Un blog de mitos, leyendas, costumbres y tradiciones mexicanas

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Mitos y leyendas de la Huasteca: El hombre que programó su muerte

EL HOMBRE QUE PROGRAMÓ SU MUERTE Y FUNERAL

Leyenda de Tamiahua, Veracruz

Existió un pintoresco pueblecito huasteco, llamado Rancho Nuevo (hoy es un rancho ganadero), entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, dentro del municipio de Tamiahua en el estado de Veracruz. Allí vivían entre sus pobladores una señora llamada Demasía González Corona, acompañada de su hija Irene, una joven hermosa de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra. Ellas eran muy creyentes y devotas de la fe católica, que seguían al pie de la letra, así como de todos los usos y costumbres de la misma.

Como trágica experiencia tenían la muerte de Abundio Saavedra Rosas, esposo de Demasía, que en una ocasión allá por la fiesta de todos santos le dijo a su esposa que no hiciera ninguna ofrenda, mucho menos tlamales, ya que los muertos no tragaban porque ya se los había llevado la tiznada muerte, y que a sus padres les iba a prender una vela de chapopote por la espalda.

Al día siguiente, cuando salió rumbo a la milpa, tal fue su asombro que vio a una multitud de muertos vivientes, algunos gustosos saboreando ricas viandas que les dieron sus familiares como ofrenda, pero al pasar los últimos, vio una pareja retorciéndose como de dolor, que lanzaban grandes lamentos llevando una vela de chapopote prendida de bajo de la espalda. ¡Sí! No había ninguna duda: eran sus padres que lo miraban suplicantes y con reproche. Entonces Abundio corrió llorando de arrepentimiento, angustia y mucho miedo, llegó a su humilde jacal y ordenó a su esposa que buscara quien matara un marrano para hacer tamales. Mandó a comprar cirios de cera virgen, cohetes y también pidió que llamaran a su compadre Chucho González, el jaranero, y sus músicos, para que tocaran al día siguiente, junto a las tumbas de sus padres en el panteón de San Juan, por el rumbo de Toteco y Raya Obscura. Después de haber organizado todo le dijo a Demasía: “Vieja me siento muy cansado, tengo mucho sentimiento, me dan ganas de llorar, mejor voy a dormir un rato porque empiezo a ver oscuro, me está dando mucho sueño”. Y se durmió en un catre que estaba en el patio. Después de dos horas, cuando salió la primer pailada, Demasía le dijo a Irene: “Anda ve y despierta a tu padre para que cene; están ricos los chicharrones y los tamales”. Cuando Irene llegó donde estaba su padre empezó a gritar despavorida; su padre había muerto, su cuerpo rígido y sin vida, con el rostro lleno de terror y ojos exorbitantes, como si hubiese visto al mismo tlahuelilo (diablo).

Todo se llenó de tristeza y dolor en aquel pueblo, que vio por vez primera que una persona programara su propia muerte y su funeral.

Después de este acontecimiento, las pobres mujeres solas se dedicaron al servicio de la iglesia y de Dios; iban hasta Tamiahua, Tampache, Temapache, Acala, Hormiguero, Tancochin, Cuesillos y Tierra Blanca, rindiendo culto a todas las festividades y honrando a todos los santos.

Versión popular publicada en el libro “Cuextecatl volvió a la Vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por el autor para publicarse en este blog.

 

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Mitos y leyendas de San Luis Potosí: La escultura que llora en el panteón

UNA ESCULTURA QUE DERRAMA LÁGRIMAS

EN EL PANTEÓN DEL SAUCITO

Leyenda de San Luis Potosí

¿Has oído hablar que en el panteón del Saucito hay una escultura que llora?

Cuentan que en la tumba de una familia de apellido Bustamante, con fecha de 1895, han visto a la escultura de una virgen derramar lágrimas. En días de Muertos mucha gente va a ver esa tumba por curiosidad y le deja ofrendas.

