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El último encuentro de los desterrados – Cuento de Homero Adame

EL ÚLTIMO ENCUENTRO DE LOS DESTERRADOS

Por Homero Adame

 

Al crepúsculo de una tarde-noche más, de esas tantas que transcurren en Cerro de San Pedro sin que alguien les preste atención, de pronto se vieron centenares de filamentos opacos por aquí y por allá; eran como luces espectrales que sólo los que estuvieron allí las notaron, si acaso aún tenían la facultad de hacerlo. Tales lucecillas brotaron de la nada, pero en puntos específicos de los alrededores: cerros, tiros de minas y socavones, casas abandonadas, de alguna esquina, de la iglesia de San Pedro, del templo de San Nicolás, del arroyo siempre seco, detrás de alguna piedra o mogote y, por supuesto, de los rumbos del panteón. Avanzaron las lucecillas sin prisa hasta convergir en la Capilla de San Nicolás en Cerro de San Pedro, SLPexplanada frente al templo de San Nicolás. Se saludaron cordialmente, sin recelos ni alegría.

Entre el numeroso grupo estaban la mujer de negro que solía merodear la puerta del templo, los encomenderos españoles, el sacerdote decapitado, los accidentados de la carreta despeñada, el borracho que murió al caer en un tiro de mina, los colgados del mezquite, el apuñalado de la cantina, algunos indios huachichiles, la niña violada y descuartizada, el muchacho que se quitó la vida por despecho, los fusilados, el peluquero envidioso, la mujer de blanco, el barrenador, los mineros que jamás fueron rescatados, el anciano que murió en completa soledad, los gavilleros y también el ánima de aquel infeliz que fue asesinado y sepultado encima de un baúl repleto de joyas y monedas de plata. Y sobre la escalinata de la antigua escuela, se encontraba nada menos que el convocante de tan inédito concilio: el temido y legendario Grafes.

“Amigos, vecinos, viejos conocidos y ánimas todas del mismo peregrinar en este valle sin lágrimas –dijo el Grafes, en tono solemne cuando todos estaban ya reunidos–. Agradezco que hayan aceptado venir a esta convención, a pesar de que algunos de ustedes fueron enemigos en vida o creen tener cuentas pendientes. Creo que saben cuál es el propósito de congregarnos aquí esta noche, por única vez, y me gustaría que todos y cada uno de ustedes dieran su opinión y, de tal modo, llegar a un acuerdo mutuo”.

“Con todo respeto, mi estimado Grafes, yo pensé que iba haber baile y música y por eso he venido –dijo el ánima del borracho, con palabras entrecortadas– pero si me explican con todo respeto por qué estamos aquí sin músicos ni mezcal, pues yo también tengo derecho a dar mi opinión”.

“Claro que algunos músicos estamos aquí –dijo uno de ellos–, pero no nos invitaron a una fiesta y ni instrumentos tenemos ya”.

“Estamos aquí porque ya no tenemos nada que hacer en este lugar ni tampoco hay cristianos que se asusten –dijo la mujer de blanco, y se oyó un murmullo de muchos espectros como en avenencia–. Desde hace mucho tiempo ya nadie nos ve, ya nadie cree que nuestras ánimas existen”.

“Mi alma no ha podido descansar después de tantos siglos –dijo el encomendero español–. No pasa día del Señor sin que mis culpas me atormenten por haber tratado mal a tantos infelices. No encuentro perdón y dudo que este cónclave sea para perdonarme a mí o a cualquiera que en vida cometió algún delito”.

“Todos son perdonados por la misericordia del Señor, hijo mío –le respondió al encomendero el sacerdote decapitado–. Sólo arrepiéntete de tus pecados y tu alma quedará absuelta”.

“¿Y nosotros de qué tenemos que arrepentirnos si nuestra única falta fue no haber querido trabajar como esclavos en esas minas del demonio y por eso se nos acusó de revoltosos” –preguntó uno de los colgados del mezquite.

“Yo me he arrepentido una y otra vez por haber sido tan envidioso y adúltero. Sentía que ustedes me hacían menos y como venganza enamoré a sus mujeres. Y pese a mi arrepentimiento, no encuentro misericordia de nadie –reclamó el peluquero envidioso.

Y así transcurrieron las primeras horas del concilio, en esa noche como cualquier otra, pero especial y diferente por las circunstancias. Los pocos habitantes del pueblo ya dormían y los que no, estaban en sus casas viendo televisión o escuchando música a todo volumen sin que esto alterara la tranquilidad de los demás y menos la de las ánimas reunidas en la explanada, como tampoco ni vivos ni muertos se sentían perturbados por el ocasional estruendo de la dinamita a lo lejos. Las lechuzas que habían estado sobrevolando, finalmente se posaron en un pirul para estar atentas a la conversación.

Todas las ánimas presentes hablaron de sí mismas, de sus “vidas”, del tormento de no poder encontrar descanso, de saber que aun habiendo sido sepultados sus cuerpos en camposanto seguían penando entre el mundo de los vivos y el de los muertos. En un momento determinado, el encomendero dijo a los huachichiles, en tono que denotaba odio ancestral.

“¿Y vosotros, indios desterrados, tenéis algo que aportar a este cónclave? ¿Acaso no habéis aprendido el castellano en todos estos años de vivir como ánimas chocarreras?”.

“Siempre rejegos, hasta en el purgatorio” –murmuró el sacerdote decapitado.

“Idioma castellano o cualquier otro es innecesario para comunicarse entre espíritus –respondió uno de los huachichiles, como portavoz de sus compañeros–. Rejegos sí hemos sido porque jamás hemos creído en símbolo de cruz ni en figura de hombre lacerado, porque cruz no salva a nadie como no ha salvado a sacerdote intrigoso y murmurador. Desterrados no somos como ustedes porque ésta ha sido nuestra tierra y será hasta fin de tiempos. Ánimas chocarreras no somos porque aquí seguimos viviendo y deben todos saber que aceptamos venir a asamblea convocada por Grafes por curiosidad de saber si ya se van ustedes para siempre”.

“Que Dios los oiga y ya nos permita irnos para siempre –dijo la mujer de negro–. Aunque rezo y rezo por ese momento, mi alma no se va lejos de la bendita capilla de San Nicolás.

“Los rezos no sirven para nada –dijo uno de los gavilleros, quien fue secundado por el peluquero envidioso, por el apuñalado de la cantina y por varias ánimas más–. En vida muchos de nosotros nos arrepentimos, rezamos y hasta nos santolearon en el lecho de muerte, y qué sucedió. ¡Nada! Seguimos pagando nuestras culpas.

“A mí, sin haber pecado, también me pusieron los santos óleos, me dieron cristiana sepultura en el panteón, me hicieron todas las misas y debí haber encontrado descanso. Han pasado más de 150 años y sigo aquí, merodeando la nada, acaso esperando encontrar a mi asesino para vengarme” –chilló el ánima de la niña que fue violada y luego descuartizada.

“El sacerdote se negó darme cristiana sepultura, no ofició una misa de cuerpo presente para mí, no me puso los santos óleos ni me pasó los sahumerios –dijo el muchacho despechado–. Explicó a mis padres que yo era un ser maldito, una vergüenza para la santa iglesia, y sus palabras provocaron que ellos se vieran obligados a enterrarme afuera del panteón. Si mi final fue un tormento, más mi eterna búsqueda del perdón.

“Ojalá que al menos hubiera alguien que se tomara el tiempo de venir a dejar flores y ofrendas en nuestros sepulcros durante los Días de Muertos –se lamentó el anciano que falleció en completa soledad–, pero ni eso queda en este pueblo que fue olvidado por la gracia divina”.

“Ya dejen de estar quejándose –dijo el infeliz que fue asesinado y sepultado encima del baúl lleno de monedas de plata–. Mi ánima está atrapada en una tumba deshonrosa y clandestina porque mi patrón me dejó allí para que cuidara su tesoro. Él se largó de aquí y sólo Dios sabe si su ánima ande penando en San Luis o en otra parte, pero acá jamás regresó y me dejó atrapado, aunque la tumba luego haya sido profanada y mis huesos regados, pateados y vueltos a enterrar. Y así como yo, todos estamos aquí atrapados porque este pueblo está más muerto que nosotros y no nos deja salir para encontrar descanso.

Este comentario dio un giro importante a la conversación del concilio. Recordaron las épocas de bonanza, cuando había vida, alegría, dinero y trabajo a raudales. Recordaron también el abandono y la ruina, cuando hasta los gambusinos se fueron para jamás volver. No pasaron por alto evocar las animadas fiestas patronales del 29 de junio y los convites del pasado, además de señalar que las del presente solían estar muy desangeladas. Hablaron de los visitantes ocasionales, esos que llegan a pasear un rato, curiosear e irse; de los festivales culturales que algunas personas enamoradas del pueblo y de su pasado histórico organizan para reavivar su grandeza o para impedir que sea destruido por la minera canadiense.

Al mencionarse la Impacto de la minera canadiense en Cerro de San Pedro, SLPminera, todos voltearon a mirar al Grafes, esperando un comentario suyo, pues cayeron en cuenta de que había estado observando silenciosamente durante toda la velada. Nada dijo entonces, pero se dio otro giro a la conversación y no hubo un solo presente que estuviera de acuerdo con las nuevas formas de minería o de vida. Sin embargo, el tema se prestó a discusión, ya que algunos afirmaron que la presencia de esa compañía minera y de los trabajadores había traído una nueva dinámica a Cerro de San Pedro, dinámica de actividad, de renacimiento y, acaso, de una nueva bonanza, mientras que otros se quejaron porque, según su opinión, los trabajadores venidos de lejos en nada beneficiaban al pueblo, como tampoco lo hacía la minera, que si algo había hecho era simplemente perturbar el descanso de las ánimas.

