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Myths and legends of animals: John the Bear

JOHN THE BEAR

(Mexican folk story from the Sierra Madre Oriental)

One day, when we were at Don Evaristo’s ranch, we all rode up to the hills on horseback to look for some missing cattle. We spent a whole night in the woods. It was the perfect place to listen to stories, sitting under a starlit sky, eating wild rabbit, roasted slowly over our campfire…

Suddenly, we heard a strange noise. Emily and I immediately reacted and jumped to our feet, but Don Evaristo and the cowboys didn’t seem to pay any attention to the sounds. “I guess it’s a bear,” one of the cowboys commented, quite calmly.

“Yes, it’s a bear,” Don Evaristo replied, “and it’s a pretty big one.”

Emily and I felt really nervous. We have heard hundreds of terrifying stories about dangerous bears and innocent tourists. But Don Evaristo calmed us down, saying the bear would never come near the fire. Sure enough, almost immediately we heard the bear going off into the forest, probably more afraid than we were! Our host was thoughtful for a moment. Then his eyes shone as he remembered a new tale to tell. Folk tale written by Homero Adame.

“Ah, thank you for reminding me, Brother Bear,” he laughed. “It is time to tell the tale of John the Bear, or Juan Oso. It’s one of the most common tales from the Mexican mountains, and it seems that it came to these lands with the Spanish conquest, for the same story is also told in Spain and other parts of Europe.

“Not long ago, there was a rumor that a very big bear was wandering around near a small country town by the foothills somewhere in the State of Nuevo Leon. Very few people saw it. Those who did thought it was very strange, because it was not a time of famine, the rains had been good, and there was plenty of food for all the wild animals up in the mountains. ‘What is the bear doing around here?’ they wondered. Of course, they were a little scared at first. But as the days went by, and the bear showed no form of aggression, they gradually lost interest in it, and went about their business as usual. Folk tale written by Homero Adame.

“One afternoon, however, a rumor that a young girl was missing immediately created a state of alert. ‘Who has kidnapped the girl?’ ‘Where have they taken her?’ ‘Has anyone asked for any money?’ Nobody could give an answer. Finally, the girl’s little brothers, crying desperately, managed to explain: ‘A big bear came and took our sister off to the mountains!’ They cried. Someone saw her going down to the river to do the washing. The boys saw the bear. Later on, when the men searched along the river bank, sure enough, they found the double footprints of a bear and a girl, and a solitary basket full of dirty clothes, still waiting for someone to wash them… The children were telling the truth, it seemed.

“An angry crowd of people noisily followed the footprints well into the mountains, but they found nothing. Not a trace! The trails became hard to follow, and after a couple of river crossings, they finally lost track of the footprints completely.

“Time passed, and after about three years, the sad event became just a vague memory for most of the village. Just imagine everyone’s surprise when one afternoon, a pretty, young woman appeared in town with a baby in her arms. Picutre by Homero AdameOf course, it was the same girl, a little older and perhaps wiser, too. The neighbors hurried round to hear her story. She said the great bear captured her and took her to his cave, far off in the mountains. He took very good care of her and fed her well. Although he was very kind to her, she was always afraid of him. What she really hated, was being his prisoner, a helpless captive in the dark, smoky cave. Early in the mornings, the bear used to go out hunting, but whenever he left, he always closed the cave entrance with a very large, heavy rock. There was no escape.

“A few months later, the bear and the girl had a healthy baby boy. The girl loved the baby more each day. But then, so did the bear. One fine day, when the bear went off to hunt, for some reason he forgot to block the entrance to the cave. Maybe he trusted his young ‘wife’ at last. Nevertheless, she seized the opportunity at once and escaped back to her town, taking her darling little baby with her, of course.