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Puedes ver un video sobre la escultura de esta leyenda en este enlace:

La escultura que llora en El Saucito

Puedes leer más leyendas de panteones y de muertos en este enlace:

Leyendas de muertos

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Fiestas de Muertos en Chicago

DÍA DE MUERTOS LEJOS DE NUESTRAS FRONTERAS

Tradición mexicana por los rumbos de Chicago

Texto de Homero Adame

Es lugar común decir que cuando alguien abandona su país de origen para irse a radicar a otro, con el tiempo pierde sus costumbres. Más trillado es el tema de los chicanos, pochos, tex-mex o méxico-americanos quienes con el paso de las generaciones han adoptado una identidad propia que poco tiene que ver con lo americano o lo mexicano. Sin embargo, también sabemos que las tradiciones y costumbres no se pierden por completo, sino que se transforman de acuerdo con la idiosincrasia de los tiempos.

Durante una visita a Chicago entre octubre y noviembre tuve la curiosidad de saber si algunas familias mexicanas celebran el Día de Muertos y, de ser así, cómo lo hacen. De antemano estaba enterado de que en un museo exhiben altares de muertos, pero ¿qué pasa en los panteones? ¿Dónde entierran a sus difuntos los millares de mexicanos que radican aquí? ¿Cómo los recuerdan en estas fechas? El 1º de noviembre vi un anuncio en un periódico local que invitaba a disfrutar de los altares de muertos. Así se me ocurrió que tal vez podría escribir un artículo sobre el Día de Muertos lejos de nuestras fronteras.

El anuncio en cuestión era de los funerales Zefrán, ubicados en un sector latino en el centro de Chicago (1941 W. Cermark Road). Jennifer y yo fuimos a visitarlo y con orgullo nos recibió la Sra. Concha Rodríguez, quien explicó que hace pocos años se dieron a la tarea de mantener viva la tradición de Día de Muertos, haciendo exhibiciones de altares en sus instalaciones. Dijo que el principio fue difícil, pues no obtenían la respuesta esperada, sin embargo, dos años antes unos parientes de su marido, que tienen una funeraria en Iguala, Guerrero, hicieron un viaje ex profeso para colocar unos altares de muertos y el éxito rebasó las expectativas. Fue así como cientos de personas revivieron o se dieron cuenta de la existencia de una festividad muy arraigada entre nosotros. Desde entonces, el interés por esta tradición ha ido creciendo al grado de que en algunas escuelas organizan visitas a la funeraria y piden a los niños que, si lo desean, lleven fotografías u ofrendas para colocarlas junto a un altar común.

Al preguntarle si hay en Chicago algún panteón donde podamos observar la Fiesta de Muertos, la Sra. Concha nos explica que muchas familias mexicanas todavía mantienen la costumbre de enviar a los difuntos a México, para lo cual esta y otras funerarias les ofrecen el apoyo legal, así como los trámites de traslado. Por otra parte, agrega que los méxico-americanos de segunda o tercera generación, quienes por razones obvias ya se han desligado de sus raíces, normalmente sepultan a sus muertos en los cementerios locales, pero no sabe si esas familias hagan algo especial este día. De todos modos, nos dio las direcciones de dos panteones para que fuéramos a investigar.

Como andamos en un barrio latino, al ir caminando por las calles inesperadamente por ahí nos topamos con un par de altares afuera de unos departamentos. No hay persona que los vigile ni encontramos a alguien para que nos diga quién los puso. Sin embargo, el simple hecho de estar ahí resulta significativo. Rato más tarde nos percatamos también de que en algunas iglesias católicas tienen pequeñas ofrendas y un desplegado informativo sobre el significado del Día de Muertos y las misas que se ofrecen para la ocasión.

