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Leyendas de México: Las pastorelas

LAS PASTORELAS

(Relato escuchado en La Petaca, municipio de Linares, N.L.)

No se sabe con precisión cuándo iniciaron las pastorelas, aunque es probable que hayan surgido a la par con los primeros nacimientos vivientes realizados e ideados por Giovanni Bernardone (1182-1226), mejor conocido como “San Francisco de Asís”, allá por el año de 1223. Con la conquista, las pastorelas llegaron a tierras mexicanas y fueron tomando características muy locales y particulares, pero siempre con las mismas bases: una suerte de égloga o composición poética breve relacionada con la Navidad.

Con la modernidad, los grupos de pastorelas han ido quedando en el olvido en casi todo el país y podrían desaparecer por completo si no es por diversos apoyos estatales y federales para revivir las tradiciones regionales. Sin embargo, en algunas comunidades y círculos sociales allegados a la iglesia aún pervive dicha tradición.

Mire, tan bonitas que son las pastorelas. Antes aquí había muchos grupos que alegraban las fiestas navideñas, pero ya se han ido acabando. Ya ve, estos que andan aquí ahora vinieron de [Ciudad] Victoria. Parece que al rato van a llegar unos de la hacienda [de Guadalupe]. Ojalá. Pero las pastorelas no se hacen sólo para la Navidad, sino que nosotros, por ejemplo, las hacemos para la fiesta de nuestra Virgen [de la Asunción], cada noche de hoy (8 de diciembre). Como es nuestra patrona y su fiesta es casi con las posadas, entonces llegan los grupos de pastorelas –explica don Vicente Aldape, quien se dedica a la agricultura.

Le voy a decir: mi abuelo formaba parte de una pastorela de aquí de La Petaca. Yo no me acuerdo de eso, pero mi mamá contaba que en las posadas hasta se agarraban a competencia con otros grupos. Así era antes la cosa. Ya se va acabando…

Bueno, mi abuelo la hacía de ermitaño y él tenía todos los cantos anotados en un libro –es que en las pastorelas son muchas las gentes que participan–; él era el ermitaño, y luego anda por ahí el Bartolo, que nada más se la pasa de holgazán durante toda la presentación. Y hay un diablo moleste y moleste a la gente, y tentando al Niño Dios y estirándole la cola a las cabras. Y también hay una chamaquita que le mentan “la Jila”; ella es como un ángel y se viste de blanco con alas y debe proteger al niño Jesús –mi mamá salió mucho de Jila cuando era niña–; y luego están los pastores, que pueden ser tantos como quieran.

Antes las pastorelas duraban toda la noche; ahora ya no porque el grupo se cansa. Pero imagínese cómo no habrá sido antes cuando había tres o cuatro grupos. Entonces sí duraban duro y dale con la fiesta hasta el amanecer.

Lástima que ya no haigan [sic] tantas pastorelas, ni que la iglesia las invite a participar en las posadas. Si todavía existiera el libro de mi abuelo, de seguro yo organizaba gente para ensayar y formar un grupo. Al fin y al cabo a todos nos encanta el guato, ¿no?

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Nota: Libro de Homero Adameesta leyenda apareció en el libro Leyendas, relatos, costumbres y tradiciones de Nuevo León, publicado por la Editorial Font de Monterrey, en 2005. La edición estuvo a cargo de la Mtra. Déborah Chenillo Alazraki. El diseño lo hizo Beatriz Gaytán y la corrección, Mary de Lara.

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