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Mitos y leyendas de la Huasteca: Leyenda de Jipak y de la fundación de Tancoco

LEYENDA DE JIPAK Y DE LA FUNDACIÓN DE TANCOCO

 (Toponimia. Tancoco: de Tan, lugar y cucú, paloma = Lugar de las palomas)

Por el año de 1400 vinieron del norte tribus de olmecas, nahoas y toltecas. Estos últimos acamparon en un lugar que llamaron Cacateapam, que significa árbol de ciruelas moradas junto a un templo. Venían guiados por un anciano jefe de la tribu, a quien su Dios le dio una señal donde fundaría un pueblo importante; empezaron a construir sus chozas, las cuales fueron mejorando, y empedraron las calles (quedan vestigios).

Todos vivían como en un paraíso terrenal, tranquilo y feliz. Cada habitante de Cacateapam poseía una piedrita cuadrada como de quince centímetros de largo, seis centímetros de ancho y dos y medio centímetros de espesor (según datos recopilados). Esta piedrita mágica satisfacía en cualquier momento sus problemas de alimentación y de salud. Con sólo decir U-le-tin-jayul o ibach-yaulach, surgían como por encanto la alimentación que ellos deseaban o el remedio a sus males, si tenían alguna molestia. Entre ellos estaba Choquil-an-ap, Dios del trueno y de la lluvia.

El tiempo trascurrió apacible y tranquilo en Cacateapam, hasta que un día otra tribu de mujeres que venía del norte acampó cerca, como a tres kilómetros, por el sureste, en un lugar denominado “La Laja”. Su jefe y guía traía consignas de su Dios para que en ese lugar fundaran una ciudad, que con el tiempo sería capital de un gran imperio, el más importante, según cuenta la leyenda. Esta tribu era bien organizada y empezó a construir viviendas y su templo con piedras y mampostería.

Pero un sentimiento maléfico y destructor nació en algunos habitantes de Cacateapam, ese sentimiento que todos llamamos envidia y el Mam o jefe, los reunió y les llamó la atención, recriminando su mal comportamiento, diciéndoles que si no se corregían les vendrían grandes males.

Y todo parecía haberse superado, pero una mujer, burlándose de ellos, hizo este comentario: In-ulal-ed-albel-ni-yeche-bichou, Ejtal-ni-amulil-neech-ca-ulich-jon-ti-cuajat-chi-yeche-teneclap, y al decir esto, la piedrita mágica que ellos llamaban Taj, desapareció de sus manos y se hizo pedazos.

Al ver la hostilidad de que eran objeto, sus vecinos optaron por retirarse, abandonando todas sus construcciones, quedando solamente ruinas, peregrinaron hacia el sur para encontrar otra señal y fundar la ciudad prometida por su Dios. Pero antes de irse, el jefe o Yejchel-mam, les profirió una maldición y dijo: “Todas las mujeres de Cacateapam serán castigadas, se quedarán sin la protección del hombre, y todos los hombres que nazcan de aquí en adelante morirán”. Y así fue, porque algunos hombres empezaron a morir y los que nacían también.

Todo se convirtió en tristeza y desolación, pero como tenían que sobrevivir, empezaron a cazar y pescar, sembraron granos, principalmente maíz y fríjol.

El tiempo iba transcurriendo, ya casi no había hombres y esto preocupaba grandemente a Inic-Mam, el gran jefe de la tribu, que se veía impotente para remediar la situación. Hacían ofrendas y rogaciones, pero no fueron escuchados, hasta que Inic-Mam tomó una decisión: cambiaría a su pueblo de lugar a dos kilómetros hacia el sur para ver si así cesaba la maldición de Yejchel-Mam. Abandonaron Cacateapam y se vinieron hacia el sur fundando otro pueblo, que llamaron Tan-cucú, por el gran número de mujeres que lo poblaron, creyendo que solamente así cesaría la maldición. Pero para su desgracia, no fue así, porque grande fue su sorpresa que cuando nació el primer niño, vieron llegar del sur a un ser horripilante volando, mitad hombre y mitad gavilán de la cintura para arriba, a quien llamaron Jipak, que al andar volando les habló y les dijo, “Yejchel-Mam me manda porque la maldición seguirá aunque se hayan cambiado de pueblo. Cada niño que nazca, al cumplir exactamente un año, tendrán que depositarlo como ofrenda en el lugar que abandonaron sus vecinos, en La Laja, en la piedra alta y cuadrada que se parece una cuna, para que ustedes vean cómo lo voy a devorar. Si no cumplen, les vendrán todos los males del mundo”. Al decir esto se fue volando.

Al cumplir un año el primer niño que nació en Tan cucú, lo llevaron en procesión, llorando todos al mismo tiempo, a depositarlo en el lugar convenido y vieron como el horrible Jipak lo devoraba.

Y así sucesivamente cada niño que nacía corría la misma suerte, los padres no podían hacer otra cosa que lamentarse, Inic-Mam, el jefe no sabía qué decisión tomar. Hasta que un día llegó un muchacho joven, sano y fuerte, que unos llamaron Uti y otros Shinguiri, que al darse cuenta del mal que padecían, les prometió que los ayudaría. Pero para esto, tendría que esperar hasta que naciera un bebé. Por fortuna nació un niño a quien llamaron Chacan-cuitol, su nacimiento fue todo un acontecimiento.

Shinguiri les dijo que lo ayudaran a tejer una onda que llevaría cerdas de jabalí, pedazos de piel de todas las serpientes y cabellos de todos los animales que había en la sierra, y tenían que celebrarse ritos, velaciones y rogaciones en el templo; y además, tendría que curar la onda con ciertas hierbas para que no fallara, así lo hicieron.

Al cumplir un año Chacan-cuitol, se fueron en procesión a depositarlo en el lugar de costumbre y Shinguiri les dio instrucciones de que se retiraran un poco más lejos. Y al depositarlo, inmediatamente apareció Jipak. En el momento en que se disponía a devorarlo, Shiguiri accionó su onda y de una certera pedrada en la cabeza derribó al Jipak.

Al ver esto las mujeres se abalanzaron para verlo de cerca y rescatar a Chacan-cuitol. Con alegría desbordante regresaron trayendo a Shinguiri como héroe y trajeron al Jipak para exhibirlo. Durante varios días vinieron de otros pueblos a verlo, hasta que se desintegró y sus restos fueron enterrados en medio del templo.

Pasó el tiempo y todo se fue normalizando y olvidando, ya Chacan-cuitol había crecido y era un hombre. Los padres de familia se lo disputaban para sus hijas, y todos los varones que nacían ya estaban comprometidos. De ahí nació la costumbre de que los matrimonios los arreglaban los padres, por lo tanto, se fomentó el machismo.

Toda la gente se empezó a portar mal con quien les había hecho un gran favor. Shinguiri se sentía muy triste al ver la ingratitud. El único que lo quería mucho era a quien había salvado. Un día Shinguiri le aconsejó que contrajese matrimonio con una joven que, según él, poseía grandes virtudes y le dijo: “Cásate cuando antes porque el Dios Choquil-an-ap está muy enojado por el mal comportamiento de los habitantes de Tan cucú y va a castigar a todos. Va a llover muchos días y muchas noches. Construye una caja de madera grande, donde puedas reunir muchas provisiones y una pareja de animales de cada especie, invita a quien quiera escucharte”.

Pero todos se reían de él cuando les comunicaba lo que Shinguiri le había confiado. Al ver que nadie lo tomaba en cuenta, empezó a construir la caja grande. Poco a poco fue juntando los animalitos. En esos días Shinguiri desapareció y empezó a llover de día y de noche. Al ver que el agua iba subiendo, Cuitol y su esposa subieron a la caja, viendo con desesperación cómo se inundaba todo el pueblo y algunos le gritaban que los salvara, pero él ya no podía hacer nada por ellos.

El agua fue subiendo hasta rozar el cielo, entonces un conejo travieso, al asomarse y ver tan cerca el cielo, brincó y al querer regresar ya no pudo, y se quedó sentado en la luna esperando que lo rescaten.

El agua poco a poco fue bajando hasta que llegaron a tierra firme. Cuitol dio órdenes de que nadie bajara ni saliera de la caja y todos obedecieron. Al tercer día mandó al zopilote a explorar y que buscara en donde había quedado Tancu cú. El zopilote salió y buscó el lugar, sólo encontró desechos, y a pesar de que habían recomendado no tocar ni comer nada, no soportó la tentación y se hartó, pero ya no pudo regresar.