En toda la zona metropolitana de Chicago existen varios tipos de cementerios divididos por razas e, incluso, por religiones. Así podemos encontrar panteones ocupados por italianos, griegos, polacos o mexicanos, siempre entremezclándose con los americanos. Pero también hay camposantos católicos o protestantes donde se pueden mezclar las razas pero casi nunca las religiones. Como nosotros deseábamos observar qué ocurría en los panteones con influencia mexicana (de preferencia católicos), fuimos a los sugeridos por la Sra. Concha. Allí fue donde descubrimos que muchas personas sí celebran este día, aunque sin el colorido y ambiente festivo que se vive en nuestro país. De esos dos, en el Saint Mary (en las calles Pulaski y 87 Street) encontramos a varias familias mexicanas de primera o segunda generación haciendo día de campo. La costumbre, si el clima lo permite, es llevar comida y pasarse la tarde junto a la tumba de sus seres queridos para estar un buen rato con ellos.

Algo que resulta interesante observar son las tumbas de mexicanos en estos lugares de reposo eterno. Siguiendo la tradición norteamericana, no existen criptas ni tumbas per se, sino que todo el cementerio es un campo verde y arbolado con infinidad de lápidas verticales. Lo más relevante, en el caso de los mexicanos, es que la mayoría de tales lápidas tienen a la Virgen de Guadalupe como motivo principal, algo poco habitual en los panteones en México.

Para redondear el artículo, al día siguiente fuimos al museo donde en esta época dan una importancia muy marcada a la Fiesta de Muertos. Se trata del Centro-Museo de Bellas Artes Mexicanas (Mexican Fine Arts Center Museum)* cuya función principal es la de exhibir la cultura mexicana en Chicago. Este centro-museo, que cuenta con varias salas permanentes, tiene una sala de exposiciones temporales donde, desde finales de octubre hasta mediados de noviembre, año con año se instala una muestra alusiva a esta tradición, con altares, ofrendas, pinturas, fotografías, calaveras y paneles informativos en inglés y en español sobre el tema en distintos rincones de México.

Para darle realce, hacerlo atractivo y con ello picarle la curiosidad al transeúnte, en el jardín exterior suelen colocar un altar monumental con varias figuras de cartón, como “la mojiganga” de la tehuana, “el charro”, “la china poblana” y “el tamaulipeco”, que fueron las esculturas seleccionadas el año pasado y realizadas por el artista invitado, Alejandro García Melo.

Ya en el interior del museo, dentro de la sala temporal, comenzamos a disfrutar de la interesante muestra con ofrendas traídas ex profeso de diversas partes de México, como por ejemplo, una prestada por el Centro Cultural de la Huasteca Hidalguense, otra del Distrito Federal, otra de Janitzio, Mich., etc. Asimismo, algunos altares y ofrendas fueron realizados por artistas locales, es decir, por mexicanos de primera, segunda o tercera generación radicados en Chicago.

Vale la pena mencionar que en algunos de los altares se puede observar un sincretismo muy singular entre lo mexicano y lo ya chicano, con elementos tradicionales nuestros y otros modernos americanos. Por ejemplo, vemos por ahí un altar dedicado a un héroe caído en la Guerra del Golfo Pérsico, en el cual aparecen elementos como papel maché, papel picado, una calavera de azúcar, un avión a escala de madera, el uniforme del difunto y la bandera norteamericana.

Los guías del centro-museo, todos bilingües, nos explican que la mayoría de los visitantes a esta muestra es gente de origen latino, dígase jóvenes o viejos, así como escuelas cuya población es predominantemente latina. Uno de ellos nos cuenta que los elementos tradicionales, como el pan de muerto, las calaveras de azúcar y el papel picado son adquiridos en ciertas tiendas mexicanas, pero siempre resulta difícil conseguir la flor de cempasúchil que, en ocasiones, alguien importa bajo trámites legales muy estrictos. “Sin embargo”, añade, “vale la pena tenerla porque le da un colorido muy especial a los altares”. Otra alternativa es mandar pedir semillas a México, o conservarlas para sembrarlas con anticipación y que la flor esté en su punto para esos días.

El centro-museo cuenta, además, con una pequeña tienda donde venden artesanías, libros y revistas tanto mexicanas como méxico-americanas. Durante la exhibición de Muertos ofrecen también fotografías, postales, dulces, calaveras de azúcar, chocolate o amaranto y artesanías alusivas al tema.