“¿Cuál descanso?” –interpelaron los accidentados de la carreta despeñada y los que habían muerto fusilados–. “Nunca han descansado nuestras ánimas y esa gente nueva en nada beneficia ni tampoco altera nuestro aburrimiento, o mejor dicho, nuestra zozobra”.

“Ningún descanso –apoyó uno de los mineros cuyo cuerpo jamás fue rescatado después de una explosión en la mina–. Lo peor para nuestra desgracia es que hace poco una de esas enormes máquinas que andan haciendo un boquetón a cielo abierto descubrió nuestros huesos, los removió, los aplastó y siguen y seguirán perdidos entre cúmulos de tierra y jale. Nuestra última esperanza de cristiana sepultura y descanso eterno se esfumó para siempre”.

El barrenador exhaló un suspiro lastimero y pidió perdón a sus compañeros por haber sido el causante de sus muertes. Éstos dijeron que nada había que perdonar porque fueron gajes de su oficio y que ni siquiera el Grafes hubiera podido ayudarlos. En eso, a lo lejos se escucharon varios aullidos de coyotes. Pronto amanecería y ese singular encuentro llegaría a su fin. Fueron el barrenador, un gambusino y los huachichiles quienes pidieron al Grafes que expresara su opinión o diera sus conclusiones, si acaso las tenía.

“A estas alturas de casi la madrugada todos ustedes ya saben exactamente por qué estamos aquí –dijo el Grafes, por fin–. A todos y a cada uno de ustedes los conozco desde que llegaron a Cerro de San Pedro; he estado en esta tierra desde antes que nacieran. Me conocen como Grafes, como Jergas, como el Gris, como el Espíritu de la mina. Unos creen que soy benefactor y otros me temen. Soy anterior a la fe cristiana, anterior a los huachichiles, anterior a cualquier memoria que de aquí se tenga. No soy ánima en pena porque nunca he nacido ni he tenido cuerpo que haya muerto, aunque algunos crean que soy el fantasma de un minero que perdió su vida en un accidente. Lo más aproximado es decir que soy el espíritu de esta tierra, más que de las minas ya explotadas, ahora vueltas a explotar o aún por descubrir.

“Por ser el espíritu de esta tierra los llamé a esta asamblea para decirles que ya también he perdido el ánimo de seguir aquí, porque todo tiene un inicio y todo llega a su fin. No recuerdo cuándo llegué ni quién me ordenó que me quedara a velar por el bienestar del territorio y sus moradores, pero sé que mi tiempo está a punto de concluir y que otro espíritu para esta tierra habrá de ocupar mi lugar.

“Han de saber que también he perdido el ánimo de seguir aquí porque estas nuevas formas de minería son inauditas y más destructivas, son mezquinas y depredadoras; no respetan a nada ni a nadie, extraen todo lo que pueden y cuando las compañías se van, lo único que dejan es un páramo y los mantos envenenados. La bonanza es efímera y más temprano que tarde se irán esas compañías con sus maquinarias a alterar la paz o el devenir de otras ánimas en otro lugar. Para entonces, Cerro de San Pedro, que de cerro ya sólo el nombre le queda, no será ni pintoresco ni atractivo para nadie.

“Estamos aquí reunidos porque esto quería decirles, como también para decirles que el pueblo no tiene atrapado a nadie; son las culpas personales, los remordimientos, las muertes violentas y sus desenlaces lo que los tiene a ustedes atrapados. Y en breve, cuando tres coyotes canten su plegaria al primer rayo de sol que aparezca en el horizonte, será el momento que muchos de ustedes han esperado por décadas o siglos. Se abrirá la puerta de los tiempos y podrán irse para encontrar el ansiado descanso. La decisión es propia y les deseo mucha suerte a todos” –concluyó el Grafes y volvió a su silencio.

Hubo animación e incredulidad en el ambiente. Ninguna de las ánimas sabía qué hacer o decir. ¿Cómo prepararse para partir? ¿Podrían llevarse algo? ¿Pero qué? ¿Podían irse juntos o debían hacerlo por separado? Esas luces espectrales se movían de un lugar a otro en la explanada, como dando vueltas o círculos frenéticos. Hasta las lechuzas alzaron el vuelo y revolotearon en círculos también. Es posible que ellas quedaran liberadas del influjo, si acaso estaban atrapadas por igual.

Los colores de la aurora se hicieron cada vez más intensos en el oriente. El silbato de la minera se escuchó a lo lejos. El pueblo comenzaba a despertar para tener un día más en su monótono devenir. Justo cuando asomó el primer rayo de sol, tres coyotes aullaron en el horizonte. Una fuerte racha de viento se dejó sentir, cobrando fuerza para tornarse en remolino sobre la explanada. Las pocas personas que ya andaban en las calles se santiguaron.

La luz del sol irradió sobre el pueblo de San Pedro. La gente y los mineros por igual intuyeron que hoy sería un día diferente o tal vez todo sería diferente a partir de hoy.

En pocos segundos nada quedó en aquella explanada, ni siquiera el recuerdo de un encuentro inusual de ánimas desterradas. Sólo los espíritus de los antiguos huachichiles regresaron al monte para seguir viviendo en armonía con su entorno intangible.

Este cuento, de Homero Adame, fue el ganador en el 2do Concurso de Cuento Corto convocado para el Onceavo Festival Cultural de Cerro de San Pedro, 2012.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: La sirena de Tamiahua

LA SIRENA DE TAMIAHUA (la ninfa de la Huasteca)

Leyenda de Tamiahua, Veracruz

Ésta es la historia de Irene, hija del finado Abundio Saavedra Rosas y de Demasía González Corona, quien vivía con su madre en un pintoresco pueblecito huasteco llamado Rancho Nuevo, entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, en el municipio de Tamiahua en el estado de Veracruz. Irene era una joven hermosa de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra. Madre e hija eran muy creyentes y devotas de la fe católica, que seguían al pie de la letra, así como de todos los usos y costumbres de la misma.

Un día Jueves Santo, allá por los años de 1900 -1920, en plena Semana Santa –que eran días de vigilia o de guardar Irene– había ido a traer leña por el rumbo de Paso de Piedras (leñar es un acto prohibido en estos días). Regresó donde su madre y le dijo: “Ma, yo ando muy sucia y polvienta, que me dan ganas de echarme un baño”. Su madre le contestó: “No, hija, te condenarías. En estos días no debemos agarrar agua, mucho menos bañarnos”. Pero Irene le contestó: “Ay, ma, Dios me perdone pero yo aunque sea me voy a lavar la cara”. Tomó un guacal con dos hojas de jaboncillo y se fue rumbo al pozo a lavarse la cara.

De pronto, su madre escucho unos gritos de angustia. Era Irene quien gritaba: “¡Ma, ma, ayúdame! ¡Ma, ma, ayúdame!”. Luego, sus gritos se convirtieron en un triste cántico como de lamento.

Allí junto al pozo se levantó una gigantesca ola e Irene empezó a convertirse en otro ser, su boca como de pez, sus ojos más grandes, su negra cabellera y su piel se tiñeron como de rojo. Y lo más cruel fue que sus piernas desaparecieron, formándose debajo de la cintura una cola de pez, babosa y con escamas. La ola arrastró su cuerpo por el río rumbo al mar. Los lugareños la siguieron en pequeñas lanchas hasta la laguna. Cuando estaban a punto de alcanzarla, se apareció un extraño barco viejo, destrozado y feo. De pronto, Irene saltó hacia él, mientras esbozaba una sonrisa burlona y cantaba de forma macabra “Peten ak, peten ak” (giren, giren o circulen, en huasteco; hoy en día se dice petenera) para reunir en derredor de ella a toda la especie marina. Y así desapareció de la vista de todos.

Desde aquel entonces, su vieja y cansada madre cada Jueves Santo iba hasta la playa con la ilusión de volver a ver a su hija Irene. Sólo cuentan los pescadores que cuando oyen sus fúnebres cantos, se alejan del lugar porque aquel que la vea sufre desgracias, ya que Irene la sirena se convierte en una rubia y hermosa mujer de dulce vos y prominentes pechos. Se dice que algunos pescadores han muerto cuando la han visto, porque al acercarse miran un ser espectral y horroroso que dicen que les voltea las lanchas y embravece las olas hasta matarlos.

 

 Versión popular publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por el autor para publicarse en este blog.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: Huehueyac Xonkaalli

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Leyendas indígenas mexicanas

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HUEHUEYAC XONKAALLI

El de larga o grande cabellera

Existió alguna vez allá por el año 1200 un horrendo hombre de larga cabellera, ojos destellantes y hocico como de fiera, que por su pelo se confundía con las mujeres de Xonkatlan (lugar de cabelleras o de greñas sueltas), una aldea huasteca, gobernada por una mujer llamada Tezitlal (estrella de piedra) en inmediaciones de la sierra de Kotontepetl (cerros partidos o separados). Pueblo dominado en ese entonces por el reinado de Tomiyahuatl, después de la caída del imperio huasteco chichimeca de Cuextlán.