Así, poco a poco fueron mandando distintos animales para que llevaran el mensaje. Pero unos por una causa y otros por otra, no regresaron. Hasta que mandaron a la chuparrosa y le dijeron: “Vete a ver lo que pasa, pero tú no hagas lo que han hecho los demás, por favor regresa y tráeme el mensaje”.

La chuparrosa se fue y vio todo lo que pasaba, y aunque le insistieron, no quiso defraudar la confianza que habían depositado en ella y regresó. Dio toda la información y Dios dijo que la chuparrosa sería en adelante, un animal sagrado.

Cuitol y su esposa regresaron y empezó una nueva generación a poblar Tancu cú. Todos se portaban muy bien vivían felices y tranquilos, hasta que otra mujer, a quien llamaban Dac-cham-usum, vino a romper la tranquilidad, porque ella sabía el arte de la hechicería y enseñó a algunos sus malas artes.

Entonces otro de los Dioses, llamado Kamal, se enojó mucho y les dijo: “Neech-ka-chikan-ankailal”, y al decir esto, alrededor de Tan cucú empezó a arder y las llamas iban devorando y cercando el poblado. Entonces todos pedían a Dios que los perdonara, y al ver este cuadro desolador, la Virgen de Guadalupe también le pidió a Dios que los perdonara, y empezó a llorar tanto que sus lágrimas iban formando una bellísima cascada que fue apagando el fuego poco a poco.

Cuenta la leyenda que el día que la gente se vuelva a portar mal, esa bellísima cascada se va a secar y todos morirán devorados por las llamas.

Por lo pronto, en el cerro más alto de la sierra de Otontepec, que se divisa antes de llegar a Tancoco, se ve la imagen de la Virgen de Guadalupe, y a su lado una bellísima cascada llamada y conocida por todos como “cascada de la Virgen de Guadalupe”.

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Trabajo ganador del primer lugar en el concurso literario sobre leyendas de Veracruz, que convocó el Departamento de Investigaciones Estéticas y Difusión Cultural de la D.G.E.P.

Trascrito en forma total de su original con autorización de la Profra. Blanca Estela de la Cruz Sarmiento, hija de la autora, como un homenaje a su señora madre, la Profra. Malaquías Sarmiento Martínez.

Esta leyenda con gran contenido mitológico sobre el diluvio universal fue publicada en el libro “Cuextécatl volvió a la vida”, de José Reyes Nolasco y se publica en este blog con autorización de la autora y del recopilador.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: La sirena de Tamiahua

LA SIRENA DE TAMIAHUA (la ninfa de la Huasteca)

Leyenda de Tamiahua, Veracruz

Ésta es la historia de Irene, hija del finado Abundio Saavedra Rosas y de Demasía González Corona, quien vivía con su madre en un pintoresco pueblecito huasteco llamado Rancho Nuevo, entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, en el municipio de Tamiahua en el estado de Veracruz. Irene era una joven hermosa de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra. Madre e hija eran muy creyentes y devotas de la fe católica, que seguían al pie de la letra, así como de todos los usos y costumbres de la misma.

Un día Jueves Santo, allá por los años de 1900 -1920, en plena Semana Santa –que eran días de vigilia o de guardar Irene– había ido a traer leña por el rumbo de Paso de Piedras (leñar es un acto prohibido en estos días). Regresó donde su madre y le dijo: “Ma, yo ando muy sucia y polvienta, que me dan ganas de echarme un baño”. Su madre le contestó: “No, hija, te condenarías. En estos días no debemos agarrar agua, mucho menos bañarnos”. Pero Irene le contestó: “Ay, ma, Dios me perdone pero yo aunque sea me voy a lavar la cara”. Tomó un guacal con dos hojas de jaboncillo y se fue rumbo al pozo a lavarse la cara.

De pronto, su madre escucho unos gritos de angustia. Era Irene quien gritaba: “¡Ma, ma, ayúdame! ¡Ma, ma, ayúdame!”. Luego, sus gritos se convirtieron en un triste cántico como de lamento.

Allí junto al pozo se levantó una gigantesca ola e Irene empezó a convertirse en otro ser, su boca como de pez, sus ojos más grandes, su negra cabellera y su piel se tiñeron como de rojo. Y lo más cruel fue que sus piernas desaparecieron, formándose debajo de la cintura una cola de pez, babosa y con escamas. La ola arrastró su cuerpo por el río rumbo al mar. Los lugareños la siguieron en pequeñas lanchas hasta la laguna. Cuando estaban a punto de alcanzarla, se apareció un extraño barco viejo, destrozado y feo. De pronto, Irene saltó hacia él, mientras esbozaba una sonrisa burlona y cantaba de forma macabra “Peten ak, peten ak” (giren, giren o circulen, en huasteco; hoy en día se dice petenera) para reunir en derredor de ella a toda la especie marina. Y así desapareció de la vista de todos.

Desde aquel entonces, su vieja y cansada madre cada Jueves Santo iba hasta la playa con la ilusión de volver a ver a su hija Irene. Sólo cuentan los pescadores que cuando oyen sus fúnebres cantos, se alejan del lugar porque aquel que la vea sufre desgracias, ya que Irene la sirena se convierte en una rubia y hermosa mujer de dulce vos y prominentes pechos. Se dice que algunos pescadores han muerto cuando la han visto, porque al acercarse miran un ser espectral y horroroso que dicen que les voltea las lanchas y embravece las olas hasta matarlos.

 

 Versión popular publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por el autor para publicarse en este blog.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: Huehueyac Xonkaalli

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HUEHUEYAC XONKAALLI

El de larga o grande cabellera

Existió alguna vez allá por el año 1200 un horrendo hombre de larga cabellera, ojos destellantes y hocico como de fiera, que por su pelo se confundía con las mujeres de Xonkatlan (lugar de cabelleras o de greñas sueltas), una aldea huasteca, gobernada por una mujer llamada Tezitlal (estrella de piedra) en inmediaciones de la sierra de Kotontepetl (cerros partidos o separados). Pueblo dominado en ese entonces por el reinado de Tomiyahuatl, después de la caída del imperio huasteco chichimeca de Cuextlán.

Este sanguinario hombre que sobrevivió al exterminio total de varones, realizado por las satanizadas guerreras huastecas de raza negra, provenientes del imperio de Tam yam ija (entonces mucha agua) hoy Majaguales o Tamiahua la Vieja.

Huehueyac Xonkaalli habitaba en la espesa selva a salto de mata escondiéndose para no ser descubierto. Aquel hombre juró vengar a los extintos varones de Xonkatlan y aldeas vecinas, que fueron salvajemente castrados, flechados, desollados y devorados por estas sádicas mujeres.

Este hombre se valía de algún poder mágico para entrar al pueblo sin ser visto y robarse a una mujer cada tres días. Las llevaba a una cueva de la serranía, donde por medio de amarras las atacaba sexualmente hasta saciarse, para después cortarles los senos y matarlas. Y como burla o ejemplo de poder, ya muertas las llevaba a cambiar por otra mujer viva. Acto que tuvo indignadas por mucho tiempo a las salvajes guerreras, que por muchas trampas que le pusieron no lo podían descubrir. Temerosas pensaban también que era un ser divino con el que no podrían jamás.

Para fortuna para ellas, una madrugada lluviosa, cuando Huehueyac se llevaba a otra guerrera en brazos, cayó un estruendoso rayo y despertó a todas las mujeres de la aldea y a la que llevaba en brazos también. Ésta despierta lo aprisionaba con sus férreas manos para dar tiempo a que las demás aldeanas lo tomaran preso.

Bajo la lluvia en un rito con danzas y grandes hogueras, le arrancaron los ojos, las uñas de pies y manos, lo castraron, lo flecharon, lo desollaron y lo devoraron.

Para así terminar con el mito de Huehueyac Xonkaalli y vivir tranquilas para siempre, empezando a rendir tributo al Dios “Tlapetlantli” (Trueno o rayo), hasta la muerte de Tomiyahuatl en Tenayucan capital de la huasteca en aquel entonces.

Aunque en ocasiones cuando hay tempestad, gentes de algunas comunidades de la sierra han visto en aparición a este horrible hombre cargando a una mujer ensangrentada, causando gran espanto a las gentes que logran verlo. Y lo apodan “tekuani temiktiloni” (bestia asesina).