Fue así como al estar lejos de mi tierra en estas fechas, pude comoquiera disfrutar de la Fiesta de Muertos entre un ambiente mexicano muy sui generis, y reafirmar que, en efecto, algunas tradiciones y costumbres pueden modificarse con el tiempo, pero jamás perderse por completo.

Un agradecimiento muy especial a Carlos Tortolero, director del Mexican Fine Arts Center Museum por todas las facilidades y permitirme tomar fotografías en el interior del museo; para la Sra. Concha Rodríguez por la información proporcionada y, sobre todo, a Jennifer Hennen, quien animadamente anduvo conmigo en todos los lugares aquí descritos.

* Mexican Fine Arts Center Museum

1852 W. 19th Street

Chicago, Illinois 60608-2706

Tel: (312) 738-1503

http://www.nationalmuseumofmexicanart.org/

Horario: Martes a domingo de 10 a.m. a 5 p.m.

Este texto fue publicado en el número 309 de la revista México desconocido, correspondiente a noviembre de 2002. Se puede leer el original, sin fotografías, en este enlace:

Fieles difuntos en Chicago

El altar de muertos en la Huasteca dedicado a Xantolo

EL ALTAR DE MUERTOS HUASTECO DEDICADO A XANTOLO

Por Homero Adame

En cualquier región del país se tiene la costumbre de ir a los cementerios para celebrar los Días de Muertos o Fieles Difuntos el 1° Y 2 de noviembre. En ciertas regiones está muy arraigada la tradición de elaborar altares de muertos en las casas, en las calles, en las plazas públicas, en los panteones e, incluso, en las iglesias. En los últimos años se han instituido concursos de altares para dignificar nuestras costumbres y, de cierto modo, contrarrestar la influencia norteamericana manifestada con el Halloween. Texto de Homero Adame.

Los altares de muertos varían en concepción y materiales según la influencia cultural de la región donde se elaboran. Es difícil decir cuál estilo es más bonito o interesante, pues cada uno tiene lo suyo. Veamos un ejemplo del altar de muertos que se hace en la Huasteca (sur de Tamaulipas, norte de Veracruz, norte de Hidalgo y oriente de San Luis Potosí), donde la influencia indígena tének (huasteca) y nahua es muy fuerte y representativa.

El altar huasteco suele estar dedicado a Xantolo, tal vez la deidad más importante en la mitología huasteca. Dicho altar presenta varios elementos que se remontan a las raíces ideológicas y creencias mitológicas prehispánicas, aunque en su conjunto es un elemento mestizo que incluye un sincretismo religioso huasteco con el catolicismo actual.

El arco: éste se confecciona con hojas frescas de limonaria y flores de cempasúchil. La parte superior representa al ciclo del sol como dador de luz y vida. En la parte central se colocan algunas imágenes religiosas que entre los huastecos suelen ser la Santa Cruz y la Virgen de Guadalupe. Aquí, la intención es que a esta virgen u otro santo se le pida por el descanso de los difuntos. A un lado se colocan las fotografías de los difuntos que son recordados en estas fechas.

La mesa: aquí se colocan los objetos de recepción, es decir, ofrendas para dar la bienvenida a las ánimas. Tales ofrendas consisten en varios elementos convencionales, como bebidas, cigarros, tamales, naranjas o mandarinas, dulces, la tradicional calavera de azúcar y, sobre todo, el pan de muerto. (En muchos pueblos huastecos este pan tiene forma de un monito y se coloca ya sea junto a las demás ofrendas o colgándolo del arco; la creencia indica que el monito sirve como “distracción”, es decir, se pone para que los difuntos no se confundan y no se lleven a quienes todavía gozan de esta vida.)

El piso: al pie de la mesa se coloca un trozo de bambú o de carrizo grueso que lleva unos orificios donde se sientan las velas que darán la luz para fungir como guía visual para las ánimas. Frente a las velas siempre va un pequeño incensario que debe arder a todo momento, ya que el aroma del incienso y la mirra tiene la función de ser la guía olfativa y etérea para los difuntos.

