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“El diácono” – anécdota familiar de los Adame Lozano, de Linares, N.L.

“EL DIÁCONO

En la vida pueblerina del pasado, como en Linares, Nuevo León, era una sana y muy cristiana costumbre que cada familia tuviera entre sus hijos por lo menos un doctor, un maestro y un sacerdote. Bueno, la familia Adame Lozano de Linares medio cumplió con esa obligación, pues digamos que la abuela Clotilde fue maestra (aunque nunca ejerció), Homero es doctor y ¿el sacerdote?

A principios de la década de los años 80 del siglo XX, José Adame Lozano (mejor conocido como “Pepe el abogado” entre sus familiares) ya había vendido su rancho en Tamaulipas, “El Consuelo”, y no tenía dónde refugiarse cuando deseaba estar lejos de su núcleo familiar. Por diversas razones, Linares había dejado de ser para él un punto de referencia.

Como todo buen padre, al darse cuenta de que sus hijos ya eran hombres productivos, quiso ayudarles con un negocio. Con la venta del rancho los apoyó para que pusieran una tienda de botas y artesanías mexicanas en Brownsville, Texas, la “Armadillo Boot Co.”. Pero también pretendía ser un gran comerciante y para ello buscó por doquier el mejor precio de las botas y demás artículos afines. En sus recorridos por León, Guanajuato, y las inmediaciones cayó a Lagos de Moreno, Jalisco, un pueblo tranquilo y barato, muy barato, por lo que ahí se instaló por un buen tiempo. Rentó un cuarto permanente en el hotel París, llegó a conocer a medio mundo, no faltaba al café todos los días, tardes y noches, como buen abogado y hombre de más mundo asesoraba a los grillos de la política y así se pasó gran parte de esos años, comprando botas y artesanías directamente del fabricante, enviándolas a Brownsville, mientras que sus hijos se engolosinaban vende y vende. Ah, pero ese mundo idílico terminó cuando se dio cuenta de que él adquiría los artículos para la tienda texana y sus hijos jamás le mandaban dinero para resurtir, pues eran épocas cuando las transferencias bancarias del extranjero eran por demás difíciles debido a la burocracia mexicana. De tal modo terminó la efímera etapa de Pepe el abogado como comerciante.

¿Y el sacerdote?

Bueno, con apellido Adame hay no sólo un ex sacerdote, sino un santo, san Román Adame, originario de Teocaltiche, Jalisco. Si Pepe el abogado hubiera vivido para saberlo, presto habría hecho un viaje a Teocaltiche y Yahualica, Jalisco, así como a Nochistlán, Zacatecas, para conocer las andanzas del pariente santo, como bien lo hizo su sobrino Homero, el escritor viajero e investigador. Pero ésa es otra historia; aquí estamos hablando de los Adame Lozano de Linares.

Entonces decíamos que toda familia de buenas costumbres tenía un sacerdote, pero los Adame Lozano fueron casi la excepción: casi…

Resulta que Pepe el abogado, cuando vivía en Lagos de Moreno, se hizo muy amigo del párroco y como iba muy seguido a la iglesia a platicar a la hora del chocolate, el párroco pensó que era un hombre tan devoto que seguramente podría ayudarle en ciertos menesteres. De tal modo, José Adame Lozano se convirtió en el diácono de la parroquia de Lagos de Moreno.

Años después, entre bromas nos decía: “Lo único que jamás pude hacer fue oficiar misa porque no era sacerdote ordenado. Ni tampoco podía dar la confesión. ¡Es que la verdad me excitaba mucho cuando las señoras me confesaban sus desvaríos!”

Nota: esta anécdota fue compartida por Jorge Adame Martínez y editada por Homero Adame.

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Puedes leer otra anécdota de esta familia en este enlace:

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