Leyenda publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por su autor para publicación en este blog.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: La Tepa del río Tancochin

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LA TEPA DEL RÍO TANCOCHIN

Leyenda huasteca

 En las márgenes y a todo lo largo del extenso río Tancochin, río que nace en la caída de agua de la sierra de Kotontepetl, en el municipio de Tancoco, y atraviesa los municipios de Naranjos-Amatlán, Chinampa, y desemboca en la laguna de Tamiahua, entre Saladero municipio de Tlamalín y Reforma municipio de Tamiahua, se han escuchado infinidad de cuentos, relatos e historias, como la leyenda de la Tepa.

Según cuentan los abuelos, la Tepa era una mujer muy hermosa, de cara bonita, alta, blanca, de larga cabellera, cuerpo bien torneado, prominentes pechos, ojos coquetos y sonrisa encantadora, cuando se apreciaba de lejos. Pero al tenerla cerca, su apariencia cambiaba totalmente. Su rostro se mostraba pálido y amarillo, sus ojos destellaban odio, su pelo desbaratado, las uñas de las manos largas y filosas y su boca demasiado enojo.

Cuando la Tepa estaba contenta, interpretaba cantos muy tristes en una lengua extraña. Totalmente desnuda se metía al agua y con un guacal se rociaba agua por todo su hermoso cuerpo; al bañarse mostraba todos sus encantos.

Hay quienes aseguran que a las 12 del día, al llegar o estando en sus milpas, de repente sentían una ráfaga de viento que movía todos los arboles, apareciéndose como por arte de magia, sin dejar pasar a nadie por el camino, llenando de ramas y abrojos todas las salidas. Produciendo enorme susto a quienes lograban ver a la Tepa, que en ocasiones sufrían de fuertes fiebres y alucinaciones por muchos días, que algunas personas fallecían por esta causa.

Todos los habitantes de esta región por generaciones, sabían y conocían muy bien el mito de esta terrorífica mujer, que algunos ya venían preparados, con agua bendita, caña o aguardiente y algunas oraciones para alejarla del lugar.

Por eso cuando sembraban preparaban mucha comida, café, agua limpia para beber, pan, tortillas y aguardiente, para comer en la milpa, acompañados de sus peones.

No sin antes ofrendarle a la Tepa en un lugar especial del monte, de la siguiente manera:

  • En siete cazuelitas muy pequeñas de barro colocaban la comida, siete tacitas también de barro colocaban los líquidos (café, agua y aguardiente).
  • Colocaban en el improvisado altar dos copaleros con brasa e incienso, figurillas de barro y caritas sonrientes conocidas como teopaquetl, hoy en día se conocen los restos de barro como tepalcates (vasijas divinas, porque se ocupaban para ofrenda).
  • Después de haber compartido con la Tepa y los peones, hacían un hoyo en medio de la milpa, donde depositaban todo lo que les había sobrado.
  • Para darle de comer a la madre tierra, también encima rociaban el agua, el café y el aguardiente.

Este ritual lo acostumbraban hacer en todas la comunidades huastecas, aunque en algunas de ellas nunca se hubiese aparecido la Tepa.

Se dice que allá por el año de 1960 en una comunidad de Tamiahua, conocida como Buena Vista, al levantar la cosecha, cuando estaban variando el frijol y a la hora de comer sus lonches, se les apareció de repente la Tepa a cinco campesinos.

Entre ellos estaba uno llamado Melitón Santiago, quien sacó su machete y le grito “¡hasta aquí llegaste bruja, hija de tu humilde madre!

 Se le echó encima a machetazos pero sin tocar su cuerpo, siguiéndola hasta perderse en el espeso monte, mientras ella se carcajeaba burlonamente.

 Sus compañeros quedaron estáticos con sus pies engarrotados, gritando angustiosamente ¡Melitón, Melitón, Melitón…!

Después se arrodillaron implorándole a Dios que los ayudara, sin saber que Melitón había desafiado a fuerzas extrañas de la naturaleza, provocando la ira de la Tepa, que se lo llevó para siempre.

Juan uno de ellos corrió a la comunidad para avisar lo sucedido. Al llegar al pueblo gritaba que ¡a Melitón se lo llevó la Tepa! Toda la gente del pueblo se organizó para buscarlo por muchos días, mas no dieron con él. Después de unos cuarenta días, unos vecinos de Tampache encontraron el cuerpo disecado totalmente, la piel bien adherida al esqueleto, como si lo hubiesen chupado. Sólo por sus ropas lo reconocieron. Sí, no había duda, ¡él era Melitón!

Durante esos cuarenta días todas las milpas sufrieron ataques de la Tepa, quebrando las plantas de maíz y arrancando de raíz las plantas de frijol, no así donde habían sembrado ajos y chonacates o cebollinas.

Y los demás campesinos empezaron a sembrar también ajos y chonacates en sus milpas, para alejar a la bruja llamada Tepa que no ha vuelto más por estos lugares.

Nota: Tancochin es una palabra téenek que tiene su origen en un pueblo huasteco del municipio de Tamiahua, muy cerca de la desembocadura del rio con el mismo nombre. Este pueblo huasteco se fundó allá por el año 1180, bajo el dominio del rey Atl-aua, rey de Tamyamija uxquae o Tamiahua la vieja.

De lo que se deriva su nombre, es porque los aldeanos de Tancochin navegaban río arriba en improvisadas balsas para cazar venado, pasando por Yancucum (hoy la laja Moralillo) municipio de Tancoco, hasta la hermosa cascada que sirve de afluente a este río, que anteriormente también se alimentaba del manantial de Agua Zarca que allá por el año de 2009 fue desviada para llenar la represa de Tlamalín y que pasó a mermar la corriente de este importante río.

Significado de Tancochin, en tének, Tan: canoa o balsa, koch u tan: anchura, chin: buche y ch`iin: lanzar o lapidar. Ta`an: ceniza, koch: carga, ko`och: higuera y ch`iin: echar. En conjunto podría ser “echar carga a la balsa” o “echar carga de ceniza”. Descartando la hipótesis de que el nombre viene de tanco por Tancoco y chin por chinampa, ya que el pueblo de Tancochin fue antes que el de Tancoco.

Leyenda publicada en el libro Cuextecatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco

Y enviada por su autor para publicación en este blog.

 

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Cuentos huastecos: “Miquen-Xantolo” – Culto a los muertos

“MIQUEN-XANTOLO”

(Todos muertos todos santos)

Amén de estar aquí, dejando pasar las horas, las negras nubes amenazan con desplomarse, pronto va a llover, las bancas del parque a la bandera, van quedando vacías, hoy viernes grande, viernes último del mes de octubre, allá donde las risas infantiles me confunden de niño y veo el rostro de mi padre muerto, que pronto estará conmigo compartiendo estos días de fiesta y dolor, pero es viernes grande, tianguis o plaza de la curva como se le quiera llamar, todos se preparan, compran lo esencial para recibir a sus difuntos; huacales, canastos, comales, copal, copaleros, candelabros, velas, alimentos varios. Los vendedores ambulantes pregonan sus ofertas, todo es agitación, movimiento, es calor humano compartido, el aroma a copal penetra, en mi cuerpo, penetra en mis recuerdos, liberando con ello mi redimido espíritu, el copalero es elevado con la gracia y tranquilidad que solo mi madre puede poseer, esparciendo generosamente el sahumerio, el incienso de dios, agradable sensación, misteriosa y profunda. Los cohetes afirman que ya es la entrada de los fieles difuntos, sí claro que son fieles ¿qué muerto nos podría engañar? Sólo el muerto de hambre como yo, o el muerto de miedo como tú, tú mismo miedo es lo que impide tener valor para vencer a la muerte en el nombre de Cristo Jesús. La flor despicada, esparcida sobre el camino o vereda, señala el rumbo que en vida tantas veces recorrió el difunto o difuntos, que llevan años entre sombras o gloria de salvación según el tipo de vida en que se preparo el difunto antes de su partida. El son de los viejos llega a los oídos de los mismos viejos, los jóvenes contemplan, los niños ríen, los monarcas hacen rueda y bailan, conversan, traen a un negrito que recita versos picarescamente, acompañado de un “tlaquechanequetl” (hombre vestido de mujer) que representa a la Malinche, el negrito con un machete y una máscara que se levanta cada vez que dice un verso para que se escuche mejor, y dice así:

Aman kena lamatzin, Aman kena huehuetzin, Pobres de nuestros nietos, La vida empezando para ellos

Y el mundo se va a acabar, La vida es alegría tan bella, La hermosa naturaleza

Es su hermana, su aliada esencia, La naturaleza genera energía, árboles, flores, hijos,

La vida los alimenta, Aman kena lamatzin, Aman kena huehuetzin.

