapoa.

Kodys. adj. desus. Codo, tacaño. No seas kodys; dame de tu coca. sin.: codis. ~ Nota: Etimol. Esta acepción se dio como un juego de palabras con la otrora popular marca de frituras «Kodys».

Kodys. m. desus. Gast. Marca de frituras, ya desaparecida, que surgió en Monterrey, N.L. años antes de que este mercado de botanas empacadas despuntara por doquier. Por mucho tiempo fue, en esta región, palabra genérica para referirse a este tipo de botana.

L

La cucaracha. f. Mús. Famosa canción que al parecer fue compuesta a principios del siglo XIX, pero cuyas estrofas son de la época de la Revolución. ~ Notas: se le ha incluido porque la letra, tal como se le conoce hoy en día, fue escrita en Monterrey, N.L. una noche del año de 1914, durante la estadía de las fuerzas villistas en la ciudad. // 2. Al parecer, «La Cucaracha» aludía al tristemente célebre general Victoriano Huerta, quien entre otras cosas, según se dice, se distinguió por su fuerte adicción a la mariguana.

La lechera. f. rur. Camión de servicio mixto que trasporta pasajeros, animales y víveres, cuya ruta es rural: ranchos, ejidos y rancherías. ~ Nota: Etimol. Este nombre se origina porque anteriormente era el principal medio en el que se transportaba la leche que se producía en los ranchos para ser comerciada en los pueblos o ciudades.

La ola. Fotos para venta de Homero Adamef. Porra muy particular que se practica en los estadios de fútbol soccer, la cual asemeja al movimiento de las olas, de ahí su nombre. ~ Notas: incluimos esta acepción porque, a pesar de tener su origen en los Estados Unidos (Seattle, Wa.), fue precisamente en Monterrey, N.L., el 18 de septiembre de 1984, cuando en un partido de fútbol, en el Estadio Universitario, entre las selecciones nacionales de México y Argentina, se introdujo por primera vez al ámbito futbolístico. Después se extendió al resto del mundo gracias al Campeonato Mundial de Fútbol México 86. Desde entonces se ha vuelto muy popular en todos los estadios de fútbol del planeta. // 2. Fuera de Norteamérica se le conoce como «La Ola mexicana».

Lacio, a. adj. Aflojerado, débil. Por tanto calor me siento muy lacia.

Lambetear. v.tr. Lambisconear, adular, dar o manifestar excesiva atención a las personas con el afán de conseguir algo de ellas. En época de elecciones, siempre lambeteyan a los candidatos. // 2. Lamer, relamer. A Manuelito le da por lambetear los platos.

Lampreado, a. adj. Rebozado, capeado; alimento recubierto con clara de huevo batida en harina y frito en aceite. Véase también: etimología en lamprear.

Lángara. adj. Mañoso, ventajoso, largo. Poncho es un tipo bien lángara. ~ Nota: también se usa, aunque en menor medida, en masculino: «lángaro».

Largotón, ona. adj. / m. y f. Voz usada principalmente por mujeres mayores cuando regañan a un hijo o hija ya crecidos. sin.: largote. Véase también: ¡tamaño largotón!, en la sección de Expresiones y frases.

Lengüerino, a. adj. / m. y f. Hablador, parlanchín; «lengua suelta». sin.: lenguarín, lengua.

Lipanes. Hist. Grupo amerindio, entroncado con los apache, que habitó y asoló hasta el siglo XIX el sur de Texas y el norte de Coahuila, Nuevo León y Tamaulipas. // 2. adj. Relativo a este grupo indígena. ~ Notas: Geogr. En el noroeste de Coahuila se encuentra una cuenca llamada «Bolsón de Lipanes». // 2. En el norte de Texas existe un pequeño poblado con el nombre de «Lipan». // 3. En el Gran Cañón del Colorado, en Arizona, hay un mirador denominado Lipan Point.

Notas:

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2. Puedes ver más entradas de este diccionario enciclopédico en este enlace: Mitos, leyendas y tradiciones de México.

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