Al frente aparece el sendero de las ánimas hecho con pétalos de cempasúchil, cuyo objetivo es dirigir a las ánimas en su retorno para estar entre los vivos durante estas fechas. Texto de Homero Adame.

El altar: una vez terminado el altar, en la parte inferior, y oculto a la vista, siempre se pone una calavera de azúcar con semillas, teniendo como significado la fuerza vital eterna; este elemento representa el ciclo de la luna, la oscuridad y la muerte.

En algunos casos, donde la influencia de los antiguos mayas sigue vigente aquí entre los tének (huastecos), en vez de ocultar una calavera con semillas se coloca una calabaza también con semillas. Ensayo de Homero Adame tomado de su blog en http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/18/el-altar-de-muertos-en-la-huasteca-dedicado-a-xantolo/

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Mitos y leyendas de la Huasteca: Una leyenda de Día de Muertos

LEYENDA DEL HOMBRE QUE NO CREÍA EN

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Leyenda recopilada en Tampamolón Corona, S.L.P.

Hay historias cuyo contenido y desenlace dejan una enseñanza moral que evidencia la idiosincrasia de un pueblo o cultura en particular. En la Huasteca se cuentan muchos relatos de este tipo, los cuales están relacionados con las tradiciones y costumbres de sus pobladores, sean tének, nahuas o mestizos. Un buen ejemplo es este que habla de alguien que no solía observar la tradición de Día de Muertos y que por ello recibió un castigo. Lo interesante es que en otras regiones del país con diversidad étnica, como Tlaxcala o Oaxaca, también cuentan entre su acervo con narraciones similares. (Leyenda de Homero Adame.)

Ésta es la Foto de Homero Adamehistoria de un hombre que residía en Tampamolón. Era un hombre raro, pues no tenía muchos amigos. Vivía solo porque había evitado casarse o tener hijos; sus padres habían muerto tiempo atrás y sus hermanos habían emigrado a los Estados Unidos en calidad de «mojados». Cuando se aproximaba la fiesta de Todos los Santos, siempre se ponía de muy mal humor. Año tras año, mientras los lugareños preparaban las ofrendas para los difuntos, arreglaban los altares e iban al cementerio, el hombre prefería encerrarse en su casa. Unos primos suyos le decían que era un deber participar en la fiesta y llevar ofrendas a las tumbas de sus ancestros, pero él se negaba porque no creía en esas cosas.

En cierta ocasión, toda la gente andaba muy atareada arreglando los altares y las ofrendas para colocarlas en el panteón al día siguiente, el 2 de noviembre, pero como las lluvias habían caído tardíamente, en esas fechas el hombre andaba cosechando el maíz de su milpa, por lo que le fue imposible encerrarse en su casa, como solía hacerlo. Ese día salió a trabajar a su parcela antes del amanecer con la idea de no encontrarse a nadie que le diese la misma explicación sobre lo importante que era llevar una ofrenda a sus padres y abuelos en el cementerio. Asimismo, con ese propósito se quedó hasta muy tarde en la labor, y fue hasta el ocaso que regresó a su casa con toda calma. (Leyenda de Homero Adame.)

Iba muy sigiloso por una vereda, cuando empezó a ver que mucha gente caminaba en fila por ese mismo rumbo; se escondió detrás del matorral para que nadie lo viera. Advirtió que todos iban muy contentos y que en sus manos llevaban ofrendas. Entonces, se dio cuenta que no eran personas, sino difuntos, pues reconoció a todos y a cada uno de ellos. Primero, unos viejitos que habían sido amigos de su familia; luego, unas muchachas que habían fallecido en un accidente; después, sus abuelos, y así continuó la hilera de puros conocidos que iban muy felices con sus ofrendas de regreso al mundo de los muertos. Al final pasaron sus padres; iban muy tristes porque no llevaban ninguna ofrenda.