“Ahora si viejita, ahora si viejito”

Danzan, caminan cansadamente, pausados, encorvados, en sentido contrario, conversan en su lengua madre, en la lengua náhuatl o mexica; la Malinche y los demás monarcas danzantes bailan en los costados dando unos pasos rústicos y a la vez cómicos, con vestimentas chuscas, con corona como si fuesen reyes, sólo que el resplandor no lo provoca el oro sino los espejos que en ella portan, también usan una capa como la usaban los nobles durante la conquista, también se cuelgan listones de colores, típicos a los reyes huastecos, cargan un morral lleno de corcholatas y lo suenan al danzar simulando tener mucho dinero, también llevan un cetro de cartón y madera en una mano y en la otra una sonaja para acompañar rítmicamente a la jarana y al violín que ejecutan los “tlozozonquemen” (músicos). Esta danza es un rito por eso se les pide a los presentes no aplaudir, ya que son días de luto y dolor, para los vivos y de fiesta para los difuntos. La música continúa, los monarcas siguen danzando y se contonean, dan la vuelta y miran las tumbas del panteón, frente a las tumbas está un arco de zempoalxochitl, olivo, alimonaría y mano de león, este arco simula el paso o la puerta que limita la vida y la muerte, que al llegar los difuntos y al atravesarlo se encuentran con nosotros los vivos por el bautismo. En el arco se cuelgan naranjas, plátanos, manzanas, mandarinas, uvas, cacahuates y pan de mono, en la parte baja, sobre hojas verdes de plátano, se colocan, tamales de pipían, de fríjol, de carnita de pollo o de puerco, atole de máiz de masa y chocolate, que según era lo que el difunto prefería. Los difuntos nos visitan, están con nosotros, desayunan, comen, cenan y se van, pero aunque se marchen regresaran, los cohetes truenan por doquier con angustia desmedida, hasta cuándo volverá mi padre, hasta cuándo volverá mi abuelito, hasta cuando mis difuntos amigos, no lo sé, simplemente esperare un largo año para tenerlos aquí, lo más extraño es que solo en estos días nos podemos acordar de ellos, porque el resto del año sólo son muertos y nada más.

Texto escrito por José Reyes Nolasco, de Cerro Azul, Veracruz

Y enviado para su publicación en este blog en octubre de 2011

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Mitos y leyendas de la Huasteca: El hombre que programó su muerte

EL HOMBRE QUE PROGRAMÓ SU MUERTE Y FUNERAL

Leyenda de Tamiahua, Veracruz

Existió un pintoresco pueblecito huasteco, llamado Rancho Nuevo (hoy es un rancho ganadero), entre Tampache y la hacienda de San Sebastián, dentro del municipio de Tamiahua en el estado de Veracruz. Allí vivían entre sus pobladores una señora llamada Demasía González Corona, acompañada de su hija Irene, una joven hermosa de tez morena, ojos aceitunados y larga cabellera negra. Ellas eran muy creyentes y devotas de la fe católica, que seguían al pie de la letra, así como de todos los usos y costumbres de la misma.

Como trágica experiencia tenían la muerte de Abundio Saavedra Rosas, esposo de Demasía, que en una ocasión allá por la fiesta de todos santos le dijo a su esposa que no hiciera ninguna ofrenda, mucho menos tlamales, ya que los muertos no tragaban porque ya se los había llevado la tiznada muerte, y que a sus padres les iba a prender una vela de chapopote por la espalda.

Al día siguiente, cuando salió rumbo a la milpa, tal fue su asombro que vio a una multitud de muertos vivientes, algunos gustosos saboreando ricas viandas que les dieron sus familiares como ofrenda, pero al pasar los últimos, vio una pareja retorciéndose como de dolor, que lanzaban grandes lamentos llevando una vela de chapopote prendida de bajo de la espalda. ¡Sí! No había ninguna duda: eran sus padres que lo miraban suplicantes y con reproche. Entonces Abundio corrió llorando de arrepentimiento, angustia y mucho miedo, llegó a su humilde jacal y ordenó a su esposa que buscara quien matara un marrano para hacer tamales. Mandó a comprar cirios de cera virgen, cohetes y también pidió que llamaran a su compadre Chucho González, el jaranero, y sus músicos, para que tocaran al día siguiente, junto a las tumbas de sus padres en el panteón de San Juan, por el rumbo de Toteco y Raya Obscura. Después de haber organizado todo le dijo a Demasía: “Vieja me siento muy cansado, tengo mucho sentimiento, me dan ganas de llorar, mejor voy a dormir un rato porque empiezo a ver oscuro, me está dando mucho sueño”. Y se durmió en un catre que estaba en el patio. Después de dos horas, cuando salió la primer pailada, Demasía le dijo a Irene: “Anda ve y despierta a tu padre para que cene; están ricos los chicharrones y los tamales”. Cuando Irene llegó donde estaba su padre empezó a gritar despavorida; su padre había muerto, su cuerpo rígido y sin vida, con el rostro lleno de terror y ojos exorbitantes, como si hubiese visto al mismo tlahuelilo (diablo).

Todo se llenó de tristeza y dolor en aquel pueblo, que vio por vez primera que una persona programara su propia muerte y su funeral.

Después de este acontecimiento, las pobres mujeres solas se dedicaron al servicio de la iglesia y de Dios; iban hasta Tamiahua, Tampache, Temapache, Acala, Hormiguero, Tancochin, Cuesillos y Tierra Blanca, rindiendo culto a todas las festividades y honrando a todos los santos.

Versión popular publicada en el libro “Cuextecatl volvió a la Vida, de José Reyes Nolasco, y enviada por el autor para publicarse en este blog.

 

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Légendes mexicaines en français: La Pleureuse

LA PLEUREUSE

Version que l’on peut entendre à Xico, dans l’Etat de Veracruz (Mexique)

La Pleureuse fait son apparition ici, à Xico. Elle ne paraît qu’aux abords du village et non en son cœur parce qu’il y a beaucoup de gens et qu’elle n’aime sortir que lorsque tout y est tranquille.

La Pleureuse ne sort qu’à certaines heures: de minuit à une heure du matin et ne sort que là où il y a de l’eau, au bord des fleuves.

Auparavant, il n’y avait pas ici de bonnes rues et avant qu’on ne les rénove y passaient des ruisseaux où poussait du cresson que nous, les gens d’ici, allions couper pour le consommer. Les gens d’autrefois racontaient qu’ils voyaient la Pleureuse là, au bord de la rivière, lavant telle une lavandière, oui, lavant mais pleurant. Ils l’entendaient pleurer parce que -disait-on- elle avait perdu ses fils.

Mais écoutez plutôt ce qui arriva une fois: dans une ruelle déserte -il était près d’une heure du matin- allait un jeune homme qui était très amoureux, un véritable coureur de jupons pour lequel il n’était pas difficile de séduire une femme.

C’est alors qu’à quelque distance de lui, il vit une jeune femme qui marchait seule et il la suivit. Cette jeune femme marchait lentement. Il pressa donc le pas pour l’atteindre mais, comme elle pressait aussi le pas à son tour, il ne parvint pas à la rejoindre. Au moment où ils atteignaient le bout de la ruelle, il réussit à s’en approcher davantage et alors qu’il n’était qu’à trois ou quatre mètres l’un de l’autre, il osa lui parler. Écoute, mon amour, pourquoi es-tu si seule? Que fais-tu ici si seule? On pourrait te voler. Celle-ci demeura silencieuse et continua à marcher. Mais alors qu’elle marchait ainsi, sans dire un mot, le jeune homme put entendre comme des sanglots. Il n’y prêta pas attention car il voulait la conquérir.

Elle marcha finalement un moment et le jeune homme ne fit rien de plus que la suivre. A environ une centaine de mètres de lui, la femme se retourna soudain et émit un sanglot que seule la Pleureuse peut émettre et il vit aussi son visage qui était celui d’un mulet. Non… Ce freluquet en tomba raide mort.