“It seemed like a real happy ending. The big bear was never seen in the area again, though some hunters said they often heard a bear crying alone in the mountains at night. The baby grew tall and strong, though a little more hairy than the other village boys. No one knows why, but one day, many years later, when he was a man, Juan Oso disappeared. People say he decided to go back to his real home, high up in the mountains. But nobody can tell if he ever found his loving father — the great bear — still crying for his wife and son in his dark and smoky cave…” Folk story found in Homero Adame’s blog at https://adameleyendas.wordpress.com/2010/11/19/myths-and-legends-of-animals-john-the-bear/

Written by Homero Adame and translated by Pat Grounds. Originally published in the English textbook Orbit 3. By Homero Adame, Pat Grounds and Carol Lethaby. Ediciones Castillo, S.A. de C.V. Monterrey, Mexico. 2000. Pp. 67-68.

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You can find more Mexican myths and legends on this link: Mexican folk stories.

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El cuento del conejo y el coyote

Puedes leer este cuento en inglés siguiendo este enlace:

The Rabbit And The Coyote

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EL CONEJO Y EL COYOTE

Cuento tradicional mexicano; versión de Galeana, N. L.

Había una vez una viejita que tenía sembradíos de lechuga, rábanos y betabeles, y había un conejito que llegaba todas las noches a comérselos. Harta de eso, la viejita ponía trampas, pero como el conejo era muy audaz nunca caía. Un día la viejita pensó:

«A la próxima le voy a poner un monito de cebo, a ver si con eso se asusta y ya no viene.»

Pasaron los días y llegó el conejo con el afán de comer algo. Cuando vio al monito, comenzó a burlarse de él, pero como éste no le contestaba, el Dibujo de Jennifer Mengconejo le dijo: «Mira, monito, no te voy a comer». De todos modos, le siguió haciendo bromas y lo empezó a golpear hasta quedarse pegado, pues el monito era de cebo tipo engrudo. Como en ese momento la viejita no andaba por ahí, no se dio cuenta de que el conejo se había quedado atrapado. Sin embargo, en eso llegó el coyote y al verlo así lo pescó. Pero el conejito, muy astuto, le dijo:

-Por favor no me comas, coyote. Mira, ¿ves aquella majada que está allá? Dime, cuál chivita te gusta y ahorita te la traigo.

Como ese coyote era un poco tonto, le creyó. Al soltarlo el conejo se fue corriendo lo más rápido que pudo y sólo se le veían las orejitas moverse. El coyote se quedó esperando que le trajera la chivita, pero aquél nunca regresó con la presa.

Al poco tiempo el coyote se volvió a encontrar al conejo y le dijo: Escrito por Homero Adame.

-Ya te pesqué otra vez, conejito. Hace varios días te andaba buscando y como me hiciste trampa ahora sí te voy a comer.

«No’mbre, coyotito, déjame explicarte: resulta que atrapé la cabra que te dije, pero cuando te fui a buscar no te encontré, así que se me ocurrió hacerla chicharrones. Por eso aquí me ves preparándolos. Hm… están quedando al puro punto -explicó el conejo. (Cuen to del blog de Homero Adame.)

-Está bien -dijo el coyote-, ahorita nos los comemos.

El coyote empezó a menear el cazo donde supuestamente estaban los chicharrones que no eran tal, sino un panal de abejas que zumbaban, produciendo un ruido como si algo estuviera friéndose. En eso el conejo le dijo que en un rato regresaba y se fue lo más rápido que pudo, mientras el tonto coyote seguía meneando sus supuestos chicharrones. Como es de esperarse, lo picaron bastante las abejas. Escrito por Homero Adame.

A la noche siguiente, el conejo estaba comiéndose unos rábanos en la huerta de la viejita y el coyote lo vio y que lo pesca.

-Mira, conejo mañoso, traigo un hambre atroz y no hay más remedio comerte a ti, al fin y al cabo ya te burlaste de mí dos veces.

Cuando estaba a punto de darle una mordida, el conejo le dijo:

-No, coyote, no seas tonto. ¿A poco crees que se te va a quitar el hambre con comerme? Mira, ¿ves aquel bulto que está allá? Bueno, ésa es una borrega que yo mismo pesqué para ti, y si te la comes ya verás que te alcanza para dos o tres días. ¿Qué te parece?