Este sanguinario hombre que sobrevivió al exterminio total de varones, realizado por las satanizadas guerreras huastecas de raza negra, provenientes del imperio de Tam yam ija (entonces mucha agua) hoy Majaguales o Tamiahua la Vieja.

Huehueyac Xonkaalli habitaba en la espesa selva a salto de mata escondiéndose para no ser descubierto. Aquel hombre juró vengar a los extintos varones de Xonkatlan y aldeas vecinas, que fueron salvajemente castrados, flechados, desollados y devorados por estas sádicas mujeres.

Este hombre se valía de algún poder mágico para entrar al pueblo sin ser visto y robarse a una mujer cada tres días. Las llevaba a una cueva de la serranía, donde por medio de amarras las atacaba sexualmente hasta saciarse, para después cortarles los senos y matarlas. Y como burla o ejemplo de poder, ya muertas las llevaba a cambiar por otra mujer viva. Acto que tuvo indignadas por mucho tiempo a las salvajes guerreras, que por muchas trampas que le pusieron no lo podían descubrir. Temerosas pensaban también que era un ser divino con el que no podrían jamás.

Para fortuna para ellas, una madrugada lluviosa, cuando Huehueyac se llevaba a otra guerrera en brazos, cayó un estruendoso rayo y despertó a todas las mujeres de la aldea y a la que llevaba en brazos también. Ésta despierta lo aprisionaba con sus férreas manos para dar tiempo a que las demás aldeanas lo tomaran preso.

Bajo la lluvia en un rito con danzas y grandes hogueras, le arrancaron los ojos, las uñas de pies y manos, lo castraron, lo flecharon, lo desollaron y lo devoraron.

Para así terminar con el mito de Huehueyac Xonkaalli y vivir tranquilas para siempre, empezando a rendir tributo al Dios “Tlapetlantli” (Trueno o rayo), hasta la muerte de Tomiyahuatl en Tenayucan capital de la huasteca en aquel entonces.

Aunque en ocasiones cuando hay tempestad, gentes de algunas comunidades de la sierra han visto en aparición a este horrible hombre cargando a una mujer ensangrentada, causando gran espanto a las gentes que logran verlo. Y lo apodan “tekuani temiktiloni” (bestia asesina).

Leyenda publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por su autor para publicación en este blog.

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Mitos y leyendas de centros mineros: El Jergas

EL JERGAS

Leyenda de Villa de La Paz, San Luis Potosí

Cuentan que en Villa de La Paz a un minero como de unos 45 o 50 años aproximadamente le salió el Jergas una vez que bajó a la mina. El señor era una persona normal y, supuestamente, desde entonces tiene unos comportamientos diferentes, traumas y problemas psicológicos. Todo mundo lo conoce, es un personaje típico del pueblo y se volvió así por la impresión de haber visto al Jergas. Desde que eso le ocurrió el hombre quedó muy traumado y ya nunca volvió a trabajar en las minas; ni siquiera volvió a bajar a una mina y eso que en aquel tiempo toda la gente de Villa trabajaba en la minería. En cambio, este señor mejor se dedicó a la agricultura pero cada vez más fue perdiendo el sentido de la realidad.

Él platica que cuando le salió el Jergas se asustó y salió corriendo de la mina de Dolores; se salió corriendo y no paró de recorrer hasta que llegó a Matehuala. En otras palabras, en ese momento que se le apareció el Jergas no supo qué hacer y desesperadamente mejor corrió.

La mina de Dolores, en el Cerro del Fraile, es más antigua que la de Cobriza y, según las pláticas, en la de Dolores es donde más han visto al Jergas. Muchos creen que esto es meramente como pláticas de mineros o una leyenda, pero sí fue cierto que a este minero se le apareció el Jergas en la mina de Dolores.

Hay que recordar, sin embargo, que unos que dicen que el Jergas ayuda a los mineros cuando se encuentran en peligro, pero también de repente hace travesuras o asusta a los mineros, saliendo como espanto, y así es como le salió a aquel señor que se traumó.

Plaquette de Homero Adame

Esta leyenda, recreada por Homero Adame, fue publicada en la plaquette Leyendas del Festival del Desierto, en la colección “Cantera la Voz”, como parte del programa de Fomento a la Lectura durante la Feria del Libro de Matehuala, 2005.

Secretaría de Cultura del Gobierno del Estado. San Luis Potosí. 2005

Edición: Mtra. Déborah Chenillo Alazraki

Diseño: Beatriz Gaytán Reyes.

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Légendes mexicaines en français: Un bien joyeux village

UN BIEN JOYEUX VILLAGE

Légende entendue dans la Sierra d’Iturbide

dans l’Etat de Nuevo León au Mexique

Voici ce qui est arrivé à un homme qui m’a lui-même raconté cette histoire. Il m’a dit qu’un après-midi, lui et son ami, allaient à cheval sur un chemin de la Sierra lorsqu’ils entendirent des rires et des chansons. Tous deux s’arrêtèrent pour regarder derrière eux et se rendirent compte que les chevaux devenaient nerveux. L’homme se souvint alors d’une histoire fantastique et la narra à son ami mais celui-ci lui répondit que ce n’était que pures mensonges car ce qu’ils étaient en train de voir était aussi réel qu’ils l’étaient eux-mêmes. Le premier argua qu’ils avaient passé des milliers de fois par ici et que jamais ils n’avaient vu ce village. C’est pourquoi ce qu’ils voyaient maintenant ne pouvait être que l’œuvre du Diable lui-même. Son ami n’en tint pas compte tant il était absorbé par les images qui s’offraient à ses yeux.

Rapidement, deux belles femmes s’approchèrent et, de leur voix mélodieuse, les invitèrent à se joindre à la fête. Don Toño, qui m’a raconté cette histoire, dit à son ami Pedro qu’il leur fallait s’éloigner et ne pas écouter ces femmes. Cependant, Pedro descendit de cheval et marcha en direction de celles-ci sans prêter attention aux conseils de son ami.

Les femmes supplièrent Don Toño de les accompagner également. Il fut à deux pas de céder à la tentation mais il se ressaisit et mieux encore, s’enfuit à cheval, laissant derrière lui son ami, ces visions surnaturelles et l’autre cheval. Alors qu’il était au loin, il pouvait entendre la musique, les rires indécents et les appels des femmes. Et de Pedro, il n’eut plus jamais de nouvelles.

Le troisième jour, son cheval arriva seul et affamé; il ne mangea rien, se laissant mourir de tristesse et de faim.

Mais l’histoire ne se termine pas là… Selon les dires de Don Toño, dès l’enfance il avait entendu parler de cette curieuse légende de la bouche même de son grand-père. Le vieil homme disait que deux de ses amis avaient vu ce même joyeux village et que tous deux avaient accepté l’invitation des deux très belles femmes. Elles les conduisirent à la fête où se trouvaient là des personnes de tous âges, mais point d’enfants. Parmi la foule, l’un d’entre eux crut reconnaître un homme qui était porté disparu depuis de nombreuses années mais il ne put l’assurer.

La fête était une vraie orgie. Hommes et femmes dansaient jusqu’à l’épuisement et tout le monde buvait du vin en grande quantité. On offrit à ces derniers du vin. Lui refusa tandis que l’autre accepta. Il leur fut aussi servi les plus appétissants mets qu’ils n’aient jamais vus jusqu’alors mais il ne mangea point parce qu’il était vraiment effrayé. Ensuite, l’une des femmes s’approcha de lui et tenta de le séduire mais sa peur était forte et il ne succomba pas à la tentation bien que celle-ci fut grande, la femme commençant à se dévêtir. Il fit montre cependant d’une grande volonté et cela même alors qu’il voyait la manière dont son ami prenait simultanément du bon temps avec les deux femmes et que d’autres s’adonnaient sans retenue au plaisir.

Au bout d’un moment, et en raison de la fatigue, il s’endormit et s’éveilla au point du jour. Les chevaux étaient toujours là mais il ne vit aucune trace de son ami ni du village qu’il avait cru avoir vu. Il remonta à cheval et galopa jusqu’au ranch où il raconta son histoire à tout le monde. Ils le crurent tous car, depuis toujours, on avait entendu parler d’hommes et de femmes disparus en cette partie de la Sierra pour avoir vu un bien joyeux village et avoir accepté les invitations que les gens de là-bas leur avaient faites. On n’entendit plus parler de son ami. Il disparut de ce monde.

Selon Don Toño, ce vieil ami de son grand-père fut le seul qui réussit à ne pas rester prisonnier de cette vision surnaturelle parce qu’il avait refusé de boire du vin, de manger un morceau et de s’adonner aux plaisirs. En d’autres mots: n’ayant pas succombé à la tentation, il vécut pour raconter tout ceci.

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Commentaire d’ Homero Adame sur la légende intitulée

«Un bien joyeux village»

Dans de nombreuses parties du monde ainsi qu’au Mexique, on raconte des histoires de villages surnaturels qui n’apparaissent à nos sens qu’en certaines occasions ou à une date donnée. Les mirages ou les visions dans le désert du Sahara dans lesquels on parle de l’existence de villages surnaturels ne se révélant à nos sens que tous les 100 ans en sont un parfait exemple.

Dans un contexte plus régional, on raconte que sur un authentique chemin de la Sierra Madre Orientale, certains jours bien déterminés, on peut entendre de la musique très mélodieuse mais aussi des voix et des rires. Les sons semblent surgir de derrière ou sur la droite de celui qui les perçoit. S’il ose se retourner, il verra qu’une véritable fête est en train d’avoir lieu. Pour le cas où une personne serait à cheval, ce dernier se montrera inquiet et voudra fuir, refusant d’obéir aux ordres de son cavalier si celui-ci tente de se diriger vers la fête.