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Vous pouvez lire et écouter cette légende ici:

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Commentaire d’ Homero Adame sur l’origine de la légende de la Pleureuse

Bien qu’on ne le sache pas avec certitude, de nombreux chercheurs estiment que la Pleureuse, en tant que personnage de la mythologie et des légendes mexicaines, tire son origine de quelques êtres ou divinités pré-hispaniques comme Ahuicanime, chez les Purépechas; Xonaxi Queculla, chez les Zapotèques; la Cihuacóatl chez les Nahuas et la Xtabay, chez les Mayas Lacandons. On l’associe toujours à l’au-delà, à la faim, à la mort, au péché et aussi à la luxure comme le suggère la fin de cette version racontée par Juan Celso Alarcón Gómez – une version de la Pleureuse parmi tant d’autres racontées à travers tout le Mexique.

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Cette légende a été recueillie par Homero Adame et peut être lue sur son blog: Mitos, leyendas y tradiciones de México. (Mythes, légendes et traditions du Mexique)

Traduction: Cécile Belluard

Relecture: Noële Belluard-Blondel

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Notes:

1. Musique utilisée comme fond pour la narration:

Arnaud Condé. Titres: 1/ *La forêt de Mag’naghan 2/*Le départ

http://www.jamendo.com/fr/album/38862
In CD “Velvorn: The Bladed Druid, Bande-Originale de l’Acte 2″ (Licence de distribution: CC-BY-NC-SA)

2. Musique d’ambiance à la fin de la piste:

Senda. Titre: “Y nuestro amor” http://www.jamendo.com/fr/album/76060

In CD “Tras las Huellas” (Licence de distribution: CC-By)

Mitos y leyendas de la Huasteca: La bruja de Tepetzintla

LA BRUJA DE LA HUASTECA

(La Bruja de Tepetzintla)

En el pueblo de Coopaltiquetl o Coopalchiquetl (hoy Coopaltitlan), a principios de siglo XX, poco antes de la Revolución, vivió una mujer llamada Marcelina Luis Morales, quien era muy conocida porque se trasformaba en animal, amparada bajo el manto oscuro de la noche; se valía de polvos y brebajes raros para dormir y dominar a su esposo Macario Cruz Hermelindo. Marcelina poseía un aspecto deprimente, puesto que daba la impresión de que no dormía ni comía nada, ya que tenía grandes ojeras y su tez demasiado pálida, sus largas uñas parecían garras de animal salvaje, su cabello era muy escaso y delgado hasta el grado de tener espacios vacíos como de calvicie.

Justo a las doce de la noche, en su alejado jacal, rodeado de árboles viejos con ramas grandes y sombrosas, en medio de ellos había un pozo profundo donde a esa hora Marcelina empezaba un extraño ritual: rociaba aguardiente con la boca y ahumaba con copal todo el lugar, hacía oraciones y rezos demoníacos, en forma extraña que hasta le cambiaba la voz. Posteriormente, hacía lumbre en el suelo y se ponía a brincar de un lado hacia otro durante un buen rato. En determinado tiempo de estar saltando esa hoguera, se sentaba frente a una “lejía” (recipiente hecho de lodo forrado de ceniza para almacenar agua) y empezaba a untarse ceniza húmeda en las rodillas hasta que se desarticulaba sus extremidades, quedándose sin rodillas y pies. Su rostro se desfiguraba por completo, apareciéndole un hocico y colmillos punzantes, con las piernas y manos como ancas de rana. Entonces comenzaba a salir sangre espesa de su espalda e inmediatamente le brotaban unas alas negras y gigantes que le cubrían todo su cuerpo.

En silencio, bajo las sombras de la noche, pensaba y pensaba a qué hogar atacar. En cuestión de segundos empezaba a volar en busca de niños recién nacidos para chuparles la sangre hasta dejarlos vacíos. Su lengua era también enorme y larga que le permitía atacar a los bebés desde muy lejos, dándose prisa para que no la sorprendiera el día, pues de lo contrario nunca podría volver a su estado natural.

Una noche, Macario su esposo llegó sin avisar, cuando regresaba de un baile en San Juan a su casa y quiso darle una sorpresa a su mujer. Se escondió tras las plantas de maíz para poder acercarse; brincó la cerca de otate y se asomó por la ventana. El fuego de la hoguera iluminó su asombrado rostro, que se quedó sin habla ante lo que estaba sucediendo. Vio cuando Marcelina saltaba la hoguera de lado a lado y no le quedó la menor duda de lo que la gente andaba hablando de ella. ¡Sí, descubrió que su vieja era aquel temido y odiado ser del que tanto se comentaba en casi toda la sierra y que tantos males había causado! Era tan mala y vivía tan hambrienta que hasta a sus propios hijos les había chupado la sangre hasta matarlos.

Cuando Macario  la vio trasformada, sintió que la odiaba con toda su alma. De pronto se quedó triste, sentado en la parte trasera del jacal, abrazando un morral empolvado que contenía ropa y un sombrero pequeño. Derramó unas lágrimas y se quedó con la mirada perdida, estática como si hubiese muerto. Ella, la mujer que tanto tiempo había sufrido la pérdida de sus tres hijos, era la misma que los había matado.

Entonces, Macario escondido horas después tras la puerta, espiaba, veía como se estaba quitando sus extremidades inferiores y una vez que se aseguró que ya no había nadie en el jacal, rápidamente tomó las rodillas y corrió hacia la sierra de Kotontoctepetl y en un lugar muy alejado, allá las enterró y regresó para terminar su venganza, de tal manera que cuando la bruja llegó de su terrible viaje, el jacal estaba ardiendo en llamas, todo estaba perdido. La bruja estaba desesperada, intentando apagar el fuego para poder recuperar sus extremidades, pero nunca lo logró y quedó convertida en animal sin rodillas hasta que se enfermó de tristeza y murió.

Se cuenta que su alma vaga en pena por los montes y pueblos cercanos. Hasta dicen que revive en los cuerpos de otros brujos o brujas, en el mes de marzo que es cuando iniciaba el año del calendario indígena, para seguir haciendo sus terribles males.

Notas:

1. Versión popular compilada por José Reyes Nolasco y publicada en su libro Cuextécatl volvió a la vida.

2. La versión que leemos en este blog es más corta que la original y ha sido publicada aquí con el consentimiento de su autor, quien también envió las imágenes.

Puedes encontrar más leyendas indígenas en este enlace:


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Mitos y leyendas de la Huasteca: Cuextécatl

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Leyendas indígenas mexicanas

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CUEXTÉCATL

1036-1116

En esta zona de Tepetzintla se encontraba la ciudad más grande y organizada de todo Huastecapan, con aproximadamente cincuenta mil habitantes, que fue gobernada por el rey huasteco Almehen Muy (conejo noble), aliado del sacerdote tolteca, Huemác (manos grandes) quien sustituyó de manera interina, desde 1039, a Xiutlaltzin (venerable tierra de turquesas) viuda del rey O-Mitl (el huesudo), quien murió en 1035.

En aquellos tiempos, existió una pareja muy joven formada por Ketun (piedra preciosa) y Bilim nacon hobon (gran sacerdote sabio) que engendraron a un niño al que pusieron por nombre Albin hobon (niño sabio) y educaron con mucho ahínco, hasta la edad de 12 años.

Según la leyenda, este niño desapareció misteriosamente del lugar, –quizás estuvo preparándose en algún Calmécac (escuela donde se preparaban los nobles para oficios sacerdotales)– y después de 20 años regresó mostrando gran sabiduría y preparación, tanto que dominaba a la perfección cuatro lenguas diferentes, enseñando a su pueblo la lengua náhuatl, siendo ésta muy fácil de aprender y se usó y sigue usándose como lengua franca para la comunicación en muchos pueblos indígenas. Texto de José Reyes Nolasco

Tras la muerte de Almehen-Muy, Albin hobon o Cuextécatl (abuelo o anciano de los huastecos), a tan corta edad se convirtió en rey del imperio al que le llamaron Cuextlán. Dada su capacidad ideológica, estratega, inteligencia y gran valor, logró establecer alianzas con los nahoas (gente superior o gente que manda), otomíes (othón significa no poseer nada y mí, cazadores que caminan cargando flechas) y los chichimecas (raza o linaje de perros), para defenderse de los ejércitos invasores. Su reinado se extendió entre los tének, pames, nahuas, tepehuas, e incluso hasta los totonacos (prueba de ello que su centro ceremonial, el nombre que lleva Tah k´in –Tajín o lugar de trueno– es vocablo tének).