La escena de haber visto las ánimas de sus padres tan tristes lo afligió mucho y, al percatarse de su error y egoísmo, fue corriendo a su casa a preparar una ofrenda. Pero ya era demasiado tarde: tendría que esperar todo un año para que los difuntos volvieran al mundo de los vivos. Entonces, se cuenta que fue tanta la angustia que este hombre sintió durante varios días, que se murió de tristeza. Leyenda tomada del blog de Homero Adame: http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/14/mitos-y-leyendas-de-la-huasteca-una-leyenda-de-dia-de-muertos/

Ésta El diseño de portada es de Beatriz Gaytánes otra de las 58 leyendas potosinas que fueron publicadas en el libro Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, de Homero Adame. Secretaría de Educación del Estado y Secretaría de Cultura. San Luis Potosí 2007. La edición estuvo a cargo de la Mtra. Déborah Chenillo Alazraki y el diseño de portada lo hizo Beatriz Gaytán Reyes.

Este libro se puede adquirir en cualquier librería de San Luis Potosí

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Para saber algo más sobre Tampamolón, municipio huasteco de San Luis Potosí:

Al parecer, no existen Foto de Homero Adamereferencias históricas que precisen la fecha de la fundación española de este lugar, aunque, en sus crónicas, los misioneros franciscanos lo mencionaban como Santiago Tampamolón. En la antigüedad, sin embargo, había sido territorio tének hasta que en el siglo xv fue conquistado por los nahuas. Cuatro siglos más tarde recibió la categoría de villa y luego de cabecera municipal.

Sus nombres históricos se deben a lo siguiente: Tampamolón es voz tének que significa «lugar de muchos jabalíes»; Santiago, es el santo patrono de la localidad, cuya fiesta se celebra el 25 de julio, y la extensión, Corona, tal vez sea en honor a algún personaje distinguido, aunque las fuentes omiten toda alusión a alguien.

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Mitos y leyendas de Zacatecas: La tumba de la Llorona

LA TUMBA DE LA LLORONA

Leyenda de Jerez, Zacatecas

La tumba de la Llorona está ahí en la entrada [del panteón de Dolores], así a mano derecha, y es como que se ve una virgen, así grande, que está llorando arriba de una tumba. Ella hay veces que está así con las manos juntas y si le ve los ojos se ve como si estuviera llorando de a de veras ―explica Jesús Humberto de la Torre. (Leyenda recopilada por Homero Adame.)

Sí, es bien raro porque muchas gentes de aquí hemos visto una cosa muy rara en esa tumba porque, como le digo, la Llorona tiene sus manitas así juntas pero luego las mueve y eso que supuestamente es de pura piedra, pero mueve las manos y uno primero las ve así juntas y más al rato ya las ve que las movió y las tiene así como abiertas.

Pero también los ojos de ella son muy feos. No, vayan ahorita a verla para que se desengañen, para que le vean a los ojos. Si los tiene abiertos usted camine tantito hacia un lado y luego hacia otro lado y fíjese que los ojos de ella lo van siguiendo, y eso da bastante miedo. Dicen también otra cosa de esa Llorona porque dicen que si tiene los ojos cerrados es porque se salió del panteón y se fue a caminar al río a buscar a sus hijos. Es que dicen que la Llorona anda buscando a sus hijos porque ella misma los mató. Dicen que a uno lo aventó en un pozo de agua, que a otro lo echó en el río cuando llevaba bastante agua y al otro dicen que lo mandó a comprar gasolina y unos cerillos y lo encerró en un cuarto y aventó la gasolina y lo quemó vivo. Eran tres hijos y a los tres los mató bien feo. Leyenda subida por Homero Adame.