Il est recommandé de ne pas regarder derrière soi, d’ignorer les sons accueillants et de poursuivre de préférence sa route. Toutefois, si la curiosité est grande, que la personne se retourne, qu’elle assiste à la scène, voici ce qu’elle doit faire: s’éloigner immédiatement et ne pas accepter les tentations qui lui sont offertes parce que, dans le cas contraire, elle restera prisonnière de ce monde comme ceci est suggéré dans cette version racontée par Don Demetrio Velázquez, au cours d’une promenade que nous fîmes dans la Sierra.

Cette légende a été publiée dans le livre d’ Homero Adame Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León (Mythes, contes et légendes de Nuevo León). Editorial Font. Monterrey, N. L. 2005.

Vous pouvez lire et écouter cette légende ici:


Libro de Homero Adame

Cette légende a été publiée dans le livre d’ Homero Adame Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León (Mythes, contes et légendes de Nuevo León). Editorial Font. Monterrey, N. L. 2005. Et peut être lue sur son blog: Mitos, leyendas y tradiciones de México (Mythes, légendes et traditions du Mexique).


Légende recueillie par Homero Adame.

Traduction e video: Cécile Belluard

Relecture: Noële Belluard-Blondel

Notes:

1. Musique utilisée comme fond pour la narration:

*Torogchu. Titres: ”Ya veremos quién es quién” / “Los majestuosos 5 – al rey de villa robles“/ “Soy gaucho santiagueño“/ “Tecleando chamme maceta

http://www.jamendo.com/fr/album/44847

In CDChamame (Licence de distribution: CC BY 2.5)

2. Musique d’ambiance à la fin de la piste:

*Senda. Titre: “La cuñadita”

http://www.jamendo.com/fr/album/76060
In CD “Tras las huellas” (Licence de distribution: CC BY 2.5)

3. La piste MP3 de cette légende est distribuée sous la Licence CC BY-NC-SA 3.0.
http://www.archive.org/details/UnBienJoyeuxVillage

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Enlace a la versión en español de la leyenda “El pueblo festivo”, una leyenda de la Sierra Madre de Nuevo León que habla sobre un pueblo fantástico que aparece cada 100 años.

Mitos y leyendas de la Huasteca: La Tepa del río Tancochin

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Leyendas indígenas mexicanas

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LA TEPA DEL RÍO TANCOCHIN

Leyenda huasteca

 En las márgenes y a todo lo largo del extenso río Tancochin, río que nace en la caída de agua de la sierra de Kotontepetl, en el municipio de Tancoco, y atraviesa los municipios de Naranjos-Amatlán, Chinampa, y desemboca en la laguna de Tamiahua, entre Saladero municipio de Tlamalín y Reforma municipio de Tamiahua, se han escuchado infinidad de cuentos, relatos e historias, como la leyenda de la Tepa.

Según cuentan los abuelos, la Tepa era una mujer muy hermosa, de cara bonita, alta, blanca, de larga cabellera, cuerpo bien torneado, prominentes pechos, ojos coquetos y sonrisa encantadora, cuando se apreciaba de lejos. Pero al tenerla cerca, su apariencia cambiaba totalmente. Su rostro se mostraba pálido y amarillo, sus ojos destellaban odio, su pelo desbaratado, las uñas de las manos largas y filosas y su boca demasiado enojo.

Cuando la Tepa estaba contenta, interpretaba cantos muy tristes en una lengua extraña. Totalmente desnuda se metía al agua y con un guacal se rociaba agua por todo su hermoso cuerpo; al bañarse mostraba todos sus encantos.

Hay quienes aseguran que a las 12 del día, al llegar o estando en sus milpas, de repente sentían una ráfaga de viento que movía todos los arboles, apareciéndose como por arte de magia, sin dejar pasar a nadie por el camino, llenando de ramas y abrojos todas las salidas. Produciendo enorme susto a quienes lograban ver a la Tepa, que en ocasiones sufrían de fuertes fiebres y alucinaciones por muchos días, que algunas personas fallecían por esta causa.

Todos los habitantes de esta región por generaciones, sabían y conocían muy bien el mito de esta terrorífica mujer, que algunos ya venían preparados, con agua bendita, caña o aguardiente y algunas oraciones para alejarla del lugar.

Por eso cuando sembraban preparaban mucha comida, café, agua limpia para beber, pan, tortillas y aguardiente, para comer en la milpa, acompañados de sus peones.

No sin antes ofrendarle a la Tepa en un lugar especial del monte, de la siguiente manera:

  • En siete cazuelitas muy pequeñas de barro colocaban la comida, siete tacitas también de barro colocaban los líquidos (café, agua y aguardiente).
  • Colocaban en el improvisado altar dos copaleros con brasa e incienso, figurillas de barro y caritas sonrientes conocidas como teopaquetl, hoy en día se conocen los restos de barro como tepalcates (vasijas divinas, porque se ocupaban para ofrenda).
  • Después de haber compartido con la Tepa y los peones, hacían un hoyo en medio de la milpa, donde depositaban todo lo que les había sobrado.
  • Para darle de comer a la madre tierra, también encima rociaban el agua, el café y el aguardiente.

Este ritual lo acostumbraban hacer en todas la comunidades huastecas, aunque en algunas de ellas nunca se hubiese aparecido la Tepa.

Se dice que allá por el año de 1960 en una comunidad de Tamiahua, conocida como Buena Vista, al levantar la cosecha, cuando estaban variando el frijol y a la hora de comer sus lonches, se les apareció de repente la Tepa a cinco campesinos.

Entre ellos estaba uno llamado Melitón Santiago, quien sacó su machete y le grito “¡hasta aquí llegaste bruja, hija de tu humilde madre!

 Se le echó encima a machetazos pero sin tocar su cuerpo, siguiéndola hasta perderse en el espeso monte, mientras ella se carcajeaba burlonamente.

 Sus compañeros quedaron estáticos con sus pies engarrotados, gritando angustiosamente ¡Melitón, Melitón, Melitón…!

Después se arrodillaron implorándole a Dios que los ayudara, sin saber que Melitón había desafiado a fuerzas extrañas de la naturaleza, provocando la ira de la Tepa, que se lo llevó para siempre.

Juan uno de ellos corrió a la comunidad para avisar lo sucedido. Al llegar al pueblo gritaba que ¡a Melitón se lo llevó la Tepa! Toda la gente del pueblo se organizó para buscarlo por muchos días, mas no dieron con él. Después de unos cuarenta días, unos vecinos de Tampache encontraron el cuerpo disecado totalmente, la piel bien adherida al esqueleto, como si lo hubiesen chupado. Sólo por sus ropas lo reconocieron. Sí, no había duda, ¡él era Melitón!

Durante esos cuarenta días todas las milpas sufrieron ataques de la Tepa, quebrando las plantas de maíz y arrancando de raíz las plantas de frijol, no así donde habían sembrado ajos y chonacates o cebollinas.

Y los demás campesinos empezaron a sembrar también ajos y chonacates en sus milpas, para alejar a la bruja llamada Tepa que no ha vuelto más por estos lugares.

Nota: Tancochin es una palabra téenek que tiene su origen en un pueblo huasteco del municipio de Tamiahua, muy cerca de la desembocadura del rio con el mismo nombre. Este pueblo huasteco se fundó allá por el año 1180, bajo el dominio del rey Atl-aua, rey de Tamyamija uxquae o Tamiahua la vieja.

De lo que se deriva su nombre, es porque los aldeanos de Tancochin navegaban río arriba en improvisadas balsas para cazar venado, pasando por Yancucum (hoy la laja Moralillo) municipio de Tancoco, hasta la hermosa cascada que sirve de afluente a este río, que anteriormente también se alimentaba del manantial de Agua Zarca que allá por el año de 2009 fue desviada para llenar la represa de Tlamalín y que pasó a mermar la corriente de este importante río.

Significado de Tancochin, en tének, Tan: canoa o balsa, koch u tan: anchura, chin: buche y ch`iin: lanzar o lapidar. Ta`an: ceniza, koch: carga, ko`och: higuera y ch`iin: echar. En conjunto podría ser “echar carga a la balsa” o “echar carga de ceniza”. Descartando la hipótesis de que el nombre viene de tanco por Tancoco y chin por chinampa, ya que el pueblo de Tancochin fue antes que el de Tancoco.

Leyenda publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco

Y enviada por su autor para publicación en este blog.

 

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Mitos y leyendas del Altiplano: El lagarto (semejante a la “culebra”)

LEYENDA DE UN “LAGARTO”

(Versión escuchada en Cruces, Moctezuma, S.L.P.)

Acá vemos una nube que se forma como lagarto; haga de cuenta que se hace la figurita de un lagarto en la nube. El lagarto es muy peligroso, más peligroso que la culebra porque trae más agua. Una vez cayó uno que trajo tanta agua y el agua corrió hasta Moctezuma; aquí se inundó todo el llano y el agua corrió y corrió y dicen que sí llegó hasta Moctezuma.