Según la leyenda de Cuextécatl, cuando regresó del Calmécac desconoció a sus padres. Éstos le preguntaban qué fue lo que lo hizo cambiar y decir que ya no tenía padres, y él les contestó que se debía a alguien mucho mayor a todos los humanos. Ante la presencia de ellos se despojó del bonete o gorro cónico y les mostró su cabeza totalmente rapada y comenzó a relatarles la experiencia obtenida en aquel Calmécac, donde días antes de su retiro, tuvo algunas premoniciones, en las cuales primero se vio en total desgracia buscando, humillante, una mano amiga que le brindara ayuda, y le pidió a los dioses que le indicaran el camino de la verdad, pero ellos le respondían con acciones muy confusas que no le satisfacían, razón por la cual lloró enormemente, y se vio por años prisionero de grandes y poderosos guerreros, hasta el día de su muerte. Cuando despertó estaba en un monte espeso y solitario con mucha hambre, allí sólo encontró agua fresca y cristalina de la que bebió; luego caminó sin rumbo fijo hasta que de agotamiento le dio tanto sueño quedándose dormido y comenzando a soñar nuevamente, viéndose lleno de felicidad, con un mundo de almas dichosas a sus pies, mostrando gran poder de espiritualidad, dominando en todo su origen al mal y a la muerte. Texto de José Reyes Nolasco.

Tuvo un tercer sueño, que fue terrible: sentíase atacado por feroces fieras, serpientes y seres monstruosos como Mictlantecuitl (Mictlan, lugar de los muertos; técuitl, oscuridad de la noche o sea, “señor del país de los muertos y la oscuridad de la noche”) que le dio tanto miedo, pero de pronto se le apareció su madre a la que había dejado abandonada. Extendiéndole los brazos buscó su protección con los ojos llenos de lágrimas, se lanzó sobre ella, pero se desvaneció y él despertó con gran lamento. La cuarta noche soñó que se encontraba flotante en el cielo, alcanzando las estrellas, todos los astros y el cielo. Vio las almas agrupadas en parejas mostrando gran felicidad, pero de pronto vio esas almas desfallecer y descendiendo cada una al inframundo y con ellas caer él también para luego despertar de ese suplicio.

Más tarde volvió a quedarse dormido y vio un círculo luminoso que daba vueltas. Dentro de éste se hallaban muchos guerreros que luchaban a muerte despedazándose encarnizadamente y se escuchaban horribles gritos ensordecedores de dolor, de ira y de espanto. Atento a esta escena y preso de terror, despertó nuevamente y ya no quería dormir jamás, pero el sueño lo vencía y otra vez soñaba, pero ahora con un hombre blanco que llegaba del mar, con su rostro lleno de quietud y de paz, con mucha fuerza y voluntad, con acciones llenas de honestidad, de entrega a su raza, con voz suave que sus palabras llevaban luz espiritual, para ser escuchadas con gozo. Este hombre blanco castigaba el mal y vencía a la muerte, pero de pronto emprendió su camino hacia el mar perdiéndose en las aguas. En otro sueño, Cuextécatl se quedó esperando en la orilla del mar su regreso, por mucho tiempo hasta que el hombre blanco volvió con ejércitos de hombres armados parecidos a él, pero su semblante había cambiado totalmente: era ya de aspecto cruel y frío; sus ojos reflejaban la muerte.

“¡Padre, madre!”, les dijo Cuextécatl al concluir su relato. “Vi cómo cruelmente los hombres blancos destruían y mataban a todos juntamente con mis hermanos, aniquilando a pueblos enteros. Entonces se me aparecieron los dioses, los cuales me recomiendan una vida pura y sana y así estar preparado para el día que esto suceda y poder salvar a mi pueblo, es por eso que ya no puedo llamarles padres, y desde hoy yo seré el caudillo que salve a mi raza”.

Pasó el tiempo. En cierta ocasión los toltecas tomaron cautivo a Cuextécatl y fue sentenciado a muerte, pero antes de ser ejecutado conoció a Quetzalcóatl que abogo por él, siendo liberado y haciéndose muy amigos desde entonces. Al conocer la forma en la que había llegado hasta Tollan (Tula), Cuextécatl pensó que se estaba cumpliendo la realidad de sus sueños, puesto que Quetzalcóatl era el hombre blanco que vino del mar.

Pero todo su destino cambió totalmente cuando para festejar tuvo una reunión en el reinado de Cuextlán (1088), hoy Tepetzintla, con varios señores, patriarcas, sacerdotes y caudillos; reunión mejor conocida como Tlacualli mayahuale (comida de los bocoles o banquete de Mayahuel –Mayahuel también se asocia a la palabra “mayanaliztli” que significa hambre), reunión con la intención de colocar maderos en las partes más altas de los pueblos, en forma de cruz para protegerse de los demonios. Por iniciativa de Quetzalcóatl II los reunidos tomaron cuatro guacales de pulque (4 número sagrado), pero Cuextécatl fue tentado por Tezcatlipockle (espejo humeante) y se bebió unos de más, para después desnudarse y causar desfiguros, que según inconscientemente abusó de la princesa Xochitl (florecita), la hija de Papatzin (quien descubrió la manera de extraer el agua del maguey o pulque en años anteriores) y por lo que cuentan que Cuextécatl bebió néctar en las manos de la diosa, pero después que se dio cuenta de lo que había hecho le dio tanta pena, pues esta acción hizo que perdiera su sacerdocio y desnudo empezó a correr de Cuextlán (Tepetzintla) hasta Pantlan (Pánuco). El jefe guerrero Tlayolo (Corazón de tierra) con sus acompañantes lo siguieron y para que no se sintiera tan mal, también desnudos y corriendo detrás de él, hasta llegar a la región que hoy en día se conoce como Pánuco, donde formó la nueva Huastecapan, no sin antes Cuextécatl agarrar otra borrachera donde perdió su cetro o bastón en un lugar que le llamó Tancuayalab (canoa o balsa con el bastón del soberano) dentro de esta zona. Fundó también el pueblo de Tamuín (víboras o serpientes, también puede ser remolino de agua) o Tamuianchan (país de muchas víboras) que tomó como capital temporalmente antes de llegar a Pánuco.

Allá por el año de 1115, Cuextécatl murió en Pánuco antes de la destrucción de Tollan o Tula. Luego estalló una revolución y con ella la ruina del imperio de Tollan o del pueblo tolteca. Apareció tal como en la profecía de aquel entonces, un colibrí con espolón de gallo, el cual trajo la desgracia, pues se desataron torrenciales aguaceros, huracanes que acabaron con todo y si esto no fuera suficiente, vino una época de cruel sequía que acabó con el resto del poder tolteca. Además, llegaron las enfermedades que continuaron arrasando vidas y por último la invasión de los chichimecas, hombres bárbaros que hicieron que terminara la historia tolteca en 1116. Los chichimecas, tribu o cultura que respetaba demasiado al rey Cuextécatl como su aliado, pero al saberse ya muerto éste, se acabó el respeto hacia el pueblo huasteco que por muchos años había sido su aliado y fue sometido salvajemente a base de la fuerza guerrera.

Así comenzó a realizarse la profecía de Quetzalcóatl: el rey era bueno al principio, pero se hizo vicioso y de mala conducta y muchos nobles y sacerdotes lo imitaron.

Nota: este relato fue enviado por Francisco Segura Bueno originalmente como comentario al post de Los huehues, un legado de Xantolo. Él explica que dicho relato fue tomado del libro Cuextécatl volvió a la vida, de José Reyes Nolasco, quien dio su visto bueno para que fuera publicado en este blog.

Puedes encontrar más leyendas indígenas en este enlace:

El altar de muertos en la Huasteca dedicado a Xantolo

EL ALTAR DE MUERTOS HUASTECO DEDICADO A XANTOLO

Por Homero Adame

En cualquier región del país se tiene la costumbre de ir a los cementerios para celebrar los Días de Muertos o Fieles Difuntos el 1° Y 2 de noviembre. En ciertas regiones está muy arraigada la tradición de elaborar altares de muertos en las casas, en las calles, en las plazas públicas, en los panteones e, incluso, en las iglesias. En los últimos años se han instituido concursos de altares para dignificar nuestras costumbres y, de cierto modo, contrarrestar la influencia norteamericana manifestada con el Halloween. Texto de Homero Adame.