Cuando se oye que anda la Llorona en las calles o allá en el río también dicen que se oyen cadenas y también se oye que llora ella. No’mbre, se siente bien gacho cuando uno oye que va llorando porque grita y grita “¡Ay, mis hijos!” y no deja dormir porque ahí anda en la noche buscando sus hijos. Pero también dicen que si ella va y se encuentra a un niño en la calle o en el río y se da cuenta que no es uno de sus hijos de ella, entonces se lo lleva con el Diablo y también lo mata al niño, o sea que el Diablo es el que mata al niño; por eso a nosotros que todavía estamos chicos no nos dejan que andemos solos en la calle en las noches y menos cuando saben que ha llorado la Llorona ―añade Juan Manuel Chávez Juárez. (Leyenda recopilada por Homero Adame y tomada de su blog http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/13/mitos-y-leyendas-de-zacatecas-la-tumba-de-la-llorona/)

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Algo sobre Jerez, Zacatecas

Jerez es un municipio que se localiza en la Foto de Homero Adamezona centro del estado de Zacatecas. Al norte colinda con los municipios de Calera y de Fresnillo, al oriente con Zacatecas y Villanueva, al sur por Susticacán y al poniente con Valparaíso.

Se estima que hacia 1531 llegaron a estas tierras los primeros españoles comandados por Cristóbal de Oñate, quienes encontraron gran resistencia y oposición por cuenta de los zacateós, los huachichiles y posiblemente los caxcanes también. La fundación hispana ocurrió en 1570, cuando el capitán Pedro Carrillo Dávila estableció un asentamiento con el propósito de custodiar la ruta comercial entre Guadalajara a Zacatecas. A ese lugar se le dio el nombre de Jerez de la Frontera.

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Puedes leer y escuchar esta misma leyenda en francés siguiendo este enlace:

La tumba de la llorona en francés

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Mitos y leyendas del Distrito Federal: Ánimas y fantasmas en el panteón de Santa Paula

EL PANTEÓN DE SANTA PAULA,

ESPANTOS Y UNA MUJER VESTIDA DE NEGRO

Leyenda de México, D. F.

Cuando mis abuelitos llegaron de Austria encontraron donde vivir en la colonia Guerrero. Eso fue allá después de la Primera Guerra Mundial y se vinieron a México porque aquí tenían conocidos, pero el caso de ellos es que no eran judíos ricos y por eso se fueron a esa colonia que era bastante popular en aquellos años también. Cuando ya les fue mejor, entonces se cambiaron acá a la Roma, donde a mi mamá le tocó nacer, pero mis tíos mayores crecieron en la Guerrero ―explica la Sra. Esther Hoffman Koch. Leyenda de Homero Adame.

Mi tío Foto de Homero AdameIacob, que era el mayor de la familia, aprendió hablar el español conviviendo con los muchachos de esa colonia y yo bien me acuerdo que él nos platicaba cuentos de miedo que según esto eran o son exclusivos de la colonia Guerrero. Has de saber que antes había un panteón allá, el panteón de Santa Paula, que entiendo estaba por los rumbos de Garibaldi ―según entiendo ya no existe porque lo demolieron para construir unos departamentos, o algo así―. Creo que era un panteón muy famoso porque ahí sepultaron a gente importante del siglo XIX y hasta entiendo que Santa Anna, el dictador, ahí le dio cristiana sepultura con todos los honores a la pierna que le volaron en una guerra. No estoy segura de esto, pero eran las pláticas de mi tío.

Entonces resulta que, según las leyendas, en ese panteón había muchas apariciones y espantos que, según esto, mucha gente había tenido la mala fortuna de ver. Y también decían que se escuchaban llantos en las noches. Pero la leyenda que más nos asustaba era una que del panteón salía una muerta que andaba toda vestida de negro, así como de luto, pero era una muerta, y según esto que la veían a media noche que cruzaba las rejas del panteón que siempre estaban cerradas a esas horas, y se iba caminando hasta meterse en una casona muy grande que había por ahí. La meritita verdad no sé cuál casa haya sido ni si todavía esté en pie porque ya ves que luego tumbaron muchísimas construcciones antiguas por todas partes.

Yo no conozco a nadie que viva en la colonia Guerrero, por eso no sabría decirte si todavía se cuente esa leyenda que nos platicaba mi tío Iacob, o si todavía algunas gentes de ese rumbo sigan viendo en la media noche a la muerta que supuestamente salía del panteón. Leyenda encontrada en http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/13/mitos-y-leyendas-del-distrito-federal-animas-y-fantasmas-en-el-panteon-de-santa-paula/

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