Yo soy del 13 [1913] y me han tocado muchas lluvias, y también sequías muy largas, pero lluvia como la de ese lagarto nunca. Fotografía de la hacienda de Cruces tomada por Homero AdameMuchas culebras sí me ha tocado ver porque ahí de vez en cuando se forman cuando llegan las lluvias. Y lagartos…, ¿pues que serán? Tantitos, unos poquitos nomás. Ese lagarto que le digo cayó acá por el rumbo de Salinas y dicen que agujeró la tierra, pero son decires porque eso yo nunca lo vi. Yo me acuerdo que desde aquí veíamos que las nubes se estaban formando como lagarto, lejos, muy lejos de aquí, y como quiera se miraba como lagarto. Venía luego tanta agua como avalancha que aquí se inundó. Leyenda recopilada por Homero Adame.

Pero no vaya creer que esto es cosa nueva porque, le diré, los abuelos viejos ya nos platicaban que había que tener cuidado del lagarto porque desde aquellos años ellos ya tenían experiencia. Y ellos sabían porque gente de más atrás ya les platicaban y nos decían luego a nosotros que los primeros que descubrieron al lagarto fueron los indios [huachichiles] que vivían en estas tierras. Pero no, a mí ya no me tocó conocer a esos indios porque se acabaron mucho antes de que yo naciera. Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.

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Explicación de Homero Adame sobre “el lagarto” como motivo de leyendas en este contexto

El lagarto, un reptil perteneciente a la orden de los cocodrilos (Crocodilia), que sólo habita en China y en algunas regiones sureñas de los Estados Unidos, es objeto de diversas creencias populares. En México se le confunde con el cocodrilo o con el caimán y, como animal, asimismo es un motivo importante dentro de nuestra mitología. (Explicación de Homero Adame.)

No obstante lo anterior, el lagarto también aparece en ciertas creencias del Altiplano (región cultural que comprende partes de Coahuila, Nuevo León, San Luis Potosí, Tamaulipas y Zacatecas), en particular relacionado con la lluvia, tal vez como variante de la culebra. Con esto, podríamos decir que esta variante del lagarto es un motivo sin equivalente en la mitología universal.

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Puedes leer más acerca de estos fenómenos siguiendo este enlace:

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Mitos y leyendas de la Huasteca: Cuextécatl

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Leyendas indígenas mexicanas

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CUEXTÉCATL

1036-1116

En esta zona de Tepetzintla se encontraba la ciudad más grande y organizada de todo Huastecapan, con aproximadamente cincuenta mil habitantes, que fue gobernada por el rey huasteco Almehen Muy (conejo noble), aliado del sacerdote tolteca, Huemác (manos grandes) quien sustituyó de manera interina, desde 1039, a Xiutlaltzin (venerable tierra de turquesas) viuda del rey O-Mitl (el huesudo), quien murió en 1035.

En aquellos tiempos, existió una pareja muy joven formada por Ketun (piedra preciosa) y Bilim nacon hobon (gran sacerdote sabio) que engendraron a un niño al que pusieron por nombre Albin hobon (niño sabio) y educaron con mucho ahínco, hasta la edad de 12 años.

Según la leyenda, este niño desapareció misteriosamente del lugar, –quizás estuvo preparándose en algún Calmécac (escuela donde se preparaban los nobles para oficios sacerdotales)– y después de 20 años regresó mostrando gran sabiduría y preparación, tanto que dominaba a la perfección cuatro lenguas diferentes, enseñando a su pueblo la lengua náhuatl, siendo ésta muy fácil de aprender y se usó y sigue usándose como lengua franca para la comunicación en muchos pueblos indígenas. Texto de José Reyes Nolasco

Tras la muerte de Almehen-Muy, Albin hobon o Cuextécatl (abuelo o anciano de los huastecos), a tan corta edad se convirtió en rey del imperio al que le llamaron Cuextlán. Dada su capacidad ideológica, estratega, inteligencia y gran valor, logró establecer alianzas con los nahoas (gente superior o gente que manda), otomíes (othón significa no poseer nada y mí, cazadores que caminan cargando flechas) y los chichimecas (raza o linaje de perros), para defenderse de los ejércitos invasores. Su reinado se extendió entre los tének, pames, nahuas, tepehuas, e incluso hasta los totonacos (prueba de ello que su centro ceremonial, el nombre que lleva Tah k´in –Tajín o lugar de trueno– es vocablo tének).

Según la leyenda de Cuextécatl, cuando regresó del Calmécac desconoció a sus padres. Éstos le preguntaban qué fue lo que lo hizo cambiar y decir que ya no tenía padres, y él les contestó que se debía a alguien mucho mayor a todos los humanos. Ante la presencia de ellos se despojó del bonete o gorro cónico y les mostró su cabeza totalmente rapada y comenzó a relatarles la experiencia obtenida en aquel Calmécac, donde días antes de su retiro, tuvo algunas premoniciones, en las cuales primero se vio en total desgracia buscando, humillante, una mano amiga que le brindara ayuda, y le pidió a los dioses que le indicaran el camino de la verdad, pero ellos le respondían con acciones muy confusas que no le satisfacían, razón por la cual lloró enormemente, y se vio por años prisionero de grandes y poderosos guerreros, hasta el día de su muerte. Cuando despertó estaba en un monte espeso y solitario con mucha hambre, allí sólo encontró agua fresca y cristalina de la que bebió; luego caminó sin rumbo fijo hasta que de agotamiento le dio tanto sueño quedándose dormido y comenzando a soñar nuevamente, viéndose lleno de felicidad, con un mundo de almas dichosas a sus pies, mostrando gran poder de espiritualidad, dominando en todo su origen al mal y a la muerte. Texto de José Reyes Nolasco.

Tuvo un tercer sueño, que fue terrible: sentíase atacado por feroces fieras, serpientes y seres monstruosos como Mictlantecuitl (Mictlan, lugar de los muertos; técuitl, oscuridad de la noche o sea, “señor del país de los muertos y la oscuridad de la noche”) que le dio tanto miedo, pero de pronto se le apareció su madre a la que había dejado abandonada. Extendiéndole los brazos buscó su protección con los ojos llenos de lágrimas, se lanzó sobre ella, pero se desvaneció y él despertó con gran lamento. La cuarta noche soñó que se encontraba flotante en el cielo, alcanzando las estrellas, todos los astros y el cielo. Vio las almas agrupadas en parejas mostrando gran felicidad, pero de pronto vio esas almas desfallecer y descendiendo cada una al inframundo y con ellas caer él también para luego despertar de ese suplicio.

Más tarde volvió a quedarse dormido y vio un círculo luminoso que daba vueltas. Dentro de éste se hallaban muchos guerreros que luchaban a muerte despedazándose encarnizadamente y se escuchaban horribles gritos ensordecedores de dolor, de ira y de espanto. Atento a esta escena y preso de terror, despertó nuevamente y ya no quería dormir jamás, pero el sueño lo vencía y otra vez soñaba, pero ahora con un hombre blanco que llegaba del mar, con su rostro lleno de quietud y de paz, con mucha fuerza y voluntad, con acciones llenas de honestidad, de entrega a su raza, con voz suave que sus palabras llevaban luz espiritual, para ser escuchadas con gozo. Este hombre blanco castigaba el mal y vencía a la muerte, pero de pronto emprendió su camino hacia el mar perdiéndose en las aguas. En otro sueño, Cuextécatl se quedó esperando en la orilla del mar su regreso, por mucho tiempo hasta que el hombre blanco volvió con ejércitos de hombres armados parecidos a él, pero su semblante había cambiado totalmente: era ya de aspecto cruel y frío; sus ojos reflejaban la muerte.

“¡Padre, madre!”, les dijo Cuextécatl al concluir su relato. “Vi cómo cruelmente los hombres blancos destruían y mataban a todos juntamente con mis hermanos, aniquilando a pueblos enteros. Entonces se me aparecieron los dioses, los cuales me recomiendan una vida pura y sana y así estar preparado para el día que esto suceda y poder salvar a mi pueblo, es por eso que ya no puedo llamarles padres, y desde hoy yo seré el caudillo que salve a mi raza”.

Pasó el tiempo. En cierta ocasión los toltecas tomaron cautivo a Cuextécatl y fue sentenciado a muerte, pero antes de ser ejecutado conoció a Quetzalcóatl que abogo por él, siendo liberado y haciéndose muy amigos desde entonces. Al conocer la forma en la que había llegado hasta Tollan (Tula), Cuextécatl pensó que se estaba cumpliendo la realidad de sus sueños, puesto que Quetzalcóatl era el hombre blanco que vino del mar.

Pero todo su destino cambió totalmente cuando para festejar tuvo una reunión en el reinado de Cuextlán (1088), hoy Tepetzintla, con varios señores, patriarcas, sacerdotes y caudillos; reunión mejor conocida como Tlacualli mayahuale (comida de los bocoles o banquete de Mayahuel –Mayahuel también se asocia a la palabra “mayanaliztli” que significa hambre), reunión con la intención de colocar maderos en las partes más altas de los pueblos, en forma de cruz para protegerse de los demonios. Por iniciativa de Quetzalcóatl II los reunidos tomaron cuatro guacales de pulque (4 número sagrado), pero Cuextécatl fue tentado por Tezcatlipockle (espejo humeante) y se bebió unos de más, para después desnudarse y causar desfiguros, que según inconscientemente abusó de la princesa Xochitl (florecita), la hija de Papatzin (quien descubrió la manera de extraer el agua del maguey o pulque en años anteriores) y por lo que cuentan que Cuextécatl bebió néctar en las manos de la diosa, pero después que se dio cuenta de lo que había hecho le dio tanta pena, pues esta acción hizo que perdiera su sacerdocio y desnudo empezó a correr de Cuextlán (Tepetzintla) hasta Pantlan (Pánuco). El jefe guerrero Tlayolo (Corazón de tierra) con sus acompañantes lo siguieron y para que no se sintiera tan mal, también desnudos y corriendo detrás de él, hasta llegar a la región que hoy en día se conoce como Pánuco, donde formó la nueva Huastecapan, no sin antes Cuextécatl agarrar otra borrachera donde perdió su cetro o bastón en un lugar que le llamó Tancuayalab (canoa o balsa con el bastón del soberano) dentro de esta zona. Fundó también el pueblo de Tamuín (víboras o serpientes, también puede ser remolino de agua) o Tamuianchan (país de muchas víboras) que tomó como capital temporalmente antes de llegar a Pánuco.