Los altares de muertos varían en concepción y materiales según la influencia cultural de la región donde se elaboran. Es difícil decir cuál estilo es más bonito o interesante, pues cada uno tiene lo suyo. Veamos un ejemplo del altar de muertos que se hace en la Huasteca (sur de Tamaulipas, norte de Veracruz, norte de Hidalgo y oriente de San Luis Potosí), donde la influencia indígena tének (huasteca) y nahua es muy fuerte y representativa.

El altar huasteco suele estar dedicado a Xantolo, tal vez la deidad más importante en la mitología huasteca. Dicho altar presenta varios elementos que se remontan a las raíces ideológicas y creencias mitológicas prehispánicas, aunque en su conjunto es un elemento mestizo que incluye un sincretismo religioso huasteco con el catolicismo actual.

El arco: éste se confecciona con hojas frescas de limonaria y flores de cempasúchil. La parte superior representa al ciclo del sol como dador de luz y vida. En la parte central se colocan algunas imágenes religiosas que entre los huastecos suelen ser la Santa Cruz y la Virgen de Guadalupe. Aquí, la intención es que a esta virgen u otro santo se le pida por el descanso de los difuntos. A un lado se colocan las fotografías de los difuntos que son recordados en estas fechas.

La mesa: aquí se colocan los objetos de recepción, es decir, ofrendas para dar la bienvenida a las ánimas. Tales ofrendas consisten en varios elementos convencionales, como bebidas, cigarros, tamales, naranjas o mandarinas, dulces, la tradicional calavera de azúcar y, sobre todo, el pan de muerto. (En muchos pueblos huastecos este pan tiene forma de un monito y se coloca ya sea junto a las demás ofrendas o colgándolo del arco; la creencia indica que el monito sirve como “distracción”, es decir, se pone para que los difuntos no se confundan y no se lleven a quienes todavía gozan de esta vida.)

El piso: al pie de la mesa se coloca un trozo de bambú o de carrizo grueso que lleva unos orificios donde se sientan las velas que darán la luz para fungir como guía visual para las ánimas. Frente a las velas siempre va un pequeño incensario que debe arder a todo momento, ya que el aroma del incienso y la mirra tiene la función de ser la guía olfativa y etérea para los difuntos.

Al frente aparece el sendero de las ánimas hecho con pétalos de cempasúchil, cuyo objetivo es dirigir a las ánimas en su retorno para estar entre los vivos durante estas fechas. Texto de Homero Adame.

El altar: una vez terminado el altar, en la parte inferior, y oculto a la vista, siempre se pone una calavera de azúcar con semillas, teniendo como significado la fuerza vital eterna; este elemento representa el ciclo de la luna, la oscuridad y la muerte.

En algunos casos, donde la influencia de los antiguos mayas sigue vigente aquí entre los tének (huastecos), en vez de ocultar una calavera con semillas se coloca una calabaza también con semillas. Ensayo de Homero Adame tomado de su blog en http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/18/el-altar-de-muertos-en-la-huasteca-dedicado-a-xantolo/

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Mitos y leyendas de Veracruz: La Llorona

LA LLORONA

(Versión escuchada en Xico, Veracruz)

Aquí en Xico sale la Llorona, sale ella en las orillas del pueblo; no sale en el centro porque ahí hay mucha gente y a ella le gusta salir cuando está todo solo. Tiene la Llorona su hora para salir; sale de doce a una de la mañana. Sale ella donde hay agua, en los ríos. Leyenda de Homero Adame.

Antes aquí no había calles buenas y antes de que las hicieran nuevas pasaban unos arroyos donde había berros y la gente íbamos a cortarlos para comer. Platicaban las gentes de antes que veían a la Imagen realizada por Jennifer MengLlorona ahí en el río lavando, sí, lavando pero llorando; la escuchaban llorar porque parece que perdió a sus hijos.

Pasó esto una vez, mire: en un callejón desierto ―era como la una de la mañana― iba un muchacho que era muy enamorado, muy mujeriego él, y no se le dificultaba enamorar a una dama. Entonces así como a la distancia vio que iba caminando solita una muchacha y él la siguió. La muchacha iba despacio y él apretó el paso para alcanzarla, pero ella también como que apretaba el paso y él no podía alcanzarla. Ya luego cuando iban al final del callejón se le fue acercando más y cuando estaban como a tres o cuatro metros él se atrevió hablarle. Que mira, que mi amor, que por qué tan sola, que qué andas haciendo por aquí tan sola, que te van a robar. Y ella callada, callada seguía caminando, pero así como iba callada, el muchacho oía como sollozos, pero no le puso atención a eso porque él quería conquistar a la muchacha. Total, caminó ella un trecho y el muchacho nomás siguiéndola. Más o menos como unos cien metros más adelante que la mujer se le voltea y pegó un llorido que nomás la Llorona pega y también él le vio la trompa de mula. No… ahí cayó el pelao bien muerto. Leyenda tomada de este blog: http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/16/mitos-y-leyendas-de-veracruz-la-llorona/

Comentario de Homero Adame sobre el origen de la Llorona

Aunque no se sabe con certeza, muchos investigadores estiman que la Llorona, como personaje de la mitología y las leyendas mexicanas, tiene su origen en algunos seres o deidades prehispánicas como Ahuicanime, entre los purépechas; Xonaxi Queculla, entre los zapotecos; la Cihuacóatl, entre los nahuas, y la Xtabay, entre los mayas lacandones. Siempre se le identifica con el inframundo, el hambre, la Muerte, el pecado y también la lujuria, como se alude al final de esta versión narrada por el Sr. Juan Celso Alarcón Gómez, una de las tantas variantes de la Llorona es una de las tantas que se cuentan en cualquier región de México.

Notas:

  1. El dibujo de la Llorona es de Jennifer Hennen.
  2. Si te interesa saber qué diferencia hay entre mitos y leyendas, sigue este enlace: Mito y leyenda, ¿cuál es la diferencia?

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Algo sobre Xico, Veracruz

El pueblo de Foto de Homero AdameXico se localiza en las faldas del Cofre de Perote, a tan sólo 15 km de Xalapa, la capital de Veracruz. El nombre oficial de la cabecera municipal es Santa María Magdalena de Xicochimalco y proviene tanto de dos palabras náhuatl Xicotl, Xicochimalco cuyos significados son «nido de jicotes» como el impuesto por los frailes franciscanos que fundaron este lugar a mediados del siglo XVI.

El municipio de Xico colinda al norte con Coatepec; al este, con Xalapa; al sur, con Ayahualulco, y al oeste, con Perote.

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Mitos y leyendas de la Huasteca: Una leyenda de Día de Muertos

LEYENDA DEL HOMBRE QUE NO CREÍA EN

LA FIESTA DE TODOS LOS SANTOS

Leyenda recopilada en Tampamolón Corona, S.L.P.

Hay historias cuyo contenido y desenlace dejan una enseñanza moral que evidencia la idiosincrasia de un pueblo o cultura en particular. En la Huasteca se cuentan muchos relatos de este tipo, los cuales están relacionados con las tradiciones y costumbres de sus pobladores, sean tének, nahuas o mestizos. Un buen ejemplo es este que habla de alguien que no solía observar la tradición de Día de Muertos y que por ello recibió un castigo. Lo interesante es que en otras regiones del país con diversidad étnica, como Tlaxcala o Oaxaca, también cuentan entre su acervo con narraciones similares. (Leyenda de Homero Adame.)

Ésta es la Foto de Homero Adamehistoria de un hombre que residía en Tampamolón. Era un hombre raro, pues no tenía muchos amigos. Vivía solo porque había evitado casarse o tener hijos; sus padres habían muerto tiempo atrás y sus hermanos habían emigrado a los Estados Unidos en calidad de «mojados». Cuando se aproximaba la fiesta de Todos los Santos, siempre se ponía de muy mal humor. Año tras año, mientras los lugareños preparaban las ofrendas para los difuntos, arreglaban los altares e iban al cementerio, el hombre prefería encerrarse en su casa. Unos primos suyos le decían que era un deber participar en la fiesta y llevar ofrendas a las tumbas de sus ancestros, pero él se negaba porque no creía en esas cosas.