El coyote se entusiasmó y corrió a comerse la supuesta borrega, pero cuando le dio el primer zarpazo nada más pegó un aullido de dolor. ¡Era un cactus y se había espinado! El conejo lo había hecho tonto de nuevo.

Pasó el tiempo y de nuevo el coyote se encontró a su enemigo; esta vez en la orilla de una laguna. (Cuento del blog de Homero Adame.)

-Mira, conejo desgraciado, ahora sí te voy a comer -le dijo-. Ya me hiciste tonto tres veces y ya no me voy a dejar.

-Pero amigo coyotito, antes de querer comerme debes saber que te andaba buscando porque te traía un queso, pero se me cayó en la laguna y no lo puedo alcanzar con mi manita que es muy corta -le explicó el conejo-. Estaba pensando en una solución para sacar el queso de ahí y se me ocurre que entre los dos podemos lograrlo. ¿Cómo la ves, me agarras o te agarro yo hasta que podamos sacar el queso del agua?

Estuvieron discutiendo quién asía la mano de quién hasta que finalmente se pusieron de acuerdo. Quedaron en que el conejo iba a sujetar al coyote para que éste, con sus brazos más largos, alcanzara el queso. Pero lo que el coyote no sabía es que el supuesto queso no era más que la luna llena reflejada en el agua y no un queso como le había hecho creer el mañoso conejo. Como éste tenía otros planes, cuando el coyote ya estaba adentro del agua, lo soltó y el coyote se ahogó. Cuento del blog https://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/14/cuentos-mexicanos-tradicionales-el-conejo-y-el-coyote/

En muchos relatos indígenas mexicanos, y de las etnias del desierto americano, existe una saga de cuentos donde los protagonistas son un conejo y un coyote, resultando como ganador uno u otro indistintamente. Portada del libro con fotos de Homero AdamePor lo general, esa clase de cuentos lleva una moraleja implícita, la cual es una característica convencional en este género literario.

En la versión que acabamos de leer, narrada por Milton de la Peña, un estudiante de Geología en Linares, quien nos dice que todavía se cuenta a los niños en las regiones serranas de Iturbide, los símbolos son los mismos: un coyote, animal embustero que siempre se sale con las suyas, cuya naturaleza en el folclore es dual, pues aparte de tramposo es también un héroe cultural, ya que imparte conocimiento de las artes y no permite que se extinga el fuego, protegiendo así a la raza humana. Y un conejo, que también en el folclore de algunos pueblos es un animal tramposo y embustero, aunque de igual forma es benefactor, pues él trajo el fuego de allende el mar para beneficio de la humanidad; con lo cual demuestra su naturaleza dual, similar a la de su contrincante.

Este cuento fue publicado originalmente en Mitos, cuentos y leyendas regionales – tradición oral de Nuevo León, por Ediciones Castillo, 1998. Monterrey, México. Esa edición está agotada.

El dibujo de “Conejo y coyote” fue elaborado por Jennifer Hennen.

Posteriormente, Foto de Homero Adameen una edición corregida y aumentada, también apareció en el libro Mitos, cuentos y leyendas  de Nuevo León (con una portada diferente), publicado por Editorial Font, 2005. Monterrey, México, editado por Déborah Chenillo Alazraki y diseñado por Beatriz Gaytán y Nuevas Letras.

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Homero Adame, el «arqueólogo de la conciencia colectiva» nos ofrece ahora (septiembre de 2015) su nuevo libro titulado Captura de pantalla 2015-09-11 a la(s) 12.38.34 p.m.“Creencias, mitos y leyendas de animales en el Altiplano”, el cual trasciende la oralidad y es un tratado antropológico de creencias, supersticiones, narradas por viva voz de ls informantes a guisa de leyendas.

El libro se puede conseguir en librerías de San Luis Potosí, o bien, a través del servicio de Internet que ofrece la Librería Española.

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