Allá por el año de 1115, Cuextécatl murió en Pánuco antes de la destrucción de Tollan o Tula. Luego estalló una revolución y con ella la ruina del imperio de Tollan o del pueblo tolteca. Apareció tal como en la profecía de aquel entonces, un colibrí con espolón de gallo, el cual trajo la desgracia, pues se desataron torrenciales aguaceros, huracanes que acabaron con todo y si esto no fuera suficiente, vino una época de cruel sequía que acabó con el resto del poder tolteca. Además, llegaron las enfermedades que continuaron arrasando vidas y por último la invasión de los chichimecas, hombres bárbaros que hicieron que terminara la historia tolteca en 1116. Los chichimecas, tribu o cultura que respetaba demasiado al rey Cuextécatl como su aliado, pero al saberse ya muerto éste, se acabó el respeto hacia el pueblo huasteco que por muchos años había sido su aliado y fue sometido salvajemente a base de la fuerza guerrera.

Así comenzó a realizarse la profecía de Quetzalcóatl: el rey era bueno al principio, pero se hizo vicioso y de mala conducta y muchos nobles y sacerdotes lo imitaron.

Nota: este relato fue enviado por Francisco Segura Bueno originalmente como comentario al post de Los huehues, un legado de Xantolo. Él explica que dicho relato fue tomado del libro Cuextécatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, quien dio su visto bueno para que fuera publicado en este blog.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: El hombre mám

EL HOMBRE MÁM

Leyenda escuchada en Huehuetlán, SLP

En toda la Huasteca existen infinidad de historias, mitos, leyendas y cuentos relacionados con los fenómenos naturales, como las lluvias, las sequías, los incendios forestales. Muchos de esos relatos contienen elementos ricos en mitología y dan explicaciones del porqué de las cosas, o bien, dejan una enseñanza.

Los ancianos de Huehuetlán todavía cuentan que hace muchos, pero muchos años, en la cima del cerro Tamáb vivía una pareja sin hijos. El hombre cultivaba maíz en sus milpas, las cuales daban cosecha todo el año porque siempre había humedad en sus tierras. La gente de los llanos estaba muy preocupada: como abajo llovía muy poco, las cosechas eran malas, y por ende, sufrían por escasez de comida y para colmo, los ríos tenían muy poco caudal.

Sabían que el hombre de Tamáb bajaba al valle a vender su maíz, y como esto les provocaba envidia, aquellos habitantes acordaron celebrar una asamblea, para lo cual esperaron al hombre con su cosecha: querían hablar con él. Le preguntaron por qué él sí recibía lluvia en sus tierras y ellos no. El hombre les explicó sus razones, pero la gente no le creyó y lo metieron a la cárcel.

Al cabo de varios días, tocó el turno del gobernador para interrogarlo y el hombre dijo que si lo dejaban libre, él se encargaría de mandarles la lluvia. Nadie de las autoridades creía que ese hombre pudiera hacer tal cosa, porque ignoraban que en realidad era un Mám, un «señor de las tormentas». Aunque los facultados para otorgarle la libertad se mostraban renuente de hacerlo, el gobernador accedió a que el hombre volviera a su casa con la promesa de enviarles bastante lluvia.

El hombre Mám llegó a su hogar, en la cima del cerro Tamáb, y encontró a su esposa muy preocupada por su larga ausencia. Él le explicó todo lo ocurrido y le dijo que se había comprometido a mandar suficiente lluvia a la gente de los llanos. Su mujer estuvo de acuerdo. Leyenda de Homero Adame.

Efectivamente, esa tarde llovió en las partes bajas de la sierra, pero los habitantes quedaron inconformes y querían más y más agua para sus cultivos y para los ríos. Entonces decidieron subir al cerro para hablar de nuevo con el hombre Mám. Llegaron muy de madrugada, pero como él estaba ausente en esos momentos, maltrataron a la mujer porque su marido les había enviado muy poquita lluvia.

Cuando el hombre Mám regresó a su hogar esa noche, encontró a su mujer llorando. Ella le explicó lo ocurrido y, como respuesta a la falta de gratitud de la gente, él hizo que las nubes bajaran de Tamáb y se descargaran con furia en los llanos. Por días y días llovió como nunca antes; los ríos se desbordaron y los habitantes se vieron obligados a huir porque la corriente arrasó con sus casas.

Mientras tanto, en el cielo estaba Dios observando los acontecimientos y decidió llamar la atención al hombre Mám. Envió por él a varios de sus ayudantes, quienes bajaron a la Tierra y batallaron mucho para convencerlo, pues él intuía que lo iban a regañar. Sin embargo, una vez en el cielo, el hombre Mám rindió cuentas, pero Dios no quedó muy convencido y dijo que le iba a dar un castigo.

Así, Dios envió al hombre Mám a las tierras del norte hasta que aceptara su obligación, tanto de mostrar bondad hacia los humanos como de no abusar de su condición divina de controlar las tormentas. A la esposa la dejó viviendo en el cerro Tamáb. Pero resulta que, como el norte es un lugar muy solo y frío, en vez de que el hombre Mám aprendiera la lección, se volvió muy vengativo y por esa razón cada año él provoca los huracanes. No obstante, siempre pasa a visitar a su esposa y le deja buenas lluvias para que el maíz siga creciendo. Leyenda de Homero Adame. tomada de su blog.

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Esta leyenda, con un contenido de mitología tének (huasteca), salió publicado en el libro Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí. Editado por la Secretaría de Educación del Estado y la Secretaría de Cultura, en 2007. El diseño estuvo a cargo de Beatriz Gaytán, mientras que la edición la hizo Déborah Chenillo Alazraki y la corrección, Mary de Lara.

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Mitos, leyendas y tradiciones de México

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Leyendas indígenas mexicanas

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Mito y leyenda, ¿cuál es la diferencia?

Mitos y leyendas de México: Los eclipses en Nuevo León

LOS ECLIPSES

(Versión escuchada en Atongo de Abajo, municipio de Allende, N.L.)

 

Oiga, amigo, tenga cuidao porque no tarda el eclise [sic] y no es bueno andar en el monte. ¿Usté sabe d’eso de los eclises, ¿vedá? –me pregunta don Jesús, un pastor como de 75 años que anda campeando sus cabras.

[…] Fíjese que los eclises son malos, muy malos. Y pior son los de sol, como el que no tarda en empezar en un rato. Yo me di cuenta porque desde temprano los gallos cantaron diferente, y la mula andaba vuelta loca. Uno sabe d’esas cosas porque pos uno ya ha visto munchos d’ellos. Y luego hace rato dijeron en la radio que iba haber eclise, así que yo ando juntando los animalitos pa’ llevarlos al corral, no vaya ser que luego se me muera alguno.

Los eclises son malos, y ya le digo, los de sol son pior. Con decirle que una vez una señora de por allá andaba preñada y pos se le ocurrió salir cuando estaba el eclise, y como no se colgó una llave de cobre con un listón rojo en la cintura, pos luego se puso mala y perdió la criatura. (Leyenda tomada del blog de Homero Adame.)

Hay gente que luego ya no cree en esas cosas, pero mire, pa’ que no le quede duda le voy a platicar lo qu’he visto. Cuando se tapa el sol a medio día, si uno tiene fruta en el naranjito o en el durazno se cae la fruta, o si no s’empederne, que pa’l caso es lo mismo, pos ya no sirve.

Yo me acuerdo que platicaba una viejita tía mía que hace muncho hubo un eclise de la luna, que se tapó todita, y hubo una señora que por andar haciendo sabe qué cosa salió p’afuera y pos ella no perdió la criatura, pero le salió mala. Salió enfermito y pos ai creció el chamaco todo zurumbato. Taba [sic] más loco que una cabra.

Y luego dicen que si uno mira un eclise que se queda ciego. ¿Será? Yo no conozco a naiden que se haiga quedado ciego por ver el eclise, de sol o de la luna. Así que ya le digo, es mejor que se recoja y se vaya pa’ su casa porque andar juera [sic] cuando se tapa el sol la cosa no es buena. Leyenda encontrada en un blog de Homero Adame.

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No ha existido civilización o cultura en la historia de la humanidad que no haya sentido una extraña fascinación por los eclipses, esos fenómenos celestes que siempre han estado asociados con desastres y calamidades. El temor ha generado un sinfín de mitos y leyendas en todo el orbe.

Una costumbre muy difundida en México es que cuando se anuncia que habrá un eclipse, la gente coloca listones rojos o algún objeto metálico en los árboles frutales con el objetivo de prevenir que la fruta se caiga o se empederna (no madure). Asimismo, muchos suelen refugiarse en sus hogares o bajo cualquier techo para no quedar expuestos a las emanaciones negativas, ya que entre otras creencias populares hay una que indica que ninguna mujer embarazada debe exponerse a un eclipse porque el bebé puede nacer con alguna deformación o incluso muerto. También es común escuchar que un eclipse (de sol) causa ceguera si se le mira directamente, lo cual está comprobado científicamente debido a los rayos ultravioleta que queman la retina.