En cierta ocasión, toda la gente andaba muy atareada arreglando los altares y las ofrendas para colocarlas en el panteón al día siguiente, el 2 de noviembre, pero como las lluvias habían caído tardíamente, en esas fechas el hombre andaba cosechando el maíz de su milpa, por lo que le fue imposible encerrarse en su casa, como solía hacerlo. Ese día salió a trabajar a su parcela antes del amanecer con la idea de no encontrarse a nadie que le diese la misma explicación sobre lo importante que era llevar una ofrenda a sus padres y abuelos en el cementerio. Asimismo, con ese propósito se quedó hasta muy tarde en la labor, y fue hasta el ocaso que regresó a su casa con toda calma. (Leyenda de Homero Adame.)

Iba muy sigiloso por una vereda, cuando empezó a ver que mucha gente caminaba en fila por ese mismo rumbo; se escondió detrás del matorral para que nadie lo viera. Advirtió que todos iban muy contentos y que en sus manos llevaban ofrendas. Entonces, se dio cuenta que no eran personas, sino difuntos, pues reconoció a todos y a cada uno de ellos. Primero, unos viejitos que habían sido amigos de su familia; luego, unas muchachas que habían fallecido en un accidente; después, sus abuelos, y así continuó la hilera de puros conocidos que iban muy felices con sus ofrendas de regreso al mundo de los muertos. Al final pasaron sus padres; iban muy tristes porque no llevaban ninguna ofrenda.

La escena de haber visto las ánimas de sus padres tan tristes lo afligió mucho y, al percatarse de su error y egoísmo, fue corriendo a su casa a preparar una ofrenda. Pero ya era demasiado tarde: tendría que esperar todo un año para que los difuntos volvieran al mundo de los vivos. Entonces, se cuenta que fue tanta la angustia que este hombre sintió durante varios días, que se murió de tristeza. Leyenda tomada del blog de Homero Adame: http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/14/mitos-y-leyendas-de-la-huasteca-una-leyenda-de-dia-de-muertos/

Ésta El diseño de portada es de Beatriz Gaytánes otra de las 58 leyendas potosinas que fueron publicadas en el libro Mitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, de Homero Adame. Secretaría de Educación del Estado y Secretaría de Cultura. San Luis Potosí 2007. La edición estuvo a cargo de la Mtra. Déborah Chenillo Alazraki y el diseño de portada lo hizo Beatriz Gaytán Reyes.

Este libro se puede adquirir en cualquier librería de San Luis Potosí

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Para saber algo más sobre Tampamolón, municipio huasteco de San Luis Potosí:

Al parecer, no existen Foto de Homero Adamereferencias históricas que precisen la fecha de la fundación española de este lugar, aunque, en sus crónicas, los misioneros franciscanos lo mencionaban como Santiago Tampamolón. En la antigüedad, sin embargo, había sido territorio tének hasta que en el siglo xv fue conquistado por los nahuas. Cuatro siglos más tarde recibió la categoría de villa y luego de cabecera municipal.

Sus nombres históricos se deben a lo siguiente: Tampamolón es voz tének que significa «lugar de muchos jabalíes»; Santiago, es el santo patrono de la localidad, cuya fiesta se celebra el 25 de julio, y la extensión, Corona, tal vez sea en honor a algún personaje distinguido, aunque las fuentes omiten toda alusión a alguien.

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Si deseas leer algunas leyendas de Días de Muertos sigue cualquiera de estos enlaces:

If you rather read some Mexican folk stories in English, follow these links:

Mitos y leyendas de la Huasteca: Los huehues, un legado de Xantolo

LOS HUEHUES, UN LEGADO DE XANTOLO

Leyenda escuchada en San Vicente Tancuayalab, S.L.P.

Existen muchas versiones sobre el origen de las danzas de los huehues. Por un lado, algunas apuntan que surgieron gracias a las tradiciones tének, pero otras afirman que es legado azteca cuando éstos conquistaron y subyugaron a la Huasteca. Sin importar cuál historia sea la correcta, lo cierto es que quienes las ejecutan están seguros de que sus danzas son anteriores a la llegada de los aztecas y, por lo tanto, son parte de su cultura ancestral, aunque ésta haya sufrido sincretismos.

Cuentan en San Vicente Tancuayalab que la tradición comenzó hace muchísimos años, un día en que se celebraban las fiestas de Xantolo y todo mundo andaba triste en el cementerio dejándoles ofrendas a sus difuntos -el aspecto de los panteones de aquellos tiempos era diferente al de ahora, pues no había cruces ni imágenes cristianas. La costumbre era sentir tristeza y llorar a los difuntos en su día; todos la seguían cabalmente.

Se dice que en esa ocasión, de la nada apareció un espíritu enmascarado que se puso a bailar entre las tumbas. Como la gente era muy supersticiosa y tenía muchos miedos, todos corrieron a sus casas y fueron a buscar al sacerdote -chamán tének- para contarle acerca de tal aparición y pedirle que hiciera un ritual para que con eso el ánima chocarrera mejor se fuera a otra parte y no los siguiera asustando. El sacerdote se dirigió al panteón, acompañado de los lugareños, y descubrieron que el enmascarado continuaba bailando alegremente entre las tumbas. Entonces, el sacerdote le preguntó: «¿Quién eres? ¿Qué quieres aquí?» El ánima respondió en lengua tének y así estuvieron hablando por un buen rato, mientras la gente seguía atenta el curso de la conversación. Luego, el misterioso enmascarado pronunció unas palabras en una lengua que nadie entendía, salvo el sacerdote, quien sí comprendió el mensaje, y luego trasmitió a los suyos. Les dijo: «Este ser es el espíritu del mismo Xantolo que quiere enseñarnos cómo honrar a nuestros muertos con estas danzas». Leyenda de Homero Adame tomada de http://adameleyendas.wordpress.com/2010/10/13/mitos-y-leyendas-de-la-huasteca-los-huehues-un-legado-de-xantolo/

La gente se mostraba escéptica y pensó que a lo mejor se trataba de un chistoso que andaba jugándoles una broma. En eso, y de nueva cuenta, Xantolo dijo unas palabras en aquel lenguaje desconocido y aparecieron más ánimas igualmente enmascaradas que también se pusieron a bailar como si todo fuera una fiesta, y no un día para sentir y expresar tristeza. A partir de entonces, se corrió la voz por todos los pueblos de las huastecas, potosina y veracruzana, y la gente ha seguido la tradición de organizar danzas con huehues enmascarados que bailan en las calles y en los panteones con singular alegría para divertirse, en vez de sumergirse en un momento de llanto y amargura.

Cabe mencionar que en la parte correspondiente al estado de San Luis Potosí a esta tradición le llaman «huehuadas», mientras que en la de Veracruz, «viejadas», pues son huehues disfrazados de mujeres. Asimismo, se cuenta que las máscaras de diablos surgieron con la religión católica, pues estos ángeles caídos pertenecen al catolicismo, no a la cultura tének. Aunque la cosmogonía ancestral de los nativos incluye demonios, antiguamente no eran ni rojos ni tenían cuernos.

Por último, la tradición de los huehues indica que luego de varios días de danzar en las calles, hay que terminar la Fiesta dedicada a Xantolo bailando en el panteón, pues fue así como empezó la costumbre, pero igual lo hacen porque los tének desean compartir esta alegría con sus antepasados, a quienes también les gustaba bailar. Leyenda de Homero Adame

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Para saber algo más sobre San Vicente Tancuayalab:

Cuando los misioneros franciscanos fundaron este pueblo, en 1545, lo llamaron San Francisco Cuayalab. En el año de 1767, al ser ascendido a villa, se le conocía como Villa Fundadores San Vicente. Mucho tiempo después, recibió el título de cabecera municipal, ya con el nombre actual.

Sus nombres históricos tienen varios orígenes: Cuayalab o Tancuayalab, porque así lo llamaban los nativos tének, en cuya lengua significa «lugar del bastón de mando»; San Francisco, porque es el fundador de la orden, y San Vicente, por ser el patrono de la localidad, aunque la fiesta «patronal» se celebra el 4 de octubre, día de San Francisco de Asís.

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Este relato salió publicado en el libro: Libro de Homero AdameMitos, relatos y leyendas del estado de San Luis Potosí, en 2007; coeditado por la Secretaría de Educación y la Secretaría de Cultura. La edición estuvo al cargo de la Mtra. Déborah Chenillo Alazraki, entonces Directora de Publicaciones de la SECULT. El diseño de portada lo hizo Beatriz Gaytán.

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