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Esta leyenda, escuchadaLibro de Homero Adame en Atongo de Abajo, municipio de Allende, N.L., salió publicada en el libro Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León. Editorial Font, 2005. Las fotos son de Homero Adame. Déborah Chenillo Alazraki estuvo al cargo de la edición, mientras que Beatriz Gaytán del diseño. La ilustración es obra de Jennifer Hennen.

Para leer otras leyendas de eclipses, sigue cualquiera de estos enlaces:

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Mitos y leyendas de Durango: La marrana que arrastra una cadena

LA MARRANA QUE ARRASTRA UNA CADENA

Leyenda de Amado Nervo, municipio de Nombre de Dios, Durango

Antes aquí fue una hacienda que se llamaba «Juan Guerra». Por mucho tiempo estuvo de a tiro decaída, pero luego el gobierno le dio una manita de gato a la iglesia, pero al casco no y por eso la casa grande de la hacienda sigue toda ruinosa. Aquí veneramos a San Antonio de Padua, pero también al padre Mateo Correa que fue un mártir y ya es santo. Parece que este templo de San Antonio es el templo más antiguo de todo el estado; eso dicen los maestros a los niños en su clase de historia –explica doña Lupita Gutiérrez, quien hace la limpieza y cuida la pequeña iglesia. (Leyenda tomada de un blog de Homero Adame.)

Las gentes de aquí dicen que cuando hay sequía llega la Llorona. También dicen que por la carretera esa de Villa Unión, allá en medio de Amado Nervo y Santa Cruz de Guadalupe, que sale un perro prieto, pero otros también dicen que sale una marrana bien grandota arrastrando una cadena. Eso es en la carretera y dicen que espantan en la noche como a eso de las doce de la noche, por eso la gente mejor no anda por ahí a esas horas y ya mejor están recogidos en sus casas. Son los vagos que andan en la noche a los que han asustado y también a las personas que por alguna razón tienen que pasar por ahí ya tan tarde.

Según una vez platicaron, hace muchos años se aparecía esa misma marrana bien grandota arrastrando una cadena aquí también en uno de los patios de la hacienda. Entonces parece que unos señores escarbaron un pozo y sacaron una relación; desde entonces ya nunca se volvió a saber de esa marrana, o sea que ya no la volvieron a ver aquí. Pero como ahora sale de aquel lado de la carretera, entonces a lo mejor allá hay otra relación.

Ustedes han de saber que antes a los hacendados, como eran dueños de todas estas tierras, les daba por esconder sus riquezas cuando había problemas como de la Revolución o de otras revueltas, y ellos sabían que si escondían el dinero adentro de su propiedad, o sea, adentro de la casa, lo bandidos podían dar con ese dinero, y es por eso que también ordenaban que enterraran los cofres con monedas y joyas en otros rumbos, por ejemplo debajo de un mezquite o algo así. Por ahí hay gente que dice que a lo mejor donde la marrana se aparece es porque allá también debe de haber alguna relación enterrada. (Leyenda de Homero Adame.)

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En este relato, con varios motivos de mitología, la narradora primero menciona, de manera superficial, a un perro negro fantasmagórico y a la Llorona, dando una explicación poco común para la saga de tan funesto espectro femenino: aparece cuando hay sequía. Enseguida, habla de una marrana arrastrando una cadena –en la saga de leyendas sobre tesoros la marrana y el ruido de cadenas son elementos convencionales y por lo general van juntos. También hace mención de que había un tesoro en algún patio de la ex hacienda y desde que lo sacaron, la marrana dejó de verse por ahí, justificándose así que la aparición misteriosa ya no se vea en ese preciso lugar. Sin embargo, añade que ahora la han visto en otro punto de la carretera y por tal razón se cree que allá exista un tesoro enterrado.

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Nota: una versión muy similar de esta leyenda fue publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por la Editorial Trillas.

El libro stá a la venta en todas las sucursales de Editorial Trillas en el país.

También se puede adquirir a través de la Tienda en línea.

Para más fácil acceso, éste es el enlace directo al libro: Mitos y leyendas de todo México.

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Mitos y leyendas de Colima: Misterios en las lagunas del volcán

MISTERIOS INEXPLICABLES EN LAS LAGUNAS DEL VOLCÁN

Leyenda de Comala, Colima

Yo trabajé como vigilante seis años en una de las haciendas allá donde están las lagunas El Calabozo y El Jabalí; son lagunas muy misteriosas adonde poca gente llega porque no están para el público como la laguna La María adonde usted puede llegar y ya hasta tienen cabañas para hospedarse –muy bonitas las cabañas.

En la laguna del Calabozo la cosa está bastante fea, principalmente después de que oscurece. Muchas gentes que también han trabajado allá como vigilantes o como guaruras –tipos muy entrones que no le tienen miedo a nada, o al menos no le tienen miedo a los vivos– luego me han platicado que mejor renunciaron a sus chambas porque les entraba el miedo ahí en la laguna, o sea que se les aparecían cosas. Se habla de luces, bolitas de fuego, voces y fantasmas. A mí la verdad nunca me tocó ver nada y eso que muchas veces anduve yo por ahí solo en la noche. También muchas veces andaba yo por ahí con algún compañero y luego él me decía: “Mira, mira lo que está allá,” y yo miraba y miraba y no veía nada; o sea que hay gente que sí le toca ver cosas y a otra no ya mí nunca me tocó ver nada. Cuando yo andaba por eso rumbos en la noche sí se oían ruidos porque es común que se oigan ruidos en el monte, pero así cosas de espantos nada, nunca. Lo que la gente platica es más que nada que ven sombras en la noche de aparecidos, de gente que ha de haber muerto por ahí en la guerra cristera, o personas ahorcadas, o sea de aquellos que dejaron colgados en la guerra o, ya más reciente, de alguien que se ahogó en alguna otra época. Leyenda de Homero Adame encontrada en su blog: https://adameleyendas.wordpress.com/2010/12/05/mitos-y-leyendas-de-colima-misterios-en-las-lagunas-del-volcan/

Nota: este relato fue narrado por el señor Nicasio, quien vende fruta en Comala.

Algo sobre Comala

El municipio de Fotografía de Homero AdameComala se localiza en la parte norte en el estado de Colima y colinda con Zapotitlán, Jalisco, y Cuauhtémoc al norte; al este y al sur con Villa de Álvarez, y al oeste con Minatitlán. La cabecera municipal, también conocida como “El puerto blanco de América”, es muy pintoresca y famosa por sus artesanías, por la venta de café que se produce en la región y los productos lácteos. También aquí se produce el famoso ponche de Comala, que lleva como base mezcal proveniente de las faldas del volcán y se cura con granada –el más tradicional–, cacahuate, ciruela pasa, guayaba o tamarindo (otro producto colimense muy famoso).

Mitos y leyendas de Nuevo León: La culebra que destrozó una capilla

UNA CULEBRA QUE DESTROZÓ UNA CAPILLA

(Leyenda escuchada en China, Nuevo León)

Hay una plática de una cosa que, según los asegunes, pasó aquí cuando apenas había unas poquitas casitas en el pueblo. Mire usté, es que contaban los antepasados que cuando levantaron la primera capilla –parece qu’estuvo a un lado del río [San Juan]– que una tarde llovió pero de a tiro bastante, pero que primero ai entre las nubes se formó que una culebra en el cielo y que cuando cayó vino a quer (caer) en esa mera capilla y que la desbarató, que no dejó nada. Luego parece qu’el río se desbordó y mató muncha gente la corriente porque se llevó las casas qu’eran chocitas humildes entonces, pienso yo –cuenta el Sr. Mario Rodríguez.

[…] Bueno, sabrá usté, eso de la culebra no es cosa nueva, es de antes y todavía se da; yo mesmo l’he visto. Mire, sería hace com’unos dos años más o menos cuando andábanos [sic] una tarde en la labor y que de repente empieza a tronar porqu’estaba nublao. Sabiános [sic] qu’iba llover porqu’en esos días ya estaban las lluvias d’esta época (septiembre). Pero entonces cuando tronó yo vide en el cielo que se formó una culebrita –haga de cuenta qu’es com’una viborita entre las nubes– y culebrió ansina, como borniándose culebrió, y que luego da un jalón y sepa dónde mero habrá caido [sic].

[…] No, qué le cuento, dicen que donde cai hace puras averías –como es’ejemplo de la capilla– y hasta puede rajar un cerro. Por eso nosotros tenemos de experiencia que si viene una culebra hay que «cortarla» con la cuchía. Mire, usté levanta la cuchía al cielo, hace ansina com’una cruz y munchas veces se desparece [sic] la culebra o va a quer allá más retirao. Entonces, le digo, ese «animal» hace munchas averías, por eso nosotros la «cortamos», pero de qu’es dañosa sí es, cómo no, si hasta una capilla desbarató. Leyenda de Homero Adame tomada de su blog en https://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/18/mitos-y-leyendas-de-nuevo-leon-la-culebra-que-destrozo-una-capilla/

Explicación de Homero Adame sobre esta leyenda

no de los mitos que forman parte de la cosmovisión de diversos grupos étnicos de México (huicholes, mayas, totonacos, etc.) es la culebra, un fenómeno natural asociado con la lluvia. Ese mito se encuentra muy difundido en todo el país, incluso en zonas donde no quedan descendientes directos de alguna etnia, como es el caso de Nuevo León. Sin embargo, entre la población campesina de toda esta región es común escuchar relatos de culebras que, además de traer mucha lluvia, causa grandes destrozos donde se precipita.Cabe añadir que, de acuerdo con las versiones de quienes han presenciado tan singular fenómeno, poco antes de desatarse una tormenta en ocasiones se forma una nube con aspecto de culebrita, la cual incluso tiene un movimiento serpenteante. Al verla, los campesinos prevén desastres y buscan la manera de contrarrestarla.

.Libro de Homero Adame

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Este relato me lo contaron en China, N.L., y salió publicado en el libro Mitos, cuentos y leyendas de Nuevo León, Editorial Font. 2005. El cuidado de edición estuvo a cargo de Déborah Chenillo Alazraki, mientras que el diseño lo hizo Beatriz Gaytán, la corrección, Mary de Lara y Nuevas Letras. El dibujo fue obra de Jennifer Meng.

El libro se puede adquirir en la Librería Cosmos de Monterrey, N.L.

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Mitos y leyendas del Altiplano: Los huachichiles y la hacienda salinera

LA HACIENDA SALINERA Y LOS HUACHICHILES

(Versión original de una leyenda escuchada en Salinas, S.L.P.)

Mire, aquí las salineras tienen muchas anécdotas. Entonces de lo que yo le quiero platicar nos vamos a remontar a cuando la conquista de México, al tiempo cuando vinieron los primeros españoles a poblar estas tierras. No, mi amigo, los indios ya estaban muy aventajados y los españoles los empezaron a espiar porque se daban cuenta que los indios ocurrían (salían) de lugares que los españoles desconocían. Pero los indios no querían que los españoles se arrimaran y por eso formaron unos puentes originales de garrucha (?) para mantener lejos al enemigo. Todavía existen esos fortines. Leyenda de Homero Adame.

Entonces los españoles se fijaron que en las aguas empantanadas los indios ocurrían (se reunían) y que las aguas estaban saladas y también se dieron cuenta que en tiempos de frío el agua se cuajaba y de ahí salía la sal. Entonces los españoles se sobaron las manos porque dijeron: «Úchale, aquí hay negocio».

Con todo respeto yo le voy a decir una cosa: los españoles espiaban siempre a los indios –que eran esos mentados huachichiles– y de ellos aprendieron cómo hacer la sal. Los españoles no la inventaron, sino que los indios ya sabían cómo trabajarla. Luego los españoles le hallaron la manera de aprovechar esa sal en las minas de plata allá por el lado de Charcas y de Catorce; también llevaban la sal hasta Veta Grande, en Zacatecas.

Muchos le han sacado provecho a estas salinas de México. La compañía siempre fue muy rica. Luego vinieron los franceses y ellos fueron los que hicieron esa muralla, levantaron la hacienda grande, que ya está en ruinas. Esa muralla la hicieron idéntica a una que hay en Francia. Cuando corrieron a los franceses entraron de nuevo a explotar las salinas los mexicanos, pero el gusto les duró poco porque llegaron los ingleses también sobándose las manos porque aquí había negocio. Y así siempre ha sido la explotación de estas salinas. Ahora todo está abandonado por culpa de una huelga que inventaron unas personas para no pagarles a los peones. Leyenda de Homero Adame.

Siempre ha habido problemas en compañías como esta salinera porque los patrones no quieren pagar bien a los trabajadores. Ahí está el caso de que cuando los españoles originales descubrieron el negocio de las salinas, les quitaron el derecho de la propiedad a los indios huachichiles y hasta los agarraron a latigazos para que ellos trabajaran las salinas. Así no se vale. Si las cosas fueran parejas ahorita todavía las salineras de este pueblo seguirían dando negocio.

Pero bueno, cuentan que los huachichiles un día se largaron de aquí, como si se los hubiera tragado la tierra, y los españoles que ahí andan búsquelos y búsquelos y nunca los hallaron. Luego los viejitos de antes contaban que no, que no se largaron ni qué nada, sino que los huachichiles se metieron por una cueva y que viven en el fondo de la tierra; así dicen. Leyenda tomada de https://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/18/mitos-y-leyendas-del-altiplano-los-huachichiles-y-la-hacienda-salinera/

Otra versión de esta misma leyenda fue publicada en el libro Libro de Homero AdameMitos y leyendas de huachichiles, que fue el ganador del Premio Nacional de Cuento, Mito y Leyenda “Andrés Henestrosa” 2007, convocado por la Secretaría de Cultura del Estado de Oaxaca.
Puedes leer la versión editada en este enlace: Leyendas de México.
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  • Si quieres leer los 34 relatos que incluye el libro, consíguelo en cualquier librería de San Luis Potosí o a través de este blog.

También puedes leer más leyendas indígenas de México en este otro enlace:

Mitos y leyendas de Aguascalientes: Un tesoro en la plaza de San Marcos

UN TESORO EN LA PLAZA DE SAN MARCOS

Leyenda de Aguascalientes

Cuentan que frente a la plaza de San Marcos vivía un comerciante muy rico que tenía la costumbre de donar  enormes cantidades de dinero a la parroquia, por ser también un hombre devoto. Era muy respetado en la comunidad y ofrecía fiestas memorables. Tenía una hija muy joven y ya tenía un pretendiente en la ciudad de México, un muchacho rico también En eso, estalló la Revolución y la vida en Aguascalientes dejó de ser tranquila, como en el resto del país. Primero llegaron a esta ciudad los villistas, quienes recibieron el apoyo de los  lugareños, por miedo que por estar convencidos en la revuelta armada. Dicen que el comerciante ofreció una recepción en su casa para los generales para quedar bien y sentirse protegido.

Con el paso de los días la tranquilidad pareció volver a su ritmo acostumbrado. Pero las noticias de la avanzada carrancista hacia  la ciudad eran en verdad preocupantes. Ya se sabía que habían azolado Zacatecas y otros lugares más al norte. Tales revolucionarios eran bandidos que no respetaban a nadie y robaban o mataban por puro gusto. Cuando esto llegó a oídos del comerciante acaudalado, ideó un plan para esconder sus riquezas en un lugar seguro. Sin que nadie entendiera la razón, le pidió a varios de sus  trabajadores que esa misma noche armaran un alboroto lejos de la plaza de San Marcos. Leyenda tomada del blog de Homero Adame.

Dicho alboroto cumplió su cometido, pues todos los habitantes de los alrededores fueron a ver de qué se trataba, lejos de la plaza. Desde la tarde el comerciante había llenado un baúl con sus riquezas de más valor: monedas de oro y joyas, tanto personales como las de su esposa y de toda su familia. Cuando estuvo seguro de que no había nadie en la plaza fue a escarbar un hoyo muy profundo al pie de una jacaranda.  Después fue  a su casa por el baúl para enterrarlo en dicho pozo. Su hija fue la única persona que atestiguó todo aquello porque él quería que ella supiera dónde había quedada escondida su futura fortuna.

No pasaron muchos días desde aquel acontecimiento para que la ciudad sufriera las revueltas carrancistas. Antes de que esto ocurriera, los más ricos ya habían huido hacia otros destinos; el comerciante se fue con toda su familia a la ciudad de México, con el propósito de regresar cuando fuera posible. Pero la lucha armada duró tanto tiempo que esa y muchas otras familias jamás volvieron.

El comerciante casó a su hija con el muchacho rico de México y siempre le recordó que debajo de aquella jacaranda en Aguascalientes estaba su herencia y que hiciera uso de ella cuando la requiriera. Pasaron los años y el comerciante murió; su hija nunca tuvo necesidad económica de recuperar el tesoro, pero sí quiso hacerlo por los recuerdos de su juventud y de su familia guardados en aquel baúl. Leyenda de Homero Adame.

Cuentan que la hija del comerciante un día llegó a Aguascalientes y fue directamente a visitar lo que había sido su casa familiar. Llevó al esposo y a sus hijos ya grandes a que conocieran la iglesia de San Marcos, así como el lugar donde estuvo el comercio de su padre. Después caminó sola por la plaza para ubicar el punto exacto donde recordaba aquella noche a su padre enterrando el tesoro. Dicen que la mujer se sentó a llorar en una banca porque la jacaranda ya no existía. (Leyenda tomada del blog  https://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/14/mitos-y-leyendas-de-aguascalientes-un-tesoro-en-la-plaza-de-san-marcos/)

Al igual que en todas las ciudades y pueblos del país, en Aguascalientes también se habla de tesoros, grandes y pequeños. Algunas historias o anécdotas mencionan casos de gente que por azar o por andar buscando ex profeso encontró uno; otras, más bien caen en el campo de la leyenda, pues se cuenta de ruidos, llamaradas o apariciones fantasmales, todo lo cual suele estar relacionado con el tema de los tesoros. Asimismo, en ocasiones escuchamos relatos de alguien que enterró sus riquezas en un lugar específico, como en este ejemplo escuchado en Aguascalientes.

Nota: una versión más completa de esta leyenda salió publicada en el libro Mitos y leyendas de todo México, por Editorial Trillas. El libro se puede adquirir en Tienda en línea. Aquí está el enlace directo a la página del libro: Mitos y leyendas de todo México.

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Para leer más leyendas o mitos de México, sigue este enlace:

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